Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios En busca de los valores cristianos [Opinión]

LA REPÚBLICA |

A medida que pasa el tiempo desde que asumió al frente de la Iglesia Católica, el papa Francisco va afirmando su imagen de auténtico cristiano, demostrando con palabras y con hechos su disposición a que la Iglesia observe con mayor convicción los principios del cristianismo.

Hace dos días, el pontífice se refirió al drama de los inmigrantes, precisamente en la isla que es la puerta de entrada a Europa de las oleadas de inmigrantes que, provenientes del África, intentan lograr una vida mejor que la que se les ofrece en sus tierras de origen. Visiblemente conmovido por esa realidad brutal que desnuda las indignantes injusticias del mundo de hoy, Francisco realizó un vibrante alegato contra la indiferencia y la insensibilidad y a favor de la “responsabilidad fraternal”, un valor que se ha perdido como consecuencia de la “cultura del bienestar”, una suerte de individualismo hedonista globalizado.

Ya a poco de haber sido elegido para ocupar el trono de San Pedro, el cardenal Bergoglio había expresado su intención de que durante su pontificado la Iglesia se despojara de oropeles, abandonara el fasto y velara más decididamente por los pobres.

Al mismo tiempo, en cada ocasión propicia, el papa Francisco ha condenado el capitalismo salvaje y sus valores profundamente anticristianos.

Es que toda la construcción ideológica del capitalismo se fundamenta en una escala de valores que están en las antípodas de las enseñanzas de Cristo, y cuesta entender cómo hace un capitalista católico para compatibilizar la fraternidad cristiana (el amor al prójimo) con la búsqueda del éxito individual y la insensibilidad ante el sufrimiento de los postergados y excluidos.

Este comienzo del tercer milenio nos muestra una exacerbación del individualismo y una profundización mayor aún de las injusticias e iniquidades que necesariamente supone un modo de producción basado en el afán de lucro. De ahí la fiebre consumista que, como una pandemia, se instala en todos los estratos de la sociedad para alienar a los individuos y hacerles perder de vista aquello por lo que vale la pena vivir. Para los más sumergidos, la permanente incitación al consumo los lleva a tratar de obtener los bienes materiales que los harán “felices” (según se desprende de los mensajes publicitarios engañosos) por medios prohibidos por la ley; y para los otros, significa la carrera desenfrenada tras los nuevos modelos de automóviles o lavarropas.

No es de extrañar, pues, la buena sintonía, la empatía surgida entre Jorge Bergoglio y José Mujica, ya que ambos tienen la misma percepción sobre estos problemas que enfrenta el mundo de hoy.