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La Iglesia en los medios El derecho, la blasfemia y la protección de la fe religiosa

EL OBSERVADOR |

Medio oriente. Nuevas caricaturas reavivaron el debate entre la libertad de expresión y las susceptibilidades

Una revista francesa ilustró ayer su tapa con un chiste que se ríe de los musulmanes

El escenario se repite de manera periódica en los últimos años.

En un país occidental alguien hace por su cuenta un subproducto ofensivo -en este caso un video sobre Mahoma-, este subproducto se sube a YouTube y obtiene una difusión mundial por las mismas protestas; en los países musulmanes se producen manifestaciones y grupos interesados agitan a las masas para que protesten violentamente contra los países occidentales atacando lo que tienen a su alcance, embajadas o empresas.

Los gobiernos occidentales condenan el subproducto y aseguran que nada tiene que ver con ellos, pero que tampoco pueden prohibirlo para respetar la libertad de expresión; los países islámicos piden que se retire y se condene al ofensor, y reclaman una legislación internacional contra la blasfemia. Al final, hay algunos muertos más y algunos amigos menos.

Límites legales

¿Protege el derecho los sentimientos religiosos de los ciudadanos? Así es. Como es sabido, en los casos extremos en los que lo sagrado resulta ser claramente vilipendiado, el derecho de la mayoría de los países occidentales ha previsto la protección jurídica del derecho penal como último recurso.

Es en esta sede penal en la que se han planteado la mayoría de los conflictos jurídicos en Occidente; es decir, situaciones en las que en una obra artística se hace un tratamiento irreverente (o blasfemo para los creyentes) del hecho religioso.

En cada Estado los límites son distintos. En Israel y Francia está prohibido el comercio de insignias nazis, incluyendo antigüedades, por ejemplo, y en gran parte de Europa no se admite la presencia de partidos políticos nazis. Pero las leyes son en todos lados distintas y en EEUU, por el contrario, no se prohíbe ningún partido.

Tal vez podría considerarse que la solución político-jurídica pasa por respetar solo la religiosidad de las culturas ajenas, especialmente si hay riesgo de reacciones violentas. Pero la necesidad del respeto no depende de la reacción pacífica o violenta del otro.

Dos ideas de libertad

Detrás de las protestas de estos días, el corresponsal del New York Times en El Cairo, David D. Kirkpatrick, ve el contraste entre dos ideas de libertad. Muchos manifestantes demandaban “libertad”, entendida con un sentido diferente del común en “el Occidente individualista”: “El derecho de una comunidad -musulmana, cristiana o judía- a estar libre de injurias graves contra su identidad y sus valores”.

Dijo un egipcio a Kirkpatrick: “Cuando se ataca a alguien, solo se causa daño a una persona. Pero cuando se insulta una fe de esa manera, se insulta a una nación entera”.

Algunos subrayaban que no se trataba de un enfrentamiento entre musulmanes y cristianos sino de un clamor de gentes de una y otra fe en Medio Oriente contra el individualismo y el laicismo occidentales.

De hecho, el director del periódico copto Watani está de acuerdo con las protestas, aunque no con la forma violenta que han tomado. Y recuerda que también la mayoría musulmana de Medio Oriente reaccionó hace seis años contra la película El código Da Vinci por considerarla irrespetuosa con Jesucristo y el cristianismo. Egipto, Jordania, el Líbano y otros países árabes la prohibieron.

Es ilustrativo ver cómo se recibe en Medio Oriente la idea occidental de libertad de expresión.

Dice Emad Shahin, profesor de ciencia política en la Universidad Americana de El Cairo: “El mensaje es este: nos traen sin cuidado vuestras creencias; la libertad de expresión nos autoriza a despreciarlas y ridiculizarlas cuando queramos”.

Contradictorio

Por su parte, Mohamed Badie, jefe espiritual de los Hermanos Musulmanes egipcios, criticó lo que considera doble rasero por parte de Occidente, que tiene leyes contra “los que niegan el holocausto, expresan opiniones disidentes al respecto o cuestionan el número de judíos que mató Hitler, lo cual es un asunto puramente histórico, no una doctrina sagrada”.

De todas formas, Kirkpatrick señala que algunos musulmanes creen, como el mencionado director del diario copto, que los actos de violencia han deslegitimado la protesta.

Un jefe de sección del periódico egipcio Sharouq publicó un comentario donde expresaba: “Hemos brindado a nuestros oponentes algo que les ha permitido olvidar el verdadero asunto y dejarnos al margen: eso es lo que hemos conseguido con nuestra mala actuación”. (Aceprensa)

Lo dijo

Anónimo

Testimonio de un egipcio a David Kirkpatrick, corresponsal del New York Times en El Cairo

“Cuando se ataca a alguien, solo se causa daño a una persona. Pero cuando se insulta una fe de esa manera, se insulta a una nación entera”