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La Iglesia en los medios “Hemos pasado de reprimir en dictaduras a represiones que tienen que ver con la no posibilidad de opinar diferente”, afirmó el padre Julio Fernández Techera

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Al rector de la Universidad Católica le preocupa la “dictadura de lo políticamente correcto” y la “hipersensibilidad” social

Escribe Juan Pablo Mosteiro
Al asumir como rector de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), el 29 de noviembre de 2016, el padre Julio Fernández Techera sorprendió con un emocionado discurso en el que repasó su carrera universitaria —cursó ocho años en cuatro instituciones—, y destacó su formación en la Universidad de la República (Udelar), a la cual ingresó en 1985. Y en particular evocó, conmovido, a su profesor y mentor de la Facultad de Humanidades, el historiador José Pedro Barrán (1934-2009), a quien definió como “un ser muy especial”, que lo “marcó profundamente”, como universitario y como persona. Barrán “no tenía nada que ver” con aquel alumno jesuita de 18 años: era agnóstico, “no participaba de la vida de la Iglesia”, y además era un intelectual “de izquierdas”. “Pero no solo era un erudito, un brillante profesor, sino un sabio, en todas las cosas”, dijo Fernández Techera, para concluir: “Que me haya marcado tanto alguien que no compartía algo tan fundamental para mí, como es mi fe cristiana… eso es lo que enriquece, y eso es lo que vale”.

A más de ocho meses de aquel discurso que escuchó a pocos metros el arzobispo de Montevideo, cardenal Daniel Sturla, el nuevo rector de la UCU dijo a Búsqueda sentirse “muy preocupado” por la dificultad para discutir con quienes hoy piensan distinto, a causa de lo que llamó “la dictadura de lo políticamente correcto”. Dijo que hay una “hipersensibilidad” reflejada en las redes sociales y respaldada por las autoridades públicas, en temas como el de la ideología de género.

“Hemos pasado de reprimir en dictaduras a represiones que tienen que ver con la no posibilidad de opinar diferente”, afirmó el sacerdote, y se explicó: “Si yo doy una opinión que no implica un juicio de valor sobre las personas y se me condena solo por dar mi opinión, lo que se está deteriorando es la libertad de expresión. Hoy es casi imposible hacer un chiste sobre determinados temas, porque todo se toma tan a la tremenda que prácticamente no se puede decir nada, porque alguien se va a sentir ofendido”.

Jesuita, de 51 años, el décimo de 11 hermanos, Fernández Techera es de los rectores que suelen cruzarse con la comunidad universitaria en los pasillos. Licenciado en Ciencias Históricas por la Udelar y también en Teología y en Estudios Eclesiásticos por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, también es doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense de Madrid. Entre 2002 y 2011 fue director de Bachillerato y director académico del Colegio Seminario, y luego dirigió el Departamento de Estudios de la UCU. Actualmente es director ejecutivo de la Fundación Sophia, institución impulsada por el cardenal Sturla, que trabaja con 17 colegios católicos en dificultades económicas.

Pelotones de fusilamiento con forma de tuits.
“Yo soy religioso y soy católico, y puedo entender que haya gente que tenga opiniones distintas sobre la Iglesia católica, y tampoco puedo sentirme ofendido por eso. Porque una cosa es que me insulten y otra que discrepen y me den una opinión diferente. Yo la tengo que aceptar. Así me crié. Cuando fui a la Facultad de Humanidades ya era jesuita, y nunca me sentí agredido ni me ofendí porque la gente tuviera opiniones diferentes”, aseguró a Búsqueda el nuevo rector.

Fernández Techera dijo coincidir con el escritor y académico Javier Marías, quien en la columna de opinión Sopechosas unanimidades, publicada el 16 de julio en El País de Madrid, cuestionó a “la Guardia Revolucionaria de las Buenas Costumbres y los Dogmas Correctos que hoy patrulla las redes incansablemente”. El articulista escribió sobre España: “Si se cuestiona a ciertas personalidades, ‘valores’, costumbres, tótems, creencias, o se defiende lo anatematizado por la Guardia actual (qué sé yo, los toros o el tabaco o la circulación de coches), se levantan pelotones de fusilamiento verbal, por lo general en forma de tuits”.

De hecho, para Fernández Techera, “el deterioro de la libertad de opinión” en Uruguay suele manifestarse con mayor crudeza en las redes sociales. “Ahora cualquiera puede decir lo que antes quedaba en lo privado, y eso me preocupa. Y además me preocupa que a eso se le dé respaldo de la autoridad, como pasó en el famoso caso de la cafetería de Pocitos”. El cura aludió a una polémica por un cartel ubicado en la entrada del local con la frase “no se admiten perros ni mexicanos”, referida a la película Los ocho más odiados, de Quentin Tarantino.

“Aquello se salió de madre —continuó—, y uno dice: ‘Che, era una broma’. Pero ya lo que vino después… la condena… Me preocupa eso: el deterioro de la libertad hasta para equivocarse”.

La guía y la Virgen María.
Dieciséis segundos se tomó Fernández Techera para responder sobre las expresiones del cardenal Sturla, quien días atrás cuestionó una propuesta didáctica para el abordaje sexual en Educación Inicial y Primaria de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y advirtió que el Estado pretende “imponer una ideología de género en la educación”. Tras aclarar que no leyó “la guía”, el rector criticó que “rápidamente se catalogue a una persona y se la juzgue por tener una opinión diferente”.

“Hoy hay una sensibilidad tal que basta tener una opinión diferente para que se censure con insultos, con argumentos ad hominem, que dirían los lógicos, y eso me preocupa. Y también me preocupa que las autoridades den demasiado respaldo a esta hipersensibilidad que, además, no siempre es equivalente, porque ya nos pasó con alguna manifestación, de ver actitudes muy agresivas y violentas contra sentimientos religiosos, y ahí no hubo reacciones” de las autoridades públicas.

Por otra parte, el rector se refirió a la polémica por la instalación de una estatua de la Virgen María en la rambla del Buceo, rechazada en mayo pasado por la Junta Departamental de Montevideo. “Es curioso, porque ahí la defensa del cardenal Sturla fue bastante clara. En Uruguay hay decenas de expresiones que no nos gustan a todos. Hay personajes políticos que unos detestan o consideran criminales y otros héroes, y tienen sus monumentos”. Como historiador, agregó, “podría citar muchas calles y monumentos que, si paso por delante, me molestan. Pero eso es parte de ser ciudadano en una sociedad democrática, y si no te gusta, bueno…”.

Al sacerdote le “llamó mucho la atención tal oposición a una figura como María, quien además no hace daño a nadie. ¿Cuál es el problema? Si hay una cantidad de manifestaciones políticas y deportivas, que en Uruguay son casi una religión… ¿Estas reacciones solo valen para los católicos? Hay reacciones que muestran el deterioro de la libertad de expresión a nivel social. Entonces, me preocupa la dictadura de lo políticamente correcto. Y me preocupa seriamente”.