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La Iglesia en los medios Entrevista con monseñor Collazzi: Abrir el corazón a las palabras del Papa

 

L’ OSSERVATORE ROMANO |

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 ROCÍO LANCHO GARCÍA

Un encuentro marcado por la familiaridad y la fraternidad. Así define monseñor Carlos María Collazzi, obispo de Mercedes y presidente de la Conferencia Episcopal de Uruguay, el encuen- tro con el Papa Francisco durante la visita ad limina, el día 16 de noviembre. Además, pudieron compartir con él las preocupaciones y desafíos de la Iglesia de su país.

¿Cómo fue el tiempo previo al viaje a Roma para la visita ad limina?

La visita ad limina es una gracia que el Señor nos regala a las Iglesias diocesanas para entrar en comunión con la Iglesia de Roma, a los arzobispos entrar en comunión con el sucesor de Pedro para que nos confirme en la fe. Lo hemos vivido como una gracia de Dios, no solo el encuentro del jueves sino ya desde el mes de agosto, cuando la Conferencia Episcopal tuvo una Asamblea extraordinaria en la cual nos preparamos para estos encuentros. Fuimos viendo cuáles eran los temas a tratar. Es una gracia que se experimenta al venir a Roma, a las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo. Visitar las cuatro Basílicas romanas y en nuestro caso también la Basílica de los 12 apóstoles donde están Felipe y Santiago, patrones de Montevideo y Uruguay, y está también la réplica de la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de Uruguay. Ese momento de gracia fue preparar el encuentro con el sucesor de Pedro y los grandes temas que queríamos tratar con él.

¿Cómo vivieron el encuentro personal con el Papa Francisco?

Hay un hecho que me parece muy interesante. Sucedió hace unos días, el 12 de noviembre, pa- ra nosotros es la peregrinación anual a la Virgen de los Treinta y Tres. Allí fuimos a poner la visita ad limina en las manos de la Virgen. El obispo auxiliar de Monte- video, que fue quien predicó, le hizo a la gente dos preguntas que al comienzo del encuentro con el Papa se lo pusimos de manifiesto Preguntó a los presentes: ¿le p demos decir al Papa que ustedes rezan por él? Y la exclamación con aplauso, vivas y síes fue unánime. Y la segunda pregunta fue: ¿le podemos decir que lo esperamos con los brazos abiertos en Uruguay? Y ahí la exclamación fue más fuerte. Yo llevo tres visitas ad limina, y esta fue diferente a los anteriores. Primero con san Juan Pablo II, después con Benedicto XVI y ahora con Francisco. El encuentro esta vez fue distinto porque en vez de hacer un discurso preparado, conversamos con él. Llegamos y las sillas estaban ya colocadas formando un círculo, y te recuerda a las «ruedas de amigos» donde te sientas a compartir un mate, algo que es lindo, dialogar, hacer una picadita. Esto habla de familiaridad y fraternidad. Y el encuentro con el Papa Francisco tuvo esa característica. No fue solo poner de manifiesto las cosas lindas y bellas de las diócesis sino también las preocupaciones que tenemos.

¿Qué le transmitieron al Pontífice sobre su realidad uruguaya?

Las letanías de nuestra visión de la realidad que siempre la queremos ver con corazón y ojos de pastores. No somos ningunos sociólogos ni analíticos de situaciones y realidades, pero nos hace percibir la búsqueda de la gente, y eso lo pusimos de manifiesto al Santo Padre. Nosotros tratamos de acercarnos con valor de cercanía, familiaridad, solidaridad. Y el Papa nos animó a una vitalidad de pastoral juvenil, seguir viviendo la alegría del Evangelio… los grandes temas de su pontificado. Nosotros salimos del encuentro muy animados, alegres y para mí fueron más de dos horas de gozo- so encuentro. Se trató de algo muy familiar, hablando según nos venían los temas. Fue un encuentro de mucha gracia de Dios en esta tercera visita que vivo como obispo.

¿Qué temas eran importantes para ustedes poder abordar?

Uno de los grandes temas es siempre el tema de la evangelización. Cómo llegar y llevar al hombre y a la mujer uruguaya la alegría del Evangelio. Ese es el gran desafío. El Papa nos dejaba hablar e intervenía. Había un moderador, pero fue un diálogo muy natural. También le quisimos hacer llegar la cercanía de la gente. Y le trajimos unos regalos de cada diócesis, cartas de algunos fieles. Y le trajimos un abrigo de lana uruguaya.

¿Qué supone para los obispos venir a Roma y realizar la visita ad limina?

El pasar por los diversos organismos de la Santa Sede para nosotros es una riqueza de diálogo y de presentar nuestras preguntas y problemáticas para las que queremos pedir indicaciones. En mi experiencia, las visitas ad limina son siempre ocasión para irse de Roma animado por la gracia y lo que significa la oración y el sentido profundo de lo que estamos viviendo; y por la voz de aquellos que tienen la misión en la Iglesia de ayudarnos en nuestro ejercicio de ministerio episcopal.

Dentro de poco tiempo el Papa regresa a América Latina, visitará en enero Chile y Perú. ¿Cómo cree que estas visitas ayudan a los fieles de todo el continente?

Es verdad el sentido de unidad vivido gracias a Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (CELAM). Creo que es un organismo pionero de unidad episcopal que tiene una historia muy larga, desde antes del Concilio. Y esto ha sido y es un fuerte instrumento de comunión. Existe una fuerte vinculación de las Iglesias. Por ejemplo, he sido invitado como presidente de la Conferencia Episcopal de Uruguay a estar en Chile y Perú. Y por eso auguramos y nos alegramos de que la Iglesia Peruana y Chilena tengan esta gracia. Estuve en Colombia cuando el Papa llegó a Bogotá. Vi el fervor de la gente, la alegría por recibirlo. Vi una Iglesia organizada y una Iglesia abierta a escuchar la palabra del sucesor de Pedro. Es necesario preparar el corazón a escucharlo, a recibir su mensaje, a seguir descubriendo en sus signos las cercanía de Dios. Y sobre todo, creo que es más que significativo que en su exhortación apostólica La alegría del Evangelio él nos invita a descubrir brotes de resurrección en la vida de nuestros pueblos, en la vida cotidiana. Corazón y oídos abiertos a escuchar su palabra. Ver caminos y discernir los signos de los tiempos.

El Papa Francisco ha convocado ya un sínodo para la Amazonia, ¿qué importancia cree que tendrá este Sí- nodo para la Iglesia y para el mundo?

Creo que es fundamental. Creo que también en su magisterio con la Laudato si’ da ya orientaciones precisas. Nosotros de alguna manera, por la zona y la conformación de pueblos, el tema del acuífero guaranítico, la gran reserva de agua que tenemos bajo nuestro suelo, nos hace pensar también esa realidad tan profunda de la riqueza de la naturaleza. El hombre no es dueño, es administra- dor. Como Iglesia y como humanidad tenemos que tener el corazón abierto a saber descubrir los regalos que el Creador nos ha dado.

Uno de los temas que más preocupa al Papa es salir hacia las periferias, para la Iglesia en Uruguay, ¿cuáles son las periferias?

No es fácil enumerar y priorizarlas. Pasa mucho encontrar personas que se profesan creyentes pero no participantes de la vida de la Iglesia. Y entonces hay que salir mucho a las periferias que son los nuevos barrios en las ciudades grandes. Es importante también la actitud que tenemos que tener ante tantos hermanos que no están integrados en la vi- da de la Iglesia y hay que ir, una Iglesia en salida. Esto se lo digo mucho a la gente en mi catedral. Tenemos algo tan significativo como una puerta que se abre hacia fuera. ¿Qué significa abrir la puerta hacia fuera? Salir tal y co- mo nos invita al Papa. La nueva evangelización es muy urgente: métodos y expresiones para acercarnos al que aparentemente está alejado de la Iglesia.