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La Iglesia en los medios El pastor y el lobby gay

SEMANARIO BRECHA |

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Luego de que el pastor Márquez atacara al colectivo LGTBI y a la agenda de derechos que promueve el gobierno, desde el oficialismo se preguntan quién controla lo que sucede en Beraca.

El pastor Jorge Márquez –líder de la iglesia Misión Vida y de los hogares Beraca–, no se detuvo en matices y provocó un pequeño escándalo veraniego al decir y luego reafirmar públicamente que el lobby gay y su “ideología de género” impulsa el sexo con animales y con niños. “Hay que mirar al mundo porque eso viene para acá”, explicó convencido en un programa de tevé. Las reacciones no se hicieron esperar y ante la virulencia de sus dichos, algunos sectores del partido de gobierno evalúan recorrer distintos caminos legales –incluyendo la denuncia penal por incitación al odio y daño moral– para que quede claro que no puede ser gratis decir que la comunidad gay promueve la pedofilia ni atacar frontalmente la agenda de derechos que las administraciones frenteamplistas han impulsado. “Una cosa es dar una opinión y otra cosa es decir que un colectivo, en este caso el colectivo gay, promueve la pedofilia. Lo dijo explícitamente. Está diciendo que la comunidad homosexual hace apología del delito y promueve una práctica que todo el mundo repudia. Hay un daño moral bien claro”, dijo a Brecha Romina Napiloti, dirigente del grupo frentamplista Ir. En opinión de ese sector político, “el Estado debería intervenir. La discriminación es grave y este gobierno tiene una clara agenda contra la discriminación”.

Para la diputada Berta Sanseverino (au) –que ha investigado las prácticas dentro de los hogares Beraca y el discurso ideológico del pastor–, Márquez “ataca constantemente, desde 2002 hasta ahora, la agenda de derechos que hemos construido en estos años democráticamente, con toda la sociedad. Denigra, discrimina, genera una mirada odiosa hacia los sectores lgbti”.

“Tenemos que reafirmar ciertos principios. Hay que denunciarlo, dejarlo en evidencia, hay que meterse”, dijo Sanseverino a este semanario. En ese sentido, la legisladora le envió el pasado 8 de febrero una carta a la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, donde expresa textualmente: “Mi gran preocupación es que dicho pastor administra los hogares Beraca que reciben a personas de sectores muy vulnerables y considero que los organismos del Estado deberían estar muy vigilantes en garantizar los derechos humanos de dichas personas. Como medidas de prevención considero que los organismos del Estado no deben derivar ni conveniar con dichos hogares”.

Nicolás Iglesias, un trabajador social especializado en la investigación de organizaciones basadas en la fe, que ha denunciado en distintas oportunidades las prácticas dentro de los hogares Beraca, dijo a Brecha, que este discurso de ver al distinto como un enemigo, como alguien peligroso que viene a destruir la familia y los valores de la sociedad judeo cristiana, está muy presente en todos los grupos religiosos conservadores. “El discurso de la ideología de género como algo satánico y proveniente del lobby gay no es un invento de Márquez. Es la matriz cultural religiosa que viene de hace mucho tiempo y con mucho arraigo.”Se trata, explica, de un movimiento religioso nacido en los setenta, llamado la Mayoría moral, vinculado al partido republicano, que defiende el mito fundante de la nación cristiana estadounidense, que se manifiesta a favor de la familia tradicional. “Lo que pasa acá con Márquez pasa hace muchos años en el mundo. En Colombia, en Brasil, en Guatemala, en Estados Unidos… vienen ganando. No son una minoría relegada. Tienen mucho más poder que los grupos religiosos más progresistas”, indica Iglesias. Para esta derecha religiosa, todo lo que es feminismo, Lgtbi y comunismo, es satánico, proviene del mal. Para Iglesias es bueno que algunos sectores de la izquierda comiencen a percibir que este discurso religioso no pretende quedarse en el templo, sino que se mueve hacia la arena política, que tiene presencia parlamentaria, que se vuelve reflejo de la opinión de un sector de la población y que plantea un problema cultural que hay que discutir.

DENUNCIADOS. Más allá de las últimas declaraciones de Márquez, las prácticas dentro de los hogares Beraca han sido muchas veces denunciadas. En los más de 50 hogares que están dispersos en todo el territorio nacional, se atienden sobre todo situaciones de consumo problemático de drogas en una población que no tiene recursos para pagar internaciones privadas ni acceden a los pocos dispositivos estatales previstos para eso –como el Portal Amarillo–. Según explicó Sanseverino a Brecha, “ellos dicen que sólo dan amor y acompañamiento como en una familia. No declaran hacer rehabilitación ni terapia. Nosotros queremos informar que hay hogares que utilizan a la gente, que se enriquecen con su trabajo y que se corre el riesgo de que se apliquen con ellos políticas que van en contra de lo que nosotros avanzamos. ¿Qué pasa si llega a un hogar un chico gay? ¿Cómo se lo trata?”

Los denunciantes declaran haber sido violentados y presionados psicológicamente en una situación de adoctrinamiento proselitista religioso obligatorio o político (hubo denuncias sobre retención de credenciales y manejos con el presupuesto participativo), en un marco de dependencia, y explotados laboralmente en una situación que Sanseverino califica de “disfrazada de voluntariado”. Varias fuentes consultadas para esta nota coinciden en que además, trabajan en un modelo de atención que en lugar de desarrollar herramientas para independizarse de la adicción y del propio hogar, apuntan a generar una relación de sumisión y jerarquía, donde la palabra del pastor no puede ser cuestionada. Denuncian mala alimentación y un escenario de semiencierro, donde no pueden manejar dinero, llamar por teléfono o salir libremente. “Tienen prácticas sectarias, que tienden al aislamiento social, a la vida en una suerte de circuito cerrado. Casi todas las personas que integran la organización tienden a solucionar toda su vida en el mismo entorno de la iglesia. Cuanto menos participación con el afuera mejor. El mundo es lo peligroso, ahí están los que están en contra de los que están adentro. Y si te vas sos estigmatizado y señalado. Y si tenés una recaída y querés volver, la hostilidad y la censura serán muy fuertes”, asegura Iglesias. Por miedo a las represalias que recibieron los que han hablado, otros no se animan a denunciar. “Muchos de los que denunciaron reciben ataques en las redes, a nivel emocional, les dicen desagradecidos y que dios los castigará por traicionar a la mano que les dio de comer…”

VACÍOS. ¿Y por qué si sus prácticas son tan cuestionadas y su cosmovisión tan alejada de la sensibilidad del gobierno, logran que diversas instituciones estatales cuenten con ellos para cierto tipo de intervención en el terreno? ¿Por qué reciben derivaciones del Estado: juzgados y defensorías, el Mides, la Policía, el Inau, los hospitales públicos y privados, intendencias y municipios? ¿Por qué las familias de los internados e incluso algunos usuarios defienden tan tajantemente la gestión de los hogares?

Cuentan quienes han estudiado el fenómeno que los hogares Beraca nacieron muy cercanos a la crisis de 2002 y fueron creciendo en las distintas áreas donde no había previstas políticas sociales o no eran suficientes. Misión Vida se organiza en 17 templos, 52 hogares Beraca y 250 células (pequeños grupos de evangelización que se reúnen en casas de familia liderados por alguien de la iglesia) y tienen una marcada descentralización. Esa presencia territorial les asegura cercanía. Una proximidad que no tiene el Estado.

Sanseverino explica que el trabajo técnico que hace el Estado se diferencia mucho de este acompañamiento tipo de familia que hacen en Beraca. “Crean comunidad y eso es muy fuerte. De tarde, los domingos, la gente llega en familia a la iglesia, todos arregladitos, tienen torta, tienen música, ahí hay lo que la gente no tiene. Ahí encuentra afecto, son muy cariñosos… vienen y se sienten motivados por el encuentro y buscando la salvación mediante un fin altruista.”

Alcanzaron legitimidad social por atender una problemática a la cual el Estado no está pudiendo dar respuesta o porque sus intervenciones tampoco cubren las necesidades emocionales y afectivas que demandan las personas y Beraca sí brinda. “Las familias que se manifiestan agradecidas por la propuesta es porque encuentran una respuesta que no hallaron en otros lados”, explica Iglesias. “Tanto en adicciones como en otras problemáticas, hay una dimensión afectiva y de familia y amor que no pueden exigirse ni garantizarse en una política pública. En ese sentido Beraca logra reconocimiento y aceptación.” Una de las madres que fue a dar su testimonio en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento el año pasado decía: “Yo también golpeé todas las puertas. Fui a cuanto lugar existía. Para el pobre no existe un chico con adicción. Para nosotros, los hijos son ‘esos pichis drogadictos’; así es como los ven nuestros vecinos, familiares y la sociedad a partir de que se drogan”.

Dice Sanseverino que “esas familias, cuando vos les hablás de derechos humanos o derechos vulnerados, te anteponen otros derechos, te dicen ‘a lo mejor lo botijean un poco, o lo hacen trabajar, o lo maltratan un poco, pero me le salvaron la vida al chiquilín que estaba a la miseria. O terminaba en una zanja o preso, así que si hago la ecuación, que lo hagan trabajar y no le paguen no me parece tan malo’”. Por otra parte, según dijeron varias fuentes, los costos de atención en Beraca son muy bajos. Comparando lo que cuesta un día en Beraca y un día en el Inau o en algún refugio del Mides, son costos muy bajos, eso también le es funcional al Estado porque de ese costo le toca poner muy poco. “Si el Estado tuviera que absorber esa población con una propuesta profesional, posiblemente no esté en condiciones de hacerlo”, opina Iglesias.

Y a pesar de que según dice Sanseverino, hay voluntad en el gobierno para controlar el accionar de estos hogares, también “hay una cierta cautela, porque no se puede dar respuesta a todos los que necesitan, que a pesar del esfuerzo gigantesco en poner dispositivos de atención, no se da abasto”.

Por otro lado, la discrecionalidad con la que trabajan en Beraca, se explica por varios vacíos legales en el control del accionar de estos grupos. El Mec no tiene funcionarios ni capacidades técnicas y humanas para hacer controles de las organizaciones de la sociedad civil. El presidente de Anong, (organización que nuclea a estas instituciones), Pedro del Prato, dijo a Brecha que Beraca no es socio de la institución,“entonces tampoco tenemos mucha claridad de cómo trabajan. Ahí hay problemas desde la institución en sí, en referencia a la transparencia y cómo lleva adelante sus procesos, pero también de las contrapartes con las que hace convenios, que los habilitan a actuar en ese marco”. Del Prato cree que hay fallas o vacíos legales en ese sentido “y ellos se apoyan en eso. Falta una ley de voluntariado que considere y defina bien los parámetros que lo rigen”.

En el mismo sentido se manifestó Sanseverino: “Uruguay da las personerías jurídicas prácticamente sin control. Y eso te da una serie de derechos. Tiene que haber un control y en eso quedamos en trabajar, al igual que en la ley de voluntariado.”

Iglesias opina que “la ley de voluntariado actual permite estos huecos. No lo debería permitir la ética, porque hay prácticas que son ilegales, pero como suceden dentro de la institución religiosa, el Estado tiene mucho miedo de intervenir. Hay una gran separación de la esfera religiosa y la estatal y por ende, mucha cautela del Estado para intervenir”. Cree que no debería ser así, porque estos espacios opacos de la legislación, dejan campo abierto para mucha cosa: exoneraciones impositivas, posibilidades para el lavado de activos, manejo irregular de lo productivo, los diezmos… todo eso está por fuera del control del Estado.

Napiloti por su parte opina que “Beraca está llenando un vacío. Igual que Remar. No estamos pudiendo generar dispositivos que den lo que da Beraca. Ahora el Estado necesita llenar ese vacío. Si no existe otra cosa, aunque no nos guste el modelo de Beraca, es lo único que hay para trabajar en el territorio. Ese vacío se llena con presupuesto y voluntad política. Pero eso no está sucediendo”.