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La Iglesia en los medios Masaya sufre una nueva ofensiva y los obispos van al rescate

EL OBSERVADOR |

Policías y paramilitares armados atacaron la ciudad nicaraguense con armas de combate

Hombres disparan morteros caseros en honor a Marvin López, de 49 años, quien murió durante los enfrentamientos con la policía.

Masaya, ubicada a 30 kilómetros al sureste de Managua, sufrió el jueves una ofensiva por parte de policías y paramilitares, en un nuevo intento de retomar el control de la localidad que se declaró en rebeldía ante el gobierno de Daniel Ortega, informó una ONG.

El secretario de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPD), Álvaro Leiva, denunció que hay un uso de la fuerza “de manera desproporcionada” y que están siendo empleados fusiles AK 47 y Dragonov, que son armas de combate que solo el ejército puede utilizar.

Cristian Fajardo, dirigente del Movimiento estudiantil 19 de Abril (anti gobierno de Ortega) dijo a AFP que se escucharon detonaciones de armas de fuego en el norte de la ciudad por donde avanzaban “unos 500 hombres encapuchados y fuertemente armados”.

La población se mantuvo encerrada en sus casas mientras estos hombres recorrieron las calles disparando y desarmando las barricadas, según videos que pudieron verse en la televisión.

Escombros del hotel Masaya y de algunas casas quemadas eran levantados en la madrugada del jueves por habitantes. “Entraron a mi negocio, regaron combustible dentro, a mi tío lo sacaron a golpes y le partieron la cabeza con culatas de AK47. Le perdonaron la vida y lo sacaron descalzo ensangrentado”, narró Fajardo, dueño del hotel.

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Casi todos los negocios en Masaya están cerrados por el temor a nuevos ataques, pero hay unos pocos que se arriesgan porque dicen que si no trabajan no comen.

La ciudad de 100.000 habitantes se ha visto sacudida por las protestas que llevan dos meses en el país, con un saldo de más de 180 fallecidos.

La “misión de paz” de los obispos nicaragüenses
El cardenal Leopoldo Brenes, acompañado por el clero de la Diócesis de Managua, a la que también pertenece Masaya, caminó con una imagen de Jesús por las angostas calles de la ciudad que se declaró en rebeldía ante el gobierno de Ortega.

Cientos de manos ayudaron a levantar barricadas de las calles para dar paso a los religiosos cuando se dirigían al barrio indígena de Monimbó, foco de la resistencia en la ciudad.

Los religiosos ingresaron a la plaza de Monimbó entre gritos de “queremos la paz” y “basta de violencia”, acompañados del repique de campanas y cánticos religiosos.

El obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, en un emotivo mensaje llamó a no tomar la justicia por mano propia, a “no imitar las mismas actitudes y actos criminales (…) No queremos más criminales en Nicaragua”.

Las ciudades nicaragüenses esperan la reanudación de un diálogo mediado por la Iglesia católica en busca de una salida a la crisis que aqueja a su país. La posibilidad de un regreso a la mesa de diálogo surgió después de que los obispos confirmaron que el gobierno cumplió el compromiso de invitar a organismos internacionales de derechos humanos a verificar los hechos de violencia en las protestas.

La invitación incluye a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y la Unión Europea, precisó Báez.

La Iglesia ha llamado al presidente a permitir elecciones generales anticipadas en marzo de 2019 para aliviar la tensión, pero el gobierno no se ha referido directamente a esa demanda en el diálogo que se ha interrumpido ya en dos ocasiones.

“Fuera Ortega”
Las manifestaciones contra el gobierno comenzaron el 18 de abril en rechazo a una reforma al sistema de seguridad social, pero se ampliaron para demandar justicia por las muertes y la salida del poder de Ortega.

Exguerrillero de la revolución sandinista que ostentó la presidencia de 1979 a 1990, Ortega volvió al poder en 2007 y es acusado de nepotismo, de controlar los diversos poderes del Estado y de instaurar, con su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, un gobierno autocrático y corrupto.

“El pueblo no se rinde”, “Fuera Ortega”, “No a la dictadura orteguista”, se lee en paredes de Masaya, una de las ciudades más combativas en la insurrección popular.

En la mesa de diálogo, la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, que reúne a grupos de la sociedad civil, pide la separación de los poderes del Estado, actualmente controlados por Ortega, sobre todo el Consejo Supremo Electoral.

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“La presencia de organizaciones internacionales nos dará seguridad para fiscalizar. Necesitamos un tercero porque nadie confía en las instituciones. Hay un sistema montado en tantos años de corrupción”, dijo el líder estudiantil Lesther Alemán, miembro de la Alianza.

Una carta a Mujica
El sacerdote Ernesto Cardenal dirigió el jueves una carta al expresidente de Uruguay, José Mujica, en la que le pide sumar su voz a la causa “digna y justa” de Nicaragua. La carta fue publicada en el diario argentino Página 12.

Cardenal pide ayuda a Mujica por reconocerlo como “un defensor de los derechos humanos, de la lucha por la dignidad y fuente de inspiración para toda América Latina”. La carta describe la situación que se vive en las ciudades nicaragüenses, y critica duramente al gobierno de Ortega, que ha desatado “terror en las calles”, dejando cientos de muertos y miles de heridos.

“Ortega y Murillo no pueden seguir encontrando legitimidad en los movimientos de izquierda a los que con sus actos sin escrúpulos han traicionado. Los héroes y mártires de la revolución sandinista no merecen que su memoria sea manchada por los actos genocidas de un dictador que los traicionó. Las víctimas de Ortega y Murillo merecen justicia”, finaliza la carta.