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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios “El Papa no es un superhombre” (Entrevista a ex embajador Cayota)

LA REPÚBLICA |

Mario Cayota (La República)

Mario Cayota, ex embajador de Uruguay en el Vaticano entre 2006 y 2011, señaló la trascendencia de la renuncia del papa Benedicto XVI, que se efectivizará en esta jornada, y consideró que será una señal para la renovación de la Iglesia Católica.

El mundo y en particular la grey católica asisten con asombro a un nuevo relevo en la Santa Sede. Se ha calificado esta declinación como un acto de valentía. ¿Qué significado tiene para usted la renuncia de un Papa, y en particular, la renuncia de este Papa?

La renuncia de un Papa significa y recuerda que más allá de la importantísima tarea que este desempeña, ella está desarrollada por un hombre sujeto a las mismas limitaciones propias de la naturaleza humana de cualquier persona y que Cristo quiere servirse de hombres como nosotros y no de superhombres; y eso se ve desde el principio de la Iglesia cuando eligió a los doce apóstoles. En cuanto al significado de la renuncia de Benedicto XVI en particular, al constituirse, después de tantos siglos que no ocurría, en antecedente reciente para el futuro, facilita a que otros papas puedan hacerlo con naturalidad. Hoy existen en la Iglesia corrientes de opinión, que teniendo presente las exigencias y urgencias propias de la sociedad moderna, se plantean hasta la conveniencia de que los papas se acostumbren, al llegar a determinada edad, a considerar la posibilidad de renunciar. No se olvide que a partir del Concilio Vaticano II, los obispos deben presentar renuncia a los 75 años, y el Papa es obispo de Roma..

Usted ha dicho que este hecho no lo ha visto con sorpresa, ¿por qué?

La renuncia de Benedicto XVI no me ha sorprendido, porque él ya había manejado la posibilidad, en el largo reportaje que hace dos años se le hiciera y que luego se convirtiera en libro. Por otra parte, también fue muy significativo que al momento de su elección como Papa, fuera a visitar, como se ha recordado, la tumba de San Celestino V, Papa que precisamente renunciara.

Pero hay otro dato importante: Ratzinger fue destacado perito en el Concilio Vaticano II, formando parte -hecho que en general se olvida- de un grupo de teólogos renovadores que propiciaban que los obispos renunciaran a determinada edad, inquietud que luego se plasmó en la ya aludida norma que determina que los obispos deben renunciar a los 75 años. Por todo lo dicho hay que descartar en absoluto todas las teorías y explicaciones de las llamadas de “tipo conspirativo”.

En su última misa, Benedicto ha hecho algunas apreciaciones críticas dirigidas al parecer a la interna de la propia Iglesia.

Las apreciaciones críticas de Benedicto XVI en torno a la Iglesia me parecen totalmente pertinentes. La Iglesia en su dimensión humana, y la historia se encarga de evidenciarlo, es una sociedad compuesta de seres humanos; el hecho de ser cristianos o incluso ocupar importantes responsabilidades en la Iglesia no los exime de ser pecadores y está muy bien que el Papa lo recuerde, porque la Iglesia debe estar purificándose siempre. El papa Juan Pablo II al comienzo del nuevo siglo pidió público perdón por los pecados de los hombres de Iglesia.

¿Qué importancia aprecia que tiene este proceso en última instancia para el Uruguay, la grey católica y la Iglesia en nuestro país?

Pienso que la renuncia de Benedicto XVI hará tomar una todavía mayor conciencia de las actuales tareas a las cuales se encuentra abocado el sucesor de Pedro, las cuales hoy demandan mucho mayores exigencias físicas que en el pasado. Que Juan Pablo II haya asumido su enfermedad como un testimonio a dar, es un gesto admirable y de gran heroicidad; pero quiero ser muy sincero: sus limitaciones de salud trajeron serios problemas para la administración de la Iglesia. Ninguna opción humana es perfecta. Por otra parte, la renuncia de Benedicto ha sido en general muy bien acogida por los fieles católicos e incluso por quienes no lo son. Por otra parte, me parece que es un buen antídoto contra cualquier germen de “papalatría”.

Como hombre de fe, ¿cuáles cree que deberían ser los lineamientos que inspiren la acción del nuevo papado? Como hombre político y dirigente democristiano, ¿qué expectativas tiene respecto de esto mismo y al futuro de la Iglesia en nuestro país y en el mundo?

Soy un simple laico de a pie -literalmente-, pero el Concilio Vaticano II nos recuerda el derecho y la obligación que como laicos tenemos de hacer conocer nuestra opinión. Opino, con el recientemente fallecido Cardenal Martini, que la Iglesia desde la tradición tiene que renovarse. Benedicto XVI ha dicho también que la tradición es progreso. No hay que crear dilemas de falsa oposición. Asimismo el fundador de la ” Teología de la Liberación”, Gustavo Gutiérrez, ha asegurado que la renovación debe ser profunda pero sin rupturas, basta leer su libro ” Beber de su propio pozo” para comprobarlo. Bueno es recordar que la “Teología de la Liberación”, contrariamente a lo que muchos aseguran, jamás ha sido condenada, y sobre alguna de sus corrientes, en carta de Juan Pablo II a los obispos del Brasil el 9 de abril de 1986, este ha afirmado que ” era útil y necesaria”. En este sentido junto a otros grandes cambios en la Iglesia, creo que ” la opción preferencial por los pobres”, hoy por algunos sectores un tanto relegada, debe asumirse con todas sus consecuencias. Simultáneamente, desde mi humilde posición, creo que ya es tiempo de volver a ciertas saludables prácticas propias de la Iglesia primitiva en cuanto a una mayor participación de los fieles en la elección de los obispos, como así reafirmar las reformas que se dieron en las celebraciones litúrgicas. También en cuanto a una revalorización del lugar y rol de la mujer en la Iglesia debe trabajarse mucho, y que esto se exprese en hechos concretos.

Usted trató y conoció personalmente a Benedicto XVI estando en el Vaticano como embajador de nuestro país. ¿Cómo lo describiría, qué imágenes o recuerdos conserva de él y acerca de su personalidad?

Yo tengo un recuerdo muy positivo de Benedicto XVI. Contrariamente a lo que muchos creen por lo que se ve en las imágenes de televisión cuando está ante las multitudes, en el trato personal es sumamente afable, en él se advierte asimismo una gran vida interior, nada autoritario, es un hombre que escucha mucho; junto a su gran erudición, tiene también una gran fineza de espíritu y es un gran ejecutante de Mozart.