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LA DIARIA |

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El sínodo del Vaticano concluyó con la beatificación de Pablo VI, que reinstauró estos encuentros.

La semana pasada se había anunciado que la cumbre de obispos católicos -el sínodo sobre la familia-, que se celebró durante 15 días, desembocaría en una mayor apertura al divorcio y a los homosexuales. Pero el encuentro terminó ayer sin que se cerrara el debate y con el anuncio de que estos temas serán zanjados por el papa Francisco después de otro sínodo, el año que viene.

Los sectores más conservadores de la Iglesia Católica obtuvieron una victoria ayer. En la votación final del documento, tres párrafos quedaron afuera porque no reunieron el apoyo requerido de dos tercios de los presentes, a pesar de que contaban con la aprobación de una amplia mayoría en el sínodo. “Esto no significa que estos párrafos sean rechazados, sino que aún hay camino por recorrer”, explicaron voceros del Vaticano al diario católico francés La Croix. De acuerdo con lo establecido por el papa Francisco, los párrafos que no alcanzaron los dos tercios aparecen en el documento final publicado en la página web del Vaticano y también se dieron a conocer los votos que cada uno de ellos recibió a favor o en contra.

Además, las autoridades del Vaticano destacaron que estas reuniones de obispos sólo son consultivas y que la última palabra al respecto la tendrá el papa cuando haya concluido el próximo sínodo, que está previsto para octubre de 2015, para que los participantes puedan meditar sobre estos puntos durante un año.

El artículo que más rechazo generó fue el que preveía trabajar para establecer cómo podrían hacer penitencia los divorciados que se volvieron a casar para poder comulgar: obtuvo 104 votos a favor y 74 en contra. Otro artículo, que también se refería a la posibilidad de que los divorciados casados en segundas nupcias pudieran participar en “la comunión espiritual” -que no consiste en recibir la eucaristía propiamente dicha, pero sí expresar el deseo de recibirla- y explica “por qué no pueden recibir la comunión sacramental” fue respaldado por 112 obispos, mientras que 63 votaron en contra.

Otro punto que quedó para el año que viene, porque obtuvo 118 votos a favor y 62 en contra (los dos tercios estaban en 123), establece que “los hombres y las mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto y delicadeza” y que se “evitará cualquier marca de discriminación”.

Esto muestra que existe una división en la Iglesia Católica y que el sector conservador impuso su resistencia en estos dos temas a pesar de ser minoritario. Este desenlace generó cierta decepción, luego de que hace una semana el Vaticano diera a conocer un documento preliminar que generó expectativas de apertura. El borrador establecía, por ejemplo, que “las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana”, frase que desapareció del documento final.

Más allá de la novedad que surge del amplio apoyo que recibieron estos tres artículos, aunque no llegaran a la cantidad de votos necesaria, fue novedosa la libertad de palabra que hubo en esta reunión, en la que el papa pidió a los participantes que hablaran “sin temor”.

En el cierre del encuentro, el papa dijo que las dos semanas de debate fueron “una gran experiencia”. Además, explicó que el objetivo de estas cumbres es “adaptar los métodos de apostolado a las múltiples necesidades de nuestro tiempo y a las nuevas condiciones de la sociedad”. Sin embargo, como para acallar las divisiones, Francisco había dicho el sábado que la indisolubilidad del matrimonio no está en cuestión, aunque se alegró de haber visto “animadas discusiones” durante el sínodo.

Un beato más

Una vez terminado el encuentro, fue beatificado -paso previo a la santificación- el papa Pablo VI (Giovanni Battista Montini, 1897-1978), que reinstauró los sínodos de obispos en el Concilio Vaticano II, convocado por el papa Juan XXIII, que concluyó bajo la autoridad de Montini. “Pablo VI, en el momento en que estaba surgiendo una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría y con visión de futuro -y quizá en solitario- el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la fe en el Señor”, dijo Francisco.

El milagro que se le atribuyó a Pablo VI para beatificarlo fue la curación de un bebé al que los médicos le habían diagnosticado problemas cerebrales antes de que naciera. Su madre descartó un aborto terapéutico y el niño nació sano luego de que ella le rezara a Pablo VI. Para que se lo declare santo, la Iglesia debería atribuirle otro milagro.

De acuerdo con la agencia de noticias Efe, durante la ceremonia de beatificación se expuso como reliquia la camiseta manchada con la sangre que usó el religioso italiano en el atentado que sufrió en 1970, cuando el pintor boliviano Benjamín Mendoza y Amor Flores le dio dos puñaladas en el aeropuerto de Manila, en Filipinas.

Montini, que lideró la Iglesia desde 1963 hasta su muerte, es considerado el “padre de la Iglesia moderna”, porque dejó de celebrar la misa en latín, pero generó rechazo al pronunciarse en contra de la pastilla anticonceptiva.