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La Iglesia en los medios Los ataques que sufrieron algunas iglesias en los últimos meses hubiesen generado otra reacción oficial si se trataba de sinagogas, lamenta el cardenal Daniel Sturla

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“Fragmentación social” que denuncia la Iglesia “golpea los ojos”

Entrevista de Guillermo Draper
La agenda del cardenal Daniel Sturla suele estar cargada. En una semana normal, dice, es habitual que recorra distintos “barrios populares” como el Cuarenta Semanas, el Borro o Puntas de Manga para visitar proyectos vinculados a la Iglesia católica. La realidad que ve allí “golpea los ojos” y muestra que Uruguay ha dado “muchos pasos atrás” en algunas áreas.

Esa “realidad dura” es sobre la que quiso “llamar la atención” la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU), según el arzobispo de Montevideo, cuando difundió la semana pasada el documento Construyamos puentes de fraternidad de una sociedad fragmentada. Las autoridades eclesiales no esperaban lo que sucedió después.

El jueves por la mañana Sturla se despertó con un mensaje de WhatsApp inusualmente extenso del prosecretario de la Presidencia, Juan Andrés Roballo, en el que cuestionaba la actitud de la CEU, aunque reconoció no haber leído el documento. El cardenal quedó sorprendido por el mensaje y su filtración posterior a los medios. Sturla dice que los dirigentes del Frente Amplio que acusan a la Iglesia de tener intencionalidades políticas se equivocan y asegura que la institución “no es que quiera recuperar ningún papel hegemónico” que tuvo en el pasado, sino que quiere ser un “actor que diga su palabra en el marco de la sociedad plural”.

Entre medio de tantas críticas, el cardenal recibió con alegría el mensaje que el martes 24 le envió el Comité Central Israelita en solidaridad por el ataque a una parroquia en Arroyo Seco, a la que le arrojaron bombas de pintura roja y cóctel molotov que hizo poco daño. Sturla dice que harán la denuncia penal por este caso y también por el que se registró el 8 de marzo, durante la marcha por el Día de la Mujer, porque dejar pasar las “pequeñas cosas” puede derivar en algo “más grande”.

Sturla considera que si esos ataques hubiesen sido contra una sinagoga, la reacción oficial hubiese sido diferente.

—¿Esperaba esta reacción de las autoridades del gobierno y de legisladores del Frente Amplio frente al documento divulgado el miércoles 18 por la CEU?

—No. La verdad es que me sorprendió. Esperaba que hubiera reacciones, pero lo que más me sorprendió a mí es que la reacción viniera de quien vino, y que además viniera no habiendo leído el documento y que eso se hiciera público. Como se ha sabido, fue un WhatsApp muy largo con el que me encontré en la mañana del jueves, después de la conferencia de prensa, y comienza diciendo que no había leído el documento, sino que “tenía en cuenta mis dichos y no el documento”. Creo que lo serio es el documento y no lo que la prensa tituló esa noche en los noticieros de lo que yo dije.

—Además de Roballo, algunos legisladores del Frente Amplio le atribuyeron a la Iglesia, al difundir este documento, intencionalidad política. ¿Cómo tomó esa acusación?

—Creo que es un error que comete Roballo y quienes pueden pensar así. Por supuesto que no hay nada de eso. La idea de los obispos era llamar la atención sobre una realidad que golpea los ojos en el Uruguay, que es el hecho de la fragmentación social. Es decir, un Uruguay que se ha ido desintegrando socialmente, donde tenés los extremos de los barrios privados y lugares que son tremendos como pueden ser la costanera del arroyo Miguelete, donde hay lugares que llaman la atención por la pobreza dura que hay. Es un documento muy pensado, donde trabajamos los obispos y también expertos que fueron consultados y que redactaron alguna parte. Responde a un pensamiento común de los obispos del Uruguay, que somos pastores que estamos muy cerca de la gente. Responde a eso sin ningún interés político partidario, sino con un interés de servicio a los cristianos y a la comunidad en general.

“La idea de los obispos era llamar la atención sobre una realidad que golpea los ojos en el Uruguay, que es el hecho de la fragmentación social. Es decir, un Uruguay que se ha ido desintegrando socialmente”
—La descripción que hace de la realidad es muy dura.

—Te hago un relato de lo que es mi semana. El sábado fui a la Gruta de Lourdes para hablar de la Fundación Sofía. Nosotros estamos metidos con los colegios y la Fundación Sofía en los barrios más complicados, la Gruta está muy complicada: ahí tenemos el Jubilar, el Cristo Divino Obrero y un CAIF de católicos. De ahí me fui a Puntas de Manga con un grupito de jóvenes chiquito que se van a confirmar, que viven realidades bastante duras. De ahí me fui al barrio Capra, que no conocía, y ahí hablé con una señora que me cuenta que vive hace años en ese asentamiento, que era gente del interior en su mayoría y que de a poco fueron sumando servicios. Entonces le digo: “Bueno, entonces no están tan mal”. Y ella me dice que no, que la cosa se ha ido complicando. De ahí fui a otra parroquia en un barrio popular. Son realidades sociales bravas que veo, no es que me lo cuenten. Ayer, después de la primera misa de un joven sacerdote que desginamos en el Borro, me senté a conversar con cuatro mujeres fantásticas que trabajan en servicio doméstico en Punta Carretas y que viven en el Borro y Los Palomares. Y ellas me hablaban con una esperanza de que el barrio saliera adelante, pero también con una mirada muy realista, diciendo que algunos son hijos de chorros, nietos de chorros y bisnietos de chorros. Lo que ha ayudado a esta degradación en los asentamientos es que se suceden las generaciones en esa situación.

—¿Esa es la realidad que querían reflejar en el documento?

—La realidad es muy dura. Salgamos de eso y miremos lo que es la realidad de la violencia doméstica; y salgamos de eso y veamos la violencia en el deporte. Entonces, que el país en muchas cosas ha dado pasos atrás es una realidad que está a la vista. Ahora, que se haya progresado en estos años en muchos aspectos, está claro que sí.

—El diputado oficialista José Carlos Mahía cuestionó que la Iglesia no tuviera una postura dura cuando el país sufrió situaciones críticas en el pasado.

—A raíz de todo el debate, estuve mirando los documentos que ha aprobado la CEU en los últimos años y me he encontrado con documentos muy fuertes. Por ejemplo, en el año 2002, en plena crisis, por ahí la Iglesia tiene en el documento que publicó una frase muy dura que dice: “No queremos callar algunas de las situaciones que la debilitan (está hablando de la sociedad). Los rostros de la pobreza se multiplican y aparecen nuevas formas: unas que muestran el desamparo social de mucha gente; otras, la de quienes han perdido la ilusión de poder trabajar en nuestro país o de poder sostener dignamente una familia. Muchos compatriotas emigran buscando mejor suerte”. Es decir, en 2002 se habló como se ha hablado siempre, y basta entrar a la página web de la CEU para ver documentos desde el 68 para acá.

—Quienes cuestionan esta salida de la Iglesia consideran que es parte de una movida más amplia que incluye a los “autoconvocados” y otros sectores de un “movimiento conservador” que surge como reacción a distintos cambios sociales en el país.

—En el año 2014 asumí como arzobispo y al poco tiempo surgió un tema delicado en medio de la campaña electoral. Me pronuncié en contra de la baja de la edad de imputabilidad. Al poco tiempo, me invitaron a un acto de la Seccional 20 del Partido Comunista diciéndome que era una actividad que no tenía connotación político-partidaria, sino que iba a haber representantes de distintos partidos. Pregunté si podía ir a rezar, en memoria de lo que había hecho Partelli en el velorio de los comunistas que habían sido asesinados ahí. Me dijeron que sí, fui y recé. Entonces, cuando a veces se dice “la Iglesia es conservadora, la Iglesia es progresista”, tiene que ver esas cosas. Si uno lee sus documentos, encuentra una continuidad que tiene que ver con la defensa de la dignidad de la persona y, sobre todo, con la dignidad de los más pobres. Y eso ha sido una constante y sigue siendo hoy con un gobierno de izquierda como ha sido antes con gobiernos de otros signos.

“Que el país en muchas cosas ha dado pasos atrás es una realidad que está a la vista. Ahora, que se haya progresado en estos años en muchos aspectos, está claro que sí”
—Cuando comenzó su gestión en el Arzobispado de Montevideo tuvo un discurso elogiado por sectores de izquierda y cuestionado por alas conservadoras de la Iglesia católica. Incluso, se reunió con integrantes de la comunidad LGBT. ¿Cambió algo?

—Creo que hay una continuidad y que, a veces, les gusta a unos y otras veces no. La continuidad está dada por la apuesta al diálogo y a tender puentes. Ese diálogo es con todos, pero dialogar con el otro no quiere decir que esté de acuerdo con el otro. Este año, a raíz del problema que tuvimos por unas declaraciones mías en enero y que las feministas cuestionaron mucho, las invité a dialogar. Y no es que hayamos salido diciendo: “Estamos de acuerdo en todo”. Pensamos distinto, pero podemos dialogar, porque es una sociedad plural, libre y democrática. Acá estuvieron a fines del año pasado Juan Castillo y otros miembros del Partido Comunista después de la elección de él como secretario general del partido, y me parece bueno que se quieran acercar a la Iglesia, como he recibido a otros líderes políticos o como he tenido diálogos con el presidente del PIT-CNT. Es parte de una Iglesia que dialoga con todos y que dice la palabra que tiene que decir, pero no por un interés político-partidario, porque no lo tenemos.

—¿No hubo un cambio en su discurso o en algunas posturas como para que algunos grupos que habían visto señales positivas, ahora lo critiquen?

—Eso lo he escuchado. Pero yo sigo siendo el mismo, sigo siendo fiel a la Iglesia, al evangelio. Ahora, hubo hechos que, de algún modo, marcan una realidad que señala algún cambio. Me refiero, por ejemplo, a lo que han sido las actitudes de grupos feministas radicales en atentados a la Iglesia. El año pasado, para el 8 de marzo una página web internacional del movimiento feminista decía explícitamente hacer actos de apostasía contra la Iglesia católica. Y eso se hizo el 8 de marzo, se hizo en otra fecha que no me acuerdo cuál y el 8 de diciembre se hizo frente a la catedral de Montevideo. Ahora, son grupos minoritarios, pero son grupos que tienen un discurso anti-Iglesia. Pongo otro ejemplo. Antes de que asumiera el doctor Vázquez me reuní con él y le llevé lo que en ese momento era la guía de educación sexual que había elaborado —si no me equivoco— el colectivo Ovejas Negras y que el Mides iba a comenzar a distribuir. Ese documento fue encajonado. No digo que fuera encajonado por la acción mía, sino que era mucho peor que la propuesta didáctica que se hizo en su momento. Es decir que, en lo que tiene que ver con lo que nosotros llamamos ideología de género, la postura mía no ha variado. ¿Eso quiere decir que no pueda dialogar con el movimiento LGBT o las Ovejas Negras? No.

—El diputado Mahía dijo que la Iglesia católica busca “recuperar y avanzar en el espacio que la historia batllista dejó para la libertad del ciudadano y de laicidad garantista”. Hay quienes ven que la Iglesia, que estaba en retirada, quiere retomar un espacio central.

—Ahí volvemos al tema de qué entendemos por verdadera laicidad. Soy un ferviente defensor de la laicidad entendida como pluralidad democrática donde cada uno puede expresarse. La Iglesia es un actor de esta sociedad que tuvo un papel protagónico o hegemónico en épocas anteriores y que hoy no es que quiera recuperar ningún papel hegemónico, pero quiere sí ser un actor que diga su palabra en el marco de la sociedad plural.

“Soy un ferviente defensor de la laicidad entendida como pluralidad democrática donde cada uno puede expresarse”
—El último ataque a una parroquia la semana pasada se da poco después del choque con las autoridades del gobierno por la difusión del documento. ¿Ve relación entre los dos episodios?

—Prefiero pensar que no.

—¿Van a hacer la denuncia?

—Se hizo la denuncia policial y teníamos previsto hacer la denuncia judicial.

—¿Espera que las autoridades den una señal sobre el tema investigando los ataques?

—Llama la atención que la vez pasada, el 8 de marzo, no hubo una actuación de oficio frente a un atentado. Nosotros no habíamos hecho la denuncia, en cambio ahora se hizo la denuncia policial y la idea es hacer la denuncia judicial de ambos atentados. Entendemos que es una cosa que se viene repitiendo y no podemos dejar pasar por alto. Tuve la alegría de recibir una carta de solidaridad del Comité Central Israelita y creo que todos tenemos que aprender mucho del pueblo judío y de cómo ellos tienen la clara conciencia de que las pequeñas cosas que los afectan como judíos no las pueden dejar pasar, porque uno deja pasar lo pequeño y termina siendo algo grande.

—¿Si estas cosas le pasaban a una sinagoga, cree que la reacción hubiese sido diferente?

—Creo que sí.