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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios El Papa lamentó que estemos acostumbrados a convivir con la frustración

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El papa Francisco repasó en su homilía de la Vigilia Pascual del Sábado Santo las “tantas injusticias inhumanas” como la esclavitud o la corrupción.

El papa Francisco repasó en su homilía de la Vigilia Pascual del Sábado Santo las “tantas injusticias inhumanas” – la esclavitud, la trata de personas, la marginación o la corrupción y la burocracia – que “ven crucificada la dignidad” de las personas.

Francisco comenzó recordando el dolor y el desánimo de las mujeres que acudieron al sepulcro de Jesús.

“En el rostro de estas mujeres podemos encontrar los rostros de tantas madres y abuelas, el rostro de niños y jóvenes que resisten el peso y el dolor de tanta injusticia inhumana”, explicó.

También citó “el rostro de aquellos que sufren el desprecio por ser inmigrantes, huérfanos de tierra, de casa, de familia; el rostro de aquellos que su mirada revela soledad y abandono por tener las manos demasiado arrugadas”.

Y agregó el “rostro de mujeres, madres que lloran por ver cómo la vida de sus hijos queda sepultada bajo el peso de la corrupción, que quita derechos y rompe tantos anhelos, bajo el egoísmo cotidiano que crucifica y sepulta la esperanza de muchos, bajo la burocracia paralizante y estéril que no permite que las cosas cambien”.

El pontífice argentino lamentó que “estamos acostumbrarnos a convivir con el sepulcro, a convivir con la frustración” aunque, dijo, “nuestro corazón sabe que las cosas pueden ser diferentes”.

Para el papa, la “Resurrección” puede hacernos superar “nuestros calculados mundos conceptuales que nos alejan de la vida, en nuestras obsesionadas búsquedas de seguridad y en desmedidas ambiciones capaces de jugar con la dignidad ajena”.

“Vayamos a todos esos lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra, y donde parece que la muerte ha sido la única solución. Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el Señor está Vivo”, instó a los fieles.

Y aseveró que “si no somos capaces de dejar que el Espíritu nos conduzca por este camino, entonces no somos cristianos”.

La ceremonia comenzó a las 20:30 horas hora local con la basílica de San Pedro en penumbra y en total silencio con el papa que realizaba la bendición del fuego y encendía del cirio pascual, símbolo de Cristo, “Luz del Mundo”, y posteriormente también bendecía el agua con el que se bautizaría a once personas.

Una vez en el altar mayor, se proclamó el llamado “Exultet”, el anuncio de la Pascua y la basílica se iluminó.