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La Iglesia en los medios La Iglesia debe dejar de “poner la carreta delante de los bueyes” porque hoy su “moralina” está tapando el “mensaje del Evangelio

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“HAY COSAS MÁS IMPORTANTES QUE SI SE USA O NO SE USA PRESERVATIVO”, SOSTIENE EL NUEVO ARZOBISPO DE MONTEVIDEO, DANIEL STURLA, Y AGREGA QUE BAUTIZARÍA A LOS HIJOS DE PAREJAS DEL MISMO SEXO Y QUE A LOS JÓVENES QUE VIVEN SU “SEXUALIDAD COMO UN PROBLEMA” LOS

La Iglesia debe dejar de “poner la carreta delante de los bueyes” porque hoy su “moralina” está tapando el “mensaje del Evangelio”

entrevista de Andrés Danza y Guillermo Draper

Dos padres del mismo sexo toman a su hijo cada uno de una mano. Caminan despacio, como intimidados, por el pasillo central de una catedral. Se acercan al sacerdote, que los espera al otro lado del altar. “Venimos a bautizarlo”, le dicen. “Por supuesto”, responde el religioso.

Parece una escena de una película surrealista o de ciencia ficción. Pero no. Puede llegar a ocurrir en estos días en la Catedral de Montevideo. El que estará a cargo de ese templo a partir del 9 de marzo es el obispo auxiliar Daniel Sturla y él está dispuesto a bautizar a un hijo de padres homosexuales, luego de que la ley uruguaya los habilitara en forma expresa a formar una familia.

Porque para Sturla “no hay que poner la carreta delante de los bueyes”. Lo importante, asegura, es “el mensaje del Evangelio”, que hay que adaptar “al hombre de hoy”, y el concepto sobre que “Dios es amor”. Luego recién viene “la ley y la moral” cristiana.

“Toda la moral de la Iglesia hay que vivirla. El tema es que cuando la Iglesia anuncia elementos de moral que salen fuera, como el caso típico del preservativo, hay que decir paremos, porque hay cosas más importantes que si se usa o no se usa preservativo. Nuestro anuncio no es que no se debe usar preservativo. Es la salvación de Cristo”, citó como ejemplo.

También relató experiencias que ha tenido en temas que son controversiales para la Iglesia Católica. “Yo tengo amigos homosexuales. He tenido chicos con los que he hablado del tema, porque viven su orientación sexual como un problema, y les he asegurado que Dios los ama profundamente. Dios te ama por lo que sos y no porque te orientes a un lado u otro desde el punto de vista sexual”, contó.

Con ese aire renovador es que se desarrolló la entrevista entre el salesiano Sturla y dos periodistas de Búsqueda en la tarde del lunes 17. Antes de iniciar la charla, el obispo que sustituirá a monseñor Nicolás Cotugno tomó una bolsa de chocolates y ofreció sobre la mesa una variedad de colores y gustos. Un comienzo significativo que, sin ser planificado, fue un buen reflejo de la apertura a la diversidad que busca instaurar en la Iglesia el futuro jefe de la mayor Diócesis del Uruguay.

¿Cuáles son sus prioridades una vez que asuma al frente del Arzobispado?

—Lo que quiero hacer en primer lugar es escuchar, aprender y compartir, arrancando por los curas de Montevideo. Ya me estoy reuniendo con algunos. Uno está al frente, puede mandar, pero si la tropa no lo sigue, queda solo con un escarbadientes y por eso hay que hablar con los sacerdotes, que son los primeros colaboradores del obispo.

¿Qué le han planteado en las reuniones que ya ha tenido?

—Como siempre que hay un cambio de personas, hay un deseo de cambios y de una relación cercana del obispo con los sacerdotes. También de un repensar las estructuras pastorales de la Diócesis.

¿Hay preocupación con respecto a la disminución de la cantidad de uruguayos religiosos y católicos?

—La preocupación está y viene de antes. Sobre todo en la zona cuatro, que abarca desde Paso Molino hasta la Barra Santa Lucía y agrupa a barrios como Cerro, La Teja, Casabó y Paso de la Arena. Ahí hay pocos niños en catequesis, pocos jóvenes en las parroquias y ha disminuido el número de casamientos. Estamos reflexionando sobre eso. A nivel personal, creo que hay un problema de comunicación de la Iglesia enorme. No llegamos a comunicar con claridad para la gente el mensaje de Cristo. Este verano leí “La civilización del espectáculo” de Mario Vargas Llosa y me hizo pensar mucho. En esta sociedad en la que la diversión es lo máximo, está claro que una misa no es divertida. Tampoco tiene que serlo. Pero no se trata de esos problemas externos sino de pensar qué podemos hacer nosotros en esa sociedad. Eso es lo que estamos reflexionado y ojalá podamos dar pasos en ese sentido.

Pero más allá de que la Iglesia no tiene que tener como objetivo ser “divertida”, ¿no le parece que ha hecho poco para adaptarse a la sociedad actual?

—Sí, es cierto. Lo que digo es que las cosas de afuera no las vamos a cambiar y que hay que mirar las cosas de adentro. Es un tema de comunicación porque el mensaje del Evangelio no cambia. El tema, como dijo Juan XXIII al arrancar el Concilio II, es cómo hacer para que el mensaje del Evangelio llegue al hombre de hoy. En Uruguay hay que pensar, por ejemplo, cómo hacer para que ese mensaje llegue al muchacho que está en los barrios populares. Digo esto porque hay menos jóvenes en las parroquias de los barrios populares de Montevideo que en los barrios de la costa. Esto para mí es prioridad número uno. Se debe hacer una experiencia misionera en esos barrios porque así se salva mucha gente de cosas que están perjudicando a los chicos, como la droga y la delincuencia. Y me refiero a los jóvenes porque en los barrios populares hay gente adulta en la parroquia pero no hay casi jóvenes, a diferencia de lo que pasa en Carrasco, por ejemplo.

En su exhortación apostólica, que según dicen es su libro de cabecera, el papa Francisco sostiene que en la Iglesia hay “normas o preceptos” que pueden haber funcionado en otra época pero que no están “ligados al núcleo del Evangelio” y que quizás deberían abandonarse o cambiarse. ¿Usted cuáles cambiaría?

—Lo que yo interpreto es que el gran tema es no poner la carreta por delante de los bueyes. El mensaje del Evangelio no es la ley ni la moral y más aún cuando la moral va bajando a cuestiones más finas. El núcleo del mensaje del Evangelio es: Dios te ama, Jesucristo ha dado su vida por ti y te trae la salvación, recibe el Espíritu Santo y vive en la comunidad la alegría de ser salvado. Al adoptar eso, la vida te exige algunos elementos. Pero también hay una jerarquía y es importante dejarla clara. Porque, ¿cuáles son principios de la moral cristiana? Son los diez mandamientos. Si nosotros ponemos primero el anuncio de la salvación y después los elementos fundamentales de la moral cristiana, lo que viene después se puede analizar.

¿Pero en qué cosas concretas está pensando?

—Toda la moral de la Iglesia hay que vivirla. El tema es que cuando la Iglesia anuncia elementos de moral que salen fuera, como el caso típico del preservativo, hay que decir paremos, porque hay cosas más importantes que si se usa o no se usa preservativo. Nuestro anuncio no es que no se debe usar preservativo. Es la salvación de Cristo. Capaz que este es un ejemplo difícil como para explicar en un diálogo como este. Pero en el tema de la moral cristiana no se puede entrar en tal cosa sí o tal cosa no. Hay que centrarse en lo importante.

Vamos a otro tema concreto, que ya abordó en forma indirecta el papa Francisco, y que es el de la homosexualidad y la Iglesia Católica. ¿Percibe un cambio en ese aspecto sobre lo que ocurría hace unos años?

—¿En qué sentido?

Hace unos años su antecesor, monseñor Nicolás Cotugno, sostuvo que los homosexuales eran portadores de una especie de “enfermedad” y que había que procurar curarlos. Poco después de asumir, el Papa utilizó la frase: “no soy quién para juzgar a un homosexual”. ¿No le parece que hay una mayor apertura de la Iglesia?

—No quiero contraponerme a lo que el arzobispo anterior ha declarado. Pero todos hemos evolucionado en el tema de la homosexualidad. Yo lo viví en el colegio en el que fui director comparado con otros colegios en los que trabajé antes. Una cosa era hace veinte años cuando en un colegio había un chico que era catalogado con un nombrete por su modalidad y otra cosa es hoy. En ese sentido, la sociedad ha evolucionado positivamente porque se comprende algo que antes no se comprendía y es que hay personas que por distintas razones tienen características personales o gustos u orientación sexual diversa de la mayoría. Allí también entra la Iglesia. Otra cosa el hecho moral. Para la Iglesia el valor indiscutible lo tiene toda persona humana, sea cual sea su orientación sexual, color de piel, lo que sea. Yo tengo amigos homosexuales. He tenido chicos con los que he hablado del tema, porque viven su orientación sexual como un problema, y les he asegurado que Dios los ama profundamente. Dios te ama por lo que sos y no porque te orientes a un lado u otro desde el punto de vista sexual. Otra cosa es que para la Iglesia todo acto sexual fuera del matrimonio está fuera de su moral y sería pecado.

Eso no es parte de los diez mandamientos…

—…bien. Pero estoy diciendo cuál es la doctrina para la Iglesia. Si yo voy a anunciar la buena noticia del Evangelio una cosa es lo que yo les anuncio primero y las consecuencias morales que en todos los campos de su vida tiene el ser cristiano. Pero el primero de esos campos no es el de la vida sexual porque hay otra infinidad de campos. Los tres primeros elementos que toda persona humana tiene que tratar de vivir son la honestidad, la sinceridad y la solidaridad. Ahí construimos todo lo demás y entonces arranquemos por ahí y no por la sexualidad. La Iglesia ha insistido con esos temas porque estaban en el tapete pero lo principal para la Iglesia y el principal mandamiento de Dios no es otro que el amor. La gran pregunta que Dios nos va a hacer al final del camino es: ¿amaste? Esa es la respuesta que tenemos que dar. Eso es lo más importante y no lo otro. La Iglesia no es un coto cerrado de santos sino una casa de puertas abiertas de pecadores. Trabajemos para que eso sea cada vez más así.

Le ponemos un ejemplo concreto que puede ocurrir en breve. Además del matrimonio homosexual, en Uruguay está aprobada la adopción. ¿Qué haría si una de esas parejas le pide para bautizar a su hijo?

—Si van dos papás o dos mamás a bautizar a su hijo, ese hijo va a ser bautizado porque tiene todo el derecho. Nadie puede negarle el bautismo porque tenga dos papás o dos mamás.

La Iglesia está en contra de que los homosexuales puedan tener hijos…

—Ahí prima el derecho del niño a recibir el bautismo. Lo que tienen que asegurar los papás o las mamás es que van a educar en la fe a ese chico.

En una entrevista con “El País” usted dijo que no tiene “una opinión totalmente formada” sobre la ley que habilita el comercio de marihuana. El obispo de Minas, Jaime Fuentes, en cambio, fue mucho más duro en un diálogo con la agencia de noticias católica Zenit, donde dijo que esa ley, junto con otras, empujan a Uruguay hacia el abismo. ¿Cree que tiene que haber una discusión en la interna de la Iglesia para fijar una posición?

—No es para que lo discuta la Iglesia pero ahí hay que ver los objetivos. Esa ley intenta combatir el narcotráfico e intentar que los chicos no pasen de la marihuana a otras drogas más duras. Si esta ley lograra ese propósito seríamos Gardel. ¿Lo logrará? Lo dudo pero no tengo una opinión totalmente contraria en principio. Hay que ver los resultados. Está claro que el fracaso de lo que se hace ahora es muy grande y que algo al respecto hay que hacer. Por las dudas, que quede claro que yo estoy en contra del aborto y en contra del matrimonio entre homosexuales, lo que digo es cómo lo procesamos luego de que son aprobadas. Monseñor Jaime es periodista y sabe que una frase contundente llama la atención.

El Papa plantea que la Iglesia debe incidir más para cambiar la inequidad social. ¿La Iglesia local tiene que denunciar más algunas situaciones de injusticia en Uruguay?

—La Iglesia uruguaya actúa más de lo que ha hecho como pronunciamiento. Es mucho más importante todo esto de la caridad, del amor, en la moral cristiana que otras dimensiones que tienen que ver con cuestiones más de detalle. Eso es lo que el Papa quiere subrayar hoy. ¿Por qué? Porque lo más importante que hay que solucionar desde el punto de vista social es la inequidad, de la gente que queda fuera del sistema. En Uruguay la Iglesia tiene documentos históricos sobre el tema, pero también ha hecho mucho. Basta recorrer los barrios de Montevideo y uno ve que hay muchas obras de Iglesia como la muy nombrada del Liceo Jubilar y muchas más. Casa Luna, ubicada en Aparicio Saravia y General Flores, por ejemplo, es una obra de ex alumnos del Juan XXIII para madres adolescentes. La madre adolescente de esos barrios que va para ahí, ¿vos qué hacés? Recibirla, asistirla, acompañarla, que venga tu pareja. No le pedís la libreta de matrimonio, ni le preguntás qué método anticonceptivo usó, lo que hacés es recibirla y darle para adelante, darle los elementos para que siga esa vida que tiene adentro. Esa es la Iglesia. La Iglesia no es la Iglesia de la moralina, la Iglesia es la Iglesia que acoge y que recibe. Obviamente que tiene una propuesta moral alta, que no es que cambie, pero lo que hay que acentuar es el verdadero rostro de la Iglesia, que está allí.