Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Jesús [Opinión]

EL PAÍS |

CABEZA DE TURCO I WASHINGTON ABDALA

Es un domingo especial y todos celebran esta jornada dentro del cristianismo. Muchos otros observamos con respeto lo que otros profesan. Así debe ser en una sociedad tolerante a todos los credos. Sin embargo, se ciernen amenazas sobre las religiones que deberían ser motivo de inquietud y alarma hasta en el tranquilo e ignoto Uruguay.

Ahora, las religiones son motivo de violencia por parte de intolerantes que se consideran con el derecho de arremeter ante el libre credo del otro. En este país, que se cree la isla de la paz, se mató a un judío hace pocas semanas por el hecho de ser judío. Punto. Semejante desmesura no la habíamos visto jamás y no creo que haya tenido la suficiente relevancia institucional por lo que significó en términos de barbarie.

Varios católicos devotos han denunciado, más de una vez acá, robos a sus iglesias como quien roba a un quiosquito. Se me dirá que en este país se le roba a todo el mundo, pero robar dentro de las iglesias ya marca el tono de una sociedad que viene perdiendo el rumbo a pasos agigantados. ¿No hay límite alguno? Y tengo amigos mormones que por sus estéticas formales los agravian con expresiones procaces sin que a nadie le preocupe un pito. Es más, algunos ocultan su credo por temor a que los demás les hagan pasar un mal momento. ¿Tan bajo hemos caído que la gente miente para que no la ofendan? ¿Eso es una sociedad libre? ¿Acá el verbo “profanar” no existe?

Nunca olvidaré lo que fue el debate por la instalación de la cruz en Tres Cruces (hace décadas), donde todos los dogmatismos uruguayos afloraron de manera rutilante. El tema arrancó en la Junta Departamental capitalina, llegó a la Cámara de Diputados y se dilucidó en el Senado (¡delirio!). Los liberales sostenemos, ayer, hoy y siempre, que una tierra libre ambienta a todos los cultos. Los símbolos tienen derecho a estar si son hijos de cultos verdaderos. Claro, si son religiones y filosofías consistentes, no “curros-truchos” por los cuales unos sabandijas bajo el rótulo de supuestos “pastores” u “hombres de religión” salen a robarle el dinero a incautos por el intercambio de una fe que falsamente hace milagros. En ese caso, entiendo que la Justicia debería actuar porque lo que se tipifica son vulgares “estafas”. Pero todo en este país tarda, siempre es lento lo nuestro. Eternamente lento y no siempre muy valiente.

Hace pocos días en un casamiento católico del hijo de un querido amigo el párroco nos preguntó a todos los presentes: ¿Quién sabe lo que implica una “bendición”? Y en la iglesia reinó un silencio sepulcral. Inmediatamente, agregó: “Sin embargo todos ustedes saben bien lo que es maldecir ¿verdad?”. Fue, para mí, un momento epifánico, porque con dos frases demostró que la gente es más afecta al enojo, a la diatriba, al epíteto agraviante que al buen talante y al sano deseo hacia el prójimo.

Las grandes religiones pretenden todas lo mejor para el hombre aunque partan de postulados diversos. Me temo que el Dios al que refieren todas tendría que ser la misma entidad (es solo una conjetura atrevida de mi parte). Es triste que bajo el manto de lo religioso sigamos en el presente matándonos, librando guerras de odios fratricidas, bajo la excusa que algún Dios ordena semejantes desatinos.
La carnicería de Bélgica no fue religión, es locura terrorista disfrazada de religión. Es mentira, ningún Dios ordena matar a nadie en ningún lado. Solo las falsas interpretaciones mundanas así lo hacen saber. Son cretinos, no religiosos. Por suerte el Papa Francisco viene a hablarnos a todos (creyentes y no creyentes) con un sentido pragmático. Las religiones son lo que son porque le pueden cambiar la vida a la gente para bien. Debemos creer que vendrán tiempos mejores donde el compromiso por la paz dejará una escenificación retórica para ser una militancia práctica. Ese es el ejemplo histórico de Jesús: un hombre que entregó su vida por una causa noble y que impresiona a los que creen en él como Dios y a los que lo admiramos como hombre. Algo, que en el egoísmo posmoderno, la locura asesina y en el hedonismo presente se hace aún más ejemplar.