Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Inéditas coincidencias entre la jefa del FMI y el papa Francisco

EL OBSERVADOR |

Ignacio Aréchaga Aceprensa

Preocupación. Ambos coinciden en la necesidad de un crecimiento “inclusivo”

http://www.aceprensa.com/media/uploads/article_imgs/20140613christine-lagarde-papa-francisco-capitalismo-inclusivo_p.jpg

En principio, son dos personajes muy distintos: Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), que debe vigilar por la buena salud de las finanzas mundiales, y el papa Francisco, al que algunos consideran como anticapitalista por sus reiteradas críticas a la desigualdad económica y sus llamadas a tener en cuenta a los excluidos. Por eso resulta significativo que coincidan en la preocupación por la creciente de-sigualdad de rentas y en el objetivo de la reforma financiera.

“El verdadero papel del sector financiero es servir, no gobernar la economía”, dice Lagarde; “el dinero debe servir y no gobernar”, afirma el papa Francisco en la exhortaciónEvangelii gaudium.

El papa de la compasión y la cara femenina de la troika comparten el diagnóstico. ¿Qué está pasando?

Christine Lagarde hablaba a finales de mayo en Londres en la conferencia sobre Inclusive Capitalism, con el que se quiere designar un capitalismo que permita que cada uno tenga su oportunidad y su posibilidad de recompensa en una economía libre.

La directora del FMI reconoce que estamos lejos de ese ideal. Es más, con la crisis nos hemos alejado. Hoy día el capitalismo aparece asociado con el “exceso”, que ha conducido a una masiva destrucción de valor, de empleo y ha generado crecientes tensiones sociales. “Una de las principales pérdidas ha sido la confianza (en los líderes, en las instituciones, en el propio sistema de mercado)”. La gran cuestión actual es: “¿Cómo podemos restaurar y mantener la confianza?”. Su respuesta es que se trata de hacer que “el crecimiento sea más inclusivo y que las reglas del juego sean más equitativas, que favorezcan a muchos, no solo a unos pocos”.

Esta búsqueda la concreta en dos dimensiones: un crecimiento económico más inclusivo y un sistema financiero más honesto.

Un crecimiento para todos

Nadie niega –tampoco Lagarde– que en el capitalismo actual hay una creciente desigualdad de rentas, que la distancia entre los que tienen más y los otros se hace cada vez mayor. El papa Francisco ha llamado la atención sobre este conocido fenómeno: “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz” .

Esa preocupación no es exclusiva del papa. Si hemos de creer a Lagarde, “la desigualdad ha pasado a un primer plano en la agenda no solo de grupos normalmente preocupados por la justicia social, sino también cada vez más de políticos, banqueros centrales y líderes empresariales”.

Hay quien dice que no debemos preocuparnos por la desigualdad de rentas, sino por la igualdad de oportunidades. Pero las oportunidades (educación, sanidad…) dependen también de los ingresos disponibles. “La movilidad social se reduce en las sociedades más desiguales”, reconoce Lagarde.

“La disparidad también trae consigo división”. Una mayor concentración de la renta puede minar los principios de solidaridad, meritocracia y democracia.

Aquí Christine Lagarde no tiene reparo en citar al papa: “El papa Francisco señaló esto recientemente en términos severos cuando calificó a la creciente desigualdad como ‘la raíz del mal social’”.

De hecho, el papa ha advertido contra “una economía de la exclusión y de la inequidad”, que inevitablemente genera enfrentamientos sociales.

Tampoco puede decirse que la desigualdad sea un precio inevitable del desarrollo, como si la eficacia y la justicia fueran irreconciliables. De hecho, dice Lagarde, “investigaciones del FMI, que ha examinado a 173 países a lo largo de 50 años, han hallado que los países más desiguales tienden a tener un crecimiento económico menor y menos duradero”.

Los retos de la desigualdad

¿Qué puede hacerse para remediar la desigualdad? Del papa Francisco no cabe esperar recomendaciones de política económica, como suele hacer el FMI. Él mismo reconoce que “ni el papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos”. Pero sí advierte que no cabe el abstencionismo: “No podemos confiar en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone; requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo” .

Esto es algo más que una política redistributiva. Supone un esfuerzo por integrar en los procesos económicos a los que corren el riesgo de quedar excluidos, de modo que tengan la oportunidad de ganarse dignamente la vida.

La directora del FMI también reconoce que las políticas redistributivas –con sistemas fiscales más progresivos, pero sin ser excesivos– tienen su papel. Con el impuesto sobre la renta y las transferencias se logra reducir la desigualdad en torno a un tercio, como media, en los países desarrollados. Pero las políticas redistributivas tienen siempre vencedores y vencidos. Así que, “si queremos que el capitalismo cumpla su papel –permitiendo que tanta gente como sea posible pueda participar y beneficiarse de la economía– tiene que ser más inclusivo”.

Honestidad bancaria

La segunda dimensión del capitalismo inclusivo en el discurso de Lagarde tiene que ver con la honestidad en el sector financiero. “Un sector –afirma la economista francesa– que, como Ícaro, en su soberbia voló casi hasta el sol, y después cayó a la tierra, arrastrando tras sí a la economía mundial”.

Los actores financieros se permitieron excesivos riesgos. Los que eran “demasiado grandes para caer” podían chantajear a los políticos. “Este tipo de capitalismo era más extractivo que inclusivo”, sentencia Lagarde. “La crisis ha dado lugar a una corrección importante, con el presupuesto de que el verdadero papel del sector financiero es servir, no gobernar, la economía”. Su cometido es financiar la inversión, ayudando así a la creación de empleo y al crecimiento.

En este aspecto, la buena noticia es que se han hecho progresos en la regulación bancaria, con mayores exigencias de capital y de liquidez. “La mala noticia es que el progreso es todavía lento, y la meta de llegada está todavía lejos”. El problema de los bancos “demasiados grandes para caer” no se ha resuelto aún y siguen siendo fuente de un riesgo sistémico.

Lagarde expone lo que aún queda por conseguir: un acuerdo que proporcione un marco para tratar de un modo ordenado los casos de megabancos que entran en crisis; mayor transparencia y seguridad en los derivados financieros; que los incentivos a los directivos estén de acuerdo con los resultados reales; y, junto a la regulación, mayor supervisión de que las reglas se cumplen.

En esto puede contar con el respaldo del papa Francisco, crítico de “las ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los estados, encargados de velar por el bien común”.

Lagarde advierte que no hay que bajar la guardia, pues “la conducta del sector financiero no ha cambiado fundamentalmente en una serie de aspectos desde la crisis”. “El sector todavía privilegia el beneficio a corto plazo sobre la prudencia a largo plazo, el bonus de hoy sobre la relación de mañana”. Y “algunas firmas importantes se han visto envueltas en escándalos que violan las más básicas normas éticas ”.

Ética y estabilidad financiera

Para restaurar la confianza, dice Lagarde, “necesitamos una dimensión ética más fuerte y sistemática”. ¿Cómo abordar este replanteamiento ético del sector financiero? Para Lagarde, se trata de volver a la pregunta de los antiguos filósofos, como Aristóteles, que se preguntaban: ¿cuál es su telos o fin? En este caso, la función social del sector financiero: su verdadero fin, recuerda Lagarde, es poner los recursos al servicio de un uso productivo, contribuir a la estabilidad económica y al pleno empleo.

Así como en el medio ambiente hoy somos conscientes de que la conducta de cada uno influye en el todo, en el sector financiero “la idea de que la mala conducta privada puede tener un coste social más amplio está solo en ciernes”.

La directora del FMI, que debe velar por la buena marcha de las finanzas mundiales, concluye diciendo que “la conducta ética es una dimensión importante de la estabilidad financiera”.

Esta conclusión la suscribiría sin duda el papa Francisco, que ha lamentado que en este ámbito “la ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder”. Por eso advertía que “una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos”.

Entre las palabras del papa y las de la directora del FMI puede comprenderse que hablar de ética no es poner un palo en las ruedas de la economía de mercado, sino evitar que se estrelle.

l
Lo dijo

“La conducta ética es una dimensión importante de la estabilidad financiera”

Christine Lagarde

Directora gerente del FMI

“El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone”

Papa Francisco