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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios El “creer sin pertenecer” de la religiosidad nacional [Opinión]

 EL PAÍS | Suplemento Que Pasa |

Gerardo Caetano * | Historiador

A más de 25 años de la polémica sobre la instalación en la vía pública de la cruz que presidió las celebraciones de la visita papal de 1987, puede decirse que muchos de los fenómenos que por entonces apenas se insinuaban o intuían parecen haber encontrado confirmaciones relevantes entre nosotros.

En particular, fenómenos como una reformulación gradual de algunas de las viejas pautas secularizadoras y laicistas han obtenido en los años que siguieron a aquel episodio ratificaciones visibles. Estos fenómenos han provenido en sus raíces más profundas, tanto de procesos propios del plano local, como de transformaciones de corte más universal y planetario, muchas de ellas características del proceso actual de la llamada globalización.

En efecto, mucho de los temas antes aludidos han parecido estallar en los últimos años, desde afuera y desde adentro.

Por un lado, entre nuevos procesos de desintistucionalización, individuación y flexibilización doctrinal puede percibirse una fuerte reestructuración de la oferta religiosa en el mundo contemporáneo, la que también ha llegado a Uruguay, pese a su inveterada vocación de aislamiento. De modo simultáneo, los modelos teóricos y las categorías de análisis -entre ellas de un modo preferencial, las de secularización o laicidad-, que signaban la sabiduría convencional y hasta el sentido común de los uruguayos respecto al análisis de los fenómenos religiosos y sus vínculos con la política, han experimentado en estos últimos lustros algunas transformaciones profundas de cara a exigencias no previstas. (…)

Aquellos pronósticos ingenuos respecto a una continua e ineluctable expansión de la secularización -según las formas y el torno moderno y progresista del liberalismo del siglo XIX- parece haberse derrumbado. Lo que emerge en su lugar no es sencillo de describir y calificar. Los procesos que se anotan resultan múltiples y a menudo contradictorios: surgimiento de nuevos movimientos y prácticas de carácter religioso; desinstitucionalización y diseminación de lo religioso en la sociedad; irrupción de una nebulosa místico-esotérica que se consagra en una suerte de religión a la carte, fuertemente individual y móvil; crecimiento en distintas partes del mundo de movimientos extremistas e integristas con fondo religioso; reformulación de las modalidades de relación entre religión y política; etcétera. (…)

Creer sin pertenecer parece ser la tónica dominante de la configuración de las nuevas identidades religiosas tanto en lo individual como en lo colectivo. Las nuevas identidades religiosas participan, en suma, del surgimiento de esas nuevas identidades sociales más lights, más efímeras e intercambiables, propias a menudo de un espiritualismo solo emocional y contemplativo, que rehuye el compromiso más duradero y perdurable del involucramiento con los procesos sociales y personales más concretos. Este proceso, tan propio de nuestra modernidad tardía, se emparenta sin embargo en más de un sentido con algunos de los dilemas y conflictos que marcaron la experiencia histórica de nuestra modernidad inicial. En ese marco, la percepción de esta nueva religiosidad New Age y de las fuertes consecuencias que genera a todo nivel, sin duda en el campo de las grandes religiones institucionales pero no solo en él, indirectamente impulsa también que revisitemos el cambio de perspectiva en torno a los límites y alcances de conceptos como los de secularización y de la laicidad.

Nada indica en las actuales circunstancia que esta renovada tensión entre matrices desafiadas y revisiones inciertas habilite necesariamente un proceso hacia soluciones más pluralistas y republicanas. Cabe asumir entre nosotros la interpelación que más d un autor contemporáneo se ha venido haciendo: la fragmentación aguda que caracteriza a la posmodernidad, bien diferente por cierto al mayor pluralismo y personalismo de la modernidad inicial, ¿no podría conectar y hacer funcionales hoy enfoques de neocristiandad (por cierto mucho más adaptables y flexibles que los de otrora) con esquemas de creciente sectorización y pulverización en nuestras sociedades contemporáneas. Algunos desempeños y propuestas desplegadas actualmente en la sociedad uruguaya no parecen descartar la posibilidad de algún rumbo infértil de las revisiones en curso. Ni el predominio de una eventual neocristiandad revestida de ropajes tan mediáticos como autoritarios, ni el imperio de una New Age a la carte, proclive al repliegue individualista y a la insolidaridad, ni el pseudomulticulturalismo del todo vale, por cierto que tampoco un repliegue ortodoxo a las viejas certezas de la modernidad como si nada hubiera ocurrido en nuestra isla de la laicidad, resultarían un avance efectivo frente a las pautas tradicionales contestadas.

Reseña

*En El Uruguay Laico (Taurus, 480 pesos), Gerardo Caetano, Roger Geymonat, Alejandro Sánchez y Carolina Greising analizan el vínculo de los uruguayos con la religión entre 1859 y 1934, aunque se permite, en la última parte, hablar sobre algunos hechos más recientes de afinidades y desavenencias entre la Iglesia católica y el Estado. En el epílogo (que aquí se reproduce con el permiso de la editorial), Caetano, quien dirige el volumen, analiza el surgimiento de recientes formas de acercarse a la religión de los uruguayos, entre el New Age y la búsqueda de una nueva cristiandad.