Iglesia al día

" Me alegra que el tema elegido por la familia ecuménica para la celebración del Tiempo de la Creación 2020 sea 'Jubileo de la Tierra', precisamente en el año en el que se cumple el cincuentenario del Día de la Tierra "
Papa Francisco

La Iglesia en los medios Lo que la campaña no nos dio [opinión – refiere al laicidad]

EL OBSERVADOR |
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Por Juan Carlos Carrasco.

Con las últimas campanadas para el acto eleccionario, me vienen a la cabeza las palabras de Alberto Methol Ferré, cuando decía que no había que hablar de los problemas del Uruguay, sino del Uruguay como problema. Bien podría aplicarse a esta campaña. Realmente, no estamos en un momento de refundación del país, a tenor de las promesas electorales. En el mejor de los casos se trata de arreglar problemas de coyuntura, con la justicación de que “no da para más”. El déficit fiscal, porque podemos perder el grado inversor. La posible coalición de la oposición, porque el Frente “se tiene que ir”. La mejora del clima de negocios porque no va a haber inversiones. La mejora del gerenciamiento de las empresas públicas, porque no podemos permitirnos una sangría de fondos públicos por ineficiencia. No hablemos de la seguridad, que realmente “no da para más” el aumento de homicidios y delincuencia en general.

Quizás la reforma educativa tiene una proyección de más aliento. Pero en este caso, las propuestas van en la línea de asemejar lo más posible la educación pública con la privada, en cuanto a orden en el funcionamiento, apoyo personalizado a los alumnos, autonomía de los centros, estabilidad del profesorado, división por áreas del conocimiento. No está en discusión nuestro “paradigma” educativo que divide a lo público de lo privado con un abismo ideológico que viene de antiguo y que impide toda colaboración y ayuda mutua. Toda la educación es pública, pertenece a todos sin discriminación. Pero cada una trata de ignorar a la otra como si pertenecieran a países diferentes. Más aún, Finlandia es más afín a nuestra educación que nosotros mismos. La subvención estatal a la educación “pública”, debe ser más pública. Nadie debería “remar solo” a la hora de educar ciudadanos.

El país debe replantearse su estatus de agnóstico puro, que ha llevado al empobrecimiento intelectual. El agnosticismo declara la imposibilidad “a priori” de conocer a Dios. Ante eso, no hay posibilidad de hablar sobre el tema, porque no hay lugar para el razonamiento, ni a favor ni en contra. De ahí al laicismo hay un paso: no se puede hablar de Dios en el ámbito público porque simplemente no hay nada de que hablar. El laicismo ha llevado al empobrecimiento, no ya de la teología, sino de la losofía. Para hacer “laica” a la losofía hay que cercenar varios siglos de historia, y hacer un mentís a los propios griegos. Y es que la religión natural ha sido siempre una gran impulsora del pensamiento porque obliga a razonar si es fundada o no, qué es aceptable y qué no, etc. Un ejemplo de lo que decimos fue, en su momento, la aprobación de las universidades privadas. Paradójicamente se dio en un gobierno de facto, lo mismo que la reforma de Varela. He ahí un desafío para el país: mayor libertad de pensamiento.

Como ya traté en mi artículo anterior, la disminución de la población en Uruguay nos coloca en una encrucijada de crisis de identidad nacional, por supuesto bastante más importante que muchos de los temas que hoy se discuten en la campaña. La sociedad aprobó la ley del aborto democráticamente, como un apoyo a la mujer. Pero ésta no puede ser la última palabra. Es necesario apoyar más a las que desean tener un hijo, o varios. Se debe dar un impulso a la familia con reformas sociales que le alivien el costo de vida. Es el motor del crecimiento y se debe invertir en ello, con costos para el Estado y para las empresas.

Es verdad que la seguridad pública es un objetivo primario. Se ha hablado de esto en la campaña electoral, sin duda. Pero nadie ha llegado todavía a identificar la causa de la delincuencia. Que haya más delincuentes no es culpa del Frente, más allá de que no fue exitoso en reprimir el delito o la droga. No tengo temor a armar que una de las causas más decisivas en el aumento de la inseguridad es la destrucción de la familia, proceso que se viene cumpliendo desde la reforma batllista del siglo pasado. Causa también de la deserción escolar. Así han aumentado los divorcios, los hogares monoparentales, los femicidios por exparejas que son los más frecuentes. La solución no es derogar la ley de divorcio. Pero, una vez más, se debe dar un apoyo mayor a la familia. Nada impide que se divorcien los que quieran hacerlo, pero se debe apoyar más a los que deseen mantener su matrimonio. Temas grandes sin discutir. Lamentablemente, eso nos ha dejado esta campaña.