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La Iglesia en los medios “El alumno se tiene que volver protagonista de su aprendizaje”: El Colegio San Ignacio y una metodología innovadora que “no es experimentación”

EN PERSPECTIVA |

Entrevista, miércoles 27 de junio: Verónica Gallesio y Guillermo Lemos

Aprendizaje basado en proyectos. Ese es el basamento de la metodología de aprendizaje y enseñanza que está impulsando en Montevideo el Colegio San Ignacio Monseñor Isasa, donde los profesores de cada asignatura tradicional trabajan de forma interdisciplinaria en tres grandes áreas: social, artística y ciencias.

(Audio Xavier Aragay.)

Nosotros creemos que hay otra forma de aprender y de formarse, en la que el alumno no sea un sujeto pasivo de una actividad que protagoniza el profesor y que él debe escuchar. Se trata de poner al alumno en el centro del proceso de enseñanza y aprendizaje y hacer que sea esta persona –el alumno– la que mediante una actitud activa, una actitud de reto y de conexión, pueda aprender no solamente contenidos, sino valores, actitudes, habilidades y competencias.

(Fin audio)

EMILIANO COTELO (EC) —Esa sentencia se escuchó aquí en EN PERSPECTIVA en noviembre de 2015, cuando entrevistamos a Xavier Aragay, director general de la Fundación Jesuitas Educación, que visitaba Uruguay promoviendo el método de aprendizaje basado en proyectos (ABP). Al final de aquel reportaje yo le preguntaba si había colegios de nuestro país que se largarían por ese camino.

Hoy vamos a conocer la experiencia que en esa dirección viene implementando desde hace más de dos años el Colegio San Ignacio Monseñor Isasa. Vale la pena prestar atención a estas experiencias innovadoras, porque en Uruguay tenemos un debate abierto muy acuciante sobre cómo debe reformarse la educación secundaria, qué hay que cambiar en los liceos para formar a los jóvenes en las habilidades que estos tiempos requieren y, sobre todo, cómo hacer para que la propuesta pedagógica los atrape, los haga involucrarse a fondo en las clases.

Lo charlamos con la profesora Verónica Gallesio, directora académica del San Ignacio, y el licenciado Guillermo Lemos, su director general.

Este colegio tiene 74 años, pero desde 2006 se concentró exclusivamente en secundaria. ¿Cómo es esto?

GUILLERMO LEMOS (GL) —El colegio es un colegio de los padres jesuitas, fundado por el padre Bertón, en Rossell y Rius y 4 de Julio, junto con la parroquia San Ignacio, y en la misma manzana hay una comunidad de novicios. Un colegio que siempre ha sido innovador, que en su tiempo fue el primer colegio católico mixto.

Hoy en día veníamos haciendo un proceso y en algún momento se decidió, en parte por el crecimiento de alumnos y en parte por no tener tanto espacio físico –que también ha ido creciendo en estos últimos años, pero en su momento no lo tenía–, optar por la secundaria. Actualmente tenemos tres niveles, tres grupos en cada nivel, de primero a sexto de bachillerato.

EC —¿Qué cantidad de alumnos tiene hoy el colegio?

GL —Son 480.

EC —Verónica, ustedes iniciaron este proceso de innovación educativa hace nueve años, empezaron a trabajar en estas ideas en 2009. ¿Por qué terminaron optando por la metodología de aprendizaje basado en proyectos?

VERÓNICA GALLESIO (VG) —Desde el año 2009 el colegio viene trabajando en lo que tiene que ver con el trabajo de las competencias, la enseñanza por competencias. Desde ese lugar se empezaron a planificar los contenidos y las clases para que esto se pudiera profundizar.

Luego se hizo un proceso, el colegio entró en el sistema de calidad de la Federación de Colegios Jesuitas de América Latina, y allí se elaboró el mapa de progresión de aprendizaje de formación integral, que abarca tres dimensiones de la persona y cómo se logra año a año de secundaria. Las dimensiones son psicoafectiva, espiritual y cognitiva.

A partir de esas reflexiones se fue nutriendo el currículo de nuestro colegio y a partir del año 2016 se define elegir esta metodología de ABP como la metodología que responde a las necesidades no solo del alumno de hoy, de la sociedad actual y de la propia identidad jesuita, de la propia identidad de la pedagogía ignaciana, que tiene que ver con que el alumno sea centro, que sean alumnos competentes, conscientes, compasivos, creativos. Se busca esto del alumno como centro de la propuesta y no el currículo o los profesores, y que en el alumno o la alumna estén centrados en esto del ser proactivos, de preocuparse por superarse, de servir a otros, ahí entra lo del trabajo colaborativo.

EC —En el documento que ustedes redactaron en su momento para presentar esta metodología dicen que la pedagogía ignaciana implica un objetivo: la formación de hombres y mujeres para los demás y con los demás.

VG —Eso mismo.

GL —Eso es fuerte, es un lineamiento muy claro que tenemos, que los colegios de la Compañía de los Jesuitas tienen muy claro. Es esto de formar líderes que se preocupen por los otros, que hagan servicio. Todos nuestros chicos tienen servicio los sábados. En esa línea había mucho compromiso y con el otro.

Pero veíamos que también en la formación era necesario un cambio para estos chicos. Este proyecto es anterior a nosotros, a nosotros hoy como directores nos toca pero viene de direcciones anteriores. También para formar a los jóvenes que van a egresar cuando culminen no solo la secundaria, sino su carrera terciaria, dentro de 10 años, cuando el mundo va a ser otro. Hoy es otro con respecto al nuestro y ellos no saben con qué se van a encontrar dentro de pocos años. Entonces hay que formar más a la persona, los contenidos hoy los tenemos en todos lados, hay acceso a todo.

EC —A los efectos de terminar de definir esta propuesta pedagógica, ¿qué papel le correspondió a esa voz que escuchábamos hace un rato, el consultor catalán Xavier Aragay?

VG —Aragay estuvo de visita en el año 2015, cuando ustedes le hicieron la entrevista. Fue invitado por los jesuitas uruguayos, estuvo en el Colegio Seminario, el Colegio Monseñor Isasa participó y parte del equipo directivo viajó a Barcelona en el año 2016, donde conocieron de cerca la propuesta y cómo esta propuesta se adaptaba a aquello sobre lo que el colegio venía reflexionando.

El ABP tiene por finalidad que los alumnos aprendan los contenidos que corresponden a su año, no salimos de los programas y el Plan de Estudios Reformulación 2006, sino que los aprenden desde otro lugar, planteándose retos o desafíos. Los pasos del proyecto tienen que ver con eso, los alumnos tienen que partir de un desafío, un reto, una pregunta orientadora que englobe temáticas del año de diferentes materias y luego hagan un proceso de investigación bastante autónomo, guiados por los profesores en cuanto a actividades, tareas y productos intermedios, que son las distintas evaluaciones que van teniendo en el proceso, hasta llegar a un producto final en el que muestran la respuesta a ese desafío o a ese reto. Ahí se ve una diversidad, incluso en la evaluación, porque al cambiar el método de enseñanza la evaluación se vuelve mucho más diversa y atiende esto de las inteligencias múltiples también.

EC —Inteligencias múltiples…

VG —Inteligencias múltiples es una teoría de Howard Gardner, que afirma, desde la época del 80, que el ser humano desarrolla siete –hoy se han ido sumando, hasta ocho o nueve– inteligencias diversas y que todos somos inteligentes en algo. Se corre de lugar aquello de que el más inteligente era el que tenía conocimiento en lengua o en lo lógico-matemático, que es algo que todavía nos pesa, los docentes a veces lo seguimos afirmando y las familias también, pero entran otras inteligencias: la artística, la emocional, la inter- e intrasocial, la kinestésica, la espiritual. Se da una apertura a que el alumno valga por sí mismo, no porque sea inteligente en una materia o en un área. El colegio en este momento está tratando de trabajar eso a través de los proyectos y de las diversas formas de evaluación. De hecho hoy Rosario va a visitar a algunos alumnos y algunos están preparando una evaluación que es un debate sobre la Primera Guerra Mundial.

EC —Justamente, vayamos lo más afinadamente posible a los detalles, a la práctica, a cómo funciona esto en el día a día, porque me parece que eso es lo que puede interesarles más a los oyentes. Para empezar a tirar de esa piolita, la pregunta es esta: el trabajo en torno a proyectos existe desde hace mucho tiempo, y en los últimos años se ha ido extendiendo acá en Uruguay, tanto en institutos privados como en institutos públicos. Por ejemplo, tengo un mensaje de Adriana que dice: “El aprendizaje por proyectos no es nuevo, en el sistema público se aplica; a pesar de grupos superpoblados como tenemos, trabajamos por proyectos”. ¿Cuál es la diferencia? ¿Dónde está el matiz en el caso del San Ignacio?

VG —No diría diferencia. Es verdad, yo soy también docente de instituciones públicas y los docentes siempre tenemos esta inquietud de trabajar con otros docentes y de hacer que el alumno se motive para aprender. Los proyectos existen desde hace muchos años, como dice la oyente.

EC —Adriana dice que desde 2003.

VG —Sí, sí. La diferencia es que todo nuestro currículo está basado en proyectos.

EC —La profundidad del cambio, digamos.

VG —Eso mismo, la profundidad. Todos los temas de primer año de liceo, por ejemplo, de Historia, de Geografía, de Idioma Español se trabajan en proyectos interdisciplinarios durante todo el año. Esto no quiere decir que no exista alguna oportunidad en que los profesores profundicen en una temática específica de la asignatura. La asignatura no desaparece.

EC —Las asignaturas no aparecen, quedan agrupadas. Se trabaja en proyectos y en base a tres grandes áreas: Social, Ciencias y Artística. ¿Qué pasa con las materias tradicionales? ¿Cómo operan? ¿En qué quedan?

GL —Ahora vamos a eso. Quiero aclarar que el gran cambio acá es poner al alumno en el centro. El ABP nos ayudó a ser fieles a lo que queríamos, la educación tenía que tener un cambio. Aquella educación en la que todo está muy reglamentado, en la que el docente es el único protagonista, en la que el alumno en algunos casos se aburría debía cambiar. En ese discernimiento estábamos y cuando vino Aragay fue como una invitación a compartir lo que venían haciendo los colegios en Barcelona. No solo los jesuitas, también en muchos colegios públicos estaba encaminada esta forma de trabajar. Creemos que esta forma de trabajar logra que el centro sea el alumno, y que el chiquilín aprende y aprende a aprender, que es nuestro objetivo. Obviamente va a aprender los contenidos, en las áreas que tenemos y estamos trabajando vamos a tener siempre los tres docentes –tenemos tres grupos por nivel–, que se van a reunir, porque esto necesita horas de coordinación.

EC —Los tres docentes del área.

GL —Del área. Por ejemplo, en Social son Historia, Idioma Español y Geografía.

EC —En el Área Social hay tres materias y tres docentes. ¿Entonces?

GL —Hay tres materias, tres docentes y tres grupos. Ellos planifican, organizan y coordinan juntos un proyecto para todos los alumnos y trabajan juntos. Puede ser en un espacio grande; transformamos el colegio, hoy llegás y ves que en los corredores hay chicos trabajando en equipo, porque esta metodología se trabaja en equipos de a cuatro supervisados por el docente. Como decía Verónica, hay un lineamiento, hay una propuesta y después hay una invitación a que ellos estudien e investiguen para presentar un producto final o productos intermedios. Ahí el rol del docente no se pierde, es muy importante, él va asesorando, acompañando el proceso. No es que dé la clase magistral, el chiquilín saque apuntes y si después logra pasar un escrito, buena suerte, y si no aprendió, no aprendió. Capaz que había una recuperación, capaz que había un momento de reflexión sobre el escrito, pero ¿y si no lo había? En este momento el docente tiene más oportunidades de acompañar a cada equipo, a cada alumno y de hacer lo que llamamos la cura personal, acompañar el proceso de nuestros alumnos.

EC —Si entiendo bien, la clase magistral no desaparece 100 %, queda reducida a un mínimo.

VG —Cuando es necesaria, cuando el profesor ve que no se comprenden determinados temas o necesita hacer explicaciones más profundas, ahí sí. No es que estemos negando el rol del docente como el que guía la clase, el docente sigue siendo la guía y el tutor, como le decimos nosotros.

GL —Es más, los docentes son los protagonistas de este cambio. Si no tuviéramos docentes comprometidos –nosotros los motivamos, sin duda, les hablamos como profesionales que son y ellos se fueron formando, hicimos un montón de procesos para acompañarlos en esto–, si el docente no estuviera involucrado en esta metodología y no es protagonista como lo es en nuestro colegio, esto no funcionaría.

EC —Y las materias como tales tampoco desaparecen, quedan también “diluidas”, quedan muy agrupadas en esas coordinaciones por área.

VG —La fundamentación de eso tiene que ver con que el saber es interdisciplinario. Estos alumnos que van a egresar, aunque se reciban de ingenieros, de abogados, de maestros, de profesores o tengan un oficio, van a tener que saber de todo un poco. Se van a tener que especializar en una temática pero van a necesitar de otras personas, van a necesitar sí o sí de otras disciplinas. Ahí la fundamentación es que como el saber es interdisciplinario, los alumnos tienen que aprender así. La agrupación de materias tiene que ver con eso.

Ya mencionamos el Área Social. El Área Científica tiene Matemática, Física, Química, o Ciencias Físicas en primero y segundo, Biología e Informática. Y en el Área Artística en nuestro colegio hacemos hincapié en Música, Comunicación Visual o Dibujo y un espacio de ECA que es de producción audiovisual. Eso lo tienen de primero a tercero. Los profesores piensan proyectos en los que la asignatura no se pierde, ellos siguen siendo los especialistas en historia, en geografía, en idioma español, pero trabajan junto con otros. Es muy importante el espacio de coordinación.

EC —Este método obliga a organizar de manera muy especial la asignación de horas docentes.

VG —Sí. Pero fue bastante organizado, los profesores saben que permanecen toda la mañana en el colegio, pero no todos los días de la semana, porque eso en Uruguay sería imposible. Como colegio privado tenemos la misma dificultad que los liceos públicos, no contamos con el docente de lunes a viernes todos los días. El docente está dos mañanas enteras, o en algunos casos tres mañanas enteras, de 7.45 a 13.45. En ese horario se dan las clases, las áreas, los proyectos, trabajan hasta las 12 en modalidad de proyecto, y de 12 a 13.45 trabajan en coordinaciones. Coordinan con sus compañeros de área y van planificando semana a semana. En esta metodología el docente no está solo, siempre es con otro.

EC —Tengo acá un cuadro con los horarios 2018. Ahí se ve que el lunes de mañana está todo pintado de amarillo, porque ese día y en ese horario funciona el Área Social. Eso quiere decir que los profesores involucrados en el Área Social están toda esa mañana allí. El martes es verde, Área Científica…

GL —Matemática, Física, Química o Ciencias Físicas, y Biología.

EC —El miércoles la mañana está en rojo, Área Artística. El jueves se vuelve al amarillo del Área Social y el viernes al Área Científica. Así se funciona cada una de esas mañanas y eso implica la convocatoria de los profesores correspondientes.

VG —Eso mismo.

GL —Cuando lo fuimos pensando involucramos a los docentes y hubo todo un proceso de negociación y de acuerdo con ellos. Una de las ventajas que decíamos y que ellos también veían era esa, la estabilidad, no hay más horas puente, el docente no tiene horas puente –que en las instituciones no son pagas–, tiene horas de coordinación y puede trabajar con otros, y a su vez la formación.

En la previa lo que hicimos en esto de los contenidos fue estudiar todos los programas de todos y vimos que muchos contenidos se repetían, entonces aunque fuera desde otra mirada, pero había contenidos muy comunes. Eso nos ayudó a agrupar contenidos y a que los tres profesores puedan trabajar en una sola propuesta, como es un ABP, el contenido y lo que querían enseñar.

Otro aspecto interesante del ABP es que da otras características que son las competencias. Esto de un trabajo en equipo. Los chiquilines no solo aprenden los contenidos tradicionales, también aprenden a trabajar con otros, a expresarse; las defensas son en público, no es “mi clase”, muchas veces vienen expertos de otro lado o alumnos más grandes. Es ponerlos en situaciones a las que no están acostumbrados pero que les van a servir mucho para la vida. También buscamos eso, que esta metodología les dé muchas más cosas a los chiquilines que simplemente aprender historia, matemática, geografía o lo que sea.

EC —Sigamos tratando de bajar a tierra esto. El eje de la metodología es el trabajo en torno a proyectos y en una modalidad colaborativa. Se plantea un reto, un desafío. Por ejemplo, ¿cuál? Veamos ejemplos.

VG —Vamos con el de hoy, lo que va a ver Rosario hoy. Ella va a ver un área artística, un área social y un área científica en segundo año. Los profes elaboran lo que nosotros llamamos librillos de trabajo, hay uno que se llama Navidad en las trincheras, que es de tercer año de liceo, del Área Social. Ahí están Historia, Educación Social, Idioma Español, Literatura y también trabaja en nuestro caso Formación Cristiana. A partir de este hecho muy conocido de la Primera Guerra Mundial, el partido de fútbol que jugaron el ejército alemán y el ejército inglés en 1914, la pregunta y el reto es cómo el otro puede transformarse en mi enemigo, cómo en nuestra sociedad, en la que tenemos mucho en común y empatizamos unos con otros, por momentos el otro se convierte en el enemigo.

Lo lúdico fue que en el lanzamiento los chiquilines vieron un video sobre la Navidad en las trincheras. Luego trataron de ponerse en el lugar de esos miembros del ejército y a partir de ahí empezaron una investigación que iba por temas históricos de imperialismo, Primera Guerra Mundial; por temas de Educación Social que tenían que ver con lo que significan la nación, el Estado, la identidad; por temas que tienen que ver desde Formación Cristiana con la empatía y el ponerse en el lugar del otro. Y de hecho hoy van a tener que elaborar como producto intermedio de ese proyecto un debate acerca de si realmente eran cobardes los que lucharon en la guerra. Ahí tienen que poner elementos que tienen que ver con lo histórico en sí mismo o con lo que aprenden en Educación Social, pero también tienen que poner en juego esto de las competencias del siglo XXI, como las llamamos los docentes, la comunicación oral, la capacidad creativa, cómo presentar, respetar la opinión del otro. Se evalúa a través de rúbricas de evaluación que están también en los librillos.

EC —Yo tengo acá el librillo Navidad en las trincheras.

VG —La rúbrica de evaluación es una herramienta que utilizamos los docentes, que también es usada por muchos profesores. En nuestro ABP es central, le adelantamos al alumno lo que esperamos de él. Esto es clave para los chiquilines, no es que el chiquilín se enfrente a la corrección de un escrito, de un trabajo y no sepa lo que el profesor quería. De antemano el alumno sabe lo que quiere, lo tiene en esa rúbrica y el profesor de acuerdo a eso va evaluando qué nivel tiene, si un excelente, un muy bueno, un aceptable, y también la oportunidad de mejorar: “te faltó esto”.

Los chiquilines van haciendo un proceso muy rico en esto del trabajo en equipo, que ha sido todo un desafío. Hay generaciones que lo vienen trabajando desde primero, pero los que hoy están en cuarto hicieron su primer año en trabajo colaborativo recién durante el 2017. El trabajo en equipo tiene este desafío de ponerme en el lugar del otro, de tratar de ayudarlo, de que si soy muy buen alumno y soy brillante tengo que poner mi saber y mi conocimiento al servicio de otro. De alguna manera todos tratan de sumar para ser cada vez mejores, no equiparar para abajo, sino para ser mejores. Pero también hay que enseñarles a tener este sistema de trabajo.

GL —La pregunta de esto, que después aterrizan a su vida, es cómo el otro se transforma en mi enemigo. Esa es la pregunta central del reto. A partir de esta propuesta y de estudiar la Primera Guerra Mundial, cómo pueden aterrizar esto en su vida y reflexionar sobre eso.

EC —En la portada del librillo dice “Proyecto del Área Social, tercer año, ciclo básico 2018”, y sus integrantes: “Montserrat, Noemí, Patricia, Santiago, Carmen y Lucía”.

GL —Esos son los profesores.

EC —¿Cuántos alumnos son por grupo?

VG —Son cuatro.

EC —¿Cómo se selecciona a esos cuatro? ¿Es al azar nomás?

GL —No, tratamos que en el equipo de cuatro alumnos haya distintas características, alguno tal vez más líder, otro más sistemático, otro más creativo. Si juntás cuatro creativos capaz que vuelan todo el día y no hacen nada.

EC —Se hace un estudio previo.

GL —Se hace un estudio previo. Luego también tratamos de que roten, hay tres rotaciones que acompañan en algunos casos los cierres de la Reformulación 2006, los cierres de notas. Tratamos de que se acostumbren a trabajar no con su amigo, sino a trabajar en equipo.

VG —Además, como todas las instituciones, tenemos alumnos con dificultades de aprendizaje, sea una dislexia, una disgrafía. Ahí tratamos de que quienes tengan dificultades de aprendizaje sean apoyados por algún compañero. Y hemos visto alumnos que han desarrollado su potencial por lugares que todavía ellos mismos no habían descubierto. Se va conociendo un poquito más cada uno.

EC —Si pensamos en un alumno y en una de las áreas, Social, a lo largo del año, ¿cuántos proyectos encara?

VG —Un promedio de seis proyectos en el año.

EC —Termina uno y empieza el otro.

VG —Sí. Puede haber alguna semana de repaso o de preparación y se inicia un nuevo proyecto. Los profesores han trabajado mucho, de hecho ese librillo que mostraste es 100 % producción de los docentes de nuestro colegio. Lo aterrizan bien a la realidad del colegio, de nuestros alumnos y de sus propios conocimientos, y una vez que está en marcha un proyecto van planificando el otro. En eso usan sus horas de coordinación, en la planificación de los proyectos, la revisión del que van haciendo, incluso evalúan y ven para el año siguiente: “esto lo tenemos que sacar”, “esta actividad hay que modificarla”; lo van planificando así.

GL —Es una dinámica que ha cambiado a todo el colegio, no solo a los docentes, ha transformado desde la recepción hasta el equipo directivo y está todo el colegio involucrado en esto.

EC —Ha cambiado el edificio incluso.

EC —Cuando entrevistábamos en su momento, a fines de 2015, aquí en EN PERSPECTIVA, al profesor Xavier Aragay, el catalán, uno de los grandes impulsores de este método, él decía que ponerlo en práctica implica incluso derribar muros, físicamente derribar muros en las instituciones de enseñanza. ¿Ha pasado algo de eso en el colegio de ustedes?

GL —Él también nos decía que no es lo más importante empezar por ahí. Hay que empezar por estar convencidos de que hay que hacer un cambio, por formar a los docentes y a las familias y generar una comunidad educativa, y a los alumnos que quieran trabajar en esto. Pero sí, tenemos proyectos de empezar a derribar muros, porque hoy se usan todos los espacios del colegio, salimos de lo tradicional, estamos en proyecto de tirar paredes.

EC —Rosario, te escuchamos.

ROSARIO CASTELLANOS (RC) —El colegio San Ignacio está ubicado, por lo menos la entrada, en la esquina de Alejo Rossell y Rius y 4 de Julio, en la zona de Parque Batlle. Sin embargo ya abarca una manzana completa, con las calles Manuel Alonso y Feliciano Rodríguez. En el interior, tal cual lo están contando, hay cambios. En primer lugar, todo lo que es corredor tradicionalmente en un colegio se ha transformado en lugar donde los alumnos trabajan. De manera que hay algunos de ellos sentados en el piso que estaban haciendo una experiencia con unos hornos de microondas correspondiente al área científica.

Además hay una variante muy interesante que tiene que ver con las tutorías. Los salones de tutorías teóricamente están con los alumnos, pero no había nadie allí dentro. Los tutores, que son los que antes eran los adscritos, se incorporan a la tarea docente y las tutorías son salones totalmente vidriados, es un sector del corredor integrado al corredor y completamente vidriado, de manera que el contacto visual con los alumnos es permanente. Así que en esa materia hay cambios.

También hay cambios en la distribución de los salones, porque los chicos están en mesitas que los agrupan de a cuatro. Mesitas que a su vez tienen una determinada forma que si es necesario pueden juntarse y conformar mesas más grandes. Pero hoy por hoy estaban trabajando de esa manera.

Los de primero estaban en un salón programando la actividad del resto del día. Ellos están trabajando en un proyecto del Área Artística que se llama “Reciclaje del papel”. Estaban todos sentados en el piso, con […] adelante programando esa actividad.

Los de segundo estaban haciendo una actividad que se llama “Sembrando calor”. Dentro del salón probaban bolsitas pequeñas, de 15 cm de lado, de distintas telas, que rellenaban con tres tipos de semilla: arroz, mijo y maíz, y las cosían, tenían una máquina de coser o lo hacían a mano, cerrándolas. Luego iban a comprobar en los microondas que estaban en el patio la eficiencia de la energía, del calor que podían acumular esas semillas. A medida que se iban vaciando entraba el adscrito y decía “tengo un microondas vacío”, e iban a comprobar. Además hacen un cálculo que tiene que ver con lo económico, el costo. Luego van a ver qué bien lo explica uno de los alumnos.

Y en tercero estaban estudiando un debate, estaban en el Área Social y se les había planteado la pregunta “¿Los soldados durante la tregua en la que festejaron la Navidad en la Segunda Guerra Mundial resultaron cobardes?”. El Área Social incluye para tercer año Historia, Literatura, Idioma Español, Educación Cívica y Formación Cristiana.

Para todos estos proyectos hay una especie de folleto que incluye una evaluación. El proyecto se evalúa en forma de proyecto, por equipo, pero también en forma personal. Hay una serie de preguntas que tienen que ver con lo que sacan de esta experiencia: “¿Qué aprendizaje me llevo?” es una, “¿Qué puedo destacar del trabajo en equipo?”, la segunda, y en lo personal, “¿Qué puedo mejorar o cambiar de cara al próximo proyecto?”. Tres preguntas que cada alumno debe contestar en su propia evaluación. Es muy interesante saber que la opinión de los alumnos cuenta.

Como ya les dije, un alumno de segundo año que estaba cerrando una bolsita me contó en qué consiste ese “Sembrando calor” en el que estaba trabajando.

(Audio diálogo.)

ALUMNO (A) —Estamos haciendo bolsitas para un trabajo. El Mides nos mandó una carta y nosotros tendríamos que estar haciendo bolsitas que van para todos los refugios.

RC —Bolsitas que luego van a intentar calentar, bolsitas que contienen semillas. Están probando cuál es más eficiente, la tela y la semilla.

A —Exacto.

RC —¿Con qué semillas?

A —Tenemos lino, mijo y arroz medio grano.

RC —¿Hasta el momento a qué conclusión han llegado?

A —Depende de si seguimos calidad-precio y todo lo demás. El arroz es el más normalito, que está entre medio, porque te rinde, pero también es rebarato al ser doble grano. Después está el mijo, que es el que llega a más temperatura y más mantiene.

(Fin audio.)

EC —¿Algún comentario de ustedes desde acá sobre lo que Rosario venía describiendo?

VG —A través de esa experiencia de las bolsitas dan distintas temáticas del año, por ejemplo en Ciencias Físicas se trabajan la energía y el calor, en Biología se trabaja la piel como órgano sensorial, en Matemáticas se empieza a trabajar en las funciones lineales y las ecuaciones. Para nosotros es importante esa capacidad del alumno de explicar lo que van haciendo, ellos logran comprender todo el proceso y la conclusión final o el producto final que quieren llegar.

Ese grupo que esta en el lanzamiento del día, con todos los alumnos sentados en el piso en primero, está en el momento cuando los profesores les dan la pauta del día y lo escriben en un pizarrón al inicio. Ahí dicen “hoy vamos a desarrollar estas actividades del proyecto, del librillo, vamos a reunirnos en algún momento de la mañana y vamos a hacer una puesta en común, y después vamos a hacer una pausa ignaciana”, que es lo que Rosario leyó como preguntas finales. Una pausa pedagógica ignaciana tiene que ver con qué aprendió en lo académico, pero también con el proceso personal del alumno, y en el caso de nuestro colegio, que es católico, con trabajar la dimensión de la trascendencia, lo que tiene que ver con el conocerme a mí mismo respecto a los demás y también respecto a mi experiencia con Dios. Está bueno que cada paso sea evaluado. Incluso en esto del trabajo en equipo tenemos una rúbrica que elaboramos en febrero junto con Pedro Ravela y los docentes, la rúbrica “Mi contribución al trabajo en equipo”, la contribución individual al trabajo en equipo. Eso está en todos los proyectos. Ahí se ven el compromiso, la responsabilidad, la comunicación, la empatía. Rosario estuvo mirando y envió alguna foto el Maker Space.

EC —¿Qué es esa sala?

GL —Es un espacio en la sala donde las mesas estaban vacías, es un espacio que funciona martes y jueves. Tiene que ver con tecnología, con carpintería, con generar maquetas. En ese espacio buscamos desarrollar creatividad, que los chiquilines desarrollen la creatividad, que es otra cosa nueva que nos permiten este movimiento y esta metodología, algo que en los jóvenes y capaz que en la educación veníamos como cortando, por aquello de que tenía que ser todo tan sistemático.

VG —Maker Space tiene eso de desarrollar el pensamiento lógico y computacional, como se dice ahora, a partir de un reto. Desde utilizar palitos de brochette hasta manejar un taladro, que hay en ese espacio. El profesor busca distintas herramientas de la informática, de la carpintería, para ese desarrollo de la creatividad.

GL —Está todo muy planificado. Es un colegio con movimiento, no es aquello tradicional de cada uno en su salón en silencio y si te falta un profesor o te pasa algo te empezás a poner nervioso si no tenés propuesta o si los chicos están sueltos. Pasamos a un colegio donde hay movimiento pero están todos trabajando.

EC —¡Qué cantidad de preguntas quedan, mías y de los oyentes! Vamos a elegir algunas.

Es interesante lo que plantea Gaby en su mensaje de WhatsApp: “Sin ser contra, ¿alguien piensa qué pasa si estas experiencias no funcionan? Así como no se permite experimentar con medicamentos, ¿es ético experimentar en educación? ¿Eso se regula de alguna manera?”.

VG —No estamos experimentando.

EC —Para empezar, tuvieron que hacer un trámite ante el Consejo de Educación Secundaria.

VG —No, no tuvimos que hacer nada en especial porque cumplimos con los contenidos del Plan de Estudios Reformulación 2006. Y de hecho tuvimos comunicación con la inspección, la inspección sabe lo que estamos desarrollando y la ANEP va por este lado. Hay una organización de la ANEP que se llama Red Global de Aprendizajes que promueve esto, ellos lo llaman aprendizaje profundo a partir de proyectos interdisciplinarios y de seis competencias básicas que tendría que tener todo alumno, que es lo que nombrábamos. Nosotros sabemos que esto no es experimentación, que el alumno va aprendiendo. Y lo que nos parece muy rico y lo vamos comprobando junto con los alumnos y las familias es que el alumno se hace muy consciente de su propio proceso de aprendizaje. Los alumnos ahora te hablan de educación a los 13 años como si fueran magísteres, te dicen “así no aprendo”, “así sí”, “los profesores hoy estuvieron descoordinados”, “los profesores hoy trabajaron bárbaro”. Hacen una evaluación continua de este proceso y las familias también, hemos tenido entrevistas con las familias.

EC —¿Cómo fue la reacción de los padres cuando les plantearon esta idea? ¿No aparecieron dudas?

GL —Sí, cómo no.

EC —¿No aparecieron temores?

GL —También, por supuesto. Pero tenemos por suerte una comunidad de familias que tienen mucha confianza en lo que es el trabajo desde siempre. Sí hemos hecho reuniones, hemos trabajado con ellos, las puertas de la dirección están abiertas; hemos tenido entrevistas con algunos que tenían más dudas aún y que querían saber. Pero tenemos un alto porcentaje de confianza, así lo evaluamos a fin de año el año pasado.

Esta metodología tiene muchos años en el mundo, no es algo nuevo, no estamos improvisando. El colegio se viene preparando desde el 2008, 2009, va haciendo su proceso. El pertenecer a una red de colegios jesuitas nos da la garantía de que en Barcelona está funcionando, en Ecuador está funcionando, en muchos colegios acá en Uruguay, nuestros hermanos también están empezando a utilizar esta metodología, tienen ABP en sus currículos. Y muchos docentes en distintos colegios y liceos públicos también. Porque nosotros hicimos esta metodología interdisciplinar, pero cada uno según su contexto puede tomar las decisiones y elegir. Un profesor que entienda que tiene que haber un cambio, que el centro tiene que ser el alumno, que el alumno se tiene que volver protagonista de su aprendizaje y defender lo que quiera aprender y que quiere trasmitirles a los alumnos puede aplicarlo solo. Es más rico cuando lo hacemos interdisciplinariamente.

EC —Ustedes están aplicando esta metodología de primero a cuarto de liceo. ¿Cuál es el futuro? ¿Cómo sigue esta historia?

VG —Esto lo vamos reflexionando. Este año lo ampliamos a cuarto año de liceo; cuarto año tiene menos proyectos en el año porque la innovación fuerte fue de primero a tercero, cuarto año va a desarrollar dos proyectos por área durante el año. Y para quinto y sexto pensamos que puedan desarrollar algunos proyectos en las materias del núcleo común del bachillerato tiene que ver con Filosofía, Literatura, Inglés, Matemática. Son asignaturas que sea en quinto o en sexto trabajan todos los grupos, más allá de la orientación. Ahí vamos a hacer un paso a paso, vamos a trabajar sin que cada orientación pierda su especialidad y su preparación para la universidad.

GL —Cuando venís educando al alumno en esta metodología no lo podés cortar para pasar abruptamente a otra metodología. Nos interesa mucho la calidad educativa de los chicos y cómo van a egresar, y para eso hemos estado siempre acompañados por el Departamento de Educación de la Universidad Católica en la formación y a lo largo de este tiempo. Para nosotros es una garantía tener asesores externos que nos vayan apoyando en esto. Este año hemos logrado generar también un laboratorio de investigación. Tenemos un grupo de docentes que se han enganchado, que tienen horas aparte y que están estudiando cómo es la aplicación del aprendizaje basado en proyectos en nuestro colegio. Estamos tratando de unificar criterios en esto de cómo se evalúa, cómo es la propuesta, qué intereses tienen nuestros alumnos. Ese equipito, que es como una célula de laboratorio, al que llamamos laboratorio de investigación, nos va a permitir irnos acompañando en este proceso de seguir llevando el ABP a todo el colegio, quinto y sexto.

***

VG —Los invitamos a visitarnos. Hemos tenido visitas de directores de liceo público, de liceo privado, de profesores, mucha gente se ha interesado. Y pesamos que puede inspirar a otros porque es posible aplicar esta metodología en otros lugares.

EC —Aquí mismo en EN PERSPECTIVA hemos conocido ya otras experiencias, otras metodologías y vamos a seguir volcando casos.