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La Iglesia en los medios La fiesta del 8 de marzo y relaciones de poder [Opinión]

LA REPÚBLICA |
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Al igual que el año pasado, el Uruguay y especialmente Montevideo, vivió una gran fiesta el Día Internacional de la Mujer. Fue una extraordinaria manifestación de poder. Como decíamos el año pasado, fueron las abuelas, las madres, las hijas, las nietas. Pero este 8 de marzo fue especialmente un acto masivo de la juventud. Las jóvenes generaciones predominaban nítidamente en la marcha y le dieron el tono de fiesta. Su alegría, sus cantos, sus tambores, sus saltos fueron algunos de los diferentes mecanismos utilizados para estos festejos.

La elevada presencia de la juventud, marca la enorme potencialidad de este movimiento para seguir influyendo en la vida social y política del país. Múltiples son sus consignas de igualdad en diversos aspectos de la vida nacional, pero en la actualidad los numerosos casos de femicidio, son una de las grandes banderas que generan tan elevada movilización. Como decíamos el año pasado, podrían ser 100.000, 200.000 o 300.000, pero sin duda fue un acto extraordinariamente exitoso.

Importa destacar que la marcha de Uruguay puede considerarse paradigmática en el plano internacional, pero no hay duda que este movimiento de las mujeres por la equidad de género, se está desarrollando con mucha fuerza en lo internacional. Paul Krugman, premio Nobel de Economía, fuerte crítico del gobierno de Trump, resaltaba en sus notas como una especie de despertar de la sociedad civil en EEUU, donde destacaba nítidamente las movilizaciones y actividades de “Me Too” una organización de mujeres, en la búsqueda de la equidad de género, con actividades de mucha repercusión mundial.

En esta manifestación del 8 de marzo en Montevideo hubo dos acontecimientos, a nuestro entender, negativos. En el cordón de la vereda de 18 de Julio, entre Yaguarón y Ejido, se presentaron pancartas con expresiones como “somos femeninas no feministas”, y otra que decía “no toquen a nuestros hijos”. Fueron críticas a las expresadas por los manifestantes, que no aportaban nada positivo y que consideramos fuera de lugar dentro de la libertad de expresión. El otro hecho, -a nuestro juicio- negativo, fueron las bombas de pintura que un pequeño grupo de mujeres tiraron sobre la Iglesia del Cordón. Fue un acto de violencia inesperado que no se justifica en una marcha extraordinariamente pacífica, que expresaba alegría y defensa de sus derechos. Era una respuesta desmesurada a declaraciones de Monseñor Sturla, muy crítico de los movimientos feministas.

La marcha del 8 de marzo fue una expresión de poder. Las mujeres han alcanzado logros muy importantes en los últimos años. La despenalización del aborto, el matrimonio igualitario, la cuota política y los avances hacia la paridad, los enfrentamientos a la brecha salarial, entre otros, son avances relevantes. Enfrentar la violencia de género es una de las grandes prioridades, porque es un fenómeno difícil de erradicar. Interesa señalar la ruta y los horizontes para que estos movimientos puedan tener más espacios en la vida cotidiana, en los que los gobiernos del Frente Amplio puedan tener la capacidad de cumplir las tareas de representatividad de estos objetivos de igualdad, que está en la esencia de un gobierno y un partido de izquierda.

Las relaciones de poder son uno de los temas centrales para un gobierno de izquierda, porque son los factores básicos que marcan la igualdad y la no discriminación entre sectores sociales, de género, de etnias e inclusive generacionales. Pero tiene temas de asignaturas pendientes. Llama la atención que después de 13 años de gobiernos del FA no se haya podido avanzar en verdad y justicia.

Y esto tiene directa relación con el poder que puedan mantener los sectores militares. El Comandante en Jefe del Ejército trata de mentiroso al subsecretario de Economía y Finanzas sin ninguna repercusión. Efectivos militares realizan manifestaciones públicas a propósito de cambios en la Caja Militar con un déficit anual de alrededor de 500 millones de dólares o con referencia a un impuesto a las elevadas jubilaciones y pensiones que siguen percibiendo. ¿Por qué siguen teniendo tanto poder para que no se conozcan archivos escritos vinculados a la desaparición de personas durante la dictadura? Surgen una serie de interrogantes sobre el poder militar, sobre el mantenimiento de muchos privilegios, sobre la voluntad política de enfrentar algunas situaciones específicas que los involucra.

Otro sector de gran poder se manifiesta en los grandes medios de comunicación, con elevada influencia sobre la opinión pública, sobre los valores, sobre la ideología y sus actitudes críticas con respecto a los gobiernos del Frente Amplio. La transmisión en directo del acto de los auto-convocados el 23 de enero en Durazno es una demostración de su poder y sus objetivos.

Sin embargo, después de más de tres años de aprobada la muy tibia ley sobre los medios, todavía no se ha aprobado la reglamentación correspondiente. Los auto-convocados son una expresión de descontento del interior del país, a las que por razones políticas se agregan entidades como Andebu o las inmobiliarias de Punta del Este. Hay detrás elementos reales que los afectan, pero sin duda gracias a los grandes medios de comunicación tienen una presencia sobre dimensionada.

El país no cuenta explícitamente con una estrategia de desarrollo, para entre otras cosas, evaluar la presencia del capital extranjero. Pero hay un índice muy claro sobre su grado de influencia. El 71% de las exportaciones de bienes las realizan empresas extranjeras. Sin duda van a influir en la política económica del futuro.

En estas relaciones de poder la sociedad civil tendrá que tener nuevas formas de manifestación y de participación en la vida política del Uruguay. Los movimientos feministas junto a otras organizaciones sociales, los avances del movimiento de trabajadores, la necesidad de intelectuales que aporten nuevas ideas para el futuro desarrollo del país serán vitales para seguir avanzando hacia mayores grados de igualdad.