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La Iglesia en los medios Matrimonio igualitario o “el debate sobre en qué sociedad queremos vivir”

180.COM.UY |

Fue la redactora del proyecto de matrimonio igualitario y este miércoles celebró su media sanción. La abogada trans Michelle Suárez dijo que el debate de fondo es sobre qué sociedad queremos. “Si queremos la actual o una menos discriminatoria y más igualitaria”, señaló. También explicó por qué se optó por el instituto del matrimonio igualitario y no el de la unión concubinaria.

Entrevista del periodista Joel Rosenberg con la abogada Michelle Suárez, emitida en No toquen nada, de Océano FM.

Joel Rosenberg: Michelle, ¿cómo viviste el día de ayer y el debate que se dio en el Parlamento?

Michelle Suárez: Es un proceso que venía ya de varios años, que además no terminó. Pero es una piedra fundamental o un paso muy importante el de ayer, el de la media sanción. Es un proyecto que ha tenido un movimiento ciertamente lento pero por fin efectivo y me parece que en realidad en el fondo, más allá de lo que es el proyecto propiamente dicho, que obviamente en el caso particular mío y creo que de todo el colectivo y muchísima otra gente estamos esperando que se concrete y deje de ser un proyecto y pase a ser una ley, creo que en el fondo lo que subyace como debate va más allá de cuáles son las regulaciones de los institutos específicos. Se debate cuál es el modelo de sociedad en el que queremos vivir.

Yo siempre decía lo mismo cuando hacíamos charlas sobre el proyecto de ley de matrimonio igualitario, que en realidad no es un proyecto que atañe solamente a la comunidad LGTB (Gays, Lesbianas, Bisexuales y Trans), sino que en realidad al debatirse un proyecto de sociedad, si queremos la que tenemos actualmente o una menos discriminatoria y más igualitaria, atañe no solo a los directamente involucrados sino a los indirectamente involucrados. El hecho de debatir el ensanchamiento de las esferas jurídicas de derechos individuales implica vivir muchas veces en una sociedad donde el ejercicio pleno de derechos como ciudadanos sea justamente mucho más democrático. Y eso realmente nos atañe a todos, no importa cuál sea tu orientación o identidad de género.

No sé cómo lo vivieron ustedes, cómo lo viviste vos en particular; ayer se dio un debate donde hubo sí algunas expresiones fuertes de ambas partes pero en general, y se notó después en la abrumadora mayoría que lo votó, hubo como un viento a favor de este proyecto de ley. ¿Te sorprendió?

Creo que en realidad es un poco el fruto de que es un proyecto que no ingresó al Parlamento sin un trabajo previo muy importante. O sea, este proyecto es un proyecto que creo que es la primera vez que viene ya hecho desde la sociedad civil, a tal punto que llega al Plenario en Cámara de Diputados sin tener por lo menos demasiadas modificaciones. Fueron modificados nada más que elementos muy específicos que tal vez podrán llegar al 10% de lo que era el proyecto original cuando yo lo presenté a través del Colectivo Ovejas Negras ya redactado. Y a su vez no solo apoyado desde la sociedad civil por un colectivo sino que por una coordinadora de colectivos que fue especialmente formada al respecto, e incluso ni siquiera por un solo sector político sino por más de una decena de firmas de distintos sectores. Entonces me parecía que habían dado con un apoyo popular de por sí pocas veces visto y yo tenía por lo menos la esperanza de que eso finalmente se reflejase cuando fuera a ser votado. Por suerte, afortunadamente, así fue.

Hablamos de matrimonio igualitario y evidentemente eso es una responsabilidad nuestra. O el tema nos empuja hacia allí. Pero el proyecto es bastante más que eso. Por ejemplo, en relación al divorcio hay una cantidad de modificaciones.

Era todo un tema tratar de dar los institutos del divorcio por varias razones. Una, porque Uruguay durante muchísimos años, y es una cuestión histórica y al mismo tiempo de lo que tiene que ver con las contradicciones de género, fue un instituto específico, que es lo que se llama “el divorcio por sola voluntad de la mujer”, que durante muchísimo tiempo se concibió como un logro realmente histórico. No era muy fácil para muchísimas mujeres acceder al divorcio. Hoy en día si bien no es muy usado sigue siendo un resabio muchas veces al que se recurre en situaciones de violencia de género, para que muchas mujeres puedan divorciarse, porque cuando hay hijos menores a cargo por lo general se tiene que llegar a un acuerdo sobre lo que se llama pensión alimenticia, tenencia y visitas, que lo dice específicamente el artículo 167 del Código Civil, y en caso de que eso no sea así el divorcio podría ser viciado de nulidad. Entonces, este instituto específicamente permite que si llegado el caso no comparece el marido, de igual manera se puede llegar por decisión del juez a establecerse un convenio sobre estos temas y a poder de alguna obviar el que esté presente o no presente el otro cónyuge, cosa que en las demás causales no es así. La cuestión era considerar qué va a pasar ahora cuando ya no tenemos un instituto donde solo hay una mujer y un hombre. Y donde las contradicciones de género también se reflejan como en cualquier sociedad, no solo en las relaciones entre personas de distinto sexo. También esos modelos se siguen y se ven en relaciones entre personas del mismo sexo todo el tiempo. Ampliar el instituto y poder considerar tal vez el que sea por sola voluntad de cualquiera de los cónyuges. Y después había otro elemento a tomar en cuenta, que era también bastante delicado, que es el tema de qué pasa con personas que contraigan matrimonio y que posteriormente a la contracción de ese matrimonio realicen un cambio de nombre o sexo registral por la ley de identidad de género y que a su cónyuge, ese cambio de género, pueda significarle de tal importancia que no pretenda seguir con ese matrimonio, donde justamente no se ven otras causales de divorcio. Durante mucho tiempo, cuando se debatía esto, antes incluso de que se hiciera el proyecto de matrimonio igualitario, parte de la doctrina decía que lo podían llegar a considerar una injuria. Entonces, realmente sería insólito que el ejercicio de un derecho fundamental como la identidad de género se pueda llegar a convertir en una injuria. Entonces se tomó la decisión de colocar una causal específica que tenga que ver con la sistematización de la ley 18.620, que es el elemento de que alguien haga un cambio de nombre y sexo registral o una retracción del mismo, y que ese elemento para el otro cónyuge sea el elemento fundamental que produzca la separación de hecho de la unión matrimonial.

Ayer buena parte del debate, y esto capaz que era previsible, se centró en que ya existía la unión concubinaria. ¿Para qué el matrimonio? ¿Por qué la exigencia de este derecho?

Yo siempre digo lo mismo y me parece que es la forma más básica para dejarlo claro: si dos personas, en el día de hoy, quieren casarse, van, cumplen mínimas formalidades, y contraen matrimonio. El matrimonio es un acto solemne, en el cual se tienen ciertas formalidades y hasta el día de hoy está caracterizado por su heterosexualidad. Ahora, si yo quiero hacer una unión concubinaria, yo voy a tener que responder algunas preguntas, que cuando voy a tratar de casarme no las tengo que hacer. Cuando te vas a casar nadie te va a preguntar si tenés cinco años o no con tu pareja, si esa unión es estable, si es singular, si es exclusiva, si es pública. No vas a tener que hacer un juicio de meses con el peligro de que tal vez no apruebes la causal y tengas que ir a una apelación. No vas a tener que hacer un gasto bastante grande en abogados y en prueba. No vas a tener que exponer con pruebas y con testigos que justamente tenés una pareja con todas estas características. El concubinato es un hecho social al que la ley le da relevancia jurídica. Y tampoco vas a tener que tener testigos que le digan a un juez que vos con tu pareja tenés relaciones sexuales porque el concubinato exige que vos le pruebes a un juez con testigos que se paren y digan: “Sí, yo sé que esta pareja tiene sexo”. Esa es la diferencia.

La diferencia es que te da la posibilidad de ir y casarte cuando esté aprobada esta ley del matrimonio sin todos estos trámites ni preguntas.

Y donde tenés que hacer pública gran parte de tu vida privada y ante justamente un organismo público, que además las sentencias y los expedientes también son de acceso público. Obviamente la razón de existencia de la unión concubinaria es que exista otro instituto que consta de mayores derechos como el matrimonio. La razón de que existiera la regulación de la unión concubinaria no fue para satisfacer las necesidades de parejas del mismo sexo sino que surgió justamente del contrario, para satisfacer necesidades de parejas de distinto sexo, a lo cual cuando se discutió el proyecto se unió o se le agregó aquellos que no tenían ninguna consagración, que eran las parejas del mismo sexo. Cuando este proyecto surge en realidad era porque durante muchísimos años había parejas que no elegían casarse porque su filosofía de vida o las opciones personales que tomaron fueron vivir en una unión libre, y después de 30 años tal vez de vida en común, uno de los dos fallecía o tal vez se separaban y generalmente uno de los miembros de esta pareja quedaba absolutamente condenado al desamparo. Por lo general, eran las mujeres. Incluso se desarrollaron algunas teorías jurisprudenciales para tratar de dar un amparo que no tenían mucha cabida o realmente no daban los resultados queridos, eran lo que llamaban la teoría del enriquecimiento sin causa o la sociedad de hecho, que son teorías del derecho civil y del derecho comercial, difíciles de aplicar al derecho de familia. La cuestión era que jamás, incluso en alguna de estas teorías, se contempló la posibilidad de dar amparo a parejas del mismo sexo. Entonces realmente la ley de unión concubinaria no puede dar los mismos derechos que el matrimonio por el simple hecho de que no pueden coexistir dos institutos diferentes que constan en lo mismo. Si dos institutos al mismo tiempo son vigentes y consagran exactamente lo mismo uno de los dos debe desaparecer. Si el más nuevo es la unión concubinaria, debería desaparecer de la faz de la tierra el matrimonio. Así que yo no creo que aquellos que apoyan y que hablan de la unión concubinaria realmente tengan intención de que desaparezca de la vida jurídica el matrimonio. A veces uno tiene que rever los argumentos técnicos que utiliza porque en realidad disfraza detrás de ellos opiniones verdaderamente morales y que pueden llegar a decir cosas que desde lo profesional y técnico son un poco hasta absurdas.