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La Iglesia en los medios Dinamarca: hallan antiguos libros envenenados, al alcance del público en una biblioteca [de interés]

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Llamen a Guillermo de Baskerville.

Al igual que en la novela “El nombre de la rosa”, los volúmenes habían sido embadurnados con arsénico.

Los tres libros estuvieron durante años a disposición de quien quisiera consultarlos en la biblioteca de la Universidad del Sur de Dinamarca, en Esjerb. Un estudio que pretendía ahonar en su contenido constató por casualidad la presencia del veneno. Ahora, los ejemplares permanecen aislados en cajas ventiladas, y se prevé su digitalización para disminuir al mínimo su contacto con manos humanas.

Los docentes Jakob Povl Holck y Kaare Lund Rasmussen son los responsables de constatar esta mortal característica en los libros, datados en los siglos XVI y XVII, según informa el periódico La Vanguardia. Los tres volúmenes presentaban altos niveles de concentración de la toxina en sus portadas, y habían formado parte de la biblioteca de la casa de estudios durante años, sin que nadie lo notara.

“Algunos recordarán el libro mortal de Aristóteles que juega un papel vital en la trama de El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco. Envenenado por un monje benedictino loco, el libro causa estragos en un monasterio italiano del siglo XIV, matando a todos los lectores que se lamen los dedos al pasar las páginas tóxicas”, recuerdan los investigadores en un artículo en The Conversation.

El arsénico es uno de los venenos más letales del mundo, y para como de males, no tiene fecha de vencimiento. En dosis pequeñas y sostenidas, puede causar un progresivo cansancio, irritabilidad y pérdida de apetito o de peso, un proceso lento que puede culminar en la muerte, tal como sucede con el protagonista de la novela La escalera de hierro, del escritor belga George Simenon.

Los investigadores descubrieron la presencia del veneno cuando sometieron los libros a un estudio de rayos X. Sabían de antemano que para confeccionar las cubiertas se habían utilizado trozos de manuscritos medievales, una práctica relativamente común en aquellos tempos y que se encuentra ampliamente documentada. Sin embargo, en algún momento de la historia alguien había embadurnado las cubiertas con una gruesa capa de tinte verde brillante. Así las cosas, los rayos X podrían permitirles “espiar” las capas inferiores y leer lo que estaba debajo. Para su enorme sorpresa, durante el estudio descubrieron que esa pintura verde estaba compuesta en gran parte por arsénico.

Surgieron entonces las grandes preguntas: ¿quién envenenó los libros, y por qué lo hizo? Sin embargo, la respuesta parece más bien prosaica y alejada de la ficción de Umberto Eco.

Según los investigadores daneses, la pintura tóxica sería un pigmento muy utilizado durante el siglo XIX y conocido como “verde de París”. Esta tintura fue muy popular entre los artistas plásticos por razones estéticas, pero el arte no era su única aplicación. El verde veneno se usaba también para eliminar insectos y parásitos en telas, papel y madera, por lo que es de suponer que la persona que la aplicó sobre los libros lo hizo para protegerlos de alimañas.

En los años finales del siglo se comprobó el peligro que entrañaba semejante pintura en proximidad de las personas, y se dejó de emplear tanto en el arte como en la protección de objetos. Curiosamente, el compuesto pasó a ser usado como pesticida agrícola y su uso se discontinuó recién a mediados del siglo XX.