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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Los refugiados en el rezo del Papa

EL PAÍS |

El Papa habló de la “insensibilidad” ante el drama de miles de refugiados de la guerra siria.

El Papa presidió ayer el Vía Crucis de Viernes Santo en el Coliseo romano y recordó a los cristianos perseguidos o a los refugiados pero clamó también contra quienes generan sufrimiento, como los curas pederastas o los terroristas. También envió un fuerte mensaje a los países europeos por su “insensibilidad” ante el problema de los refugiados.

Francisco, con una oración, hizo referencia al significado de la cruz que, en su opinión, es al mismo tiempo “símbolo del amor divino y de la injusticia humana, ícono del supremo sacrificio del amor y del extremo egoísmo por necedad de muerte”. De este modo, identificó en la cruz de Cristo a quienes sufren penurias y a quienes les prestan auxilio, pero también a los “doctores de la muerte” que generan guerras, violencia y toda clase de problemas en el mundo.

Identificó en el crucifijo a “los ministros infieles que, en vez de despojarse de sus propias ambiciones, despojan incluso a los inocentes de su propia dignidad”, en alusión a los sacerdotes que abusan de menores. Recordó a los cristianos “asesinados, quemados vivos, degollados y decapitados por las bárbaras espadas y el silencio infame”, así como al “rostro de los niños, de las mujeres y de las personas extenuadas y amedrentadas que huyen de las guerras”.

También mencionó a “los ancianos abandonados por sus propios familiares, a los discapacitados, a los niños desnutridos y descartados por nuestra sociedad egoísta e hipócrita”.

O al “Mediterráneo y el Mar Egeo, convertidos en un insaciable cementerio, imagen —dijo— de nuestra conciencia insensible y anestesiada”.

También criticó a “los fundamentalismos y el terrorismo de los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita violencia”.

Clamó contra “los ladrones y corruptos que en vez de salvaguardar el bien común y la ética se venden en el miserable mercado de la inmoralidad” y contra los “destructores de nuestra casa común, que con egoísmo arruinan el futuro de las generaciones futuras”.

También arremetió contra quienes quieren quitar el crucifijo de los lugares públicos y excluirlos de la vida pública “en nombre de un cierto paganismo laico”.

Y contra “los poderosos y los vendedores de armas que alimentan los hornos de la guerra con la sangre inocente de los hermanos”.

Francisco condenó “la conciencia insensible y anestesiada” de Europa ante el drama de los refugiados, al término del Vía Crucis nocturno del Viernes Santo en el Coliseo de Roma.

Para la última cena, el Papa seleccionó a 12 refugiados. Foto: Reuters
“¡Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en nuestro Mediterráneo y en el mar Egeo, convertidos en un insaciable cementerio, imagen de nuestra conciencia insensible y anestesiada!”, clamó el Papa en una clara crítica al cierre de fronteras y al rechazo hacia los inmigrantes y refugiados.

El Vía Crucis, como ya es tradición, tuvo lugar en el Coliseo romano, símbolo de la represión de los primeros cristianos, y este año estuvo envuelto en fuertes medidas de seguridad debido a la amenaza terrorista en el continente europeo.

La cruz pasó por las 14 estaciones que narran la Pasión de Cristo, de su calvario a la muerte crucificado y el sepulcro, y fue portada en manos de enfermos, ancianos, familias y numerosos inmigrantes, algunos de ellos procedentes de latitudes tan lejanas como Ecuador, Paraguay, Bolivia o México, informó el Vaticano.

Lavó los pies a 12 refugiados.
La víspera, Jueves Santo, el papa Francisco volvió a llevar su mensaje de solidaridad a un centro de refugiados cerca de Roma, donde lavó los pies a 12 refugiados y emigrantes, entre ellos varias mujeres así como musulmanes, en una ceremonia que rememora la última de cena de Jesús con los 12 apóstoles y que esta vez estuvo cargada de especial simbolismo.

Francisco condena la violencia.
El papa Francisco condenó la “violencia sin precedentes” de los militantes islamistas, señalando en el servicio de Viernes Santo que los seguidores de religiones que llevaron adelante actos de fundamentalismo o terrorismo profanan el nombre de Dios.

El tradicional Vía Crucis en Roma esta vez tuvo mayores medidas de seguridad que lo acostumbrado, pocos días después de los atentados en Bruselas que dejaron al menos 31 muertos. Los refuerzos arribaron a la capital italiana desde otras ciudades, dijeron fuentes de seguridad.

En emotivas palabras al final de la procesión, Francisco condenó “las expresiones de fundamentalismo y actos de terrorismo cometidos por los seguidores de algunas religiones que profanan el nombre de Dios y que usan su santo nombre para justificar una violencia sin precedentes”. El jueves, el Papa dijo que los ataques fueron un “gesto de guerra, de destrucción, en una ciudad de Europa, de parte de gente que no quiere vivir en paz”. Los cristianos conmemoran en Viernes Santo la crucifixión de Cristo. Las fuertes e inéditas medidas de seguridad en Roma atestiguaron este contexto. REUTERS