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La Iglesia en los medios Desaparición de la joven Emanuela Orlandi compromete más al Vaticano

EL PAÍS |
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Tumbas vacías de dos princesas agrega misterio al caso que lleva 36 años.

El intento del Vaticano de ayudar a la familia de Emanuela Orlandi, la adolescente hija de un funcionario de la Santa Sede que desapareció en Roma hace 36 años, ahondó aún más el misterio sobre su destino y corre el riesgo de embarrar a la Iglesia y hasta al papa Francisco.

El misterioso caso, que alimentó todo tipo de teorías en la década del 80 al involucrar a jerarcas de la Iglesia y a la mafia siciliana, tomó un sorpresivo giro el sábado.

La noticia de que se encontraron vacías las tumbas de dos princesas enterradas en el siglo XIX en el cementerio Teutónico del Vaticano, donde se pensaba podían estar los restos de la joven Orlandi, desconcertó a los italianos.

Se trata de la llamada “Tumba del Ángel”, en la que se creía estaban enterradas las princesas Sofía von Hohenlohe, fallecida en 1836, y Carlota Federica de Mecklemburgo, que murió en 1840. Las tumbas de dos princesas fueron abiertas el jueves con la autorización del Vaticano y por pedido de la familia Orlandi. La familia había recibido una información anónima en la que se indicaba que los restos de Emanuela podían estar en esas sepulturas. Pero en las tumbas, una vez abiertas, no se encontró ninguna osamenta.

Sin embargo, el sábado el portavoz de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, anunció que fueron localizadas dos osamentas en el sótano del Colegio Teutónico, junto al cementerio.

Los expertos creen que los esqueletos de las princesas fueron trasladados a ese lugar con motivo de las obras de ampliación del Colegio Teutónico, realizadas en los años 60 y 70.

Los osarios van a ser inspeccionados el próximo fin de semana ante la presencia de la familia Orlandi, la cual había pedido la exhumación de esos restos convencida de que la joven se encontraba allí.

Una serie de señalamientos anónimos llevaron a que el Vaticano autorizara la apertura de las dos tumbas del cementerio alemán con la esperanza de hallar algún rastro de la hija del funcionario del Vaticano, entonces de 15 años.

Emanuela residía dentro de las murallas del Vaticano, y fue vista por última vez el 22 de junio de 1983 cuando salía de una clase de música en el centro de Roma.

Esa desaparición todavía intriga a los italianos y ha suscitado una cadena de teorías conspirativas acerca de eventuales presiones de la mafia siciliana sobre los responsables de las finanzas de la Santa Sede a cargo entonces de monseñor Paul Marcinkus, involucrado en uno de los mayores fraudes financieros en Italia.

“Francamente, el personal del Vaticano no es tan astuto, ni tiene la mente de una película de James Bond, como para creer que hay una conspiración altamente intrincada”, comentó el experto en asuntos del Vaticano John Allen en el sitio de noticias religiosas Cruxnow.

La mayor crítica a la situación proviene de la página internet ultraconservadora Infovaticana, enemiga acérrima del pontificado de Francisco.

“La grotesca situación del hallazgo de las dos tumbas vacías denota el caos actual en que viven las instituciones que pueblan el diminuto estado pontificio”, escribió.

Por su parte el director de comunicaciones del Vaticano, Andrea Tornielli, explicó que las tumbas habían sido abiertas en un gesto de “cercanía cristiana con la familia Orlandi” y “ciertamente no, como se ha dicho, como una forma de admisión por parte del Vaticano de la posible participación en el ocultamiento de un cadáver”.

Esa explicación no ha sido suficiente para satisfacer a los escépticos, sobre todo después de que Pietro Orlandi, quien ha pasado su vida buscando a la hermana desaparecida, contara a los medios de comunicación que le habían advertido horas antes de que las tumbas estaban vacías.

La posibilidad de que la Santa Sede esté involucrada en la desaparición de Orlandi ha salido a relucir periódicamente en las últimas décadas alimentando cascadas de noticias y a pesar de los intentos de transparencia hechos por Francisco.

“¿Cómo es posible que el Vaticano haya aceptado abrir la tumba… sin saber los nombres y apellidos de los que están detrás del aviso?”, lamentó Francesco Grana en el diario Il Fatto Quotidiano. “¿La familia Orlandi y el Vaticano cayeron en una trampa?”, se interroga.

Varias teorías conspirativas

Emanuela Orlandi desapareció en 1983 tras salir del departamento de su familia en el Vaticano para asistir a una clase de música en Roma. Su padre, Ercole Orlandi, era un empleado del Vaticano. La desaparición de la joven, uno de los grandes misterios de Italia, estuvo rodeada por varias teorías conspirativas, desde la implicación de la curia vaticana hasta la Banda de la Magliana (la mafia de Roma) o la relación con el atentado al papa Juan Pablo II a manos del turco Ali Agca. Eran tiempos en los que en Italia se cruzaban las Brigadas Rojas y los escuadrones fascistas. En 2017, un periodista de investigación italiano causó sensación al publicar un documento robado de un mueble cerrado en el Vaticano, que insinuaba que la Santa Sede estaba implicada en la desaparición de la joven. El Vaticano rechazó las acusaciones y dijo que el documento era falso, pero no explicó por qué se encontraba en ese mueble. El presunto autor del documento habría sido un cardenal, y los papeles supuestamente incluían una lista de gastos para el mantenimiento de Orlandi.