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La Iglesia en los medios Evangélicos y política en el Uruguay después de las elecciones [opinión]

DIÁLOGO POLÍTICO |
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Por Miguel Pastorino.

El reciente proceso electoral visibilizó algunos nuevos fenómenos que están cambiando las relaciones entre evangélicos y política, así como entre religión y política en general.

La victoria de Luis Lacalle Pou del Partido Nacional en las elecciones del 2019 abre un nuevo escenario político en Uruguay, poniendo fin a 15 años de gobierno del Frente Amplio (izquierda). Además de un cambio en la presidencia, después de las elecciones internas del mes de octubre ya no habrá una mayoría parlamentaria de un solo partido, sino un Parlamento muy diverso. Los evangélicos neopentecostales en Uruguay han estado siempre vinculados al Partido Nacional, que cuenta con tres diputados abiertamente evangélicos. Pero el reciente proceso electoral visibilizó algunos nuevos fenómenos que están cambiando las relaciones entre evangélicos y política, así como entre religión y política en general.

Uruguay tiene un 38 % de población que se define católica, pero de esta solo un 5 % es practicante. Ateos y agnósticos suman un 20 % y los llamados creyentes sin afiliación religiosa alcanzan el número más alto del continente: 25 %. Los cristianos evangélicos no pasan de un 15 %, de los cuales un 75 % son pentecostales y neopentecostales. Las iglesias evangélicas no crecen como en el resto de América Latina, en gran parte debido a una cultura profundamente laicista, en la que los católicos no practicantes pasan a las filas de los creyentes sin afiliación religiosa antes que a las de los pentecostales. Esto explica que la presencia pública evangélica, especialmente de los pastores neopentecostales, aumente, mas no su porcentaje total de la población. El crecimiento numérico existe, indudablemente, pero es mucho más reducido que en otros países de la región. El fenómeno de la incursión de líderes neopentecostales en los partidos políticos también ha llegado a Uruguay, pero no es tenido en cuenta por la mayoría de los analistas políticos.

El compromiso social y político de los evangélicos ha sido significativo en Uruguay, pero invisibilizado por la generalizada indiferencia hacia la religión. Debido a la privatización de la fe que se dio en el país, al igual que los católicos, en general los miembros de las Iglesias protestantes no manifestaban públicamente su fe, sino valores en común con el resto de la sociedad. Desde fines de los noventa aparecieron los neopentecostales dentro de los partidos políticos, con una abierta explicitación de la fe y un discurso doctrinal en clara oposición a la agenda de derechos promovida por los gobiernos del Frente Amplio, que incluía leyes como la despenalización del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la Ley Trans [1] y la legalización del cultivo y venta controlada de la marihuana.

La oposición a estos cambios por los sectores evangélicos más conservadores tiende a caricaturizarse en las polémicas mediáticas. Sin embargo, hay que precisar que no todos los evangélicos se comportan igual en la política ni tienen una postura unánime sobre estos asuntos. Un ejemplo significativo es el parlamentario Dr. Gerardo Amarilla, del Partido Nacional. Si bien proviene del mundo evangélico, su identidad confesional no ha sido un obstáculo para su buen desempeño. Aunque algunos medios lo equiparan a los neopentecostales, en su caso se trata de un político evangélico, defensor de una laicidad positiva, no de un evangélico político. A su vez, algunos legisladores del Frente Amplio, vinculados a grupos cristianos evangélicos, han apoyado leyes luego duramente criticadas por los evangélicos más conservadores.

Es inusual que las iglesias en Uruguay se mezclen con los partidos políticos. El único caso ha sido el del pastor y diputado Álvaro Dastugue, yerno del apóstol Jorge Márquez que dirige la megaiglesia Misión Vida. Ha sido muy controversial el compromiso que asumen las estructuras de la iglesia en la militancia política, lo que ha generado polémica en el ámbito político, en la prensa y también dentro de las Iglesias evangélicas, las cuales han condenado la instrumentalización de los fieles y el uso partidario de las estructuras pastorales.

Álvaro Dastugue y otros pastores de origen pentecostal se adentraron en política en el Partido Nacional. Normalmente han ido rotando dentro el mismo partido, haciendo alianzas con líderes de diferentes sectores que comparten su cuestionamiento a la agenda de derechos.

Dastugue es un evangélico político, cuya actividad sigue una lógica religiosa confesional, alegando «el llamado de Dios». A fines de los años noventa, Jorge Márquez —suegro de Dastugue y líder de la Iglesia Misión Vida— cambió el discurso escatológico sobre el fin de los tiempos y el rechazo de la política como algo «mundano», por un mensaje de proactividad política que invitaba a los jóvenes de su Iglesia a comprometerse con la transformación de la sociedad desde los «lugares de influencia», de manera acorde a la cosmovisión pentecostal de guerra espiritual y «conquista del mundo para Cristo».

Tras la victoria de Luis Lacalle Pou, unido a una coalición multicolor de diversos partidos, los diputados evangélicos seguirán siendo los mismos del período anterior (2014-2019): Gerardo Amarilla, Álvaro Dastugue y Benjamín Irazábal. ¿Por qué con la victoria del Partido Nacional no hay mayor presencia de evangélicos en el Parlamento, si estos estaban mayoritariamente dentro de este partido? La respuesta está en un nuevo partido: Cabildo Abierto (CA), liderado por el ex comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, de confesión católica. En las elecciones de octubre obtuvo el 11 % de los votos y quedó en cuarto lugar. Su discurso conservador, de defensa de los valores tradicionales y contrario a la «ideología de género», generó una migración de neopentecostales y de católicos conservadores a Cabildo Abierto. El nuevo partido tendrá ahora tres senadores y once diputados, pero ningún líder evangélico. Sin embargo, hubo una evidente militancia entre los fieles de diversas comunidades cristianas, especialmente neopentecostales. A Manini se le considera equivocadamente de ultraderecha, seguramente por ser un exmilitar, pero su trayectoria, su formación y pensamiento hacen difícil definirlo así.

Hasta comienzos del 2019 se pensaba que los evangélicos seguirían creciendo dentro del Partido Nacional, pero el fenómeno de Cabildo Abierto ha tornado el escenario impredecible. Durante la campaña electoral, Lacalle Pou se comprometió a no tocar la agenda de derechos. Seguramente desde las filas de CA surgirá una oposición a este compromiso, que será muy valorada por los cristianos más conservadores y neopentecostales. A pesar de las apariencias, el hecho religioso no es tan marginal en la política.

Nota

[1] Ley 19684 (Ley Integral para Personas Trans), aprobada por el Parlamento de Uruguay el 18 de octubre de 2018.