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La Iglesia en los medios Los 500 años de una mujer que cambió su tiempo

EL OBSERVADOR |

El legado de Teresa de Ávila trasciende lo religioso y ubica a esta santa en medio del itinerario cultural de Occidente

Santa Teresa de Jesús fue una mujer innovadora en sentido religioso, estético y vital

A los siete años, Teresa de Cepeda y Ahumada convenció a su hermano Rodrigo, un año mayor que ella, de ir a “tierras de infieles”. Era el año 1522 y la niña tenía un objetivo claro: convertirse en mártir. Quería acortar el camino al cielo y, si la asesinaba alguien que no profesara su fe católica, se garantizaba un lugar seguro en el paraíso. Esa primera búsqueda infantil, un acto impulsivo y desobediente, es un adelanto de lo que sería luego la vida de una mujer valiente y reformadora.

Esa niña sería luego santa Teresa de Jesús, una mujer que provocó cambios cuyos frutos están hoy, a exactos 500 años de su nacimiento, más vigentes que nunca. La monja carmelita mística, la de la transverberación y la conexión espiritual decantada en éxtasis, fue también un personaje mundano, apegado a lo cotidiano. “Entre los pucheros y las ollas también anda Dios”, escribió Teresa, descubriendo el valor de lo grande en lo cotidiano.

Teresa de Jesús es uno de los casos que más reafirman la condición del santo que rompe con su tiempo.

A lo largo del año se realizarán en España, Uruguay y el mundo diversas actividades para recordar la figura de esta mujer excepcional. Por ejemplo, hoy en Ávila, el obispo de esa ciudad realizará una eucaristía en la casa de la santa, una de las actividades marcadas en el amplio cronograma disponible en www.stj2015.com.

Adelantada a su época

Para comprender el significado real de los aportes de Teresa hay que ponerle contexto histórico a su vida y obra. Que una mujer leyera y escribiera en el siglo XVI no era algo común. Los índices de analfabetismo de la época y el femenino en particular eran altísimos. Teresa nace en una familia hidalga, de origen judío, decadente pero de alto estrato social. Esto facilitó su acceso temprano a los libros. La santa forjó su personalidad leyendo romances y novelas de caballería, pasión que heredó de su padre, Alfonso de Cepeda.

Más tarde Teresa se convertiría en una autoridad de la lengua, según la Real Academia Española, que así la destacó en su primer diccionario (1726-1739), como ilustre representante del Siglo de Oro español.

Su prosa brilló en varias obras, como Camino de perfección, Libro de la vida (su autobiografía), Libro de las fundaciones y Las moradas, uno de sus últimos textos y quizá su obra más importante. En ella refleja su visión del alma y desarrolla el concepto de vida interior, precursor para su tiempo. Teresa también es muy reconocida por sus poemas, actividad menor en el volumen de su producción literaria, pero un escalón ineludible de la literatura en español.

Su biógrafo más reciente, Jesús Sánchez Adalid, cuenta que Teresa de alguna manera se adelanta al psicoanálisis que Sigmund Freud desarrollaría a fines del siglo XIX. “Presenta diversos estados del alma, como la psique o como la mente. Hay expresiones suyas muy reveladoras, muy intuitivas; por ejemplo, cuando dice que la loca de la casa es la imaginación. Es cierto que la imaginación trastoca nuestros sentimientos muchas veces, que nos pone la vida patas arriba”, señala Sánchez Adalid en entrevista con el diario español ABC.

El autor de Y de repente, Teresa sostiene que la santa fue “interrogada, molestada, amenazada y estuvo a punto de ir a prisión” por muchas de las ideas que escribió. Durante el reinado de Felipe II, la Inquisición desarrolló una verdadera obsesión por controlar a España, y Teresa fue una de las que comparecieron ante las autoridades.

No por causalidad el nuncio del papa, Filippo Sega, escribió sobre Teresa cuando estaba fundando conventos reformados: “Es una fémina inquieta, andariega, desobediente y contumaz, que a título de devoción inventaba malas doctrinas, andando fuera de la clausura, contra el orden del Concilio Tridentino y Prelados: enseñando como maestra, contra lo que san Pablo enseñó, mandando que las mujeres no enseñasen”.

Pionera del feminismo

La rebeldía y la alegría iban de la mano en la vida de Teresa. “Tristeza y melancolía, no las quiero en casa mía”, escribió.

En un período donde la mujer estaba condenada al matrimonio o al convento, sometida al poder del hombre, Teresa rompió con los cánones y empezó a escribir y a enseñar desde un convento del Carmelo en Ávila. Allí sostuvo que existe una vida interior a desarrollar para alcanzar la plenitud. Eso la impulsó a hacer la gran reforma de la orden carmelita, para mujeres y hombres. Teresa fundó decenas de conventos de la nueva Orden de las Carmelitas Descalzas de San José. Para esto se valió de la colaboración de otro místico español, su fiel compañero san Juan de la Cruz.

La mujer no está solo para criar hijos o dedicar su vida a la clausura, sostuvo la escritora, que es la primera mujer que desarrolló el área de la oración mental, siempre enfocada en el autoconocimiento como forma de conocer a Dios. En el Libro de las fundaciones afirmó que vale más un momento dedicado a conocerse a uno mismo que horas destinadas a repetir oraciones vacías.

Teresa de Ávila es para muchos una de las primeras feministas de la historia. Fue pionera en la literatura universal femenina y en el valor central de la cultura, siempre queriendo acercar a Dios a lo cotidiano. Escribió de lo que vivía y para eso usó un lenguaje llano y directo. Y no le era ajena la ironía para con el orden establecido que la reprobaba: “La oración mental no es para mujeres, que les vienen ilusiones; mejor será que hilen…”, escribió.

El profesor de literatura Antonio Martínez Illán sostiene que la influencia de Teresa es “para aquellos que han tenido la experiencia de la nada, de saber que detrás de la nada puede estar el todo”. El crítico señala que “muy pocos se han atrevido por ese camino”.

Santa Teresa focalizó su espiritualidad en un Dios humano, que está dentro del hombre y lo impulsa a ir hacia él. La pasión por un Cristo cotidiano llevó a la escritora a desarrollar la interioridad como su obsesión. Ese es su mayor aporte a la humanidad: la oración como trato de amistad, cercano a Jesús.

Leerla hoy

La santa murió a los 67 años, en 1582. En 1970 el papa Pablo VI la nombró primera doctora de la Iglesia, reconociendo así que Teresa tenía todas las certificaciones seguras para enseñar y ser maestra de oración. No por casualidad esta mujer volvió a aparecer en aquellos años tan particulares de destape social.

Como los personajes históricos más fecundos, Teresa habla en los momentos claves de la humanidad. Y tiene algo para decir hoy, lo mismo que viene impulsando desde el lejano siglo XVI: su lucha por unos ideales de justicia e igualdad.

Leer a Teresa hoy es tender puentes para el desarrollo de la cultura en el sentido más allá del religioso. Porque ella propone pistas para acercarse a la felicidad no en el más allá, sino en el más acá.