Iglesia al día

" Me alegra que el tema elegido por la familia ecuménica para la celebración del Tiempo de la Creación 2020 sea 'Jubileo de la Tierra', precisamente en el año en el que se cumple el cincuentenario del Día de la Tierra "
Papa Francisco

La Iglesia en los medios Deterioro del sentido de la navidad

EL OBSERVADOR |

Editorial

Navidad simboliza paz y familia como ejes de una sociedad equilibrada y estable. Son cimientos cuya construcción compromete a todos, tanto a los cristianos que celebran el nacimiento de Jesús hace dos milenios como al resto de la comunidad uruguaya, sean o no creyentes. Pero esos empeños tan necesarios claudican tristemente en nuestro país, empujados a una pendiente de degradación social por agresiones legales a la familia y a la vida humana y por el recrudecimiento de múltiples formas de violencia.

Una sociedad ordenada solo es posible si tiene a la familia como su piedra angular. De la familia nace la armonía entre los adultos y la formación adecuada de niños y adolescentes. Todos afirman estar de acuerdo con este concepto fundamental. Pero muchos lo deforman irremisiblemente. La familia es un hombre, una mujer y su descendencia. No cabe ese nombre para designar otras realidades que pueden mostrar afecto, pero que no tienen esos elementos básicos. Hace ya años, sin embargo, surgió, no solo en nuestro país sino en muchas partes del mundo, la tesis curiosa de que hay diferentes modelos de familia, como si se tratara de una opción de muebles entre un boulle del siglo XVII o una vanguardista cómoda escandinava.

Derivación de esta insensatez es el proyecto de ley sobre matrimonio igualitario que pretende poner en pie de igualdad el matrimonio con las parejas formadas por personas del mismo sexo. Estas uniones ya están reconocidas en nuestra estructura jurídica. Sus integrantes tienen derechos civiles, jubilatorios y sucesorios. Pero pretender equipararlas al matrimonio evidencia, en el mejor de los casos, ignorancia y desaprensión de muchos legisladores y, en el peor, una profesión deliberada del caos como norma de convivencia social.

Ya antes se había consumado la enormidad de legalizar el aborto por sola voluntad de la madre. Fue propulsado paradójicamente por legisladores del Frente Amplio que alardean de ser abanderados de los derechos humanos. Pero esta ley tira sin miramientos por la ventana el primero y principal de los derechos humanos, que es el derecho a la vida. La existencia de vida desde la gestación está reconocida en tratados internacionales y en nuestra estructura jurídica y científica. La ley, sin embargo, autoriza contradictoriamente la muerte de una persona por decisión unilateral de otra. La monstruosidad de la ley se refleja en el hecho de que mutualistas y médicos, incluyendo la totalidad de los ginecólogos en algunos departamentos del interior, se niegan a cumplirla.

A las agresiones a la familia y a la vida de quienes la integran desde que son concebidos, se agrega una propagación de la violencia en nuestra sociedad. La delincuencia violenta de adultos y menores, alentada muchas veces por la drogadicción, arrecia incontenida contra la vida y los bienes de las personas. La violencia doméstica se ha convertido en tema prioritario de preocupación en todo el país. Y se propagan desde hace años los actos violentos en los centros de estudios, especialmente los liceos, y en espectáculos deportivos.

Navidad es una fecha propicia para encarar esa creciente fragmentación de la familia y de la convivencia pacífica. Compete a todos frenar el declive, no solo a los poderes del Estado, sino a todas las personas de buena voluntad, que buscan la felicidad para los suyos. Asumir esa responsabilidad es la mejor forma de convertir esta fecha en la feliz Navidad que deseamos para todos. l