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La Iglesia en los medios El modelo del Liceo Jubilar es “una gran tendencia mundial” que se replica “incluso en Asia” porque “está funcionando bien” 

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Entrevista de Juan Pittaluga

Psicólogo e investigador, el español Alfredo Hernando Calvo ha visitado tres veces Uruguay, un país que dice “tiene un no sé qué de la Suiza americana” y “un olor a verano como a bananero y nafta”. Pero aquí no se dedicó a recorrer ciudades, pueblos y balnearios, sino a conocer dos modelos educativos como parte de una tesis de maestría que inició en 2013 y lo llevó a viajar alrededor del mundo para analizar iniciativas innovadoras de enseñanza.

Publicada luego como un libro (“Viaje a la escuela del siglo XXI”), la tesis señala que en el barrio Casavalle, si preguntas por el Liceo Jubilar, “siempre encontrarás la misma respuesta: no se trata de un liceo más”. También dice que en Uruguay “las escuelas han descubierto su dimensión digital gracias al Plan Ceibal, que logró consolidar una marca más allá de los gobiernos”.

Calvo cree que ambos modelos deben ser expandidos en todo el sistema educativo para mejorar la situación de la enseñanza en Uruguay. ¿Pero cómo expandirlos? “Imitando un cardumen, que necesita que el 16% de sus peces inicie un movimiento para que el resto cambie de dirección”, propone.

Lo que sigue es un resumen de la charla que Calvo mantuvo con Búsqueda el martes 27, previo a dar una conferencia en el hotel Sheraton.

—¿Cómo surgió la idea de su tesis?

 —Soy docente y sentí la necesidad de viajar alrededor del mundo visitando escuelas y experiencias innovadoras desde una óptica optimista, cansado de los informes internacionales que al final no dan pautas concretas sobre lo que ocurre en la enseñanza. Busqué saber por qué hay muchas escuelas en muchos lugares del mundo que tienen éxito con los alumnos, y saber en qué se parecen.

 —¿Son negativos los informes internacionales como PISA?

 —No, sirven como referencia, pero la obsesión por las grandes cifras internacionales no es saludable. Estamos viviendo un momento histórico en la educación, ¡la educación está de moda en todo el mundo! Hay una preocupación por mejorar la educación aquí y en muchos otros lugares, y en todos hay experiencias de éxito. Esas experiencias son las que tienen que servir como faro para que el sistema educativo vea que son la referencia a replicar. Y a partir de ahí sí se pueden mejorar los números internacionales.

—¿En qué se parecen esas experiencias de éxito?

—Tratan de trabajar con variedad y riqueza de actividades o hacerlo en contacto con la realidad o encontrar la forma de que el docente se convierta más en una figura que acompañe un proyecto con sentido. En definitiva, hacer que el alumno tenga una mayor implicación, cambiar la narración de lo que pasa en el aula.

—¿Cómo llegó a las experiencias de éxito uruguayas?

 —Detrás del viaje hubo una parte de investigación para ver qué era lo que funcionaba bien. Por ejemplo, existe una forma de trabajar que tiene mucho impacto en Europa que se basa en la idea de las comunidades de aprendizaje, de integración de la familia al aula, de interacción, de diálogo, de cooperación entre alumnos. Y encontré que todo eso era sostenido por el Liceo Jubilar, aun cuando las autoridades del liceo no supieran sobre las comunidades de aprendizaje.

—¿Cuadra el Liceo Jubilar en esas comunidades que se desarrollan en Europa?

—Sí, y muy bien porque se trata de un modelo de sumar a la familia, del cuidado muy grande de lo afectivo con alumnos que tienen especial dificultad pues, más que problemas académicos, tienen problemas socioemocionales derivados de situaciones económicas que repercuten en lo académico. Cuadra muy bien en una línea de comunidades de aprendizaje que se está replicando no solo en Europa sino en todo el mundo: en Colombia, incluso en Tailandia y en otros sitios de Asia siguen esta misma idea. Es una gran tendencia mundial.

—También lo es en Uruguay, porque la experiencia del Jubilar la han iniciado otros liceos.

 —Claro. Desde que hice mi primer viaje aquí al día de hoy han aparecido en Montevideo, muchas iniciativas similares o inspiradas en el Liceo Jubilar. Pero repito: esto no solamente está pasando en Montevideo, sino en otros lugares del mundo.

 —Aquí los sindicatos están en contra de ese tipo de liceos pues dicen que eligen a los alumnos y que las fundaciones que los apoyan buscan pagar menos impuestos. ¿Qué opina?

 —No sé cómo es el debate concreto aquí. Lo que sí tengo muy claro es que una escuela innovadora es aquella en donde todos los alumnos tienen éxito independientemente de dónde vengan, y el germen de ese éxito son los docentes. Entonces los sindicatos de docentes en todo el mundo tienen que entender que el éxito de las escuelas recae en ellos. Es un tema complicado pues ellos saben que tienen gran parte de la solución, pero cuando se inician medidas de cambio en la escuela en un primer momento se oponen.

—Además del Jubilar, en su estudio se enfoca en el Plan Ceibal. ¿Por qué?

—Porque ha sido uno de los planes de integración de dispositivos de mayor largo alcance, de mayor seguimiento y de mayor éxito a nivel mundial. Eso se puede decir con todas las letras. Fue, además, pionero porque ha generado en otros muchos países planes de integración de dispositivos. Creo además, que la capacidad de mantenerse, independientemente de lo que pase con las leyes educativas y con el gobierno de turno, le da una credibilidad muy fuerte.

 —En Uruguay se describe al Ceibal como una experiencia inédita en el mundo. ¿Es así?

 —Sí, yo creo que fue pionero, fue inédito, fue valiente y fue replicable en distintas partes. Hoy suena muy lógico un plan de ese tipo, pero en su momento no era tan lógico decir “vamos a poner unos dispositivos en las manos de cada niño y en cada aula”. La mayoría decía, también con cierta razón, “¿pues para qué?”.

 —Destaca que tanto el Ceibal como el Jubilar tienen réplicas o son réplicas de otras experiencias. ¿Es esa la clave?

 —Cuando hay una experiencia pionera que funciona genera una especie de ola que anima a otras personas a replicarla. ¿Se llama eso copiar? Pues hay que copiar lo que está funcionando bien. Una de las tesis fundamentales de mi estudio es que para que un país mejore su sistema educativo la unidad de cambio es la escuela. La escuela es la unidad de cambio de todo el modelo. Hay que poner el foco en una escuela y ver cómo se puede replicar la experiencia que pasa en esa escuela. Claro que cada escuela tiene necesidades distintas, entonces es fundamental ver cómo el sistema educativo puede tratar de adecuarse. Uruguay además está en una situación privilegiada  porque no es lo mismo replicar prácticas con el tamaño de Uruguay que con el tamaño de otros lugares. Ser un país pequeño tiene sus grandes ventajas.

 —¿Pero es posible replicar una sola experiencia en todo un país?

 —Existe una gran investigación en la denominada “teoría del cambio”, que habla entre otras cosas de los early adopters, los usuarios pioneros en la industria tecnológica: ¿quién es el que tiene un producto por primera vez y en qué momento lo pasan a tener todos? Pues eso también pasa con las escuelas. ¿Para cambiar un sistema educativo, cuántas experiencias de éxito se necesitan? La “teoría del cambio” habla de en torno a un 16%. Si tienes una ola de en torno a 16% de primeros pioneros, entonces ahí se genera un movimiento por inercia hacia el resto.