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La Iglesia en los medios Historias de abortos legales

LA REPÚBLICA |

AL AMPARO DE LA LEY 18.987

Eliminados la clandestinidad, el estigma del delito y el temor de los riesgos sanitarios, de esto se habla con mayor naturalidad.

En ambos casos, primero estuvo la decisión, aunque la Ley 18.987 de interrupción voluntaria del embarazo y su reglamentación estipulen que la misma debe llegar después de varias consultas y un periodo de reflexión.

Tania y Lucía tienen 28 y 30 años respectivamente. Con historias previas distintas, una usuaria de una institución privada de salud y de una pública la otra, ambas relataron a La República de las Mujeres qué pasos debieron seguir para acceder a sendos abortos en el marco de legalidad reciente.

Tania ya tiene dos hijos y en su proyecto de vida actual no estaba previsto un nuevo embarazo. Fue atendida en la Médica Uruguaya.

“No sé si el procedimiento es igual en todas las mutualistas, pero yo lo primero que hice fue ir a la policlínica ginecológica, a atenderme con el profesional que estuviera de guardia, porque justo mi ginecóloga tenìa licencia- cuenta – Le dije que estaba embarazada y que quería hacerme una interrupción. Yo partía de la base que esa iba a contar como mi primera consulta. La respuesta del ginecòlogo fue que él no tenía los formularios necesarios, y que por orden de la Dirección Técnica de la mutualista me tenía que dar el pase al servicio de Salud Sexual y Reproductiva.”

Por lo tanto, para Tania hubo, llamémosle así, un nuevo comienzo: “Fui a pedir hora con el servicio y allí te dan un papelito. A partir de ahí arranca todo el procedimiento burocrático de conseguir los números, saber qué días atienden”, ya que en la Médica Uruguaya no hay consulta todos los días.

Uno de los problemas que se le presentó a Tania fue que en esa institución el equipo sólo cuenta con una Trabajadora Social, que tiene que trasladarse a todos los servicios desconcentrados de la mutualista: “No sé si es el único recurso, pero sé que hay problemas con eso”, afirma.

Por lo tanto, su primer consulta fue en realidad con parte del equipo, que según la reglamentación, debe estar integrado por un/a ginecólogo/a, un integrante del área social y una persona profesional de la Psicología.

“Cuando fui a pedir hora con el equipo me encuentro que en la sede central podía encontrarlo completo recién a los 10 días”, explica Tania.

Esto complica las cosas, pues 10 días pueden ser fundamentales a la hora de cumplir con el màximo de 12 semanas de gestación que exige la Ley 18.987 para que se pueda realizar la interrupciòn del embarazo.

Estrategias individuales

Como Tania disponìa de información sobre el procedimiento prescripto por la norma, no se quedó con esa fecha y consultó en ventanilla si había posibilidad de atenderse en otro lado. En la sede de Solymar de la misma mutualista podría encontrarse antes con el equipo, aunque allí no estaría la trabajadora social.

De hecho, ya contaba con la ecografía, porque en la orden médica se aclara: IVE (interrupción voluntaria del embarazo), y eso es equivalente a “Urgente“ a los efectos de obtener fecha para realizarla.

Cuando se hizo la ecografía, pidió sobrante con el equipo, consiguió para ese mismo dìa y tuvo por fin la primera consulta. Luego, en Solymar, tendría oportunidad de la segunda instancia.

La primera entrevista fue “muy vaga“ según dice Tania. “Me preguntaron si había hablado esto con alguien, si tenía compañero, pero nada más. Fue rara”, define la joven que esperaba allí recibir más cuestionamientos o información.

En la segunda consulta y con la ecografía y otros estudios en mano, sí encontró algo más de información y le dijeron que en la siguiente ya se iría “con las pastillas en la mano”, en referencia a los dos medicamentos que realizar abortos farmacológicos (mifepristona y misoprostol).

Al irse de la segunda consulta, ya corrían los 5 días que establece la ley vigente para que la consultante “reflexione“ y tome su definitiva decisión. En el caso de Tania, este plazo se extendiò a 10 días, dada la espera que había para la próxima consulta con el equipo de su mutualista.

Intervenciones respetuosas

Para Lucía, que no tiene hijos/as, la historia fue de menos peripecias. Probablemente porque es usuaria de la Administraciòn de Servicios de Salud del Estato (ASSE), a la que pertenece el Centro Hospitalario Pereira Rossell, que ya tiene una larga trayectoria en el funcionamiento de equipos para asesorar en materia de interrupciòn del embarazo.

A pesar de que recién en 2013 los servicios de salud comienzan a implementar la Ley 18.987 que desincriminò el aborto, desde el año 2004 este hospital contaba con el servicio de asesoría pre y post aborto.

De la fecha en que, según su propio cálculo, Lucìa había quedado embarazada a la de avance que efectivamente le determinaron luego de la consulta y los estudios, había una diferencia importante, por lo que “todo el proceso tuvo que acelerarse”.

En una primera charla, explica, “ya te preguntan cuál es tu decisión y por qué y ya recibís la primera orientación. Si estás decidida ya pasas como a una segunda etapa, y si no lo estàs tarda un poco más, charlás, te dan más datos”.

“En un segundo encuentro con el tribunal” (así definió Lucía al equipo integrado por ginecólogo, asistente social y profesional de la Psicología), cada miembro llena los formularios previstos por el protocolo del Ministerio de Salud Pùblica (MSP).

Ante la pregunta sobre por qué visualiza al equipo como un tribunal, Lucía dice que esto es más por la postura física (cada uno está como dispuesto a llenar un formulario) que en lo discursivo, ya que no se encontró con una situación incómoda ni de “interrogatorio”.

Debes y haberes del procedimiento

“Mi decisión fue razonada, argumentada, bien pensada, entonces ya iba segura de lo que quería. Cuando expuse eso, no tuve peros. Me preguntaron cómo se vinculaba la decisión conmigo, con mi pareja, pero no me hablaron de otras opciones”. “Sentí que el proceso fue respetuoso y natural. No te sentías hablando con un doctor de no sé qué, sino hablando de algo natural. Y eso está muy bueno”, expresó Lucìa.

Además, le brindaron un material sobre las drogas a utilizar para la interrupciòn farmacològica del embarazo y qué se debe hacer si no funcionan las pastillas: “Es una especie de contrato, te dicen lo que puede suceder y vos firmás como un consentimiento”.

Sin embargo, advierte, no es información práctica para la persona, sino más bien de tipo “médica, de uso del medicamento”. A los 5 días, tuvo la tercera consulta con una ginecóloga, en la que ya le recetó las pastillas.

“La explicación es muy general y sobre cómo utilizar el medicamento” – coincide Tania- Realmente a mi lo que me pasó es que no me dijeron cosas que hubiese estado bueno que me dijeran, y que supe por otros lados”.

Por ejemplo, cuenta, “A mi me mandaron tomar las pastillas de forma subyugal (disolviéndolas contra la mejilla), y eso es una gran diferencia con la vía vaginal, porque ahí de repente no te podés mover por riesgo a que se muevan las pastillas de lugar. Y en el proceso te dan ganas de moverte”. Pero, “No me dijeron nada de cómo podía transitar el proceso hasta que las pastillas hicieran efecto”.

Es preciso recordar que el Misoprostol en la dosis establecida (cuatro comprimidos), tiene precisamente la función de activar un proceso de contracciones en el útero, lo que se asemeja al proceso de trabajo de parto y puede implicar dolores intensos, espasmos, vómitos, descompostura, entre otros efectos.

Sobre el acompañamiento de otra persona para hacer más llevaderos estos efectos, y según los relatos de Lucìa y Tania, la información es escasa, aunque se explicita en la “Guía técnica para la interrupción voluntaria del embarazo”, elaborada por el MPS.

Vías no formales para ampliar el conocimiento

Por el tiempo de gestaciòn que tenìa cada una, los procesos tuvieron diferencias.

Lucía lo vivió en el Pereira Rossell, pues ya estaba más cerca de las 12 semanas y los riesgos son otros.

Sin embargo, coincide con Tania en que si lo hubiera realizado en su casa, sólo se tiene como recurso ir a la Emergencia a consultar, y hay dudas más prácticas que no lo ameritan.

La información concreta, más pragmática, se obtiene por vías informales: en la sala de espera, donde en ambos casos (tanto en el servicio público como en el privado) se genera un espacio de intercambio entre quienes aguardaban las consultas.

Una de las incertidumbres, por ejemplo, es el tiempo que dura el proceso. Si bien se sabe que eso varía mucho de mujer a mujer, podrían establecerse unos plazos mínimos y máximos de referencia.

De hecho, los relatos de Tania y Lucìa son bien distintos: mientras en Tania tardó en comenzar pero fue corto, en Lucìa comenzó a las 3 horas de consumir el Misoprostol pero continuó durante muchas horas, llegando incluso a extenderse hasta el siguiente día de la toma.

Otro dato que es importante tener y no siempre se obtiene, es el relativo a la materia a expulsar, que varìa según el tiempo de gestaciòn y en las primeras semanas puede ser imperceptible de tan mìnimo.

Resistencias institucionales

Si bien Lucía permaneció en el hospital y eso de algún modo le brindó “mayor seguridad”, también se encontró con una especie de “mensaje institucional” reiterado: “si tomaste una decisión, hacete cargo, este no es un problema de enfermedad“. No es que se lo dijeran directamente, pero ante cualquier consulta en general omitían responderte y le decían “cuando venga el ginecólogo le preguntás“.

Como las primeras cuatro pastillas pueden no funcionar, como le pasó a Lucía, a las 6 horas hay que volver a repetir la dosis. El problema fue que en su caso no lo habían dejado recetado, por lo que tuvo que enfrentarse a explicar lo que le sucedía a más de un funcionario, y someterse “a los criterios y la moral de cada quien”.

Tania, en cambio, vivió el proceso en su casa y acompañada de su pareja, aunque tuvieron que resolver dónde dejar a los niños durante ese tiempo.

Las dificultades, para ella, pasaron por lograr que la sensación de “dureza” en el útero se fuera, lo que implicó masajearse con el puño, recomendación que se les realiza también a las mujeres luego del parto, pues la sucesiòn de contracciones musculares requiere de un ablande. Este “pique”, sin embargo, lo recordó de una conversación informal y no se lo dieron en las instancias previstas por el procedimiento.

Naturalizando una práctica

Tanto Lucía como Tania coinciden en que la legalidad de la interrupción del embarazo, la atención por medio de una cita como cualquier otra consulta médica y el encuentro con otras mujeres en la sala de espera, propician un clima de naturalización de las conversaciones sobre la pràctica.

Sin embargo, aún sigue habiendo información acotada en el nivel formal e institucional de atención.

A su vez, ya que las consultas son varias -pues incluso luego de las tres instancias previas necesarias con el equipo es preciso volver a los 10 días luego del procedimiento para verificar que todo esté bien- las entrevistadas coinciden en que sería importante que se estableciera como protocolo la certificación laboral, más allá de que cada una pueda solicitarla por motus propio. No sólo por los tiempos que se pierden en la obtención de fechas y nùmeros la ida a cada consulta, sino también porque, como explicita Lucía, “la verdad es que por una semana vos no estás bien, tenes más riesgo de infección, perdes mucha sangre. No se dice, no está en el protocolo, pero de verdad tendrías que hacer reposo”.

“Si tenes que hacerte una curación, te explican qué tenes que hacer, si te podes bañar y cómo, sin embargo con este procedimiento aún cuesta”, complementa Tania.

Datos estimados

Según informaron fuentes del MSP a La República de las Mujeres, el proceso de implementación de la Ley l8.987 puede evaluarse positivamente, en el sentido de que se está garantizando el ejercicio del derecho a la interrupciòn del embarazo.

Esto se refleja en dos datos fundamentales: en primer lugar, en todos los departamentos del país, incluso en aquellos en que se presentó objeción de conciencia colectiva, las usuarias que recurrieron encontraron respuesta.

Por otra parte, respecto a la aplicación de la excepciòn para cambio inmediato de institución de salud si la que se tiene se niega a brindar la prestación, desde el MSP se asegura que no ha presentado dificultades y a travès de la Junta Nacional de Salud se le da cumplimento en 24 horas. Aún cuando los datos todavía no son exactos, se estima que en promedio se producen unas 8 situaciones de éstas al mes.

En cuanto a estadísticas oficiales, el ministerio ya anunciò que sobre el mes de agosto brindarà información del primer semestre de 2013, aunque la ley establece que la misma debe entregarse anualmente. Mientras, el promedio manejado es de 400 interrupciones voluntarias de embarazos mensuales

Las quejas que han llegado al MSP, por vìas informales, se vinculan no tanto con incumplimientos de parte de las instituciones, sino por la prevalencia de una cultura institucional a la que, en el trato y las formas de abordaje, le cuesta ser totalmente respetuosa del derecho de las mujeres consagrado por la Ley 18.987.

Algunos consejos útiles

Para transitar el proceso de interrupciòn farmacológica del embarazo, es recomendable:

-Tener agua a mano.

-Tomar buscapina compuesta en lugar de ibuprofeno, porque la primera actúa en forma localizada, directamente en el lugar del dolor.

-Moverse en caso de sentir necesidad de hacerlo.

-Estar con alguien que pueda actuar de apoyo y sostén.