Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Departamento Vocaciones y Ministerios

SENCILLAMENTE HERMANO [Hno. Edgardo Bruzzoni]

SENCILLAMENTE HERMANO

Hno. Edgardo Bruzzoni
Hermano de la Sagrada Familia

«No se hagan llamar maestro porque no tienen más que un solo Maestro y todos ustedes son hermanos» (Mt 23,8). “No teman, avisen a mis hermanos que vayan a Galilea y allí me verán” (Mt 28,10).

La Vida Religiosa en su diversidad de carismas es un don del Espíritu al mundo a través de los fundadores, en el seguimiento de Cristo como discípulos y misioneros siendo testigos del Reino de Cristo en una Iglesia en comunión.

Desde los comienzos de la vida consagrada se les ha dado el nombre de Hermano a los religiosos laicos. La identidad de los religiosos Hermanos es laical, consagrada, fraterna y solidaria. Pero esta identidad es poco conocida. «Estos religiosos están llamados a ser hermanos de Cristo, profundamente unidos a Él, primogénito entre muchos hermanos (Rm 8, 29); hermanos entre sí por el amor mutuo y la cooperación al servicio del bien de la Iglesia; hermanos de todo hombre por el testimonio de la caridad de Cristo hacia todos, especialmente hacia los más pequeños, los más necesitados; hermanos para hacer que reine mayor fraternidad en la Iglesia » (V.C.60). El valor evangélico de la fraternidad es, pues, el foco que esclarece la identidad y misión de esta vocación. Los Hermanos hacemos visible en la Iglesia el rostro de Cristo hermano, siendo artífices de una nueva fraternidad que tratamos de instaurar con nuestra vida y testimonio.

Los religiosos Hermanos encontramos nuestro hábitat natural en este contexto de comunión por nuestra pertenencia al Pueblo de Dios. Es el fruto de un corazón que se deja compadecer por las necesidades y las miserias de la humanidad.

¿Qué recordamos los Hermanos en los ambientes donde trabajamos y para las personas con las que cada día comparten nuestra vida, y nuestra misión?

… Recordamos la igualdad fundamental entre los bautizados nacida de ser todos hijos de Dios, y hermanos unos de otros en Cristo. Una Iglesia con una espiritualidad de comunión reclama que haya miembros en la Vida Religiosa que por su vocación muestren de forma intensa esa igualdad radical de los Hijos de Dios.

…Recordamos el valor del ministerio laical a las personas que trabajan con nosotros.

Los Hermanos, realizando nuestro trabajo y profesión, desde la consagración religiosa recordamos a los laicos el carácter salvífico de nuestra misión. Hoy en día la misión compartida entre Hermanos y laicos favorece este cometido. Mostramos y compartimos la riqueza contenida en nuestro propio carisma fundacional

…Recordamos a todos el valor de la fraternidad, La fraternidad es un don que recibimos, es un don que compartimos en comunidad y es un don que se hace entrega al servicio de los demás. En la sociedad que vivimos, basada en el dinero, el prestigio y el dominio, los Hermanos, por vocación y por nombre, estamos llamados a vivir la fraternidad cristiana basada en el servicio, el compartir y en el espíritu de las bienaventuranzas. La vocación del Hermano es parte de la respuesta que Dios da al vacío de fraternidad que hoy hiere al mundo. A ejemplo de Cristo queremos ser Hermanos mayores de los jóvenes a quienes educamos, Hermanos cercano de los adultos con quienes trabajamos, Hermanos acogedores con los pequeños y excluidos de la sociedad. Por eso la vocación del Hermano está íntimamente ligada a una fina sensibilidad por todo lo que afecta a los más pequeños, a los oprimidos por las diversas formas de injusticia, a los abandonados al margen de la historia y del progreso, a los que, en definitiva, tienen menos posibilidades de experimentar la buena nueva del amor de Dios en sus vidas.

Los votos de pobreza, castidad y obediencia, vividos desde nuestra vocación de Hermano “nos hacen más disponibles para encontrarnos con los hombres y trabajar en favor de la paz, la justicia, la dignidad humana y el amor”. Y nos hacen fermento en la masa y guías expertos de vida espiritual que acompañamos fraternalmente a otros creyentes, donde compartimos nuestros propios descubrimientos con otros hermanos, para beneficio mutuo.

… Recordamos un estilo de vida para una misión. El Hermano tiene un estilo de vida, de relaciones, de forma de ser, basado en la comunión fraterna, que debe impactar en medio de nuestra sociedad dominada por el interés individualista y el provecho personal.

Tratamos de mostrar a las personas que hay un modo nuevo de tratarse, de relacionarse unos con otros: la cercanía, la acogida, la ayuda recíproca, la escucha atenta, la generosidad, la amabilidad, la delicadeza… y todas las demás virtudes relacionales que muestran un estilo de vida y de relaciones nuevos, que humanizan nuestros ambientes de vida y de trabajo.

… Recordamos el valor y la fuerza de vivir en comunidad. Con mucha frecuencia nos tenemos que recordar entre nosotros que pertenecemos a una comunidad, porque es ésta precisamente la que nos permite crecer y madurar, vivir y realizar nuestro proyecto de vida.  No es posible ser Hermano sin comunidad porque “la comunidad religiosa es el lugar donde se llega a ser Hermano”. Necesitamos recordarnos continuamente que es Cristo el que nos congrega y que “antes de ser una construcción humana, la comunidad es un don del Espíritu”. Construir la comunidad de Hermanos es nuestra principal misión y el mejor fruto que podemos entregar a esta sociedad marcada por tanto desamor.

Invitamos a las personas que se relacionan con nosotros a captar que estamos viviendo en comunidad no para organizarnos mejor y poder así ofrecerles unos servicios, sino principalmente para ayudarles a encontrar sentido a su vida y para que queden fascinados al ver lo que puede hacer la fuerza del amor en una comunidad cuando se crece juntos, se comparte la fe y la vida, se ora unidos, se participa de las alegrías y los sufrimientos y se tienen proyectos comunes.

Vivir la vocación de Hermano nos impulsa a buscar y testimoniar los valores humanos y cristianos de nuestra vocación fraterna.

Por eso, la vocación de Hermano, aunque no todos la comprendan, crea esperanza, y es “profecía de futuro” con la existencia vivida y expresada en lo cotidiano de la vida, realizado con amor y amasado con la sabiduría y la gracia del Espíritu Santo.

Hno. Edgardo Bruzzoni
Hermano de la Sagrada Familia

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