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La Iglesia en los medios El impulso conservador de los evangélicos en la política llega a Uruguay

LA REPÚBLICA |

Por: Lucía Barrios

Un líder evangélico es candidato a la presidencia en Costa Rica, en Brasil hay 115 legisladores practicantes de esta religión e incluso Donald Trump hizo su campaña con una plataforma evangélica. ¿Son hechos aislados o el límite entre política y religión se ha vuelto difuso. Algunos actores políticos han comenzado a preguntarse en los últimos tiempos sobre la incidencia que tienen los evangelistas en la política latinoamericana. ¿Es posible separar la religión del estado, del gobierno y, en última instancia, de la política? Esa parece ser la pregunta más solicitada. Lo cierto es que el último hecho, ocurrido en Costa Rica, vuelve a traer al centro del debate la relación que tienen los evangelistas con el poder: uno de los candidatos a la presidencia en Costa Rica es un líder evangélico que empezó la contienda electoral ubicándose en los últimos lugares de apoyo popular con un 6%. Sin embargo, actualmente logró el triunfo de los comicios. Este no es el único hecho a destacar: actualmente los evangélicos representan el 20% de la población en América Latina, número que contrasta con el 3% que simbolizaban hace seis décadas. Incluso, en algunos países centroamericanos, están cerca de ser la mayoría. Pero hay más datos: en Argentina, se crea un templo religioso por día y mientras que el catolicismo sigue experimentando un descenso en América Latina, el evangelismo ha crecido en la misma proporción: actualmente engloba a 105 millones de personas.

En términos generales, se puede observar que existe un mismo discurso empleado por los evangelistas en los distintos países de la región, que va contra la comunidad LGBT y a favor de la “familia tradicional”.  Es en este sentido que Nicolás Guigou, catedrático de Antropología de la Universidad de la República de Uruguay, explicó a “Sputnilk” que los evangelistas tomaron un “giro conservador” respecto a cuestiones relacionadas con la vida de la región, la seguridad pública o la legislación social. “En el giro conservador que se está dando en América Latina, el neopentecostalismo es un factor sumamente importante, porque sus iglesias son corrientes de masa que recogen el sufrimiento de la población que no tiene salidas económicas, políticas o sociales”.

“Las iglesias evangélicas protestantes, que por estos días se encuentran en casi cualquier vecindario en América Latina, están transformando la política como ninguna otra fuerza. Le están dando a las causas conservadoras —en especial a los partidos políticos— un nuevo impulso y nuevos votantes”, escribió Javier Corrales, profesor de Ciencia Política, en su artículo de opinión publicado en el “The New York Times”. Según sus palabras, la ideología de los pastores evangélicos es variada, pero en términos de género y sexualidad sus valores son “conservadores, patriarcales y homofóbicos”. “Esperan que las mujeres sean totalmente sumisas a sus esposos evangélicos. En todos los países de la región, sus posturas en contra de los derechos de las personas homosexuales han sido las más radicales”.

Explicó que los evangélicos han aprendido a hacer las paces con su rival histórico, la Iglesia católica. “En América Latina, los clérigos tanto católicos como evangélicos han encontrado un enfoque eficaz para su conservadurismo: la oposición a lo que han bautizado como ideología de género. A los evangélicos les gusta enfatizar la palabra ideología porque les permite encubrir su homofobia con un llamado a proteger a los menores”. Cabe mencionar que varios hechos políticos han comenzado a perfilar ciertas tendencias en la región: La bancada evangélica  jugó un papel importante en la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff en Brasil; el ganador de las últimas elecciones presidenciales en Chile tenía cuatro pastores evangélicos como asesores de campaña e incluso Donald Trump —a quien muchos consideran la antítesis de los valores bíblicos— hizo su campaña con una plataforma evangélica. Escogió a su compañero de fórmula, Mike Pence, por su evangelicalismo, según señala Corrales.

Uruguay no escapa de este contexto internacional: en los últimos años han aparecido varios legisladores evangelistas en el país, tal es el caso de Gerardo Amarilla o Álvaro Dastugue, quienes incluso han dicho que pretendían conformar una bancada religiosa, propuesta que al final no se formalizó y generó varias discusiones al interior del Parlamento. No hay que olvidar, además, el protagonismo que ha tomado el pastor Márquez en el último tiempo. Incluso los evangelistas uruguayos no tienen miedo de mostrar su deseo de introducirse en la política ni tampoco en afirmar la incidencia que están teniendo en la política latinoamericana: “Creo que a escala mundial, principalmente a nivel latinoamericano, la Iglesia evangélica tiene una incursión muy fuerte en el sistema político desde hace varias décadas. De hecho, en Guatemala el presidente es evangélico, en Costa Rica hay muchos diputados, en México lo mismo, en Brasil hay 115 legisladores evangélicos. Uruguay, Argentina y Chile son los países con menos presencia de los evangélicos. Dentro del Partido Nacional somos un grupo más que trabaja fuerte y con ganas de bendecir nuestro país”, declaró Dastugue en una entrevista a “Búsqueda”. El legislador declaró, además, que los pastores decidieron embarcarse en una campaña electoral ya que necesitaban “trabajar dentro del sistema político porque entendemos que nuestros valores y principios están siendo pisoteados”.

Ante esta situación, los diputados frenteamplistas Bettiana Díaz (perteneciente al MPP) Gerardo Núñez (Partido Comunista) señalaron a LA REPÚBLICA, hace unos meses atrás, que la aparición de una Bancada Evangelista en la contienda política uruguaya significa un serio cuestionamiento a la histórica relación de secularización que ha mantenido el Estado. Además, señalaron que dicha bancada impulsan una agenda muy conservadora y que su expresión más absoluta sucede en Brasil, con la llamada Bancada Ruralista. “En este momento estamos empezando a ver determinados cambios en la relación entre la religión y la política en Uruguay que responden a que hoy tenemos líderes religiosos dentro de las bancadas parlamentarias. Este hecho abre al debate público cuando se plantea, por ejemplo, desde la bancada evangelista, que la Ley no puede estar por encima de la Ley de Dios”, declaró Díaz.

“Creo que la bancada evangelista tiene una agenda muy conservadora, la cual busca atacar la nueva agenda de derechos impulsada por el Frente Amplio. Además, plantea posiciones fundamentalistas que lejos de encontrar caminos de entendimiento entre todas las personas, buscan, por la vía de los hechos, una división y un señalamiento”, señaló Núñez.  Tanto Díaz como Núñez consideraron que esta situación impacta en el país de forma más tardía que lo que sucedió en otros Estados de América Latina. “Hace un tiempo algunos legisladores del  Partido Nacional hacían referencia a la Bancada Ruralista en Brasil, que está compuesta por militares retirados y evangélicos.”.

Según Díaz, la Bancada Ruralista propone la creación de un tipo ideal de familia, la cual sólo podría estar conformada por hombres y mujeres, aspecto que estaría vulnerando al matrimonio igualitario. Además, afirmó que dicha bancada está impulsando un día del “Orgullo Heterosexual”, “lo que indica que se está cuestionando todo lo que es el avance en materia de derechos que refieren al respeto de la diversidad sexual”. “Si lo vemos en el panorama regional, no solamente se han atacado la agenda de derechos sino que también las bancadas evangelistas han estado al servicio de la imposición de ciertos modelos económicos. En el caso de Brasil es clave. La embajada evangélica en este país fue la que dio el golpe parlamentario a Dilma Rousseff y es la que lleva adelante una reforma laboral de carácter estructural que implica retrocesos enormes para los trabajadores. En general, son sectores poderosos, con mucho dinero, que hacen sus propias campañas en función de sus intereses. Por tanto, esto no contribuye a la mirada plural y democrática que debe existir en un país”, agregó Núñez.

El planteo de los evangelistas en Uruguay

En términos generales, se puede observar que los políticos evangelistas uruguayos tienen el mismo discurso que se emplea en otras partes de la región: van en contra la comunidad LGBT y a favor de la “familia tradicional”.  Según Dastugue, los principios cristianos están “directamente relacionados con el Partido Nacional”  y declaró que si los blancos llegaran al poder, se revisarían todas las leyes de la denominada “agenda de derechos”, entre las que está la ley del aborto y la del matrimonio igualitario. Explicó, además, que el objetivo de los evangelistas cuando entran a la política es “bendecir a la nación”. “Intento extender la mano a los que sientan que Dios los quiere trabajando en el sistema político”, declaró a “Búsqueda”. “No creo que la universalidad de los homosexuales quiera tener relaciones sexuales con los animales y con los niños. De hecho, tengo amigos homosexuales y viví tres años de mi vida con un homosexual en el mismo cuarto —de pasada les aclaro que nunca tuve relación homosexual con ese muchacho, porque algunos a los que les cuento abren grandes los ojos. No soy homófobo, como siempre se prejuicia de antemano por ser pastor o por ser cristiano”, agregó. Además afirmó que la homosexualidad está “por fuera de la voluntad de Dios”. Por su parte, el pastor Márquez, en una entrevista en “Desayunos Informales”, criticó al gobierno por promover “la perspectiva de género” y la Guía de Educación sexual impulsada por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Entiende que dicha guía es un “incitación a la pedofilia”, que pretende imponer una determinada “ideología de la sexualidad”. Incluso acusó al “lobby gay” de impulsar que el sexo con menores y animales sea legal.

Amarilla: “Hay retrógrados que no quieren que la religión sea una fuente de inspiración política”

“La relación entre Iglesia y política debe ser de independencia y autonomía. Los representantes podemos tener nuestra ideología, nuestra filosofía de vida y nuestra fe o religión, que son maneras de ver la vida, que por supuesto influye en nuestra actividad política. Eso está bien que así sea y debemos asumirlo con honestidad y con transparencia. Hay algunas posturas retrógradas y retorcidas que pretenden censurar las fuentes de inspiración para la actuación política como la religión y eso no me parece justo”, declaró a LA REPÚBLICA el diputado nacionalista Gerardo Amarrilla.