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La Iglesia en los medios Matrimonio ideológico cívico-militar [Opinión – Menciona al Cardenal Sturla]

LA REPÚBLICA |
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Escrito por Hugo Acevedo, Analista.

El arresto a rigor impuesto por el gobierno al comandante en jefe del Ejército Guido Manini Ríos generó airadas protestas por parte de la oposición derechista, que, en lugar de permanecer en silencio o alinearse con la legalidad, ratificó su histórica vocación pro-militarista.

Sería redundante referirse a la permanente sintonía entre el bloque conservador y el instituto armado, que se remonta por lo menos a cuatro décadas, cuando los partidos tradicionales nutrieron los cuadros de la dictadura liberticida.

Esa afinidad fue ratificada en 1986, cuando blancos y colorados sancionaron la Ley de Caducidad que institucionalizó la impunidad de los delitos de lesa humanidad.

Por si no fuera suficiente, contemporáneamente esta irreflexiva oposición votó negativamente la reforma del Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas, que apunta a abatir el abultado déficit de dicha caja y a eliminar los inicuos privilegios del sistema jubilatorio militar. El proyecto aprobado por el Senado es obviamente perfectible.

Sin ningún fundamento, el Partido Nacional, el Partido Colorado y sus socios menores, el Partido Independiente y el Partido de la Gente, se oponen a un cambio imprescindible, apuntando a perpetuar una situación groseramente injusta y una hemorragia de casi 600 millones de dólares anuales que financiamos todos los trabajadores uruguayos.

No en vano, se alinearon a los dichos del Manini, quien, violando flagrantemente las limitaciones impuestas por el artículo Nº 51 del Reglamento General del Servicio Nº 21, emitió opiniones inconvenientes y fuera del contexto de sus competencias.

En lugar de asumir la situación, la derecha adoptó una postura teñida de argumentaciones políticas y, en ese contexto, acusó al gobierno de cometer un acto arbitrario.

Aunque el rigor de la sanción aplicada puede ser opinable desde un ángulo subjetivo, no estamos asistiendo a una cortapisa a la libertad de expresión ni nada que se le parezca.

El propio ministro de Defensa Nacional, Jorge Menéndez, explicó el alcance de la medida, precisando que se aplicó por “faltas disciplinarias reiteradas” y no en función de lo preceptuado por el Artículo 77 de la Constitución de la República, que inhibe a los militares en actividad de desarrollar actos políticos de cualquier índole con excepción del ejercicio del sufragio.

Manini Ríos se excedió y usufructuó las amplias libertades que han caracterizado a los gobiernos del Frente Amplio, que contrastan radicalmente con lo que sucedía en el pasado en los gobiernos de posdictadura de los partidos tradicionales, cuando los militares eran casi mudos.

En ese marco, el comandante en jefe del Ejército formuló apreciaciones políticas que constitucionalmente le están vedadas, cuando, al ser interrogado por un medio de prensa sobre cuál hubiera sido su conducta si hubiera ocupado la comandancia del Ejército durante la dictadura, afirmó: “Sería un atrevido si me pongo a juzgar lo que otros hicieron en aquella situación con las presiones de aquella época”.

Sus insólitas manifestaciones constituyen una implícita justificación de las salvajes aberraciones perpetradas por el gobierno autoritario y debieron ser motivo de una severa sanción.

El 18 de mayo pasado el Ejército convocó a una misa en la catedral metropolitana presidida por el arzobispo Daniel Sturla, en la cual participó Manini Ríos uniformado, lo cual detonó un fuerte debate sobre la laicidad. Naturalmente, debió concurrir en forma extraoficial y vestido de civil.

Guido Manini Ríos también protagonizó algunas polémicas con organizaciones de familiares de detenidos desparecidos, que lo acusan de brindar información falsa sobre eventuales sitios de enterramiento de restos de víctimas de la dictadura.

Sus actitudes no deberían sorprender a nadie, en tanto pertenece a una familia reconocidamente derechista y también pro-golpista, de extracción colorada y conservadora.

No en vano su hermano, el empresario Hugo Manini Ríos, fue líder, hace algo más de cuatro décadas, de la Juventud Uruguaya de Pie, organización terrorista aliada con los militares conspiradores que perpetraron el golpe de Estado.

Su abuelo, Pedro Manini Ríos, fundador del Partido Colorado Riverista, fue cómplice del golpe de Estado de Gabriel Terra en 1933 e incluso fue ministro de su gobierno, demostrando toda su estirpe reaccionaria.

El propio Guido Manini Ríos, que coincidentemente ascendió tres veces durante la dictadura, entre 1978 y 1984, es miembro de la logia fascista y ultra-nacionalista Tenientes de Artigas.

Lo insólito es que, con esos antecedentes familiares y actitudes de dudosa impronta democrática, siga siendo comandante en Jefe del Ejército de un gobierno progresista.