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La Iglesia en los medios Ginecólogos debaten los dilemas éticos de interrupción de embarazo

EL PAÍS |

Conferencia. A días de la reglamentación de la ley, surgen interrogantes

FEDERICO CASTILLO

¿Quién debe ser el paciente para un ginecólogo, la mujer embarazada o el feto? ¿Es ético que el médico tenga dos conductas diferentes frente al aborto, dependiendo si la situación lo involucra o no?

Son solo algunas de las cuestiones que se plantearon en la noche del jueves en una conferencia sobre el abordaje bioético y médico legal de la reciente ley que legaliza la interrupción voluntaria del embarazo, cuya reglamentación está siendo redactada.

El subsecretario de Salud, Leonel Briozzo, fue el que puso sobre la mesa estas interrogantes -que se discuten a diario en la Academia, dijo- y se animó a ofrecer sus propias respuestas. Aclaró que lo hizo como profesor de ginecología y no como político.

En su charla, Briozzo comenzó a abordar las cuestiones éticas partiendo de datos que reveló una encuesta realizada en Brasil, donde quedaron en evidencia las diferentes conductas asumidas por los ginecólogos frente al aborto.

Según ese estudio, el 40 % de los profesionales admitió haber “ayudado” a una paciente para enfrentar un aborto. El porcentaje subía al 48% si se trataba de un familiar, ya no un paciente, y al 80% si era la pareja del médico la que tenía un embarazo no deseado.

“Hay una diferencia clara en la voluntad de acompañar o ayudar con respecto a la proximidad que se tenga de la persona que está sufriendo un embarazo no deseado”, explicó Briozzo. La investigación brasilera concluyó que “cuanto más próximo a nosotros está el problema del aborto, más dispuestos estamos a aceptarlo y entenderlo”.

Briozzo se preguntó si es ético tener esa doble postura frente a un mismo tema. Y su respuesta fue “no”. “No es admisible desde el punto de vista ético negarse a abordar la temática o no derivar a la paciente” que necesite ser asistida, afirmó.

Argumentó que eso está en “contra de los valores profesionales”, “no es éticamente correcto” “no disminuye la práctica del aborto” y “fundamentalmente incrementa el riesgo sanitario de la mujer”.

Lo que sí le parece “correcto”, es asesorar, prescribir los fármacos o realizar el aborto, o derivar personalmente si hay objeción de conciencia. Briozzo entiende y admite que se pueda alegar objeción de conciencia para no asistir a una mujer con embarazo no deseado, pero aclaró que se debe derivar el caso “personalmente y con calidad técnica, con calidad humana, no rechazando y no excluyendo”.

El subsecretario de Salud explicó que “acompañando” a la paciente que desee abortar se disminuye la mortalidad materna y los riesgos. Para Briozzo “no se deben anteponer cuestiones personales las profesionales”. Y llamó a sus colegas médicos a “hacerse cargo” porque el aborto es un “tema de salud”. “Otros profesionales pueden hacerse al margen. Los médicos no tenemos mucho espacio para eso”, señaló.

“Hay un mandato ético profundo de la profesión médica que es velar siempre por la salud de nuestras pacientes y poner sus intereses por encima de los nuestros. Los problemas del aborto son problemas de salud. No podemos darle la espalda. Si no lo hiciéramos nosotros quién lo haría, ¿los curanderos?, planteó Briozzo.

Insistió en que la “inacción” de los médicos frente al tema del aborto “hace daño” y se manifestó en contra del abordaje “fundamentalista” para cualquiera de los dos extremos.

EL FETO O LA MUJER. Cuando una paciente con un embarazo no deseado va a consultar al ginecólogo, siempre se plantea el dilema de quién es el paciente a atender en ese momento. ¿El feto que lleva en el vientre o la mujer que quiere abortarlo?

Briozzo reconoció que esa pregunta está presente en la práctica diaria, en la discusión con los residentes y en los seminarios.

“Cuando se establece el conflicto de derechos entre la mujer embarazada y el embrión, siempre surge esta pregunta ¿quién es nuestro paciente?” , admitió. Y para allanar de dudas el camino ofreció una “visión pragmática”.

“El paciente es un ser humano con un estado moral independiente, que consulta a un médico con intenciones de mejorar su situación, que es consciente de determinadas acciones en la medida que se le explique la situación, la comprenda y decida voluntariamente aceptar o rechazar la información que se le da”.

Desde esta visión pragmática opinó que la que resuelve el conflicto “siempre” es la mujer embarazada. “Porque es ella la que va a presentar o no al embrión como paciente”, explicó Briozzo.

Admitió que los ginecólogos se enfrentan todo el tiempo a este tipo de preguntas, “muy difíciles, complejas”, pero aún así señaló que “no nos pueden inhabilitar en nuestro compromiso de tratar de ayudar y generar una mejor calidad de vida de las pacientes”.

En ese sentido, la objeción de conciencia es para Briozzo una cuestión “éticamente admisible”, pero precisó que toda conducta debe tender a evitar el daño de las usuarias. Es decir, si un médico no quiere participar en las consultas por aborto, debe derivar el caso y antes asesorar a la mujer. “Siempre, lo primero, es acompañar a la usuaria”, puntualizó.

Briozzo admitió que no sabe cómo operará la objeción de conciencia en la reglamentación de la ley del aborto.

Por ejemplo, no está definido si quien hace uso de esta opción tampoco puede integrar el comité científico que asesora en primera instancia.

Lo que sí destacó es que con los avances actuales, en los países donde el aborto es legal, el ginecólogo casi no participa en su concreción. Son las mujeres, con el uso de pastillas -misoprostol y mefipristona- las que ejecutan la interrupción del embarazo. Y muchas veces en su propio domicilio. La reglamentación que se redacta y se prevé que estará pronta a fines de noviembre, contemplará estos métodos para abortar, aseguró la coordinadora del Programa de Salud Sexual y Reproductiva, Leticia Rieppi.

DUDAS. Tras la conferencia en la que participó Briozzo se abrió un espacio para evacuar algunas consultas. La mayoría de los presentes eran médicos y las preguntas apuntaron a bajar a tierra la ley del aborto.

Un ginecólogo pidió saber bajo qué marco legal están ahora los profesionales. Dijo que hoy por hoy se está en una especie de “limbo” con la ley promulgada y vigente, pero sin la reglamentación para hacerla práctica.

¿Qué pasa si mañana viene una mujer que quiere abortar, le puedo prescribir ya el misoprostol?, preguntó. Briozzo no pudo responder esa pregunta.

Expertos en derecho consultados por El País aseguraron que hasta que la ley no esté reglamentada, los médicos no pueden actuar.

Otro médico se cuestionó sobre la aplicabilidad de la ley en algunos lugares del interior del país. Un ginecólogo tomó el guante y aseguró que la mujer que está decidida a abortar “igual camina 500 kilómetros para que la atiendan”. Dijo que eso es lo que observó en México, donde el aborto solo es legal en la capital.

“Asesorar siempre”

En la conferencia sobre el abordaje bioético y medico legal de la ley que despenaliza el aborto, se trataron cuestiones vinculadas estrictamente a lo que dice la letra de la normativa y cómo actuar en consecuencia. Hugo Rodríguez, de la Cátedra de Medicina Legal, apuntó que pese a que hay situaciones que no están contempladas dentro de la ley -aborto fuera de plazo, la violación no denunciada, la no aceptación de los días de reflexión- los médicos deben asesorar “siempre” a la mujer sobre las opciones y riesgos. “Que sea punible, no significa que debamos sumar castigos”, dijo.