Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Entrevista a Monseñor Pablo Galimberti

LA REPÚBLICA |

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Este año el obispo de Salto, monseñor Pablo Galimberti cumplió 73 años de vida y 30 años de su ordenación episcopal, siendo uno de los referentes religiosos más importantes de nuestro país.

Como sacerdote, ¿cuál es su punto de vista de la realidad que hoy nos muestra nuestro país?, ¿han decrecido los fieles? ¿existe cierto descreimiento a la Iglesia?

No hay duda que para nosotros en el conjunto de situaciones en lo personal, no solo nos interesa los números, lo macros sino la situación personal. Lo que golpea, lo que entristece, lo que lleva al borde de la angustia, de las desesperaciones, de adicciones, de la pérdida.

Y en medio de todo esto evidentemente nosotros como cristianos, como gente que profesamos una fe, intentamos vivir y ayudar a aquellos que quieren crecer si tienen fe, los que descubrir las huellas de Dios en el mundo; descubrir porque la vida -aún en los momentos mas exitosos- los encuentra con ese puñal clavado en la felicidad que te deja con enormes angustias.

Y evidentemente nosotros estamos inmersos en esta realidad uruguaya. En lo personal asimismo veo cosas positivas, aspectos que crecen como mayor bienestar.

Pero también de las otras, como personas que no han alcanzado niveles de acceso a porciones de bienestar, sobre todo las zonas de campaña, con escuelitas que se cierran, con pueblos donde todos los jóvenes del lugar no trabajan ni estudian y son situaciones que golpean mucho y que piden a gritos a la Iglesia. Nosotros quisiéramos responder también.

Pero ya que menciona esa cantidad de problemas ¿hay alguna manera de ayudarlos?
Siempre se puede hacer algo cuando uno detecta esto. Lo primero es entrar en contacto con gente que puede ayudar ya sea en lo educativo o trabajar en red, porque estos fenómenos son tan duros, que si bien el cura puede aportar, queremos construir juntando gente de buna voluntad que está dispuesta a colaborar.

La condición humana está desmejorada, los vínculos humanos también, la condición de no tener futuro, familia, educación… es un panorama que nos obliga a actuar urgentemente.

¿Y ese deterioro de los valores, de la familia, etc, se puede relacionar de alguna manera al hecho que hoy existen menos jóvenes dedicados al sacerdocio?
El camino hacia el sacerdocio siempre es complejo por eso no hay números grande de jóvenes con esa inquietud.

Esa actitud que un joven cristiano llega a plantear, en la edad de los 15 y 20 viendo esta realidad, teniendo este camino de fe, se pregunta si podrá hacer algo al respecto, si tendrá Dios un llamado para que se dedique a esto.

E igualmente algunos toman el camino de prepararse y como toda carrera, evidentemente algunos la atraviesan y llegan a la meta pero no todos lo hacen.

No tenemos el número de sacerdotes que necesitaríamos pero por ejemplo como obispo de la diócesis de Salto, que abarca Artigas, Salto Paysandú y Río Negro. Son 366.145 personas según el censo de un territorio de casi 60.000 y apenas hay 35. Poco para tanta cantidad de gente, ciudades muy pobladas.

La Iglesia en los últimos tiempos se ha visto salpicada con hechos como denuncias de curas pedófilos, aunque el Papa ha dicho que hay que tener mano dura. ¿Cuál es la opinión que le merece estas situaciones?
Es una realidad, que es dolorosa pero felizmente se ha puesto sobre la mesa. Los problemas aunque sean graves no hay que ocultarlos, sí tratarlos con la reserva que amerita, pero hay que tener firmeza y claridad. Ya el Papa anterior Benedicto XVI dio un paso importantísimo, al decir en esto no hay que tranzar.

Creo que no hay que tratarlo con hace décadas, en la sociedad o en la propia la familia, cuando pasaba esto y decíamos, bueno lo trasladamos, lo cambiamos, con la “esperanza” de que con el tiempo podía cambiar. Pero no cambiaba y había abusadores.

Creo que eso duele, deja huellas, heridas y es una responsabilidad gravísima y punto en el cual tenemos que trabajar desde los tiempos de la formación. Si hay uno que por sus características de personalidad se ve que no tiene aptitudes de ser educador, que ni tiene condiciones de ser una persona con el equilibrio psicológicos y afectivo para educar jóvenes, más vale apartarlo y decirle que no es su camino. Ante hechos consumados la línea no es tapar sino la obligación de los obispos es operar con la justicia divina pero jamás ocultarlo.

¿Es mucho más difícil ser sacerdote en Montevideo o lugares más poblados, que en áreas rurales? ¿Cambia el trato, el abordaje hacia el otro o eso no se toma en cuenta?
Cada uno se amolda al lugar donde está. Por ejemplo Salto que tiene un polo universitario y uno podría decir que analogamente tiene parecido con algunos aspectos a Montevideo aunque con una escala menor.

Pero creo que uno se va haciendo al medio por más que hay personas que tiene más aptitudes para trabajar en zonas de campañas porque hay que recorrer, visitar, poblaciones que están distantes a muchos kilómetros. A veces en la capillita hay de pronto cinco señoras y eso desanima un poco pero a la vez obliga a redoblar el esfuerzo.

Y en cuanto al gobierno de turno, muchas veces la Iglesia trabaja de alguna manera en sintonía con el gobierno en temas sociales puntuales.

Estamos en algunos sectores de la sociedad donde se trabaja con adultos, con jóvenes o infancia, incluso en algunas parroquias al lado tienen centros CAIF. Es una colaboración, es darnos la mano en muchos aspectos con la identidad obvia que tiene la Iglesia. Incluso si un sacerdote ve en algún barrio que hay requerimiento de ayuda, se mueve enseguida la gente de la parroquia para organizar la ayuda inmediata. Es una colaboración mutua que hacemos la fuerzas sociales para atacar apoyar y beneficiar a las familias.

¿Ha llamado la atención que los poblaciones que van actualmente a las misas o a alguna actividad parroquial son mayores? ¿Es así efectivamente?
Efectivamente noto que en algunas misas hay un envejecimiento de los que concurren. Los jóvenes son menos pero en algunas de las misas aun se rescatan. Hay grupos que tienen sus encuentros, sus retiros, como forma de poder conversar con las familias. Ahora en la segunda semana de agosto, vienen algunos jóvenes de España y van a realizar en Melo, Río Branco, actividades intensivas en espacio de tiempo corto con ese fin.

El papa Francisco, por ser argentino beneficia a la hora de escuchar su mensaje, es beneficioso para la Iglesia tener un Papa latinoamericano y en nuestro caso de un país vecino?
Beneficia enormemente. Con los sacerdotes de esta Diócesis analizábamos un documento muy lindo del Papa, donde hablaba de la alegría del evangelio donde invoca algunos aspectos de la situación religiosa, social, cultural, económica y evidentemente muchas de sus expresiones, eran exactas y adecuadas porque lo dice con el lenguaje nuestro.

Para nosotros es una ventaja porque no están traducidos de una lengua extranjera. Hay un lenguaje directo sobre que sentido le damos a la vida, por lo que es una ventaja. Estamos sumamente contentos con este Papa con su modo y con su llegada a los jóvenes.

El 18 de marzo de 2014, el pastor y la comunidad diocesana celebrarán este aniversario con una misa el miércoles 19 de marzo, Fiesta de San José, en la Catedral de Salto, a las 19 hs.

Pablo Jaime Galimberti di Vietri nació el 8 de mayo de 1941 en la ciudad de Montevideo. Ordenado sacerdote el 29 de mayo de 1971 por imposición de manos de monseñor Carlos Parteli, entonces arzobispo de Montevideo. Luego de sus estudios en el exterior, su experiencia como docente en la Facultad de Teología y formador del Seminario; el 12 de diciembre de 1983, el Papa Juan Pablo II lo designó obispo de la Diócesis de San José de Mayo, que comprende los departamentos de San José y Flores. Fue ordenado obispo y tomó posesión de la Diócesis el 18 de marzo de 1984.