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La Iglesia en los medios El eccehomo de Borja no está solo: descubren en parroquia un mamarracho que había pasado inadvertido

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MI POBRE ANGELITO

En algún momento de la historia, algún aspirante a restaurador le metió mano a una imagen sagrada en una iglesia. Y no fue buena idea.

La imagen en cuestión está en una de las zonas más altas del retablo mayor de la Parroquia San Sebastián en la localidad de Reinosa (Cantabria, España). La altura a la que está situado lo ayudó a permanecer inadvertido durante mucho tiempo. Sin embargo, en los últimos alguien cayó en la cuenta de su existencia y, en menos tiempo del que lleva relatarlo, pasó ser un éxito en las rede sociales.

Lo llaman el ‘eccehomo’ reinosano, y es el dibujo de una cara con grandes coloretes, pelo negro y una ancha sonrisa que recuerda más a Heidi que a un angelito, que es lo que pretende representar. Pocos trazos en tres colores componen el retrato, que completa un conjunto de ocho ángeles que coronan el retablo. Los otros siete son altorrelieves que poco o nada tienen que ver con el polémico dibujo.

El párroco de Reinosa, Eduardo Guardiola, rechaza la comparación con la malograda obra de Borja. “En ese espacio había un ángel que ya había desaparecido. Lo que se ha hecho es componer la cara para que no desdijera del conjunto, para que se supiera lo que había antes. Esta acción no tiene nada que ver con una restauración mal ejecutada”, argumenta en declaraciones recogidas por el periódico matritense ABC.

Otro de los factores que explica diferencian este caso de otros mediáticos es que, “para verlo hay que mirar con un teleobjetivo”.

De hecho, se desconoce en qué momento fue pintado el desacompasado ángel, si bien es probable que fuera en el momento en que se restauró por completo el retablo mayor del templo. En el año 2011 la Consejería de Cultura del Gobierno cántabro invirtió 12.000 euros para dicha obra, que fue ejecutada por el Taller de Restauración Itinerante de Cantabria.

Al parecer, las restauraciones desastrosas de figuras religiosas amenazan con convertirse en una forma de arte en sí mismas. Además del famoso caso de Borja y del que se ocupa la presente nota, este ejemplo y este otro son muestras claras de ello.