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La Iglesia en los medios Francisco exigió responsabilidad a los líderes globales en la ONU

EL OBSERVADOR |

Firme. El papa habló en la Asamblea General, donde pidió no excluir a los pobres y evitar las guerras

Al momento de presentarlo, el secretario general de la ONU, Ban ki-moon, introdujo al papa Francisco como una “resonante voz de la conciencia”. B. Thomas Getty Images-AFP

El secretario general de la ONU, Ban ki-moon, destacó que ayer se cumplían dos hitos sin precedentes. Nunca un papa había estado en una sesión de apertura de la Asamblea General del organismo que nuclea a 193 países. Y nunca un papa había hablado ante tantos líderes mundiales al mismo tiempo. Francisco se puso de pie tras el atril y se hizo cargo de la situación.

La de ayer fue la quinta vez que un papa habló ante la ONU, pues ya lo hicieron Pablo VI (1965), Juan Pablo II (1979 y 1995) y Benedicto XVI en 2008. Como ellos, Francisco pronunció un discurso que abarcó varios temas e hizo que el Martín Fierro llegara hasta ese plenario, pues acabó citando la máxima sobre la unidad de los hermanos.

En un primer momento Francisco se refirió al cuidado del ambiente, tema de su encíclica Laudato Si. Afirmó que “existe un verdadero ‘derecho del ambiente’” debido a que los seres humanos forman parte de él –y tienen con él sus responsabilidades– y porque cada una de las cosas creadas tiene valor en sí misma.

“El abuso y la destrucción del ambiente, al mismo tiempo, van acompañados por un imparable proceso de exclusión”, comentó, antes de recurrir a su imagen de la “cultura del descarte”, donde los pobres son apartados de la sociedad.

Poco después de la alocución del papa los jefes de Estado y de gobierno aprobarían los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que canalizarán los esfuerzos de todas las naciones de aquí a 2030. Francisco destacó su oportunidad y pidió a los mandatarios un compromiso que se traduzca en obras.

Exigente, el papa incluso se adentró en el dilema sobre la medición de esos objetivos, pues con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, vigentes entre 2000 y 2015, se comprobó que no había instrumentos adecuados de evaluación. Entonces Francisco sugirió uno: el acceso efectivo, práctico e inmediato, para todos a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable; libertad religiosa, y más en general libertad del espíritu y educación. Todo esto, sobre la base del derecho a la vida y a la existencia de la naturaleza humana.

No le tembló la voz

Ante el auditorio más cualificado, Francisco asumió también el tema de la guerra, que definió como “la negación de todos los derechos”. Pidió que primen el derecho, la negociación y el arbitraje, y que las normas no se usen en provecho propio. “Si se quiere un verdadero desarrollo humano integral para todos, se debe continuar incansablemente con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y entre los pueblos”, aseveró.

Cuando esto no sucede, “no faltan duras pruebas de las consecuencias negativas de las intervenciones políticas y militares no coordinadas entre los miembros de la comunidad internacional”. Y una amenaza de destrucción mutua transformaría a las Naciones Unidas en “Naciones Unidas por el miedo y la desconfianza”, ilustró.

Al papa no le tembló la voz cuando leía su discurso de siete carillas. Ni siquiera cuando pidió a su auditorio, entre los que se encontraban los principales líderes del mundo, que hicieran un “examen de conciencia” sobre cómo conducen los asuntos internacionales. Les pidió “la más elemental comprensión de la dignidad humana” para que eviten nuevas violencias y persecuciones.

La cita a Martín Fierro llegó después de un llamado a elevar la mirada hacia lo trascendental, algo de lo que no se habla generalmente en el ámbito de la ONU. “La comprensión y respeto exigen un grado superior de sabiduría, que acepte la trascendencia, renuncie a la construcción de una elite omnipotente y comprenda que el sentido pleno de la vida singular y colectiva se da en el servicio abnegado de los demás y en el uso prudente y respetuoso de la creación para el bien común”, invocó el papa, que en definitiva estaba pidiendo a los líderes que se abrieran a Dios.

El papa fue optimista sobre las posibilidades de la comunidad internacional, casi tanto como exigente. Indicó que la ONU será prenda de un futuro seguro y feliz si los representantes de los Estados dejan de lado los intereses sectoriales y las ideologías y buscan sinceramente el servicio del bien común. l

Los organismos han de velar por el desarrollo sostenible de los países y la no sumisión asfixiante de estos a sistemas crediticios que someten a mecanismos de mayor pobreza”

“Hay que empeñarse por un mundo sin armas nucleares, aplicando el tratado de no proliferación en la letra y en el espíritu, hacia una total prohibición de estos instrumentos”

“Cualquier daño al ambiente es un daño a la humanidad”

Papa Francisco

sumo pontífice de la iglesia católica