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La Iglesia en los medios Los cientologistas y sus estrellas

EL PAÍS|

UN PERIODISTA DEL NEW YORKER ANALIZA LOS OPERATIVOS DE LA IGLESIA DE HOLLYWOOD

A fines de 2004, la iraní Nazanin Boniadi tenía 25 años, vivía en EE.UU. y era una de las miles de actrices aspirantes al estrellato en Hollywood. Como muchas de ellas, terminó aceptando la cientología, una religión creada 50 años antes.

Fue una creación del escritor L. Ron Hubbard que ganó fama justamente por su penetración entre círculos de celebridades. Todo lo que Nazanin quería era profesar su fe y dar continuidad a la carrera. Pero la cientología tenía un plan especial y extremadamente sigiloso para ella: la actriz debería dejar a su enamorado, oscurecerse el cabello, hacer tratamientos estéticos y enamorar a uno de los más importantes cientologistas del mundo. Nazanin fue presentada a Tom Cruise, los dos tuvieron encuentros, y ella llegó a mudarse para su casa. Un día, empero, le avisaron que debía hacer las valijas e irse, porque el actor necesitaba a alguien con más “poder”.

Desde arriba

Ciertamente “poder” es una buena palabra para comprender esa y otras historias de La prisión de la fe, Cientología, celebridades y Hollywood, libro del estadounidense Lawrence Wright. Otras palabras son fama, ciencia, religión y una buena dosis de polémica, para algunos también charlatanerismo. El libro es un trabajo de tres años sobre una creencia que, según la apreciación de Wright, tendría apenas 30 mil seguidores en el mundo, pero cuya popularidad es alta debido a un grupo famoso de fieles, que incluye o incluyó a Cruise, John Travolta, Lisa Marie Presley, Isaac Hayes, Gloria Swanson y Paul Haggis.

“Una persona como Tom Cruise debe ser responsabilizada moralmente por la popularidad de la cientología. No hay otra persona tan identificada con esa iglesia como Cruise, y no hay otro que se haya esforzado tanto para conquistar nuevos miembros. Y nadie fue tan beneficiado por la cientología. Él tiene a su disposición, por ejemplo, fieles de la iglesia que trabajan gratis para él”, dice Wright en entrevista telefónica. “Eso sucede porque, si algunas figuras clave envueltas con la iglesia, especialmente Cruise, decidiesen formar su propia organización o entonces simplemente dejaran la religión, habría una presión demasiado fuerte en la cientología para que ella entrara en una reforma. Esas celebridades son esenciales para que la cientología tenga fuerza”.

Si el tema y muchas de las historias de Prisión de la fe pueden dar la imagen de una obra más sobre celebridades, chismes y las bizarreces de Tom Cruise, basta un rápido análisis de la carrera del autor para separar lo que es tema para el sitio TMZ de lo que es tema para la revista New Yorker. El libro anterior escrito por Wright fue El semblante de las torres, una obra en la cual se inclinó durante cinco años para perfilar la red terrorista Al-Qaeda y por la cual recibió más de quince premios, entre ellos el Pulitzer de no ficción en 2007. En otros libros, anteriores, supo trazar un panorama de Dallas en la época de la muerte de John Kennedy, escribió sobre el exgeneral panameño Manuel Noriega y analizó los EE.UU. frente a la Guerra de Vietnam.

Razones 

Reportero de New Yorker, Wright siempre fue, por lo tanto, un sujeto bastante asociado a textos políticos. Pero él mismo sugiere, en la introducción de Prisión de la fe, que su motivación para escribir el libro estuvo ligada a la religión, “una influencia mucho más profunda sobre la sociedad y los individuos que la política”, aclara.

“Las personas pueden tener un punto de vista político fuerte sin que aquello influencie su comportamiento. Pero es difícil que alguien extremadamente religioso no sea afectado por eso. Una religión puede cambiar bastante la vida de alguien. Ya como una ideología política, eso es raro que suceda”, explica Wright. “A mí me interesó mucho entender la razón de las personas para creer en lo que creen. Por eso siempre escribí bastante sobre religión en mi carrera. Mi primer libro fue sobre los amish (City children, country summer: a story of ghetto children among the amish, de 1979) y también escribí sobre satanismo, la iglesia bautista y el islamismo radical. En los Estados Unidos uno puede creer en lo que quiera. Puede hasta fundar su propia religión, en el caso de que no encuentre ninguna que lo satisfaga. Es un laboratorio fascinante. Y, dentro de ese universo, la cientología es definitivamente la creencia más bizarra que tenemos”.

El punto de partida para el libro fue un perfil que Wright publicó en New Yorker, en 2001, sobre el director y guionista Paul Haggis. Dos años antes, Haggis, director de Vidas cruzadas, película ganadora del Oscar en 2006, había anunciado su desvinculación de la cientología después de más de tres décadas de dedicación, por discordar con el apoyo dado por algunos integrantes de la iglesia a un proyecto de ley que pretendía prohibir el casamiento gay en California.

En esa oportunidad, como cuenta Wright, Haggis pasó a leer las críticas a la cientología, conversó con personas y entonces se dio cuenta de prácticas como el aislamiento de adolescentes en campamentos o los relatos de agresiones físicas practicadas por David Miscavige, líder máximo de la religión después de la muerte de Hubbard, en 1986.

Oscuridades.

“Lo que más me asustó en la investigación para el libro fue el tratamiento dado a los niños. Sacrifican su educación, se vuelven totalmente dependientes de la Sea Org (una especie de círculo interno de la cientología). Y es muy difícil salir. Oí de entrevistados historias de abusos cometidos dentro de la Sea Org, inclusive con la tortura de niños”, cuenta Wright.

Muchas de las historias del libro explican cómo ciertas celebridades crearon una relación simbiótica con la cientología. En el caso de John Travolta, por ejemplo, los dirigentes de la religión habrían usado confesiones privadas del actor sobre su homosexualidad para chantajearlo a permanecer en la creencia, hacia fines de los años 70, cuando él se había vuelto el símbolo máximo del galán de Hollywood por la repercusión de Fiebre del sábado a la noche. Pero La prisión de la fe también dedica muchas páginas a las descripciones de los ritos internos de la cientología, al funcionamiento de su estructura y la comprensión de quién fue su fundador.

Fundador de la cientología “era una criatura paradojal”

Nacido en 1911, L. Ron Hubbard es descripto como un hombre de personalidad magnética, pero repleto de contradicciones. Fue autor de más de mil libros, siendo muchos de ellos novelas de ficción científica. Para los cientologistas, las verdades desarrolladas por Hubbard surgieron por medio de estudios, y no de una revelación divina, lo que aproximaría la religión a la ciencia. “No parecía arrogante ni devoto; era como el héroe arrojado y chistoso de un film B, que se volvía todo y de todo sacaba”, escribe Wright. “Era una criatura paradojal. Podría ser insano, pero aparentaba ser brillante. Si se piensa en términos psiquiátricos, varios se le aplicarían. Era paranoico, esquizofrénico, obsesivo compulsivo, narcisista, todo eso”.

Periodista amenazado con un proceso

Wright tuvo acceso a muchas informaciones oficiales de la cientología para escribir su libro, pero naturalmente fue impedido su pretendido diálogo con algunos de los líderes de la religión, entre ellos David Miscavige, y también escuchó rechazos y excusas a los pedidos de entrevistas con algunas celebridades como Tom Cruise.

Pero naturalmente además el libro fue mal aceptado entre los cientologistas. Después de su publicación en Estados Unidos, en enero, la iglesia emitió un comunicado que decía: “El libro del Sr. Wright es tan absurdo que debería estar entre los tabloides de supermercado. Sus afirmaciones no son otra cosa que plagios obsoletos de alegaciones ya refutadas hace mucho tiempo”.

“Yo no respondí a ese comunicado de la cientología, pero me encantaría ver mi libro vendiéndose en supermercados”, juguetea Wright. “Ellos me amenazaron con iniciarme un proceso, pero todavía no lo hicieron. Creo que ellos todavía me van a procesar, pero no van a ganarme. Para que ganaran tendrían que probar que yo distorsioné informaciones deliberadamente para atacar la reputación de la cientología. Y yo no hice eso”.

La prisión de la fe, no obstante, todavía no tuvo ediciones en países como Inglaterra y Australia. En los dos casos, editoriales que ya se habían comprometido con la publicación, las cancelaron por miedo a las acciones legales de la iglesia”.

“Estoy agradecido de vivir en EE.UU. y estar protegido por la Primera Enmienda (que garantiza la libertad de expresión y de prensa). Pero eso no existe en algunos países”.

http://www.elpais.com.uy/divertite/cine/cientologistas-estrellas.html