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La Iglesia en los medios Empieza mañana en el Vaticano el segundo juicio por “Vatileaks”

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El mayordomo del Papa

El juicio contra el informático Claudio Sciarpelletti, de 48 años, acusado de encubrimiento en el robo y difusión de documentos reservados de Benedicto XVI, comienza este lunes en el Vaticano y el presidente del Tribunal de Justicia, Giuseppe Dalla Torre, espera que sea breve.

Por este caso, conocido como “Vatileaks”, el exmayordomo del papa, Paolo Gabriele, de 46 años, fue condenado el pasado 6 de octubre a 18 meses de cárcel, que cumple desde el 25 de octubre en una celda del Vaticano.

Sciarpelletti, empleado en la Secretaría de Estado, iba a ser juzgado en el mismo juicio contra Gabriele el pasado 29 de septiembre, pero el Tribunal presidido por Dalla Torre, a petición de Gianluca Benedetti, abogado del informático, separó los dos casos y decidió que fuera juzgado más adelante, una vez concluido el proceso a “Paoletto”, como es conocido el exmayordomo.

Benedetti dijo en la audiencia de ese día -a la que no asistió el informático- que Sciarpelletti se declaraba inocente y alegó que su defendido nunca encubrió al exmayordomo.

“Al contrario, en el momento en el que le fue encontrado un sobre con documentación reservada vaticana, reconoció que se la había dado ‘Paoletto'”, afirmó.

Sciarpelletti fue detenido el 25 de mayo, un día después que Gabriele, tras encontrar los gendarmes del Vaticano en un cajón de su mesa un sobre con documentos que, supuestamente, le dio Gabriele.

Pasó una noche detenido y fue puesto en libertad provisional una vez que declaró ante la policía judicial y se vio el contenido del sobre.

El informático dijo que el sobre le fue entregado hacía dos años con el objetivo de que viera los documentos y expresara su opinión, pero que no le interesaba el tema, nunca lo abrió y se olvidó de él, permaneciendo todo ese tiempo en el cajón.

Según la sentencia por la que el juez instructor Pier Antonio Bonnet ordenó que fuera juzgado, Sciarpelletti dio versiones diferentes a los investigadores.

En una primera declaración dijo que el sobre se lo había entregado el propio Gabriele y en otra que se lo había dado una persona identificada en el texto de esa sentencia con la letra “W” para que los conservase y los entregase al exmayordomo.

“W”, se informó después, es monseñor Carlo María Polvani, que trabaja en la Secretaria de Estado (la “presidencia del Gobierno” de la Santa Sede).

En otro momento, Sciarpelletti dijo a los investigadores que sólo mantenía con Gabriele buenas relaciones de trabajo y en otra declaración aseguró que eran muy amigos y que incluso las dos familias salían juntas.

En todo ello, el juez instructor vio un obstáculo a la labor de la justicia.

Monseñor Polvani es sobrino del arzobispo Carlo María Vigano, actual nuncio en Estados Unidos y ex secretario general del Governatorato de la Ciudad del Vaticano (Gobierno que gestiona este Estado), quien envió el pasado año varias cartas a Benedicto XVI en las que denunciaba la “corrupción, prevaricación y mala gestión” en la administración vaticana.

Esas cartas fueron filtradas por Gabriele al periodista italiano Gianluigi Nuzzi, que las hizo públicas en un programa de televisión y en su libro escándalo “Sua Santita”, en el que desveló un centenar de documentos vaticanos que desvelan tramas e intrigas en el pequeño Estado.

Polvani está llamado como testigo en el juicio, que se celebrará, al igual que el de Gabriele, en el Tribunal de Justicia del Vaticano.

También están llamados como testigos Gabriele; Domenico Giani, jefe de la Gendarmería vaticana; William Kloter, vicecomandante de la Guardia Suiza, y el gendarme Gianluca Gauzzi Brocoletti.

Sciarpelletti puede ser condenado hasta con un año de cárcel, según la legislación del Estado de la Ciudad del Vaticano.

El juez Dalla Torre manifestó hace varios días que el juicio será “rápido, breve”, ya que el delito que se imputa a Sciarpelletti es “en realidad poca cosa”.

Dalla Torre precisó que “más que otra cosa, se trata del hecho de que dando versiones distintas en los interrogatorios a los que fue sometido, el informático obstaculizó “de alguna manera las investigaciones”. EFE