Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Liceos públicos de gestión privada 

BÚSQUEDA | Carta al Director

http://www.busqueda.com.uy/nota/liceos-publicos-de-gestion-privada/ls-1440-f6bdad1b543991b92495

Sr. Director:

¿Qué hace a los liceos: Jubilar, Impulso, Providencia, Francisco, Los Pinos, Espigas, Ánima, y al liceo militar Gral. Artigas, diferentes a los demás? La esencia de un centro educativo son sus recursos materiales (infraestructura edilicia y equipamiento) y sus recursos humanos (directores, docentes y alumnos).

En cuanto a los primeros, y justo es reconocer que se ha invertido en ello, puede decirse que los edificios de los liceos públicos están (salvo excepciones) en buenas o muy buenas condiciones. Los de reciente construcción son amplios, iluminados, con mobiliario moderno, equipamiento nuevo y espléndidos espacios recreativos; mientras que los más antiguos, mantienen su decoro. Ahora, cuando de recursos humanos se trata, aparecen los contrastes. Pues en tanto que para un liceo “público convencional” son solo un recurso,para un “público de gestión privada” constituyen su capital. En la mayoría de los liceos públicos, al decir de los jóvenes, todas son “pálidas”: mobiliario en mal estado, desorden, dejadez, malos hábitos, vicios, irrespetuosidad y violencia. Constantes faltas o ausencia de profesores, dos por tres paros laborales (generadoras de horas libres ociosas y mal aprovechadas), caras tristes, desmotivación y una larga lista de etcéteras.

Mientras que en los de gestión privada todo es prolijo, todo funciona y campea la “buena onda”. Los directores dirigen (administran, gobiernan, rigen, mandan), es decir: asumen su jerarquía, y ejerciendo el liderazgo y la autoridad (naturalmente y sin cortapisas), cumplen cabalmente los cometidos que el cargo impone. Los docentes, sintiéndose respaldados por lo que estas condiciones representan, se sienten realizados profesionalmente. Enseñan y ven los resultados. Por su parte, los adscriptos hacen de una hora libre un espacio útil para conversar y conocer a los jóvenes, en un trato casi que personalizado. Los alumnos (la razón última del centro educativo), portando con orgullo el uniforme que los identifica y les da pertenencia, marchan todas las mañanas a esos amigables centros de referencia, donde cultivan el intelecto, el físico y el espíritu. Los padres se mantienen al tanto de las actividades de sus hijos, responden prontamente a un eventual llamado que se les hace, y algunos integran activas comisiones de padres. Son padres presentes, el modelo así lo demanda.

La cosa es bien clara: allí se va a estudiar. Llevan tareas domiciliarias y son calificados por sus intervenciones orales y por pruebas escritas. Y si las cosas no andan bien, tienen clases de apoyo. No se justifica el bajo rendimiento académico. Paralelamente, allí se transmiten valores. Valores que apuntan a combatir las propensiones negativas de todo adolescente: indisciplina, falta de voluntad, apatía y pereza, que tanto daño están causando a nuestra sociedad y hasta a nuestra economía. Valores que de ninguna manera son privativos del cuño religioso o militar. Allí se les enseña a ser responsables, buenos compañeros, así como a respetar y a ser respetados. Allí se enseñan cosas buenas y se aprenden cosas lindas.

¡Ojo!, también se divierten. Ven cine, van al teatro, organizan bailes, practican deportes y salen de campamento. En estos liceos nada queda librado al azar. Quince días antes del empezar de clases, comienza moverse el avispero para que todo esté pronto (alguna pintura, la limpieza, la jardinería, etc.) el día de inicio de los cursos. Y ese día, dedican unos minutos para la recepción y bienvenida a padres y alumnos, particularmente a aquellos que son nuevos. Asimismo, durante el año suelen organizar “Un día en Familia”, en el que se comparte una merienda al aire libre, y los padres visitan el liceo y alternan entre ellos. En los liceos públicos de gestión privada y en el liceo militar Gral. Artigas confluyen el liderazgo, la vocación y el compromiso con la tarea de directores y docentes. Virtudes que sumadas a la preocupación de los padres por el futuro de sus hijos y al espíritu de superación de los chicos, marcan la diferencia. Como corolario, es fácil percibir que el común denominador allí es la convicción de que se puede, el trabajo en equipo, la motivación, el sentido de pertenencia, la búsqueda de la excelencia, así como el compromiso y el cariño que se le pone a la tarea. ¡Eso los hace diferentes!

Pero en “el reino o del revés”, paradójicamente, el modelo recibe duras críticas, las que insólitamente provienen de las autoridades de la enseñanza. La directora general de Secundaria, inspectora Celsa Puente, ha manifestado sentir preocupación (¿?) por los liceos públicos de gestión privada, a la vez de expresar que los buenos resultados de estos centros eran producto de una preselección de los estudiantes. A la vez que el presidente de ADES (Montevideo), Prof. Emiliano Mandacen, arremetió declarando: “En esos centros no se enseña nada. Son una especie de contención social (¿?)”.

¿Cómo se explican estas actitudes, de por sí negativas? En su condición de referentes, ¿no deberían autocriticar el sistema, para entender por qué no está funcionando y corregirlo prontamente? Nunca hubo más presupuesto en la enseñanza que en estos últimos años. Los docentes provienen de los mismos semilleros y los jóvenes (en esas edades) son todos iguales, para ser más concretos debemos decir que la mayoría proviene de niveles socioeconómicos bajos, o a lo sumo medios-bajos.

Entonces ¿qué tranca? Tranca la ideologización de la enseñanza, tranca la comprobada incapacidad de gestión pública imperante, y todo ello sin entrar en la digresión de un perverso interés de mantener todo como está, nivelando todo por lo bajo…

Menos mal que, en un arrebato de cordura, la señora ministra de Educación y Cultura, Dra. Mª Julia Muñoz y el cesado director de educación del Ministerio, el Mtro. Juan Pedro Mir, refutaron estos conceptos, expresando sus deseos de que “todos los liceos públicos del país fueran como el Jubilar”. Tengamos presente que la Ley General de Educación Nº 18.437 establece: “(…) el Estado debe garantizar la educación de nuestros jóvenes mediante su desarrollo intelectual, físico, psíquico, ético y social”. Este exitoso y paradójicamente cuestionado modelo, más que de gestión privada es casi que de autogestión. Y cuando la sociedad civil debe apelar a ella para acceder y preservar el derecho(humano) a la educación, mal parado queda el garante.

Cnel. (R) Luis Eduardo Maciel Baraibar