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Por Ana Jerozolimsky

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No hace falta ser una persona creyente, religiosa, observante, para abrigar esperanza. No hay que ser judío, cristiano o musulmán, para creer que la iniciativa del Papa Francisco, de juntar este domingo en el Vaticano al Presidente de Israel Shimon Peres y al Presidente de la Autoridad Nacional Palestina Mahmud Abbas para un rezo conjunto en pro de la paz, aunque no arroje como resultado concreto un acuerdo entre las partes, no puede menos que mejorar el ambiente y aportar ilusión.

Y no hay que ser uruguayo católico para felicitar la iniciativa del Arzobispo de Montevideo Monseñor Daniel Sturla, de apoyar desde lejos y cerca al mismo tiempo, el evento en el Vaticano, convocando a un rezo similar en la Catedral de Montevideo , para apoyar la oración por la paz. La presencia conjunta de judíos y árabes, seguramente unos y otros ciudadanos uruguayos, en la Catedral, tenía el objetivo de acercar y de mostrar que se puede, que es posible estar juntos.

El Comité Central Israelita del Uruguay se ha hecho eco entusiastamente de la invitación del Arzobispo Sturla, exhortando a todos aquellos quieran sumarse, a acompañar el evento.

Comenzó con una breve introducción por parte de Monseñor Sturla, luego se procedió a la lectura de un salmo por la paz y para finalizar, el coro de Cristina García Banegas entonaba el Himno a la Alegría.

Todo esto, poco rato antes de que en Roma, casi al atardecer, se reunieron el Papa Francisco, Peres y Abbas, cada uno acompañado de importantes delegaciones de figuras religiosas, en lo que nos atrevemos a ver una cumbre de esperanza.

Los participantes tienen sin duda muy claro que la plegaria conjunta en el Vaticano , no traerá la paz.Pero también son conscientes seguramente de que en la situación actual, en la que predomina la mutua desconfianza y a menudo, la sensación de que no hay salida política al estancamiento, todo nuevo aire que trate de infundir nuevas energías, puede aportar.

“El que se los vea juntos, ya es una gran cosa, porque solamente conviviendo, acercándose y conociéndose, las cosas pueden ir mejor”, nos dijo el Padre Artemio Vítores,Vicario en el Patriarcado Latino de Jerusalem, oriundo de España y residente en Jerusalem desde hace varias décadas, por ende conocedor del conflicto y de todos sus involucrados. “Todos sabemos que esto es más bien simbólico, pero cuando sucede algo así en un lugar que puede se visto como oasis de tranquilidad y de paz, es un símbolo muy positivo, que puede ayudar. Todos vivimos a veces de símbolos y sabemos que pueden ayudar a crear una realidad”.

El Rabino Alon Goshen, del Centro Eliahu para el Diálogo Interreligioso, también afirma que “no puede salir de ésto la paz”, pero espera que “la gente abra un poco el corazón”. ” La situación ha endurecido el corazón de todos y la oración es lo que puede volver a ablandarlo”, opina.

En el Convento San Salvador, en el barrio cristiano de la Ciudad Vieja de Jerusalem, una gran actividad es perceptible a pesar del silencio general. El Fr. Pierrebattista Pizzabala, que ostenta el importante cargo de Custodio de Tierra Santa, también veterano ya en Jerusalem, originario de Italia, nos recibe y habla de “nuevos aires”, pero tiene que interrumpir varias veces para atender llamadas relacionadas a “la cumbre de la oración por la paz”. Se disculpa y con cara de cansado vuelve a entrar, combinando la esperanza con la conciencia de que este paso, aunque sea solamente simbólico, tiene su importancia. “La paz la tienen que hacer los hombres, aquí”, nos dice. “Hay que ser prácticos .Este evento no traerá la paz de forma inmediata. Eso está claro. No tenemos ilusiones al respecto…o sea sí podemos tener ilusiones, pero está claro que la paz la tienen que hacer aquí, las dos partes”, nos explica .”Pero lo que esta iniciativa pretende es traer un nuevo espíritu, un nuevo aire. Aún si es cierto que no debemos pensar que esto tendrá frutos inmediatos, sí creo que aportará a tomar conciencia nuevamente sobre la necesidad de lograr la paz”.

La idea es compartida claramente por musulmanes y judíos cuya opinión solicitamos estos días. El propio Rabino David Rosen, uno de los tres rabinos que participa en la delegación israelí al Vaticano, tras muchos años de involucrarse en el diálogo interreligioso a distintos niveles, habla de la emoción de vivir de cerca esta instancia, pero aclara que “el logro de la paz, es otra cosa”. No resta valor a lo simbólico y a la importancia de la oración, pero entra directamente en lo político y nos dice que “del lado israelí, que es el mío, mucho depende de si el entusiasmo del Presidente Peres es compartido por el Primer Ministro Netanyahu”.

Con ello hace referencia explícita al hecho que Peres, la máxima figura de Estado y sin duda el israelí más respetado a nivel internacional, no es quien toma las decisiones de gobierno. No porque esté terminando ya su período como Presidente, sino porque la acción de gobierno no le compete.

Cuando de política se trata, el Profesor Muhammad Dajani, palestino, musulmán, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Al Quds, cree que parte del problema en el estancamiento actual es que “los radicales están avanzando y controlando la situación”. Con eso de fondo, aunque también él tiene claro que la paz no saldrá ahora del Vaticano, recalca que los pasos simbólicos tienen su importancia y ayuden quizás a recuperar la esperanza.

Dajani fundó años atrás el movimiento “Wasatia”, que brega por un Islam moderado , un “tercer camino” entre el fundamentalismo islámico y el secularismo. Empecinado positivamente en recalcar que el problema no está en su religión sino en quienes la interpretan mal y de modo extremista, considera que “el conflicto entre israelíes y palestinos es político y no religioso, pero en las últimas décadas la religión sí se ha agregado, porque hay partes políticas que la explotan para servir a sus agendas”.

Aunque parece nunca perder la calma al hablar y su forma de expresarse es siempre profunda y tranquila, es evidente que le exaspera que en “nombre” supuestamente de la religión se adopte posiciones que alejan de la paz. Eso, convierte a la religión en parte del problema.De lo que no tiene duda alguna, es de que la religión puede y debe ser parte de la solución.

“La religión auténtica siempre ha llamado a la paz , moderación, piedad, amor y entendimiento”, nos dice.” El problema no es la religión sino quien la interpreta. La religión debe ser y será parte de la solución, si realmente entendemos el significado de las enseñanzas de las religiones”.

Líderes religiosos diversos, de distintos credos, concuerdan con Dajani al respecto: la religión puede aportar a la paz y el acercamiento.

Pero no comparten su análisis de que el conflicto es sólo político.

El Padre Artemio, recordando la revelación “de Dios aquí en la tierra de Israel” , afirma que “aquí no puedes quitar nunca la dimensión religiosa”. El Custos Pizzaballa procura no hablar de política y explica que él puede responder como hombre de fe,pero sí comenta que “no veo ninguna posibilidad de llegar a un entendimiento, sin concesiones de las dos partes, sin que ambos renuncien a algo, sin negociaciones en las que puedan transar”. Y agrega: “El problema en las negociaciones, en este conflicto, es que las partes no se conocen, que no tienen conciencia realmente de que hay otra parte, de que el otro existe y tiene su vida.Yo lo veo en ambas partes”. Estar juntos, orando, por más que sea en un acto simbólico que ocurra una vez, no puede menor que acercar.

Y el Rabino Alon Goshen , que dice sentirse especialmente identificado con la iniciativa del Papa Francisco ya que justamente ahora está promoviendo un nuevo proyecto de centros de oración paralelos para los distintos credos, recalca: “Lo que hay ahora es intentar escaparnos de los planteamientos y análisis políticos, que preguntan quién tiene la culpa y quién es responsable de qué. No ayuda en nada quedarnos en ello. La idea del Papa Francisco es decir que como no se logró nada por ahora a ese nivel, hay que abrir el debate a otro nivel, con una invitación a actuar de otra forma”, afirma. “Y cuando no hay solución concreta, es el momento de la oración”.

El, que desde hace casi 20 años está dedicado al diálogo interreligioso con cristianos, musulmanes, hindúes, sikhs, resume: “Como gente creyente que trabajamos para lograr la paz entre distintos credos, creemos sí que la religión puede desempeñar aquí un rol muy importante.Y el Papa Francisco está aportando un símbolo muy grande en esta buena dirección”.