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La Iglesia en los medios Homo naledi: restos son únicos por su volumen de información bien conservada, dice antropóloga uruguaya [antropóloga católica y la visión de la Iglesia sobre evolución]

EN PERSPECTIVA |

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La semana pasada la comunidad internacional se vio sacudida por los avances en la investigación de los restos de unos 15 individuos que podrían pertenecer a una antigua especie de simios, de la cual podrían haber derivado los humanos.

La forma en la que se encontraron los fósiles, que dan la pauta de que podrían haber sido enterrados, sugiere la posibilidad de la existencia en ellos “de un sentido simbólico o más allá de lo estrictamente biológico”, que podría ser la verdadera frontera entre el hombre y el mono, dijo a En Perspectiva la antropóloga Mónica Sans.

EMILIANO COTELO (EC) —La semana pasada, la comunidad científica se vio sorprendida ante la posibilidad de haber encontrado el eslabón perdido en la evolución entre el mono y el hombre.

El hallazgo, que se divulgó el jueves temprano, hora europea, había ocurrido en 2013 en la cueva Rising Star, a unos 50 km de Johannesburgo (en Sudáfrica). Allí habían sido localizados los restos de unos 15 individuos que podrían pertenecer a una antigua especie de simios, desconocida hasta ahora, y de la cual podrían haber derivado los humanos.

Claro, un descubrimiento como este en general viene acompañado de más preguntas que de certezas, no sólo para el público en general sino también para los propios especialistas.

Vale la pena entender mejor esta noticia, su importancia y, si es posible, sus consecuencias.

Para eso vamos a conversar con la doctora Mónica Sans, directora del Departamento de Antropología Biológica de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República.

Empecemos por una clave de lectura bien básica para ayudarnos a entrar en el tema. Puede ser que muchos de nuestros oyentes recuerden el esquema de la evolución humana, a través de la cual, los Australopithecus -aquellos primates que se desplazaban en dos patas- fueron evolucionando hasta convertirse en el Homo Sapiens, que seríamos nosotros. ¿Cómo encaja este descubrimiento nuevo en ese rompecabezas?

MÓNICA SANS (MS) —Justamente estaría entre el final de los Australopithecus y el comienzo de los Homo. En realidad la definición de eslabón perdido está mal aplicada porque no es un eslabón. Asumiendo que existieran eslabones, lo cual está muy discutido, pensaríamos en un eslabón del paso desde primates no humanos a humanos y estaríamos hablando hace siete millones de años. Ahí hay otros géneros que están en discusión, como el Ardipithecus, que es previo al Australopithecus; ya acá [con el Homo naledi] estamos mucho más aquí, más reciente. Si bien uno de los problemas que tienen estos nuevos restos de Homo naledi es que no tienen datación, no hay un fechado -por lo cual es bastante difícil ubicarlos-, claramente no tendrían nada que ver con un posible vínculo directo con primates no humanos, eso es bastante previo. Aun sin datación uno puede decir que es previo en el sentido de que hay otros géneros en disputa.

Esto [en referencia al Homo naledi] sería el inicio de los Homo y estaría en realidad compitiendo con lo que podría ser Homo rudolfensis u Homo habilis, o ser un nuevo Australopithecus. Hace poco se había hablado también del [Australopithecus] sediba, es el mismo grupo, del mismo autor incluso, [Matthew] Berger, el primer autor. El Homo sediba sería una continuación de africanus, que era el que estaba mejor descrito para África del Sur.

EC —Capaz que al oyente le abruma un poco esta sucesión de nombres que usted acaba de manejar. Por decirlo de manera simplificada, ¿qué diferencia a cada una de estas categorías de las otras?

MS —Es que justamente uno de los grandes problemas es separar Australopithecus de Homo en el sentido de que no hay una clara definición de Homo. Si uno toma el bipedismo, que sería tal vez lo mejor, todos son bípedos. Cuando se habló de Homo habilis era por la posibilidad de haber realizado industria, piedra tallada, ahora se ha visto que eso ya lo tienen los Australopithecus, o sea que esa definición que era básicamente cultural ya no aplica. Hay muchas otras [definiciones] que tampoco aplican, por lo cual es muy difícil, en algo que es aparentemente bastante continuo como proceso, decir quién es Australopithecus y quién es Homo, que serían los grandes géneros.

En cuanto a las especies, en este momento hay una cantidad de nuevos hallazgos que tienen nuevos nombres de especie y es evidentemente lo que confunde, a todos, no solo al que lo oye por primera vez. Las diferencias entre uno y otro son mínimas: si uno mira la publicación del naledi son rasgo a rasgo, poco más que diente por diente o surco por surco las diferencias con uno y otro. Es muy difícil aún para el que está más o menos en el tema entender realmente si es una nueva especie y de qué género es, si es un Australopithecus o un Homo. Está en discusión, todavía no está claro si es una cosa u otra.

EC —Romina tiene varias preguntas para hacerle, pero yo incorporo esta por ahora: a partir de lo que usted acaba de explicar, ¿cuál es la trascendencia de este descubrimiento?

MS —En cuanto a la asignación de un nuevo género o especie yo soy bastante escéptica, más aún cuando no hay una datación, entonces a la pelea por ser el primer Homo habría que agregarle una fecha para ver si es más antiguo que los otros dos Homo que hay como iniciales, que serían Rudolfensis y Habilis, que son de África del Este. Estamos hablando de 3.000 km de diferencia, no es que uno esté al lado del otro: los otros dos son de África del Este, este sería el primer Homo, si es que fuera un Homo, encontrado en África del Sur.

Está discutido realmente si es un Homo, hay características que indicarían que sí, otras que no, de hecho se parece mucho al que está mejor definido, que es el Africanus, que es Australopithecus, no Homo.

A mí realmente lo que más me interesó del artículo es la posibilidad de una pauta cultural, que eso sí sería más novedoso. [Los que se encontraron] Son restos que están en una gruta de muy difícil pasaje y, para que quede en lo anecdótico, tuvieron que contratar arqueólogas o antropólogas que pasaran fácilmente por el hueco que quedaba de menos de 20 cm, una especie de chimenea…

EC —Sí, tenían que ser chiquitas y flaquitas.

MS —Exacto, parece que eligieron a varias, seis u ocho de distintos países, que pudieran pasar por esa chimenea… muy gracioso, porque un hombre grande quedaba trabado, nadie que tenga una espalda muy ancha… para poder recoger y trabajar con cierta comodidad y pasar por ahí, no se podía romper la cueva.

Pero lo interesante… en Sudáfrica casi todos los hallazgos que se han hecho son en cuevas mientras los de África del Este son en terreno abierto, porque tampoco hay cuevas. Lo que sí se dice, que me resultó muy interesante, es que hay una posibilidad de que hubieran sido dispuestos intencionalmente, que hubiera una primera pauta. Eso sí sería una gran novedad, porque no se asociaba algo tan antiguo a la posibilidad de enterrar o por lo menos de colocar a los muertos de una manera particular, de lo cual podría inferirse una pauta de enterramiento, que va más allá, que podría tener que ver con lo simbólico.

Me pareció realmente más interesante eso, más allá de la discusión de si es una nueva especie o no.

ROMINA ANDRIOLI (RA)  —Yendo un poco a las características, usted dice que todavía resta por conocer mucha información, entre ella la datación de estos fósiles, ¿pero qué sabemos de este Homo naledi?

MS —No, lo que hay es una larga definición de, por ejemplo, la capacidad craneana, que es una de las cosas que uno siempre compara o toma en consideración, que siempre son estimadas, y que está en torno a los 500 cm3. Ese es el básicamente el rango mayor de los Australopithecus, podría eventualmente ser también el rango menor de los Homo habilis, está ahí en el medio justamente, lo cual hace difícil la caracterización. Los hombres son individuos de hasta 1,50 m de estatura,  que también vuelve a ser un poco alto para Australopithecus, hay algunos de 1,50, un poco menos las mujeres, sería otro de los datos más para comentar.

Lo demás son cosas muy específicas, por ejemplo que el primer molar era más pequeño, ese tipo de cosas. El artículo tiene 35 páginas y de esas debe haber 15, más un suplemento, dedicados a comparar punto a punto las diferencias de la forma del cráneo, de las arcadas, eran individuos más bien gráciles…

RA —Algunos artículos decían que ya tenía un cuerpo estilizado y rasgos humanos, como la capacidad para andar erguidos o dientes relativamente pequeños.

MS —Claro, los Australopithecus ya andaban todos bípedos, el bipedismo tiene más de cuatro millones de años, acá no sabemos de qué fecha estamos hablando pero nadie está proponiendo algo tan antiguo como el inicio de los Australopithecus. El bipedismo, que es tal vez lo más definitoriamente humano, es previo seguramente a esta especie.

Hay un montón de modificaciones anatómicas que están claramente vinculadas al bipedismo -que por supuesto estos restos los tienen- en la cadera, en la forma del pie, de la mano, por más que por ejemplo de la mano se dice que es una forma más bien primitiva. En realidad ellos hablan de que es una especie de mosaisismo de características de Homo y de Australopithecus, por eso estaría en el pasaje de unos a otros.

Lo que podría tener de interesante es que hasta ahora se hablaba de los Homo antiguos solamente en África del Este y este sería un posible Homo de África del Sur por una especie de evolución en paralelo, lo cual es bastante complejo de argumentar, porque serían dos procesos que se están dando paralelamente, lo cual no es usual. Si uno argumentara que en el medio de estos 3.000 km hubiera otros restos y cierto flujo, cierto intercambio, entre unos y otros, sería más razonable que pensar en dos evoluciones paralelas hacia Homo.

Tampoco sabemos… no hay una continuidad después en el tiempo: en el caso de África del Este sí, en estos por ahora no la hay.

EC —Usted ya remarcó el problema de que estos restos no estén datados, no se sabe de qué fecha, aproximada siquiera, son. Desde la audiencia quieren saber si no hay datación porque todavía no se hizo o si directamente ya se sabe que no se puede hacer.

MS —Según dicen los autores todavía no se hizo. El argumento que usan no me pareció muy válido. Dicen, y es una realidad… uno destruye parte de los restos dependiendo de la técnica y de qué estado están los huesos, pero aparentemente están muy bien conservados, hoy en día prácticamente se puede datar con pocos gramos, o sea que tampoco es una destrucción masiva de restos… No está demasiado bien justificado el por qué no se hizo, pero sí está claro que no se hizo, o que dicen que no se hizo. En breve aparecerá un artículo diciendo la fecha y eso podrá acomodar un poco más la adjudicación de género y especie.

RA —El método del carbono 14 que normalmente se utiliza para datar este tipo de piezas, ¿sirve en este caso?

MS —Sí, seguramente sí, hay métodos más modernos también para huesos, AMS [sigla de Accelerator mass spectrometry] es el que se está usando ahora, se hace con 2 g, entiendo que perfectamente se puede utilizar. Por eso es que no me queda claro por qué es que no se hizo.

EC —Uno de los datos que parece indiscutible es que por el hallazgo que se realizó, por las características particulares de esta cueva y por la forma en que estaban dispuestos estos restos, resultaría ser que el Homo naledi se convertiría en el fósil del que más información podría tenerse. ¿Qué importancia le adjudica usted a esto, a la riqueza de estos esqueletos que se pudo ubicar?

MS —Eso sí es interesante, realmente hay pocos géneros o especies que en un único sitio tengan tanta riqueza concentrada que está tan bien conservada.

EC —Esto le daría al Homo naledi un privilegio dentro de los estudios de la antropología.

MS —Sí, relativo porque también es un solo sitio, por ejemplo, de la Afarensis hay muchísimos restos, es la famosa Lucy, un esqueleto muy completo. El problema son las asociaciones, porque de Afarensis hay en toda África del Este muchísimos restos con distintas cronologías, incluso tienen más de un millón de años de diferencias entre un Afarensis y otro. Acá la ventaja es que al ser una cueva están todos concentrados en un mismo lugar y supuestamente son sincrónicos, los comparan de hecho con la Sima de los Huesos del Homo antecessor, el sitio de España, que es más o menos igual en cuanto a que están todos los restos concentrados en un área muy pequeña y supuestamente son contemporáneos. Acá también eso se va a solucionar con las dataciones para ver si todos realmente corresponden a más o menos una misma fecha o si hay diferencias grandes entre ellos.

EC —Una pregunta del tipo práctico: ¿los restos han podido ser retirados, cómo se los va a manejar?

MS —Entiendo que sí, realmente no lo tengo demasiado claro, pero entiendo que se los debe haber retirado. También entiendo que no van a salir de Sudáfrica, o sea que todos los estudios que se hagan se van a hacer en Sudáfrica, por lo menos en principio. El equipo que publica es enorme y hay investigadores de muchísimas partes del mundo, no solo de Sudáfrica; supongo que son especialistas que han ido a ver los restos.

En cuanto a la datación no sé realmente si en Sudáfrica se utilizan los métodos más modernos, pero como les digo, a veces con muy pocos gramos de hueso se logra una datación. Por ejemplo, nosotros desde Uruguay hemos mandado a Estados Unidos cosas de dos o tres gramos, es mínimo.

RA —¿Qué otras interrogantes puede generar este hallazgo? Queda claro que falta la datación, pero ¿qué elementos deja planteados arriba de la mesa?

MS —Creo que en este momento, más allá del hallazgo en particular, hay un problema de indefinición de géneros y especies que va a haber que resolver. Si fuera yo quien hiciera la clasificación, yo a todo lo bípedo le pondría Homo y me sería mucho más sencillo que estar discutiendo, en algo que aparentemente es relativamente continuo, nuevos nombres de géneros y especies.

EC —¿Usted dice que se ha ido complicando en exceso el análisis de la evolución?

MS —Exacto, sí. En la década de 1970 había una enorme variabilidad de géneros, el Sinanthropus, el Zinjanthropus, el Paranthropus -que este volvió-… toda una nomenclatura que se había hecho sumamente compleja. En esa década se juntaron varios investigadores y simplificaron prácticamente en dos géneros: Australopithecus y Homo, con muy poquitas especies en relación a todo lo que había previamente.

Ahora se ha ido complejizando cada vez más y hay una enorme cantidad tanto de Australopithecus como de Homo, ahora muchos de los nuevos hallazgos terminan con nombres de especies diferentes, lo cual hace muy difícil enmarcarlos.

Sí parece haber un proceso diferente en África del Sur y del Este, lo que no está claro es qué sucede después en África del Sur, está más claro qué sucede después en África del Este, porque hay de todo, hay hasta Sapiens. La evolución de África del Este parece tener una cierta continuidad, no está tan claro qué pasa en África del Sur, creo que queda mucho por seguir investigando y en ese sentido es muy interesante. Hace poco había aparecido el Sediba, hará dos o tres años, también fue definido y cuestionado como si realmente es una nueva especie… Por eso creo que hay que sentarse en algún momento un poco a ver  en base a qué definimos Homo, porque por ejemplo, se habló de la capacidad craneana y esto tampoco vale ahora, se han ido achicando y bajando las capacidades atribuibles a Homo…

EC —Ahí está, ¿qué es Homo hoy, cuál es el consenso en torno a ese término?

MS —Difícil, muy difícil respuesta, porque cada vez está menos claro. Evidentemente son individuos relativamente gráciles comparados con otros primates, con cráneos -y cerebros, por tanto- bastante grandes, por supuesto bípedos y hábiles con las manos, con la capacidad de tener industria y organización  social -pero eso lo tienen también los primates-. No hay realmente un concepto claro hoy de qué es un Homo, salvo decir: “hasta acá tengo Australopithecus y hasta acá tengo Homo”, el “hasta acá” está confundiendo y por eso la duda de si este realmente es un Homo o no, porque no está claro el propio criterio en sí mismo.

Es difícil algo que es relativamente continuo, donde vemos un aumento de capacidad craneana a lo largo del tiempo, un aumento en la estatura, la gracilidad no es tan clara, porque por ejemplo Erectus, todo el asiático, no es demasiado grácil, así que ahí hay algunos vaivenes de si es más o menos fuerte. Pero sí  hay un aumento en general de la capacidad craneana.

EC —Mire cómo lo plantea un oyente, que pone en su pregunta ingenio y hasta humor: La doctora, ¿dónde coloca la creación del hombre? ¿Hay que entender que Dios fue probando?

MS —[Risas.] Bueno, la Iglesia Católica esto lo ha resuelto bastante fácilmente. Esto no es una prueba, es evidentemente un proceso biológico de cambios que tienen que ver con adaptaciones al ambiente, con aislamiento, donde aparecen nuevas mutaciones y se van modificando las distintas características. Hay que ver que todas las características morfológicas responden a algo en el ADN, no hay características morfológicas heredables que no tengan una base genética, o sea que el aislamiento en general es el mejor motor para la evolución.

¿Dónde ponemos a lo humano? La iglesia siempre ha dicho que tiene que ver con una parte extra biológica donde a partir de determinado momento… por eso decía que me parece sumamente interesante la distribución en este sitio de los restos, que tendrían que ver con algo simbólico no solo natural, no sería un depósito natural en el que habrían quedado esqueletos, sino que habría algo intencional. Ahí sí estaríamos hablando de humanos en el sentido moderno, con un sentido de lo simbólico o más allá de lo estrictamente biológico, no sería algo instintivo sino que iría más allá.

Yo no soy creacionista, de hecho es muy difícil encontrar biólogos creacionistas, que sí los hay, sí me considero creyente, pero no atenta contra mi religiosidad el hecho de ver que hay diferentes formas de vida, eso ya viene desde muy atrás la discusión.