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La Iglesia en los medios En Uruguay, hace años que religiosas bautizan y presiden matrimonios

LA REPÚBLICA |


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Para Francisco planteó el pasado jueves “abrir el camino” al diaconado a las mujeres.

Participantes en la asamblea de la Unión General de Superioras Generales (UISG) de a Iglesia Católica fueron recibidas el pasado jueves por el papa Francisco en el Vaticano, y entre los temas que dialogó con las religiosas, se destacó que el santo padre manejó la posibilidad de abrirle a las mujeres el camino al diaconado, que entre otras posibilidades, les brindaría a las religiosas el poder de bautizar a las personas y presidir ceremonias de casamiento.
Ante esta posibilidad, un medio local del departamento de Cerro Largo, según publica en su web la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) www.igleisacatolica.org.uy, entrevistó al obispo de Melo, monseñor Heriberto Bodeant, quien ante la consulta de si esto era posible que ocurriera en nuestro país, puntualizó que “en Uruguay y en muchos países del mundo, hace años que hay religiosas que bautizan y presiden la celebración de matrimonios”, y aclaró que “no son diaconisas”.
El religioso, que compartió íntegramente la entrevista en su blog “Dar y comunicar”, añade que se trata de las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima (MJVV), que tienen a su cargo la atención pastoral de las parroquias de Santa Clara de Olimar y Tupambaé, y también comunidades en las Diócesis de Salto y de Mercedes. “Ellas están facultadas por el obispo para celebrar bautismos y presidir la celebración de los matrimonios. Las MJVV fueron fundadas hace más de 50 años en Perú, por el obispo de la prelatura de Caravelí, Mons. Federico Káiser, que contaba con muy pocos sacerdotes y fundó esta congregación religiosa para atender en forma permanente parroquias y bases misioneras a las que los sacerdotes podían llegar sólo ocasionalmente”, señaló el obispo de Melo.

Condiciones para bautizar
Bodeant también detalló que “desde su origen, la Iglesia tiene claro que, en caso de necesidad, puede bautizar cualquier persona, incluso aunque ella misma no esté bautizada, cumpliendo tres condiciones: primero, utilizar agua, que es la materia propia del bautismo. Simplemente agua: no es necesario que sea agua bendita; segundo, utilizar la fórmula “N. yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, es el mandato de Jesús en el Evangelio de San Mateo (28,19) “Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”; tercero, muy importante: que esa persona tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia”.