Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Desnaturalización [Editorial]

EL PAÍS |

IGNACIO DE POSADAS

Vuelvo sobre el proyecto llamado de “matrimonio gay o igualitario”, para analizar ahora los aspectos más medulares de su contenido. Ya lo votó Diputados. Deplorable.

El proyecto es una manifestación más de una ideología-cultura que coloca a la igualdad como valor supremo en el orden moral y, en aras de ello, utiliza su poder político para dictar leyes que impongan ese orden moral en un número creciente de situaciones humanas.

La igualdad no es un bien de descubrimiento reciente, por esta cultura, tan arraigada en buena parte de nuestra izquierda, (y a la que rinden pleitesía, por demagogia, políticos que aprendieron otras cosas). Fue el cristianismo quien introdujo en la moral y el derecho de Occidente, avanzando el camino de los estoicos y de los jurisconsultos romanos, el valor de la igualdad de los seres humanos, como bien moral y jurídico superior.

Pero era otra igualdad y otro su lugar en la jerarquía moral de valores. La igualdad, nada menos, de ser todos: hombres y mujeres, ricos y pobres, hijos de Dios, que refuerza con un argumento absoluto los fundamentos filosóficos de la igualdad ante la ley, base del ordenamiento jurídico y moral de Occidente. Es la igualdad que surge de la naturaleza del ser humano.

La igualdad que informa el proyecto es muy otra: la material. Aquélla que, para ser procurada, requiere de torcer la realidad. No nace de la naturaleza, sino de una voluntad que quiere imponerse a aquélla. Es la que subyace a la concepción del ser humano que tiene la izquierda vernácula y de allí fluyen sus políticas, sociales y económicas y que, como exige para su intento forzar la realidad, acarrea siempre consecuencias negativas, principalmente para la libertad de las personas. En el caso del proyecto esa concepción de la igualdad material como valor supremo impacta, además, otros aspectos esenciales del ser humano.

En primer lugar y es su artículo 1), el proyecto destruye una institución básica, propia de la naturaleza del hombre y que nos viene del fondo de la historia: el matrimonio La unión de dos personas, constitucionalmente complementarias, (sexual, psicológica y emocionalmente), con el fin y sentido de vivir como uno solo y ser fuente de vida humana. Algo singular, maravilloso, preñado de contenido. Que el orden jurídico reconoce en su especificidad y trascendencia, recogiéndolo en la Constitución.

Eso se tira a la basura, considerándolo una rémora cultural, apolillada e inútil. La naturaleza es sustituida por la voluntad de la mayoría, que resuelve y dispone que el “matrimonio implicará (sic) la unión de dos contrayentes, cualesquiera sea la identidad de género u orientación sexual (sic) de éstos…”

Eliminada la piedra angular de esta construcción, natural y jurídica, se siguen inevitablemente otras consecuencias, gravísimas. Desnaturalizado el matrimonio, la paternidad y la maternidad caen en similar desvalorización. Ser padre, madre o hijo pasan también a la categoría de productos de la voluntad legislativa.

Basta leer algunos de los artículos del proyecto que llegan a situaciones ridículas, como considerar progenitor en un “matrimonio” lesbiano, a la compañera de la embarazada que concibió (obviamente que con otro -porque para eso no basta la voluntad), a una criatura dentro de los seis meses del “casamiento”. O el que otorga al niño, antes de cumplir un año, el derecho a impugnar su filiación. Los padres pasan a convertirse en “progenitores biológicos”.

A partir de estas premisas preparémonos para la creación de cabañas, con todos los servicios: montas, trasplantes de embriones, alquiler de nodrizas, clonación … etc. El sueño de Mengele.

Menor, aunque no sin importancia, es todo el fárrago de normas que consagra una suerte de tómbola para la elección de apellidos. En Diputados se argumentó que el proyecto democratizaba el matrimonio y rompía las barreras existentes al amor, permitiendo que quien creyera amar a otro pudiera realizarse, sin que se lo impidiera la igualdad de sexo. Analizados con un mínimo de profundidad se ven claramente las confusiones debajo del encandilamiento de rótulos “sagrados”.

La Democracia es una creación del ser humano, allá por el siglo XVII, para ordenar la vida en sociedad sobre la base de preservar ciertos derechos frente a los poderosos. Hace a otra cosa. Nada tiene que ver con el matrimonio (o será que ahora se viene una ley sobre la separación de poderes en el matrimonio?). En cuanto al amor, bueno sería definir de qué se está hablando. Si es de una atracción emotiva y física fuerte, está lo que se llama hacer el amor, el deseo por la mujer o el marido del otro, o variantes como la codicia, la ambición y, en órdenes distintos, la amistad y hasta el amor al prójimo. Muchas cosas se explican y hasta justifican bajo el rótulo del amor. Algunas muy nocivas

P.D. Ni noticias del Presidente sobre la iniciativa para la educación en barrios carenciados, entregada (a su pedido) el pasado agosto.