Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Departamento de Liturgia

Curso 2012

PRESENTACION GENERAL DE LA INICIACION CRISTIANA

 I. CATECUMENADO E INICIACIÓN CRISTIANA

a) Catecumenado e iniciación a la fe y a la vida cristiana
b) La iniciación cristiana
c) Participación en el Misterio Pascual de Cristo

II. INTUICIONES DEL MODELO CATECUMENAL DE LA IGLESIA PRIMITIVA
a) Criterio de exigencia
b) Primacía de la conversión
c) Carácter progresivo de la iniciación cristiana
d) Iniciación a la historia de la salvación
e) Catequesis de los sacramentos
f) Participación de la comunidad

III. EL PROCESO DE LA RESTAURACIÓN DEL CATECUMENADO
• “Directorium catechisticum generale” (1971).
• “Evangelii Nuntiandi” (1975).
• “Catechesi tradendae” (1979).
• “Redemptoris missio” (1990).
• “Christifideles laici” (1988).
• “Familiaris consortio” (1981).
• “Código de Derecho canónico” (1983).
• “Catecismo de la Iglesia católica” (1992)
• “Cuarto Sínodo” (2005).
• “Aparecida” (2007).

IV. LA GUÍA DEL ITINERARIO: EL RITUAL DE LA INICIACIÓN CRISTIANA DE ADULTOS

Etapas del catecumenado RICA n. 7

• el «precatecumenado», al cual pertenece la primera evangelización (cf. RICA nn. 9-13);
• el «catecumenado», destinado a la catequesis completa (cf. RICA nn. 14-20);
• el de la «purificación e iluminación», con el que se obtiene una más intensa preparación espiritual (21-36);
• el de la «vivencia postsacramental» o «mistagogía», marcado por la nueva experiencia de los sacramentos y de la comunidad” (cf. RICA nn. 37-40).

V. ORIENTACIONES FUNDAMENTALES DEL CATECUMENADO

a) El catecumenado se da sólo si hay encuentro con Jesucristo
b) El catecumenado es un proceso comunitario en comunidad
c) El catecumenado es un proceso dinámico señalado por etapas
d) El catecumenado es un proceso marcado por ritos
e) El catecumenado es un proceso educativo doctrinal
f) El catecumenado requiere itinerarios diversificados
g) El catecumenado comparte el camino de la Iglesia en el Año litúrgico.

 

PRINCIPALES CELEBRACIONES DEL RICA

           ETAPAS                                     PASAJE                         CELEBRACIONES

precatecumenado                        

                                                               1er Pasaje                  Entrada en el catecumenado

Catecumenado                                                                             Celebraciones:

• Celebraciones de la Palabra

• Exorcismos menores

• Bendiciones

• Unción óleo de los catecúmenos

                                                                  2do Pasaje                           Elección

purificación e iluminación                                                       Celebraciones

                                                                                                                • Escrutinio

• Entregas de los evangelios, del

Credo y la Oración del Señor.

                                                                  3er Pasaje                   Celebración de los

                                                                                                                sacramentos.

Mistagogía

 

 

LA LITURGIA EN LOS ITINERARIOS DE INICIACION CRISTIANA

¿Cuál es el sentido y el lugar que ocupa la liturgia en un itinerario de tipo catecumenal y cómo se articula al interior del mismo?

1. La liturgia es un componente del itinerario de la iniciación cristiana

La IC no puede ser reducida a un solo componente, sino el resultado de varios componentes; la liturgia es uno de los componentes, aunque no del mismo modo que los otros componentes.

La IC no se reduce solamente a la catequesis o solamente a la liturgia, ambos constituyen un elemento.

2. La liturgia componente “fundamental” del itinerario de iniciación cristiana

Cada componente de la IC tiene su función, todas necesarias, pero la litúrgica es fundamental.

Con esto se quiere significar que la IC no es un simple hecho educativo; ni didáctico, ni un itinerario para aprender un sistema moral.

Ciertamente la IC es todo esto en su conjunto, pero lo que la califica de ser un “misterio” en el sentido litúrgico del término, en el cual obran Dios, la Iglesia y el iniciado, es el compiersi del misterio pascual de Cristo bajo formas simbólicas diversas.

3. Pluralidad de celebraciones

Porque la iniciación es un evento fundamentalmente litúrgico, la celebración acompaña cada etapa o momento

Siempre el rito es un punto de referencia.

Dice el Decreto, Ad Gentes, sobre la actividad misionera de la iglesia

“Los que han recibido de Dios, por medio de la Iglesia, la fe en Cristo, sean admitidos con ceremonias religiosas al catecumenado; que no es una mera exposición de dogmas y preceptos, sino una formación y noviciado convenientemente prolongado de la vida cristiana, en que los discípulos se unen con Cristo su Maestro. Iníciense, pues, los catecúmenos convenientemente en el misterio de la salvación, en el ejercicio de las costumbres evangélicas y en los ritos sagrados que han de celebrarse en los tiempos sucesivos, introdúzcanse en la vida de fe, de la liturgia y de la caridad del Pueblo de Dios” (n. 14).

Podemos distinguir dos grandes categorías de celebraciones, aquellas ya previstas en el RICA y aquellas de estas derivadas por adaptación o creatividad.

 

Características de las celebraciones

a) Unidad de los elementos que constituyen la IC

b) Celebraciones y comunidad

c) Participación progresiva a la liturgia de la comunidad

d) Celebraciones con el centro en la Palabra de Dios

e) Celebraciones con ritos apropiados y expresivos

f) Celebraciones que inician al misterio de Cristo en el tiempo

g) Celebraciones que inician gradualmente a la oración personal

h) Celebraciones que inician gradualmente a la participación litúrgica

LA FUNCIÓN DE LAS CELEBRACIONES EN EL ITINERARIO CATECUMENAL

 

1. EL CATECUMENADO A TRAVÉS DE LA MEDIACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS Y DE LA LITURGIA

 2. INICIACIÓN CRISTIANA A TRAVÉS DE UNA LITURGIA MISTAGÓGICA

2.1 La mistagogía: una catequesis litúrgica

2.2 Celebrar iniciando

2.3 La mistagogía: un modo de celebrar la liturgia

2.4 La mistagogía: despliegue de la significación de las acciones celebradas

 

3. LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA

3.1 Los elementos de la celebración

3.1.1 La asamblea

3.1.1.1 La asamblea: primer signo y sujeto integral de la celebración.

3.1.1.2 La asamblea: signo eficaz de la presencia de Cristo (SC 7).

3.1.1.3 La asamblea y los ministerios

3.1.1.4 La asamblea y la participación.

 

a) Activa (SC 11, 14, 19, 21, 27, 30, 41, 48, 50, 113, 114, 124).

b) Comunitaria (SC 21, 27, 42).

c) Fructuosa (SC 11).

d) Consciente (SC 11, 14, 28).

e) Fácil (SC 50, 79).

f) Piadosa (SC 19).

g) Plena (SC 14, 17, 21, 41).

h) Interna y externa (SC 19).

i) Proporcionada y adaptada a la edad, a la condición y al género de vida y grado de cultura religiosa de los fieles SC19).

 

3.1.2 Palabras y acciones (CEC 1153-1155).

3.1.2.1 La Palabra en la celebración (SC 24, 35,1.4).

3.1.2.2 La estructura dialogal de la celebración entre Dios y su pueblo.

 

3.1.3 Signos y símbolos (CEC 1145-1152).

3.1.3.1 Noble sencillez, sobriedad, brevedad y claridad de los signos y ritos (SC 34).

3.1.3.2 Los símbolos litúrgicos (CEC 1145): raíces humanas y culturales (CEC 1146-1149); bíblicas (CEC 1150) cristológicas (CEC 1151) y eclesiales (CEC 1152).

3.1.3.3 Los símbolos en la liturgia: auténticos y expresivos (SC 34).

 

3.1.4 Canto y música (SC 112-113; CEC 1156-1158).

3.1.4.1 Características de los cantos

a) Contenido de fe

b) Calidad literaria

c) Valor musical

d) El clima que crea

e) Adaptado a la asamblea

f) Momento de la celebración

g) Tiempo litúrgico

h) Dosificar el canto en la celebración.

i) Equilibrio en la programación y selección de los cantos.

 

3.1.5 Imágenes sagradas (SC 124, 125 CEC 1159-1162).

3.1.5.1 Pocas y jerarquizadas.

 

3.2 El antes, el durante y el después celebrativo

3.2.1 El pre-celebrativo (preparación personal y de la celebración).

3.2.2 El momento celebrativo

3.2.3 El post-celebrativo (vivencia y evaluación).

 

 

RITO DE ENTRADA AL CATECUMENADO

Con esta celebración el candidato se convierte en catecúmeno por la signación, la entrada en la iglesia y la oración de la comunidad.

 

ESTRUCTURA DE LA CELEBRACIÓN

 

La celebración comprende dos grandes partes:

– El rito de entrada (de introducción) a la iglesia.

– La celebración de la liturgia de la Palabra

Esta estructura subraya lo que está pasando: los candidatos, considerados hasta ahora simpatizantes, se convierten en catecúmenos: entran a la iglesia y se ponen, en Iglesia, a la escucha de la Palabra de Dios.

 

68. El Rito por el que se agrega entre los catecúmenos a los que desean hacer cristianos, se celebra cuando, recibido el primer conocimiento del Dios vivo, tienen ya la fe inicial en Cristo Salvador. Desde entonces se presupone acabada la primera “evangelización”, el comienzo de la conversión y de la fe, y cierta idea de la Iglesia, y algún contacto previo con un sacerdote u otro miembro de la comunidad, y hasta alguna preparación para este orden litúrgico.

 

69. Antes de que los candidatos sean admitidos entre los catecúmenos, lo que se hará en determinados días dentro del año según las condiciones locales, espérese algún tiempo, el conveniente y necesario en cada caso concreto, para investigar los motivos de la conversión, y para purificarlos, si es necesario.

 

70. Es de desear que toda la comunidad cristiana, o alguna parte de ella, compuesta por los amigos y familiares, por los catequistas y sacerdotes, tengan parte activa en la ceremonia.

 

71. Asistan también los padrinos de catecumenado (“sponsores”) que han de presentar a la Iglesia los candidatos avalados por ellos.

 

72. A este Rito, que consta de la admisión de los candidatos, de la liturgia de la palabra y de la despedida de aquéllos, puede seguir la Eucaristía.

 

EL TIEMPO DEL CATECUMENADO Y SUS RITOS

98. El catecumenado, es decir, la disciplina o instrucción pastoral de los catecúmenos, se alargará cuanto sea necesario para que madure su conversión y su fe, y, si fuere preciso, por varios años. Porque, con la formación de la vida cristiana en su integridad y con el adiestramiento debidamente prolongado, los catecúmenos son iniciados convenientemente en los misterios de la salvación y en la práctica de las costumbres evangélicas y en los sagrados ritos, celebrados sucesivamente a sus debidos tiempos, y así son introducidos en la vida de la fe, de la liturgia y de la caridad del pueblo de Dios.

En casos peculiares, atendida la preparación espiritual de los candidatos, a juicio del Ordinario del lugar, puede abreviarse el tiempo del catecumenado; más aún, en circunstancias totalmente singulares, se puede hacer de una sola vez, o sea, en una sesión (cfr. n. 240).

 

99. Dentro de este tiempo transmítanse a los catecúmenos las debidas instrucciones, con las que al mismo tiempo que se les va mostrando toda la doctrina católica, sean iluminados por la fe, dirijan su corazón a Dios, se promueva su participación en el misterio litúrgico, se impulse su actividad apostólica y toda su vida se nutra según el espíritu de Cristo.

 

CELEBRACIONES DE LA PALABRA DE DIOS

 100. Ténganse las celebraciones de la Palabra de Dios, acomodadas al tiempo litúrgico, que sirvan lo mismo para la formación de los catecúmenos que para las necesidades espirituales de los fieles (cfr. nn. 106-108).

 

EXORCISMOS PRIMEROS O MENORES

 101. Los exorcismos primeros o menores, ordenados de modo deprecatorio y positivo, muestren ante los ojos de los catecúmenos la verdadera condición de la vida espiritual, la lucha entre la carne y el espíritu, la importancia de la renuncia para conseguir las bienaventuranzas del reino de Dios, y la necesidad constante del divino auxilio (cfr. nn. 109-118).

Los exorcismos se presentan como oraciones que tienen la finalidad de realizar una unión más estrecha entre el catecúmeno y Dios que lo llama a su seguimiento.

Estas oraciones son la expresión de toda una teología del mal, del pecado original que tiene prisionera el alma, y del misterio de la redención. La función del exorcismo es aquella de sacar progresivamente al catecúmeno de las fuerzas del mal y de unirlo a Cristo.

 109. Los exorcismos menores se celebran por el sacerdote o por el diácono, o también por un catequista digno y apto, designado por el Obispo para este ministerio. Cualquiera de éstos, extiende las manos sobre los catecúmenos, que estarán inclinados o arrodillados, y pronuncia alguna de las oraciones de los nn. 113-118.

El contexto de la oración es esencialmente epiclético, como manifiesta la imposición de las manos. A través de la acción del Espíritu, que da vida a todas las cosas, se pide a Dios de alejar de los catecúmenos las fuerzas del mal y todo aquello que está relacionado, “para que merezcan ser templos del Espíritu Santo” (RICA n. 113).

El exorcismo es una acción con palabras y con gestos (insuflación, imposición de manos, señal de la cruz o la aspersión con agua bendita, por la que la Iglesia, en nombre de Dios, libera y protege del mal. No es un sacramento, pero sí un sacramental, por la que se aplica a una persona o a una cosa (el agua, los óleos, los lugares) el poder salvador y la victoria pascual de Cristo, liberándolas de la influencia del demonio (cf. Lc 8, 26-39, Jn 12,31).

El exorcismo se puede realiza con una fórmula de imprecación contra el demonio (“sal, maldito demonio, de esta criatura” como se decía en el antiguo ritual del bautismo), o bien, a modo de oración deprecativa dirigida a Dios, para que libere del mal,

En un tiempo en que la figura del demonio es objeto de dudas y discusiones, el exorcismo es un acto de fe en el misterio pascual de Cristo y la aplicación de su fuerza victoriosa en nuestra lucha contra el mal.

 110. En la iglesia, o en una capilla o en los locales del catecumenado, se hacen durante la celebración de la palabra; también, si el caso lo aconsejara, al principio o al fin de la reunión para la catequesis; finalmente, por necesidades peculiares, en privado para cada catecúmeno.

 111. Ya antes del catecumenado, en el tiempo de la evangelización, pueden hacerse los exorcismos menores para el bien espiritual de los “simpatizantes” (“fautores”).

 112. Nada impide que las fórmulas asignadas para los exorcismos menores, puedan repetirse en diversas circunstancias.

 

BENDICIONES

 102. Las bendiciones, con las que se muestra la caridad de Dios y la solicitud de la Iglesia, ofrézcanse también a los catecúmenos, para que, mientras todavía carecen de la gracia de los sacramentos, reciban al menos de la Iglesia ánimo, gozo y paz en la prosecución de su esfuerzo y de su camino (cfr. nn. 119-124).

 119. Las bendiciones indicadas en el n. 102 pueden ser dadas por un sacerdote o por un diácono, o también por un catequista (cfr. n. 48), los cuales, extendiendo las manos sobre los catecúmenos, pronuncian algunas de las oraciones siguientes (nn. 121-124). Acabada la oración, los catecúmenos, si cómodamente puede hacerse, se acercan al celebrante, que impone la mano a cada uno. Después se retiran…

Las bendiciones de ordinario, se confieren principalmente al fin de la celebración de la palabra de Dios, también si parece, al fin de la reunión catequética; finalmente, por necesidades peculiares, se puede dar en privado a cada catecúmeno.

 120. Ya antes del catecumenado, en el tiempo de la evangelización, se puede bendecir, del mismo modo, a los “simpatizantes” para su bien espiritual.

 

UNCIÓN CON EL ÓLEO DE LOS CATECÚMENOS

 103. Durante los años que dura el catecumenado a partir del primer grado catequético, los pasos de un grado a otro, por los que van ascendiendo progresivamente los catecúmenos, pueden simbolizarse o significarse a veces con algunos ritos. Según lo aconsejen las circunstancias, se pueden adelantar la “traditio” o entrega del Símbolo, y también de la oración dominical, y el rito “Ephetha”, para los cuales, tal vez, falte tiempo si se deja todo para la última etapa (nn. 125-126). Según la utilidad y el deseo local, se puede organizar con tiempo la unción con el óleo de los catecúmenos (cfr. nn. 127-132).

 127. Si parece oportuno que los catecúmenos sean favorecidos con la primera unción, adminístrela un sacerdote o un diácono.

La unción indica la fuerza de Cristo comunicada a aquel que está por combatir para que pueda ser fortalecido contra las potencias del mal (cf. RICA n. 132)

La fórmula misma de la bendición y las palabras que acompañan el gesto de la unción, expresan la idea de la fuerza de Cristo que toma posesión del cristiano.

 128. La unción, que se confiere al final de la celebración de la palabra de Dios, se da a todos los catecúmenos. Por razones peculiares se puede conferir a cada uno en privado. Además, en casos razonables, se puede ungir varias veces a los catecúmenos.

 129. En este rito se emplea el Óleo de los catecúmenos, bendecido por el Obispo en la Misa crismal o, por razones pastorales, por el sacerdote inmediatamente antes de la unción.

 104. Durante este tiempo los catecúmenos preocúpense de buscar los padrinos que les han de presentar a la Iglesia en el día de la “elección” (cfr. Observaciones generales previas de la Iniciación Cristiana, nn. 8-10 y en el n. 43).

 105. A veces, durante el año, para algunas celebraciones del catecumenado, y para el rito de la transición (cfr. nn. 125-132), convóquese de toda la comunidad a los que tienen alguna relación especial con la iniciación de los catecúmenos, a saber, presbíteros, diáconos, catequistas, padrinos de catecumenado, padrinos (propiamente dichos), amigos y familiares.

Estos elementos rituales que caracterizan el tiempo del catecumenado pone en evidencia como la iniciación cristiana está construida progresivamente en la historia mediante un itinerario dominado por el misterio de Dios que en la Palabra ilumina, en el exorcismo purifica; en la bendición llena de la bondad de Dios; en la unción da la posibilidad de desarrollar en la lucha la acción del Espíritu Santo y a su vez hace crecer gradualmente al hombre nuevo.

 

RITO DE LA ELECCIÓN O INSCRIPCIÓN DEL NOMBRE

Entramos en el tercer tiempo del camino de la iniciación destinado a una más intensa preparación del espíritu y del corazón (RICA nn. 221, 113, 134). Este período llamado de la purificación y de la iluminación normalmente coincide con la Cuaresma (RICA n. 7c); es el tiempo de la preparación última antes de la celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana. Es un tiempo de retiro espiritual y de conversión durante la Cuaresma.

La celebración solemne de la elección es una celebración diocesana, y tiene lugar el primer Domingo de Cuaresma, después de la homilía.

Se inicia con la elección o inscripción del nombre (1), viene vivido durante el tiempo cuaresmal, a través de la experiencia de los escrutinios (2) y de las “entregas” (3) y se concluye el Sábado Santo, día de la preparación próxima a la celebración de la noche de Pascua (4).

 133. Al comienzo de la Cuaresma, que es la preparación próxima de la iniciación sacramental, se celebra la “elección” o “inscripción del nombre” en la cual la Iglesia, oído el testimonio de los padrinos y de los catequistas, y confirmando su voluntad los catecúmenos juzga de su preparación y decide si pueden acercarse a los sacramentos pascuales.

 134. Con la ceremonia de la “elección” concluye el catecumenado mismo, y por tanto el largo aprendizaje de la mente y del corazón. Por esta razón, para que alguien pueda ser inscrito entre los “elegidos”, se requiere de él la fe iluminada y la voluntad deliberada de recibir los sacramentos de la Iglesia. Hecha la elección, se le instará a seguir a Cristo con mayor generosidad.

 135. En lo que toca a la Iglesia, la elección es como el centro de la atenta solicitud hacia los catecúmenos. El Obispo, los presbíteros, diáconos, catequistas, padrinos y toda la comunidad local, cada uno en su orden y a su modo, después de diligente reflexión, dé su parecer acerca de la instrucción y aprovechamiento de los catecúmenos. Finalmente acójase con la oración a los “elegidos”, para que toda la Iglesia los conduzca consigo al encuentro de Cristo.

 136. Entonces los padrinos, escogidos antes por los catecúmenos de acuerdo con el sacerdote y, en cuanto sea posible, aceptados por la comunidad local, comienzan a ejercitar públicamente su oficio: se les llama al principio del rito y se acercan con los catecúmenos (n. 143), en favor de éstos pronuncian su testimonio ante la comunidad (n. 144), y, según la oportunidad, inscriben su nombre con ellos (n. 146).

 137. Para evitar una realización rutinaria del rito litúrgico, conviene que antes se tenga alguna deliberación sobre la idoneidad de los candidatos por aquéllos que les atienden, o sea, en primer lugar los que dirigen la formación del catecumenado, presbíteros, diáconos y catequistas, más los padrinos y delegados de la comunidad local; incluso, si es preciso, con la participación del grupo de catecúmenos. Esta deliberación puede adoptar diversas formas, según las condiciones de cada región y los principios pastorales. El resultado de la deliberación lo dará a conocer el celebrante durante el rito litúrgico.

138. Es oficio del celebrante, es decir del Obispo o del que haga sus veces, aunque su participación en la deliberación previa sea remota o próxima, manifestar en la homilía o en el curso del rito cuál es la índole religiosa y eclesiástica de la “elección”. Él es, pues, quien debe exponer ante los presentes la decisión de la Iglesia, y del mismo modo oír, según lo pidan las circunstancias, la opinión de los presentes, averiguar la voluntad personal de los catecúmenos, y efectuar, por último, en nombre de Cristo y de la Iglesia, la admisión de los “elegidos”. Además abra a todos el divino misterio, que se contiene en la vocación a la Iglesia y en su celebración litúrgica; y exhorte a los fieles para que juntamente con los “elegidos”, a los que deben dar ejemplo, se preparen para las solemnidades pascuales.

 139. Puesto que los sacramentos de la iniciación se celebran en las solemnidades pascuales y su preparación pertenece a la índole propia de la Cuaresma, el rito de la elección hágase de ordinario en el primer domingo de la Cuaresma; y el tiempo de la última preparación de los postulantes coincida con el tiempo de Cuaresma, cuyo ciclo, ya sea por su estructura litúrgica, ya sea por la participación de la comunidad, aprovechará mucho a los elegidos. Sin embargo, por causas pastorales urgentes (principalmente en estaciones secundarias de las misiones), el rito se puede celebrar la semana precedente o la siguiente.

 140. El rito se hará en la iglesia, o, por alguna necesidad, en otro lugar conveniente y apropiado. Celébrese durante la misa del primer domingo de Cuaresma, después de la homilía.

 

Liturgia de la Palabra

 141. Si es que se celebrara fuera de este domingo, empiécese por la liturgia de la palabra. En este caso, si las lecturas del día no fueren a propósito, elíjanse las lecturas de entre las que se asignan al primer domingo de Cuaresma (cfr. Leccionario de la Misa, nn. 22-24), o bien otras lecturas a propósito. Siempre se puede celebrar la Misa ritual propia (n. 374 bis). Pero si no se celebra la Eucaristía, acábese la ceremonia con la despedida de todos juntamente con los catecúmenos.

Homilía

 142. La homilía, acomodada a las circunstancias, mire también además de a los catecúmenos, a toda la comunidad de los fieles, de modo que éstos procurando dar buen ejemplo, emprendan el camino del misterio pascual en compañía de los elegidos.

 

RITO DE LA ELECCIÓN

Presentación de los candidatos

143. Acabada la homilía, el sacerdote que esté al frente de la iniciación de los catecúmenos, o un diácono o catequista o el delegado de la comunidad, presenta a los que han de ser elegidos.

Entonces se les va llamando a todos por su nombre, y cada uno con su padrino (madrina) se adelanta y se queda de pie ante el celebrante. Si fueran muy numerosos, hágase la presentación de todos a la vez, v.gr., cada catequista presente a su grupo; es de aconsejar que estos catequistas en alguna celebración previa llamen por su nombre a cada uno de sus candidatos, antes de que acudan al rito común.

Después, si lo aconsejan las circunstancias, el celebrante interroga a la asamblea acerca de su conformidad.

 Interrogatorio de los candidatos y petición de éstos

146. Entonces el celebrante, mirando a los catecúmenos, los exhorta e interroga.

Entonces los candidatos acercándose al celebrante con sus padrinos, o permaneciendo en su puesto, dicen su nombre; su inscripción se puede hacer de diversos modos. Puede escribirlo cada candidato, o una vez pronunciado con claridad, lo puede escribir el padrino o el sacerdote. Pero si los candidatos son muy numerosos, se le puede entregar la lista de los nombres al celebrante.

 

Admisión o elección

147. Acabada la inscripción de los nombres, el celebrante, después de explicar brevemente a los asistentes el significado del rito celebrado.

 

Súplicas por los elegidos

148. Después la comunidad hace las súplicas.

 

Despedida de los elegidos

150. Después el celebrante despide a los elegidos.

Los elegidos salen. Pero si por graves razones no salen de la iglesia (cfr. Observaciones generales previas, n. 19,3) y debieran permanecer con los fieles, cuídese que, aunque asistan a la celebración eucarística, no participen al modo de los bautizados.

Pero si no se celebra la Eucaristía, añádase algún canto a propósito y despídase a los fieles y a los catecúmenos.

 

Celebración de la Eucaristía

151. Después de que hayan salido de la Iglesia los elegidos, se celebra la Eucaristía. Se empieza por la oración universal pidiendo por las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo. Luego se dice el Credo (si el rito litúrgico lo pidiese), y se hace la preparación de los dones. Sin embargo, por razones pastorales, se pueden omitir la oración universal y el Credo.

EL TIEMPO DE LA PURIFICACIÓN

Y DE LA ILUMINACIÓN

RITOS PROPIOS DE ESTE PERÍODO

 

152. En este tiempo, que de ordinario coincidirá con la Cuaresma y que comienza con la “elección”, los catecúmenos juntamente con la comunidad local se entregan al recogimiento espiritual como reparación para las fiestas pascuales y para la iniciación de los sacramentos. A este objeto se celebran para ellos los escrutinios, las “entregas” y los ritos de preparación inmediata.

 

ESCRUTINIOS Y ENTREGAS

 153. En la Cuaresma, que precede a los sacramentos de la iniciación, se celebran los escrutinios y las “entregas”. Con estos ritos se completa la preparación espiritual y catequética de los “elegidos” o “postulantes”, que se prolonga durante todo el tiempo de Cuaresma.

 I. ESCRUTINIOS

Escrutinio viene del latín “scrutari”, escudriñar, examinar. En el uso cristiano se llama así a las pruebas y celebraciones –hechas de oración, lectura y exorcismos, que se hacen sobre todo en el camino del catecumenado.

El RICA explica que su finalidad es purificar las almas y los corazones, proteger contra las tentaciones, rectificar la intención, conseguir un serio conocimiento de sí mismos y mover la voluntad a seguir fielmente a Cristo.

Se celebran tres escrutinios, para favorecer el progreso en el conocimiento del pecado y el deseo de salvación en Cristo.

 154. La finalidad de los escrutinios es primordialmente espiritual, y se completa con ayuda de los exorcismos. Porque el objeto de los escrutinios es purificar las almas y los corazones, proteger contra las tentaciones, rectificar la intención y mover la voluntad, para que los catecúmenos se unan más estrechamente a Cristo y prosigan con mayor decisión en su esfuerzo por amar a Dios.

 155. De los postulantes se espera la voluntad de llegar al sentimiento íntimo de Cristo y de la Iglesia, y muy en especial el progreso en el sincero conocimiento de sí mismos, la reflexión seria de la conciencia y la verdadera penitencia.

 156. En el rito del exorcismo, celebrado por los sacerdotes o por los diáconos, los elegidos, instruidos por la santa madre Iglesia acerca del misterio de Cristo que nos libra del pecado, se desprenden de las consecuencias del pecado y del influjo diabólico, consiguen fuerzas para su itinerario espiritual, y se les abre el corazón para recibir los dones del Salvador.

 157. A fin de excitar el deseo de la purificación y de la redención de Cristo, se celebran tres escrutinios, ya para que los catecúmenos conozcan gradualmente el misterio del pecado, del cual todo el universo, y cada hombre en particular, anhela redimirse para verse libre de sus consecuencias actuales y futuras; ya para que se impregnen sus mentes del sentido de Cristo Redentor, que es agua viva (cfr. Evangelio de la samaritana), luz (cfr. Evangelio del ciego de nacimiento), resurrección y vida (cfr. Evangelio de la resurrección de Lázaro). Es necesario que haya algún progreso en el conocimiento del pecado y en el deseo de la salvación desde el primer escrutinio al último.

 158. Los escrutinios se celebran por un sacerdote o por un diácono, al frente de la comunidad, para que de la liturgia de los escrutinios también se aprovechen espiritualmente los fieles, y para que intercedan en las súplicas por los “elegidos”.

 159. Los escrutinios se hacen en las Misas de los escrutinios, que se celebran los domingos tercero, cuarto y quinto de Cuaresma; léanse las lecturas del ciclo “A” con sus cantos, según están asignadas en el leccionario de la Misa (Ordo lectionum Missae, nn. 745, 746, 747). Pero si en estos domingos, por razones pastorales, no se pueden hacer, elíjanse otros domingos de Cuaresma, o de los días de entre semana más convenientes. Sin embargo, la primera Misa de los escrutinios debe ser siempre la Misa de la samaritana; la segunda, la del ciego de nacimiento; y la tercera, la de Lázaro.

 

PRIMER ESCRUTINIO

 160. El primer escrutinio se celebra el tercer domingo de Cuaresma, empleando las fórmulas señaladas tanto en el misal como en el leccionario (cfr. también nn. 376-377).

 

Homilía

 161. El celebrante, basándose en las lecturas de la sagrada Escritura, expone en la homilía el objeto del primer escrutinio, fijándose tanto en la liturgia cuaresmal como en el itinerario espiritual de los elegidos.

 

Oración en silencio

 162. Después de la homilía, los elegidos con sus padrinos y madrinas se ponen de pie delante del celebrante.

Éste, vuelto primero hacia los fieles, los invita a orar en silencio por los elegidos, pidiendo el espíritu de penitencia y el sentido del pecado y la verdadera libertad de los hijos de Dios.

Después, vuelto hacia los catecúmenos, los invita igualmente a orar en silencio, y los exhorta a mostrar su disposición de penitencia aun con su postura corporal, ya sea inclinados o arrodillados.

Entonces los elegidos se inclinan o se arrodillan. Y todos oran en silencio durante unos momentos. Después, si se juzga oportuno, todos se levantan.

 

Súplicas por los elegidos

163. Mientras se hacen las súplicas por los elegidos, los padrinos y madrinas apoyan su mano derecha sobre el hombro de su elegido.

 

Exorcismo

164. Después de las súplicas, vuelto hacia los elegidos, dice con la oración del exorcismo.

Finalizada la misma, si se puede hacer con comodidad, el celebrante impone la mano en silencio a cada uno de los elegidos.

Después, con las manos extendidas sobre los elegidos, el celebrante prosigue con la oración.

 

Despedida de los elegidos

 165. Después el celebrante despide a los elegidos.

Pero si no se celebra la Eucaristía, añádase, si parece oportuno, algún canto a propósito, y despídase a los fieles juntamente con los elegidos.

 

Celebración de la Eucaristía

166. Después de que hayan abandonado la iglesia los elegidos, se celebra la Eucaristía, siguiendo inmediatamente la oración universal por las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo. A continuación se dice el Credo y se hace la preparación de los dones; sin embargo, por razones pastorales, se pueden omitir la oración universal y el Credo. En la Plegaria eucarística hágase mención de los elegidos y sus padrinos (cfr. nn. 377 y 412).

 

SEGUNDO ESCRUTINIO

167. El segundo escrutinio se celebra el cuarto domingo de Cuaresma, empleando las fórmulas señaladas en el Misal y en el Leccionario (cfr. también nn. 380-381).

 

Homilía

Oración en silencio

Súplicas por los elegidos

Exorcismo

Despedida de los elegidos

Celebración de la Eucaristía

 

 

TERCER ESCRUTINIO

 174. El tercer escrutinio se celebra el quinto domingo de Cuaresma, empleando las fórmulas señaladas en el Misal y en el Leccionario (cfr. también nn. 384-385).

 

Homilía

Oración en silencio

Súplicas por los elegidos

Exorcismo

Despedida de los elegidos

Celebración de la Eucaristía

 

 

II. LAS ENTREGAS

181. Si las “entregas” no se hubieran hecho antes (cfr. nn. 125-126), se celebrarán después de los “escrutinios. Con las “entregas”, una vez completada la preparación doctrinal de los catecúmenos, o al menos, comenzada en el tiempo oportuno, la Iglesia les entrega con amor los documentos que desde la antigüedad constituyen un compendio de su fe y de su oración.

182. Es de desear que las “entregas” se hagan en presencia de la comunidad de los fieles, después de la liturgia de la palabra de la Misa ferial, con lecturas que sean apropiadas a la ceremonia de la “entrega”.
El término “entrega-traditio” viene del verbo latino tradere, que significa entragar. Las entregas consisten en hacer entrega a los catecúmenos de los tesoros de nuestra fe:
• (Los evangelios, la buena noticia de Jesús. traditio evangeliorum). Previsto para el Rito de ingreso al catecumenado (, RICA n. 93)
• El Símbolo de la fe, el Credo, la fe de la Iglesia (traditio Symboli);
• La oración del Señor, el Padrenuestro, la oración enseñada por el mismo Jesús (traditio orationis dominicae);
Estas celebraciones tienen lugar durante el tiempo de la purificación y de la iluminación, es decir durante la Cuaresma que precede a la recepción de los sacramentos de la iniciación en la Vigilia Pascual.
Pero el Ritual prevé que se puedan anticipar al tiempo del catecumenado, según las circunstancias.
En el sacramentario Gelasiano (GeV), libro litúrgico romano más antiguo, está bien descrito el complejo ritual de la iniciación cristiana. En él se encuentra las tres entregas.

La entrega de los evangelios (GeV 299-309), precede a la del Símbolo y a la del Padrenuestro.
En medio del fuego, vi la figura de cuatro seres vivientes, que por su aspecto parecían hombres. 6 Cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas.[…] 10 En cuanto a la forma de sus rostros, los cuatro tenían un rostro de hombre, un rostro de león a la derecha, un rostro de toro a la izquierda, y un rostro de águila.
Es un rito sobrio, elocuente, en el cual se hace una presentación de los evangelios.

La entrega del Símbolo (GeV 310-318), que es cantado por un acólito dos veces en griego y en latín el texto del símbolo nicenoconstantinopolitano.
El rito presenta una impostación sobria.

La entrega de la oración del Señor (GeV 319-328) es breve y presenta la misma linearidad que los precedentes.
El rito será seguido sustancialmente hasta el Ritual Romano de Pablo V (1614), el así llamado el Ritual de Trento, cuya última edición típica fue publicada por Pío XII en 1952.
En el Ritual Romano de 1614 prácticamente desaparecieron las entregas. Existen dos rituales uno para niños y otro para adultos, en ambos hay huellas de lo que fueron las entregas.
En el Ritual Romano de Pablo VI tenemos dos libros distintos: para niños (1969) y para adultos (RICA, 1972). Las entregas solo aparecen en el RICA. Con todo para los evangelios el texto latino del RICA no usa el término clásico traditio, prefiere hablar de porrectio (distribución, ofrecimiento).
Valor pastoral de las entregas: JUAN PABLO II. Catechesi tradendae n. 28.
Una expresión privilegiada de la herencia viva que ellos han recibido en custodia, se encuentra en el Credo o, más concretamente, en los Símbolos que, en momentos cruciales, recogieron en síntesis felices la fe de la Iglesia. Durante siglos, un elemento importante de la catequesis era precisamente la «traditio Symboli» (o transmisión del compendio de la fe), seguida de la entrega de la oración dominical. Este rito expresivo ha vuelto a ser introducido en nuestros días en la iniciación de los catecúmenos.(58: Cf. Ordo initiationis christianae adultorum, nn. 25-26; 183-187.) ¿No habría que encontrar una utilización más concretamente adaptada, para señalar esta etapa, la más importante entre todas, en que un nuevo discípulo de Jesucristo acepta con plena lucidez y valentía el contenido de lo que más adelante va a profundizar con seriedad?

ENTREGA DE LOS EVANGELIOS
Estructura de la celebración

a) Introducción del celebrante
b) Procesión con el libro de las Sagradas Escrituras (Evangeliario)
c) Homilía
d) Distribución a cada catecúmeno del texto de los evangelios
e) Oración por los catecúmenos
f) Oración conclusiva
g) Despedida de los catecúmenos

ENTREGA DEL SÍMBOLO
183. La primera “entrega” que se hace es la “entrega del Símbolo”, que los elegidos se aprenderán de memoria, y después pronunciarán públicamente (cfr. nn. 194-199), antes de que según ese Símbolo proclamen su fe en el día del Bautismo.
184. La entrega del Símbolo se hace durante la semana que sigue al primer escrutinio. Si se juzga oportuno, se puede celebrar también durante el tiempo del catecumenado (cfr. nn. 125-126).

El rito de la entrega del Símbolo (RICA 185-187)

Estructura de la celebración

a) Lecturas
b) Homilía
c) Monición del diácono
d) Monición del celebrante
e) Proclamación del Símbolo
f) Invitación del celebrante a la oración
g) Oración del celebrante sobre los elegidos

ENTREGA DE LA ORACIÓN DOMINICAL
188. También se entrega a los elegidos la “Oración dominical”, que desde la antigüedad es propia de los que han recibido en el Bautismo el espíritu de los hijos de adopción, y que los neófitos recitan juntamente con los demás bautizados al participar por primera vez en la celebración de la Eucaristía.
189. La entrega de la Oración dominical se hace durante la semana que sigue al tercer escrutinio. Si se juzga convenientemente, se puede celebrar también durante el tiempo del catecumenado (cfr. nn. 125-126). Surgiendo alguna necesidad, también se puede retrasar para celebrarla juntamente con los ritos de preparación inmediata (cfr. nn. 193 ss).

Rito de entrega de la Oración del Señor (RICA 188-192)

Estructura de la celebración

a) Lecturas y cantos
b) Monición del diácono
c) Monición del celebrante
d) Lectura de Mt 6, 9-13
e) Homilía
f) Invitación del celebrante a la oración
g) Oración sobre los elegidos

http://www.mercaba.org/LITURGIA/Gestos/signos_iniciacion_cristiana.htm

 

SIGNOS Y SÍMBOLOS

DE LA INICIACIÓN CRISTIANA

Una celebración sacramental está tejida de signos y de símbolos. Según la pedagogía divina de la salvación, su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo.

Signos del mundo de los hombres

En la vida humana, signos y símbolos ocupan un lugar importante. El hombre, siendo a la vez corporal y espiritual, expresa y percibe las realidades espirituales a través de los signos y símbolos para comunicarse con los demás, mediante el lenguaje, gestos y acciones. Lo mismo sucede en su relación con Dios.

Dios habla al hombre a través de la creación visible. El cosmos material se presenta a la inteligencia del hombre para que vea en él las huellas de su Creador. La Luz y la noche, el viento y el fuego, el agua y la tierra, el árbol y los frutos hablan de Dios, simbolizan a la vez su grandeza y su proximidad.

En cuanto creaturas, estas realidades sensibles pueden llegar a ser lugar de expresión de la acción de Dios que santifica a los hombres, y de la acción de los hombres que rinden su culto a Dios. Lo mismo sucede con los signos y símbolos de la vida social de los hombres: lavar y ungir, partir el pan y compartir la copa pueden expresar la presencia santificante de Dios y la gratitud del hombre hacia su Creador.

Las grandes religiones de la humanidad atestiguan, a menudo de forma impresionante, este sentido cósmico y simbólico de los ritos religiosos. La liturgia de la Iglesia presupone, integra y santifica elementos de la creación y de la cultura humana, confiriéndoles la dignidad de los signos de la gracia, de la creación nueva en Jesucristo.

Signos de la Alianza

El pueblo elegido recibe de Dios signos y símbolos distintivos que marcan su vida litúrgica: no son ya solamente celebraciones de ciclos cósmicos y de acontecimientos sociales, sino signos de la Alianza, signos de las grandes acciones de Dios en favor de su pueblo. Entre estos signos litúrgicos de la Antigua Alianza se pueden nombrar la circuncisión, la unción y consagración de reyes y sacerdotes, la imposición de manos, los sacrificios y, sobre todo, la Pascua. La Iglesia ve en estos signos una prefiguración de los sacramentos de la Nueva Alianza.

 Signos asumidos por Cristo

En su predicación, el Señor Jesús se sirve con frecuencia de los signos de la creación para dar a conocer los misterios del Reino de Dios. Realiza sus curaciones o subraya su predicación por medio de signos materiales o gestos simbólicos. Da un sentido nuevo a los hechos y a los signos de la Antigua Alianza, sobre todo al Exodo y a la Pascua, porque él mismo es el sentido de todos estos signos.

Signos sacramentales

Desde Pentecostés, el Espíritu Santo realiza la santificación a través de los signos sacramentales de su Iglesia. Los sacramentos de la Iglesia no anulan, sino purifican e integran toda la riqueza de los signos y de los símbolos del cosmos y de la vida social. Aún más, cumplen los tipos y las figuras de la Antigua Alianza, significan y realizan la salvación obrada por Cristo, y prefiguran y anticipan la gloria del cielo.

Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1145-1152

Bautismo
• Señal de la cruz en la frente
• Oleo de los catecúmenos
• Agua
• Vestidura blanca
• Luz
• Effeta

Confirmación
• Imposición de las manos
• Crismación

Eucaristía
• Pan y Vino
• Comida y Bebida

 

Señal de la cruz en la frente. Signación

El celebrante, los padres y los padrinos signan al niño en la frente «con la señal de Cristo Salvador». Con este signo culmina la acogida que la comunidad cristiana hace al neófito.

La signación es uno de los ritos más tradicionales de acogida. De esta manera el que es presentado queda ya orientado en la línea de aquello que vendrá a ser por el agua y el Espíritu: un cristiano. Todo esto bajo el signo de la cruz gloriosa de Jesucristo, donde está «nuestra salvación, vida y resurrección».

Desde que Jesucristo murió en ella, la Cruz se ha convertido en el símbolo primordial de los cristianos. De instrumento de tortura para ajusticiar a los malhechores pasó a ser el símbolo por excelencia de la muerte salvadora. Para San Pablo la Cruz es como el resumen de toda la obra redentora de Cristo. La Cruz ilumina toda la vida del cristiano, da esperanza y asegura la victoria. Es señal de fidelidad: hay que tomar la cruz, cada uno la suya, y seguir a Jesús.

La señal de la Cruz en la frente es un gesto sencillo, pero de hondo significado. Es una verdadera confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es como si dijéramos: «estoy bautizado, pertenezco a Cristo, él es mi Salvador». A la hora de empezar a ser cristiano, esa señal es como una marca de fe y de posesión en Cristo Salvador. Por eso, siempre que hacemos la señal de la Cruz estamos recordando de algún modo nuestro Bautismo. La Cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de la existencia cristiana. Esta señal nos acompañará durante toda nuestra vida.

Los cristianos hacemos con frecuencia la señal de la Cruz: unas veces nosotros mismos sobre nuestras personas, otras nos la hacen como en el caso de los sacramentos, invocando a la Santísima Trinidad. La Eucaristía, por ejemplo, comienza y termina con la señal de la Cruz.

Oleo de los catecúmenos. Unción

Con el óleo de los catecúmenos se hace sobre el pecho la unción del Bautismo. «Para que el poder de Cristo Salvador os fortalezca, os ungimos con este óleo de salvación en el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro». Es un gesto que recuerda a los atletas y luchadores, que ya desde antiguo se daban este masaje, preparándose para el combate y el esfuerzo.

En los primeros siglos esta unción tuvo sentido de exorcismo, de renuncia y de invocación contra todo mal. Ahora quiere transmitir la fuerza de Dios para el que empieza la vida cristiana, que probablemente será difícil. «Concede fortaleza a los catecúmenos que han de ser ungidos con él, para que, al aumentar en ellos el conocimiento de las realidades divinas y la valentía en el combate de la fe, vivan más hondamente el Evangelio de Cristo, emprendan animosos la tarea cristiana, y admitidos entre los hijos de adopción, gocen de la alegría de sentirse renacidos y de formar parte de la Iglesia». (Bendición del óleo de los catecúmenos).

“La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones: el aceite es signo de abundancia y de alegría; purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad ( la unción de los atletas y luchadores); es signo de curación, pues suaviza las contusiones y las heridas, y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza. Todas estas significaciones de la unción se encuentran en la vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el óleo de los catecúmenos significa purificación y fortaleza” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1293-1294).

Agua. Baño

El agua del Bautismo debe ser agua natural y limpia, para manifestar la verdad del signo y hasta por razones de higiene, dice el Ritual en la Introducción.

El bautismo no es el agua, sino el baño del agua, que toma sentido en la fe, como acción regeneradora de Jesucristo. En el fondo, el que realiza la renovación y la regeneración es el Espíritu de Jesús Resucitado. El agua es el símbolo, el signo eficaz de este misterio de vida y de gracia que Dios nos comunica en el Bautismo.

«Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua par significar la gracia del Bautismo… Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el Bautismo, muera al hombre viejo, y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu Santo» (Bendición del agua).

El agua sacia la sed, limpia y purifica. Se ha convertido en el signo de la pureza interior del hombre. Para los israelitas lavarse las manos antes de comer o de rezar, no era sólo cuestión de higiene, sino sobre todo de purificación moral. En el Bautismo, este aspecto purificador del agua, aunque no es el más importante, está presente como signo del perdón del pecado original, en el que todos nacemos. «Dios todopoderoso,.. te pedimos que este niño, lavado del pecado original, sea templo tuyo, y que el Espíritu Santo habite en él» (Oración de exorcismo).

Jesús es el Agua viva que apaga la sed. «El que beba de esta agua no volverá a tener sed». «El que crea en mí no tendrá nunca sed». En el Bautismo los creyentes renacen del agua y del Espíritu. El agua es símbolo de fertilidad, de fecundidad, de vida. Es el tesoro más preciado, sin el agua la tierra sería un planeta muerto.

En la oración de bendición del agua del Bautismo se desarrolla una admirable catequesis del significado del agua en el misterio de la salvación. “Oh Dios,… cuyo Espíritu, en los orígenes del mundo se cernía sobre las aguas,… que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad,… que hiciste pasar a pie enjuto por el Mar Rojo a los hijos de Abraham,… cuyo Hijo, al ser bautizado en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo… Mira, ahora, a tu Iglesia en oración, y abre para ella la fuente del Bautismo…»

El Bautismo de Jesús en el Jordán es el prototipo de nuestro Bautismo. Hay dos formas de realizar el gesto del baño del agua: por infusión, echando el agua sobre la cabeza del bautizando, o por inmersión, sumergiendo al bautizando en el agua. Ambas formas son legítimas. Etimológicamente «bautismo» significa «sumergirse».

El sacramento del Bautismo significa el nuevo nacimiento, la incorporación a Cristo en el misterio de su Muerte y Resurrección. «¿Es que no sabéis que los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte?. Por el bautismo fuimos sepultados con él, en la muerte, para que así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6,3-4). Este misterio de incorporación a la Pascua de Cristo queda mejor expresado simbólicamente por el gesto de inmersión, y por eso lo subraya el Ritual, aunque de hecho, por razones prácticas, apenas se utiliza.

Antiguamente se consideraba «entrar en el agua» como símbolo de «entrar en la nueva vida con Cristo». La infusión de agua por tres veces sobre la cabeza expresa más bien la purificación que el agua realiza.

En la Vigilia pascual somos asperjados con el agua bautismal, después de renovar las promesas de nuestro Bautismo. Así recordamos que fuimos incorporados a la Pascua de Cristo, el paso de la muerte a la vida.

Vestidura Blanca. Imposición

Los vestidos, además de su función protectora y estética, pueden tener una intención simbólica. El presidente y los ministros de la celebración se revisten de modo simbólico para su ministerio. Contribuyen al decoro y estética de la celebración, y ayudan a comprender el misterio que se celebra.

Después de la unción con el crisma, el padrino o la madrina impone al neófito la vestidura blanca. Es claro el simbolismo de este vestido . En los primeros siglos el recién bautizado lo conservaba puesto desde la Vigilia pascual, en que se celebraba el bautismo, hasta el domingo siguiente, llamado «Dominica in albis», o de la deposición de las vestiduras.

«N., eres ya nueva criatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna». El vestido blanco quiere ayudar a comprender en profundidad lo que sucede en el Bautismo: convertirse en nueva creatura, revestirse de Cristo.

Originariamente la octava de Pascua fue concebida como una octava del Bautismo, para asegurar a los neófitos una catequesis postbautismal y orar por los nuevos miembros de la Iglesia. Este aspecto aparece destacado también actualmente en algunas antífonas y oraciones de la Misa. «Como niño recién nacido, ansiad la leche auténtica, no adulterada, para crecer con ella sanos». «Acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor la inestable riqueza del bautismo que nos ha purificado».

Luz. Vela encendida en el cirio pascual.

En nuestra civilización de la luz artificial, la luz de unas velas, aunque no hicieran falta para ver, y aunque sólo fueran de adorno, puede significar muy expresivamente la fiesta, la atención, el respeto, la oración, la presencia de lo invisible, la felicidad, el paso a una nueva existencia iluminada por Cristo.

En la Vigilia pascual celebramos con el simbolismo de la luz la resurrección de Cristo y nuestro paso de las tinieblas del pecado a la vida en Cristo. En la celebración del Bautismo durante todo el año se enciende el cirio pascual como recuerdo gráfico de que al ser bautizados participamos en la Pascua del Señor.

El padre o el padrino enciende la vela en el cirio pascual, que le muestra al neófito, mientras el celebrante dice: «Recibid la luz de Cristo. A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestro hijo, iluminado por Cristo, camine siempre como hijo de la luz. Y perseverando en la fe, pueda salir con todos los santos al encuentro del Señor» (Bautismo de niños). «Has sido transformado en luz de Cristo. Camina siempre como hijo de la luz, a fin de que perseveres en la fe y puedas salir al encuentro del Señor cuando venga con todos los santos en la gloria celeste» (Bautismo de adultos).

En los primeros siglos se hablaba del Bautismo como de una «Iluminación». La vida nueva que el Espíritu dio a Cristo en la Resurrección (cirio pascual) se transmite ahora a cada uno de los bautizados (cirio personal).

En la Vigilia pascual todos los años encendemos nuestro cirio en el cirio pascual, que lo mantendremos encendido durante la renovación de las promesas de nuestro Bautismo y la profesión de fe. «Por el misterio pascual hemos sido sepultados con Cristo en el Bautismo, para que vivamos una vida nueva» (Monición para la renovación de las promesas bautismales).

“Effeta” (“Abríos”). Tocar los oídos y la boca.

Si al celebrante le parece oportuno, después de la entrega del cirio, puede añadir el rito del «effeta». Tocando con el dedo pulgar los oídos y la boca del niño, dice: «El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los modos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre. Amén».

La salvación que ofreció Jesús era una salvación total, espiritual y corporal a la vez. Y lo manifestaba continuamente con gestos visibles. Al sordomudo del evangelio, «le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua, diciendo: «effeta, ábrete». Ese «tocar» de Jesús es como la mano de Dios, que por medio de Cristo, sana, bendice, protege, comunica vida, perdona, da seguridad.

La Iglesia, en sus sacramentos, continúa esa acción de Jesús con el mismo lenguaje y sentido de cercanía espiritual y corporal.

Además, el rito del «effeta» tiene el sentido que se desprende de las palabras que le acompañan, de «escuchar la Palabra» y «proclamar la fe». Para ello se le hace el gesto de abrir el oído y la boca, como Jesús «hizo oír a los sordos y hablar a los mudos».

El cristiano, desde su bautismo, es apto para escuchar la Palabra de Dios, y es deber suyo proclamarla. La Iglesia se edifica y crece escuchando la Palabra de Dios. La comunidad cristiana, ante todo, escucha esa Palabra de Dios, dejándose evangelizar por ella. Luego, la predica a la humanidad, dando testimonio de ella. De esta manera, la comunidad evangelizada, se convierte al mismo tiempo en evangelizadora. De creyente, en testigo misionero.

Y el cristiano celebra esta Palabra en la liturgia, dejándose iluminar y alimentar continuamente por ella. A la proclamación de la Palabra la comunidad cristiana responde con una audición llena de fe, dejándose interpelar por el Dios que le hablay traducir lo que ha escuchado en la realidad de la vida diaria. Y todo ello, «para alabanza y gloria de Dios Padre».

CONFIRMACIÓN

Imposición de las manos sobre los confirmados

La imposición de las manos es uno de los gestos más repetidos en la Biblia y en la liturgia sacramental cristiana para significar la transmisión de poderes, la bendición, el perdón o la identificación de una persona. Su sentido queda concretado por las palabras que acompañan al signo en cada caso. «Yo te absuelvo de tus pecados» en el Sacramento de la Penitencia. «Te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesucristo, nuestro Señor», en la Plegaria Eucarística. «… Escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito», en el sacramento de la Confirmación.

Jesús bendice, cura y perdona con el expresivo gesto de la imposición de los manos. La comunidad cristiana lo utiliza para transmitir el Espíritu Santo sobre los bautizados.

En el sacramento de la Confirmación, por la imposición de las manos sobre los confirmandos, hecha por el Obispo y, en su caso, por aquellos sacerdotes que van a ayudar al Obispo en la administración de la confirmación, se actualiza el gesto bíblico, con el que se invoca el don del Espíritu Santo. En la oración que acompaña a esta primera imposición de las manos se pide a «Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo» para estos confirmandos «que regeneraste por el agua y el Espíritu Santo» (alusión al Bautismo) el Espíritu Santo Paráclito, con el espíritu de sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad, y finalmente, «cólmalos del espíritu de tu santo temor». Y la segunda imposición de la mano se hace con la unción del crisma.

Unas manos extendidas hacia una persona y unas palabras que oran. Las manos elevadas, apuntando al don divino, y a la vez mantenidas sobre una persona, expresando la aplicación y atribución del don divino a estas criaturas. Por una parte, invocamos humildemente la fuerza de Dios, de quien dependemos, la fuerza del Espíritu Santo. Por otra parte, nos damos cuenta de que los dones de Dios nos vienen en la Iglesia y por la Iglesia.

La Iglesia es siempre el lugar donde florece el Espíritu. La mano poderosa de Dios que bendice, consagra o inviste de autoridad, es representada sacramentalmente por la mano del ministro de la Iglesia, extendida con humildad y confianza en este caso sobre los confirmandos. Cuando el ministro realiza este gesto simbólico de la imposición de las manos, se convierte en instrumento de la transmisión misteriosa de la salvación de Dios. Y cuando los confirmandos ven realizada sobre ellos esta acción simbólica, además de alegrarse se sienten interpelados, porque se están asegurando la cercanía de Dios, y que el Espíritu Santo sigue actuando en todo momento como «Señor y dador de vida».

Crisma. Crismación.

El crisma es un ungüento aromático, mezcla de aceite y bálsamo oloroso, con el que se unge o se da masaje.

En el Antiguo Testamento se empleaba la unción para expresar la fuerza que Dios comunicaba a las personas que empezaban una misión para su pueblo: los reyes, como David, los sacerdotes, como Aarón, los profetas, como Eliseo El auténtico Ungido es Jesús de Nazaret. El ha recibido la misión de Mesías, y por eso recibe la unción del Espíritu Santo. Después, los creyentes en Cristo recibimos también la unción del Espíritu.

El crisma lo consagra el Obispo rodeado de su presbiterio en la Misa crismal. “Te pedimos, Señor, que te dignas santificar con tu bendición este óleo y que, con la cooperación de Cristo, tu Hijo, de cuyonombre le viene a este óleo el nombre de crisma, infundas en él la fuerza del Espíritu Santo con la que ungiste a sacerdotes, reyes, profetas y mártires y hagas que este crisma sea sacramento de la plenitud de la vida cristiana para todos los que van a ser renovados por el baño espiritual del bautismo. Haz que los consagrados por esta unción, libres del pecado en que nacieron, y convertidos en templo de tu divina presencia, exhalen el perfume de una vida santa; que, fieles al sentido de la unción, vivan según su condición de reyes, sacerdotes y profetas, y que este óleo sea para cuantos renazcan del agua y del Espíritu Santo, crisma de salvación y les haga partícipes de la vida eterna y herederos de la gloria celestial.

En la celebración del Bautismo, después de la inmersión o efusión del agua, el celebrante unge con el crisma la coronilla del bautizado, significando su incorporación al sacerdocio de Cristo. «Dios todopoderoso,… te consagre con el crisma de la salvación para que entres a formar parte de su pueblo y seas para siempre miembro de Cristo, sacerdote, profeta y rey».

El sacramento de la Confirmación se confiere mediante la unción del crisma en la frente, que se hace con la imposición de la mano, y mediante las palabras «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». En Oriente este sacramento se llama «Crismación».

“La unción del santo crisma despuÈs del Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de la consagración. Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda «el buen olor de Cristo». Por medio de esta unción, el confirmando recibe «la marca», el sello del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona, signo de su autoridad, de su propiedad sobre un objeto, por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el de su señor. Autentifica un acto jurídico o un documento y lo hace, si es preciso, secreto. Cristo se declara marcado con el sello de su Padre. El cristiano también está marcado con un sello: «Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones» ( 2 Co 1,22). Este sello del Espíritu, marca de la pertenencia total a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, indica también la promesa de la protección divina en la prueba escatológica» (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1294-1296).

«Ser crismado es lo mismo que ser crista, ser mesías, ser ungido. Y ser mesías y ser crista comporta la misma misión que el Señor: dar testimonio de la verdad y ser, por el buen olor de las buenas obras, fermento de santidad en el mundo» (Monición antes de la crismación).

EUCARISTÍA

Pan y Vino. “Este es mi Cuerpo”. “Esta es mi sangre”

La Iglesia, siguiendo el ejemplo de Cristo, ha usado siempre, para celebrar el banquete del Señor, el pan y el vino mezclado con agua. El pan para la celebración de la Eucaristía debe ser de trigo, según la tradición de toda la Iglesia; ázimo, según la tradición de la Iglesia latina. El vino natural y puro, sin mezclas de sustancias extrañas.

«En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Fiel a la orden del Señor, la Iglesia continúa haciendo memoria de él, hasta su retorno glorioso, lo que él hizo la víspera de su pasión: «Tomó pan…», «tomó el cáliz lleno de vino…». Al convertirse misteriosamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, los signos del pan y del vino siguen significando también la bondad de la creación. Así, en el ofertorio, damos gracias al Creador por el pan y el vino, fruto «del trabajo del hombre», pero antes, «fruto de la tierra» y «de la vid», dones del Creador. La Iglesia ve en el gesto de Melquisedec, rey y sacerdote, «que of reció pan y vino» una prefiguración de su propia of renda» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1333).

El pan es símbolo básico de la humanidad. Satisface el hambre, da fortaleza, y es símbolo de la misma vida. Para los cristianos el pan es uno de los mejores símbolos para comprender a Jesús, que se definió a sí mismo: «Yo soy el pan de la vida». Y en la última Cena estableció el pan como signo sacramental de su donación eucarística a los suyos. El mismo ha querido hacerse pan para ser alimento sobrenatural de los creyentes. En el primer siglo la Eucaristía se llamó «fracción del pan».

El vino es la bebida festiva por excelencia. Humanamente el vino habla de amistad y de comunión con los demás, crea alegría, infunde inspiración. Ya en el Antiguo Testamento, refiriéndose a los tiempos mesiánicos se hablaba de «un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos».

La varias copas de vino de la cena pascual judía expresaban la alegría festiva de su Alianza con Dios. En Caná, el vino nuevo, reservado para el final, simboliza claramente los tiempos mesiánicos inaugurados ya por Cristo. El se presentó a sí mismo como «Yo soy la vid verdadora». Y en la última Cena pronunció por vez primera las palabras que hoy se repiten en todas las eucaristías: «Tomad y bebed todos de él, porque es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados».

El vino, apuntando a la Sangre de Cristo, nos pone en comunión con el sacrificio pascual de Cristo en la cruz, a la vez que nos hace pregustar anticipadamente la alegría escatológica del Reino. «Os digo que no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.

El Señor glorioso se identifica con el pan y el vino para darse él mismo como alimento y bebida. No eligió cualquier bebida, como podía haber sido el agua, la bebida más ordinaria, sino el vino, lleno de vitalidad y de fuerza. Es un magnífico símbolo de la vida y de la alegría que él nos quiere comunicar, y de su sacrificio en la cruz.

Se recomienda que se consagre pan nuevo en cada misa para los comulgantes, «para que incluso por los signos, se manifieste mejor la comunión como participación del sacrificio que en aquel momento se celebra». También se recomienda comulgar bajo las dos especies: «la comunión tiene una expresión más plena por razón del signo cuando se hace bajo las dos especies».

Comida y Bebida. Comer y Beber.

Comer y beber son los gestos centrales de la Eucaristía. La comida y la bebida con otros, en comunidad, del pan y del vino, que se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor Resucitado, es el gesto simbólico que más ayuda a entender la Eucaristía, que además de signo de unidad fraterna reconciliada y festiva, en ella se nos da el mismo Cristo como comida y bebida para el camino.

Si el Antiguo Testamento comienza con el «no comáis», en el Nuevo Testamento se escucha el encargo de «tomad y comed. Si entonces la consecuencia sería «el día que comieras de él, morirás», ahora la promesa es lo contrario: «el que come de este pan vivirá para siempre».

El comer, humanamente, tiene el valor de alimento y reparación de las fuerzas. Pero a la vez se come como fruto del propio trabajo, se come en familia, con los amigos, en clima de fraternidad, con sentido de fiesta. En el contexto de la Eucaristía, es el «viático», el alimento para nuestro camino.

Beber no sólo apunta a la satisfacción de la sed, sino que se entiende fácilmente en sentido simbólico, porque además de la sed física, se puede tener sed de felicidad, de amor, de sabiduría.

«Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunión lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La comunión con la Carne de Cristo resucitado, “vivificada por el Espíritu Santo y vivificante», conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo. Este crecimiento de la vida cristiana necesita ser alimentada por la comunión eucarística, pan de nuestra peregrinación, hasta el momento de la muerte, cuando nos sea dado como viático» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1392).

Además de unirnos con Cristo, el pan de la Eucaristía construye la comunidad. “La Eucaristía hace la Iglesia”. Los que reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a Cristo. Por ello mismo, Cristo los une a todos los fieles en un solo cuerpo: la Iglesia. La comunión renueva, fortifica, profundiza esta incorporación a la Iglesia realizada ya en el Bautismo. En el Bautismo fuimos llamados a no formar más que un solocuerpo. La Eucaristía realiza esta llamada: “El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo?, y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, somos un solopan y un solocuerpo, pues todos participamos de un solopan» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1396).

Con el simbolismo de la comida, Cristo expresó durante su vida terrena el perdón, la alegría del reencuentro, la fiesta, la plenitud y felicidad del reino futuro. El padre bueno acoge al hijo pródigo a su vuelta con una buena comida. Es expresiva la presencia de Jesús en comidas en casas como la de Zaqueo, de Mateo, del fariseo, de Lázaro. Lo mismo que las comidas de Jesús con sus discípulos antes y después de la Pascua.

“Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor dijo la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos para dar de comer a la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de la Eucaristía. El signo del agua convertida en vino en las Bodas de Caná anuncia ya la Hora de la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de bodas en el Reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo convertido en Sangre de Cristo” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1135). 

BIBLIOGRAFIA

  • José Aldazábal. Gestos y Símbolos. Centre de Pastoral Litúrgica. Dossiers CPL 40. Barcelona, 1989.
  • José Aldazábal. Vocabulario Básico de Liturgia. Centre de Pastoral Litúrgica. Biblioteca litúrgica 3. Barcelona, 1994
  • Domenico Sartore. Nuevo Diccionario de liturgia. Voz: Signo/Símbolo, pp.1909-1920. Ediciones Paulinas. Madrid, 1987, pp. 1909-1920
  • Aimé-Georges Martimort. La Iglesia en oración. Introducción a la liturgia. Capítulo IV. Los signos. Editorial Herder. Barcelona, 1987, pp. 195-238
  • Dionisio Borobio. La celebración en la Iglesia I. 20. El hombre y los Sacramentos: carácter simbólico y enraizamiento antropológico de los sacramentos. Ediciones Sígueme. Salamanca 1987, pp. 409-471
  • Julián López. La liturgia de la Iglesia. Capítulo XII. El simbolismo litúrgico. BAC. Madrid, 1994, pp. 141-151
  • J.A. Abad – M. Garrido. Iniciación a la liturgia de la Iglesia. Capítulo III. El signo litúrgico. Ediciones Palabra. Madrid, 1988, pp. 59-73

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