Iglesia al día

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@Pontifex

La Iglesia en los medios Ira religiosa y censura global

EL PAÍS |

CLAUDIO FANTINI

La diferencia entre el religioso y el fanático, es que el religioso hace de su fe una exigencia para sí mismo y, en todo caso, para su comunidad; mientras que el fanático hace de su fe una exigencia para todos. Las turbas que atacaron embajadas durante días de furia y fuego, estaban integradas por fanáticos.

Por cierto, la película que detonó el estallido de odio y violencia era una provocación grotesca. Los responsables de esa burda ofensa no parecen más que inescrupulosos y mediocres oportunistas, apostando a generar un escándalo rentable. Sin embargo, esto no justifica el incendio. Las fotos de sexo entre una mujer blanca y un hombre negro que publicó Larry Flynt en los `70 eran pornográficas, pero eso no justifica al supremacista blanco que baleó al editor de la revista Hustler dejándolo paralítico.

La intolerancia no es patrimonio exclusivo del ultra-islamismo. A mediados del `60, en muchas ciudades hubo quema de discos de The Beatles, porque Lenon dijo que eran más populares que Jesús. Saramago tuvo que irse de Portugal tras publicar “El Evangelio según Jesucristo” y Godard recibió tantos de repudios de organizaciones católicas por filmar “Je vous salue Marie”, como las que recibió Scorsese por llevar al cine la novela “La última tentación de Cristo”. Pero en ninguno de estos casos hubo manifestaciones violentas.

“La inocencia de los musulmanes” es un video “repugnante”, como dijo Clinton, pero la ira del fanatismo también ha estallado aunque la ocasional excusa no sea un panfleto impresentable. Se puede estar o no de acuerdo con lo que expuso Ratzinger en Ratisbona, evocando al emperador bizantino Manuel II Paleólogo, pero fue un discurso teológico y debió ser rebatido en los mismos términos, y no con una onda expansiva de muerte.

Aceptar que un video deplorable justifica olas de violencia, implica no entender que esa violencia intenta imponer una censura. Porque a diferencia del religioso, que vive su fe como algo propio y de su comunidad, el fanático busca imponerla al resto. Un instinto absurdo. Tanto como si los hinduistas atacaran a los países cuyos pueblos comen carne vacuna, porque en su religión las vacas son sagradas.