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Mirando con Dios este tiempo

Noticeu En la Misa Crismal, el Papa recuerda la dinámica de la misericordia que crece a través de pequeños gestos

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( L’Osservatore Romano) Una misericordia «en camino» que «cada día busca el modo de dar un paso adelante»: es la dinámica del amor de Dios indicada por Francisco a los numerosos sacerdotes que en la basílica vaticana han concelebrado con él la misa crismal del Jueves Santo en el año del jubileo extraordinario. El 24 de marzo por la mañana, en el altar de la Confesión, el Papa ha presidido la tradicional ceremonia caracterizada por la renovación de las promesas sacerdotales, la bendición de los aceites y la consagración del crisma.

En la homilía Francisco ha recordado que «Jesús no confronta para consolidar un espacio de poder», es más «si rompe cercos y cuestiona seguridades es para abrir una brecha al torrente de la misericordia». Esta, por otra parte, «es infinita e inefable», siempre en movimiento y cada día da «un paso adelante, un pasito más allá» incluso donde reinan «la indiferencia y la violencia».

En resumen, ha explicado Francisco, la dinámica del amor divino —bien representada por la del buen Samaritano— es aquella capaz de enlazar «un pequeño gesto con otro, y sin maltratar ninguna fragilidad, se extiende un poquito más en la ayuda» de los demás. Es aquella que consigue «romper esos moldes estrechos en los que tantas veces encasillamos la sobreabundancia de su corazón». De ahí la renovada invitación a los presbíteros a «salir de los encierros» para ser «testigos y ministros de la misericordia».

A continuación, Francisco se ha centrado en dos ámbitos en los que el Señor «“se excede” en su misericordia»: uno es el del encuentro; el otro, el de su perdón. En cuanto al primero, el Papa ha sugerido preguntarse si después de hacer la confesión puedo festejar o paso rápido a otra cosa: «como cuando después de ir al médico, uno ve que los análisis no dieron tan mal y los mete en el sobre». Y si cuando doy una limosna, «le doy tiempo al otro a que me exprese su agradecimiento y festejo «su sonrisa y esas bendiciones que nos dan los pobres», o sigo «apurado» con mis cosas.

Pero es sobre todo en el exceso de misericordia en el perdón que los sacerdotes están llamados a medirse a sí mismos, sin dejarse aprisionar—ha dicho el Papa— por «teologías complicadas», a causa de las cuales «sentimos que nuestra alma anda sedienta de espiritualidad pero no por falta de agua viva que bebemos sólo en sorbos», sino «por exceso de espiritualidades “gaseosas”, de espiritualidades light». Las consecuencias de esto, descritas por Francisco, constituyen una especie de recordatorio para advertir a los sacerdotes de hoy de algunas tentaciones: entre ellas, la «mundanidad virtual que se abre o cierra con un simple click», y «la fascinación de mil propuestas de consumo que no nos podemos quitar de encima para caminar, libres, por los senderos que nos llevan al amor de nuestros hermanos, a los rebaños del Señor».

Se trata, por lo tanto, de mirar con ojos misericordiosos a ese «pueblo pobre, hambreado, prisionero de guerra, sin futuro, sobrante y descartado, a quien el Señor convierte en pueblo sacerdotal». Y «como sacerdotes —ha puntualizado el Papa— nos identificamos con ese pueblo descartado».

Palabras que se vuelven testimonio elocuente en el gesto que Francisco realiza el Jueves Santo por la tarde, visitando el centro de acogida Castelnuovo di Porto donde celebra la misa in coena Domini y realiza el rito del lavatorio de los pies con algunos refugiados de la estructura.

Homilía del Papa