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La Iglesia en los medios Hace 20 años moría el Padre Cacho, un cura comprometido

EL PAÍS, SUPLEMENTO QUÉ PASA

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Hace 20 años, el 4 de setiembre de 1992 moría Isidro Alonso, más conocido como el Padre Cacho. Instalado en uno de los barrios más pobres de la capital, Cacho realizó una obra importante en la zona dando oportunidades, mejores condiciones de vida y esperanzas a miles. Vivió además como uno de ellos. Julio César Romero Magliocca editó Un Cacho de Dios, una suerte de biografía e historia oral sobre la vida y la obra del sacerdote. Sobre eso Romero habló con Qué Pasa.

-¿Cómo se vinculó con el Padre Cacho?

-Nací en Colón y a los 14 años me mudé al barrio Nuevo Ellauri. Cacho estaba haciendo su experiencia de convivencia con los más pobres, en el Plácido Ellauri a pocas cuadras de mi casa. Oía hablar a diario que un sacerdote había llegado en 1978 y estaba haciendo una gran obra, edificando viviendas, organizando a los clasificadores. Lo veía pasar a menudo con asistentes sociales y mucha gente que colaboraba con él allí. Pero el impacto me lo da el día de su muerte, es allí que me dispongo a conocerlo más profundamente a investigar más su vida.

-¿Cómo era la relación con el barrio?

-Cacho llega como un vecino más y descubren que era sacerdote cuando hacía un tiempo que estaba en el barrio. Él siente un llamado de Dios y ese llamado provenía del lugar que estaban viviendo los más pobres. Lo lleva una convicción religiosa, luego se siente atropellado por la necesidad de la gente y descubre que podía hacer mucho por toda esa gente. La obra la desarrolla junto a todos los vecinos y gran cantidad de colaboradores honorarios. Llega al barrio a vivir en una vivienda de emergencia pero al poco tiempo recibe a una familia que habían sido desalojados, les deja su casa y se hace construir un rancho de chapa con piso de tierra. Vivió como toda esa gente, se vistió y comió como sus vecinos. Entregó su vida de a gotitas, ante tanta injusticia que dibuja la pobreza.

-¿En qué está la obra de Cacho?

-Basta recorrer las distintas comunidades para darse cuenta cuánto significó Cacho en el barrio. Ranchitos que hoy son viviendas de material se deben a él, dignificó el trabajo del clasificador, les trajo esperanzas en momentos que flaqueaba la fe. Hoy funciona la Organización San Vicente, creada por el Padre Cacho, se atienden varios Caif y los clasificadores mediante varios convenios con el Estado.

-¿Quedan curas así?

-La experiencia de Cacho fue única, porque cuando llegó al barrio tuvo que dejar la Congregación Salesiana y pasarse al Clero Secular que le daba la libertad de convivir entre los pobres. Huboo experiencias esporádicas pero un paso como el que diera Cacho fue único, llegó a la categoría de Santo de Pueblo a través de su entrega y eso la gente lo percibió desde el primer momento.

-¿Qué descubrió de Cacho?

-Al hacer Un Cacho de Dios, que es un tributo en nombre de toda la gente que recibió su entrega, me siento en la total libertad de decir que siempre imaginamos como habría sido el rostro de Jesús, hoy puedo decir que si tuviera que dibujar el rostro de mi Jesús sin dudas que sería el rostro del Padre Cacho. En él descubrí al Jesús del que tanto me hablaban.

EL LIBRO

Un Cacho de Dios. Huellas de un camino compartido… de Julio César Romero Magliocca. En venta en Redpagos (400 pesos)