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La Iglesia en los medios México: fusión cultural en el día de los muertos

EL OBSERVADOR |

Celebración. Se entremezclan costumbres de todas las épocas

El legado prehispánico de los pueblos mesoamericanos y la tradición católica confluyen en México en el día de los muertos, una festividad de culto a los difuntos, cuyos rituales constituyen auténticos testimonios vivos de esta fusión cultural.

La celebración, declarada por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2003, se prolonga durante dos jornadas. Ayer jueves se dedicó a las almas de los niños y hoy a las de los adultos. Posteriormente, en la madrugada, los mexicanos velarán a sus muertos en los cementerios.

“Los orígenes de la celebración son anteriores a la llegada de los españoles (…) pero se fusionan con la tradición medieval católica”, dijo a EFE Andrés Merina, del Instituto de Investigación Antropológica de la Universidad Autónoma de México.

Originarios de la región centrosureste de México y la zona norte de Centroamérica, los pueblos mesoamericanos se caracterizan por tener formas “muy elaboradas de espiritualidad”, vinculadas a la cosecha y vertebradas en torno a un ciclo de cuatro celebraciones que culmina con la “fiesta de la cosecha” o “fiesta de los muertos”.

“Los muertos juegan un papel muy importante en todo el ciclo agrícola: se les solicita apoyo en los momentos críticos, en las lluvias, para el cultivo del maíz (…). Ellos son los intermediarios con los dioses de la lluvia”, indicó Merina.

Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la dama de la muerte y esposa de Mictlantecuhtli, señor de la tierra de los muertos.

Con la llegada de los españoles, la tradición de la cosecha se fusionó con las costumbres medievales católicas y aparecieron modificaciones en la preparación de las ofrendas y los altares, los mismos que actualmente albergan los restos de esta fusión cultural.

El legado hispánico se ve en el pan de muerto, hecho con harina de trigo, huevo, azúcar y anís; en las frutas o flores de los altares, que no son de la región, y en la utilización de velas o términos cristianos.

Los orígenes mesoamericanos aparecen en la composición de los altares que reproducen la “cosmovisión” propia de estas culturas, de manera que está representado el inframundo, donde se colocan los incensarios; el punto medio, donde están las ofrendas; y el nivel superior, con imágenes y fotografías. (EFE)