Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Departamento de Liturgia

Curso 2011

PREMISA: PIEDAD POPULAR DE MEDELLIN A APARECIDA

Nos limitamos a mirar los textos tal como aparecen en los documentos finales de Medellín (Apartado 6), Puebla (números 444-469), Santo Domingo (36. 39. 247) y Aparecida (258-265), para poner de relieve la manera de tratar el tema de la piedad popular y los acentos que se van dando progresivamente. Porque el lenguaje no ha sido siempre uniforme (creencias y prácticas cristianas, religiosidad popular, catolicismo popular, religión del pueblo, piedad popular), aquí preferimos hablar de piedad popular , entendida como “el conjunto de hondas creencias selladas por Dios, las actitudes básicas que de estas convicciones se derivan y las expresiones que las manifiestan” (P 444), dejando la expresión religiosidad popular para indicar algo más amplio como es la búsqueda de lo sagrado por parte de los seres humanos, cualquiera que sea su tradición religiosa

 

MEDELLIN

PUEBLA

SANTO DOMINGO

APARECIDA

Religiosidad Popular Religiosidad Popular Religion del pueblo,Piedad popular, Catolicismo popular, Sapiencia popular Religiosidad popular Religiosidad popular  (Religión del pueblo y catolicismo popular) Piedad popularMística popular
Religiosidad de tipo cósmico y utilitario Hondas creencias que conllevan actitudes básicas y se manifiestan en expresiones religiosas No son sólo expresiones religiosas, sino también valores, criterios, conductas, actitudes Una manera de expresar la fe que está presente de diversas formas en todos los sectores sociales – Se evidencia en fiestas, rezos, procesiones, romerías…

 

El espacio dedicado al tema de la piedad popular en los cuatro documentos refleja también las preocupaciones y urgencias que había en ese momento dentro de la comunidad eclesial y el contexto social… Una cosa fue la preocupación social del 68 y otra el ambiente de tensión cultural expresado en el Quinto centenario; una cosa fue la necesidad de precisión doctrinal en los años setenta, y otra cosa distinta el desafío kerigmático del nuevo milenio y realizar la asamblea en un santuario. Sobre el tema de la piedad popular el más receloso es Medellín y el más positivo Aparecida; el más amplio sea Puebla y el más modesto Santo Domingo. Se puede decir que Medellín es austero, Puebla es descriptivo, Santo Domingo es lacónico y Aparecida es poético.

 

2.      Criterios de interpretación

MEDELLIN

PUEBLA

SANTO DOMINGO

APARECIDA

Desde el significado que tiene para el pueblo.Puede ser balbuceo de una auténtica religiosidad Desde la “memoria cristiana de nuestros pueblos”.Conocer los símbolos y el lenguaje no verbal.Las élites y militantes deben mirarla con respeto. Como expresión privilegiada de la inculturación de la fe Aunque se vive en la multitud no es una espiritualidad de masas.
No es vida cristiana de 2ª. Es una manera legítima de vivir la fe, sentirse parte de la Iglesia y ser misioneros. Es espiritualidad popular

Los diversos documentos trazan algunos criterios hermenéuticos frente a la piedad popular. Ya desde Medellín se insiste en una interpretación desde dentro, desde el significado que tiene para el mimo pueblo, aunque este modo de lectura sólo sea más evidente en el documento de Aparecida.

 

3.      Valores y deficiencias

 

MEDELLIN

PUEBLA

SANTO DOMINGO

APARECIDA

Reserva de virtudes – Puede tener gérmenes de un llamado de Dios Es identidad cultural que se simboliza en el rostro mestizo de María. Humanismo cristiano que afirma la dignidad de toda persona como hijo de Dios, establece una fraternidad y da razones para la alegría. Sapiencia popular católica; síntesis vital con rasgos contemplativos. Expresa la fe de forma comunitaria y en un lenguaje total, que supera los racionalismos. Capacidad de sufrimiento. Inmensos valores – Admirables ejemplos de vida cristiana – vivencias cristianas enraizadas en el evangelio Precioso tesoro de la Iglesia católica – Imprescindible punto de partida para conseguir que la fe del pueble madure y se haga más fecunda – Intenso sentido de trascendencia y verdadera experiencia de amor teologal – Espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos
Expresiones deformadas y mezcladas – Prácticas mágicas y supersticiosas – Sin relación con la conducta moral – vida cultual casi nula – escasa adhesión a la organización eclesial Deficiente – Muestra signos de desgaste y deformación – Superstición, magia, fatalismo, fetichismo y ritualismo – Aparecen sustitutos aberrantes y sincretismos regresivos – Amenazada por corrientes apocalípticas. Incumplimiento de los deberes cristianos y desconocimiento de la doctrina – No está purificada de elementos ajenos a la auténtica fe cristiana ni lleva siempre a la adhesión personal a Cristo muerto y resucitado

 

 

4.      Acción pastoral y recomendaciones

MEDELLIN

PUEBLA

SANTO DOMINGO

APARECIDA

Incorporar vitalmente a quienes viven esta religiosidad – Descubrir allí la secreta presencia de Dios, no romper la caña quebrada – No suponer la existencia de la fe detrás de cualquier expresión religiosa ni negar el carácter de verdadera adhesión creyente y de participación eclesial. Debe ser evangelizada siempre de nuevo – Pedagogía pastoral que asuma, purifique, complete y dinamice – Esto exige de los evangelizadores amor, cercanía, prudencia,  constancia y audacia. Evangelizar y catequizar adecuadamente a las grandes mayorías que viven un catolicismo popular debilitado. Purificarla de sus posibles limitaciones y desviaciones para que encuentre su lugar propio en nuestras iglesias y en su acción pastoral – Orientarla hacia la conversión, especialmente en los santuarios (240) Hay que evangelizarla o purificarla – el discípulo misionero debe ser sensible a ella, saber percibir sus dimensiones interiores y sus valores innegables
Que se realicen estudios serios y sistemáticos sobre la religiosidad popular y sus manifestaciones.Que se impregnen las manifestaciones populares de la palabra evangélica. Que se revisen las espiritualidades, actitudes y tácticas de las élites de la Iglesia con respecto a la religiosidad popular – Adelantar una planificada transformación de los santuarios para que puedan ser lugares privilegiados de evangelización.Favorecer la mutua fecundación enre liturgia y piedad popular.Reformular y reacentuar de modo nuevo la religiosidad popular en contexto urbano. Que se continúen los esfuerzos por comprender cada vez mejor y acompañar con actitudes pastorales las maneras de sentir y vivir, comprender y expresar el misterio de Dios y de Cristo por parte de nuestros pueblos. Promoverla y protegerla.

 

El documento de Aparecida nos invita a conocer, promover y proteger estas expresiones populares de nuestra fe, ya que, en palabras del Papa Benedicto XVI, la religiosidad popular es el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina (cf. DA 258). Pero no sólo eso, sino que Aparecida dirá que la Piedad Popular es, para la Iglesia y sus comunidades parroquiales: “espacio de encuentro con Jesucristo”; “expresión de la fe católica, es un catolicismo popular, profundamente inculturado” (cf. DA 258); “imprescindible punto de partida para conseguir que la fe del pueblo madure y se haga más fecunda” (DA 262); “espiritualidad popular… espiritualidad encarnada en los sencillos” (DA 263); “manera legítima de vivir la fe… de sentirse parte de la Iglesia… una forma de ser misioneros” (cf. DA 264).

 

EL TEXTO DE APARECIDA SOBRE PIEDAD POPULAR

 

6.1.3 La piedad popular como espacio de encuentro con Jesucristo

 

258. El Santo Padre destacó la “rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos”, y la presentó como “el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina”149. Invitó a promoverla y a protegerla. Esta manera de expresar la fe está presente de diversas formas en todos los sectores sociales, en una multitud que merece nuestro respeto y cariño, porque su piedad “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer”150. La “religión del pueblo latinoamericano es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular”151, profundamente inculturado, que contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana.

 

259. Entre las expresiones de esta espiritualidad se cuentan: las fiestas patronales, las novenas, los rosarios y via crucis, las procesiones, las danzas y los cánticos del folclore religioso, el cariño a los santos y a los ángeles, las promesas, las oraciones en familia. Destacamos las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí, el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres. La decisión de partir hacia el santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve, derramando toda la carga de su dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual152.

 

260. Allí, el peregrino vive la experiencia de un misterio que lo supera, no sólo de la trascendencia de Dios, sino también de la Iglesia, que trasciende su familia y su barrio. En los santuarios, muchos peregrinos toman decisiones que marcan sus vidas. Esas paredes contienen muchas historias de conversión, de perdón y de dones recibidos, que millones podrían contar.

 

261. La piedad popular penetra delicadamente la existencia personal de cada fiel y, aunque también se vive en una multitud, no es una “espiritualidad de masas”. En distintos momentos de la lucha cotidiana, muchos recurren a algún pequeño signo del amor de Dios: un crucifijo, un rosario, una vela que se enciende para acompañar a un hijo en su enfermedad, un Padre nuestro musitado entre lágrimas, una mirada entrañable a una imagen querida de María, una sonrisa dirigida al Cielo, en medio de una sencilla alegría.

 

262. Es verdad que la fe que se encarnó en la cultura puede ser profundizada y penetrar cada vez mejor la forma de vivir de nuestros pueblos. Pero eso sólo puede suceder si valoramos positivamente lo que el Espíritu Santo ya ha sembrado. La piedad popular es un “imprescindible punto de partida para conseguir que la fe del pueblo madure y se haga más fecunda”153. Por eso, el discípulo misionero tiene que ser “sensible a ella, saber percibir sus dimensiones interiores y sus valores innegables”154. Cuando afirmamos que hay que evangelizarla o purificarla, no queremos decir que esté privada de riqueza evangélica. Simplemente, deseamos que todos los miembros del pueblo fiel, reconociendo el testimonio de María y también de los santos, traten de imitarles cada día más. Así procurarán un contacto más directo con la Biblia y una mayor participación en los Sacramentos, llegarán a disfrutar de la celebración dominical de la Eucaristía, y vivirán mejor todavía el servicio del amor solidario. Por este camino, se podrá aprovechar todavía más el rico potencial de santidad y de justicia social que encierra la mística popular.

 

263. No podemos devaluar la espiritualidad popular, o considerarla un modo secundario de la vida cristiana, porque sería olvidar el primado de la acción del Espíritu y la iniciativa gratuita del amor de Dios. En la piedad popular, se contiene y expresa un intenso sentido de la trascendencia, una capacidad espontánea de apoyarse en Dios y una verdadera experiencia de amor teologal. Es también una expresión de sabiduría sobrenatural, porque la sabiduría del amor no depende directamente de la ilustración de la mente sino de la acción interna de la gracia. Por eso, la llamamos espiritualidad popular. Es decir, una espiritualidad cristiana que, siendo un encuentro personal con el Señor, integra mucho lo corpóreo, lo sensible, lo simbólico, y las necesidades más concretas de las personas. Es una espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos, que, no por eso, es menos espiritual, sino que lo es de otra manera.

 

264. La piedad popular es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia y una forma de ser misioneros, donde se recogen las más hondas vibraciones de la América profunda. Es parte de una “originalidad histórica cultural”155 de los pobres de este Continente, y fruto de “una síntesis entre las culturas y la fe cristiana”156. En el ambiente de secularización que viven nuestros pueblos, sigue siendo una poderosa confesión del Dios vivo que actúa en la historia y un canal de transmisión de la fe. El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador por el cual el pueblo cristiano se evangeliza a sí mismo y cumple la vocación misionera de la Iglesia.

 

265. Nuestros pueblos se identifican particularmente con el Cristo sufriente, lo miran, lo besan o tocan sus pies lastimados como diciendo: Éste es el “que me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20). Muchos de ellos golpeados, ignorados, despojados, no bajan los brazos. Con su religiosidad característica se aferran al inmenso amor que Dios les tiene y que les recuerda permanentemente su propia dignidad. También encuentran la ternura y el amor de Dios en el rostro de María. En Ella ven reflejado el mensaje esencial del Evangelio. Nuestra Madre querida, desde el Santuario de Guadalupe, hace sentir a sus hijos más pequeños que ellos están en el hueco de su manto. Ahora, desde Aparecida, los invita a echar las redes en el mundo, para sacar del anonimato a los que están sumergidos en el olvido y acercarlos a la luz de la fe. Ella, reuniendo a los hijos, integra a nuestros pueblos en torno a Jesucristo”.

Docimento de Aparecida,n. 258-265

 

 

 

EL LENGUAJE SIMBÓLICO Y LOS NUEVOS CAMINOS DE LA MISIÓN

 

“Ser persona es simbolizar la existencia”

(Antoine Vergote),

1. ANHELOS DE VIDA Y LENGUAJE SÍMBÓLICO

 

La crisis de los antiguos paradigmas ha engendrado una nueva cultura que si bien aspira a una visión más global y pluralista no logra liberarse de las ataduras del individualismo racionalista.

“Se abre paso un nuevo período de la historia con desafíos y exigencias, caracterizado por el desconcierto generalizado” (A. 10)[1] y frente a eso la Iglesia se siente llamada a confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos…” (A.11).

 

La nueva época de la información y de la tecnología “no logra satisfacer el anhelo de dignidad inscrito en lo más profundo de la vocación humana”. (A.42)

Para poder dibujar nuevos caminos misioneros, en este cambio epocal, necesitamos reconocer la crisis profunda de toda la lógica empírica y racionalista que ha acompañado la cultura occidental (y también el anuncio evangélico, la organización eclesial, y las mismas celebraciones cristianas…) en los últimos siglos.


Lo que en los comienzos de la evangelización del continente facilitó a nuestros pueblos latinoamericanos la adhesión a Jesús, aún en medio de” un dramático y desigual encuentro de pueblos y culturas”, fue el hecho de  “encontrar en el Evangelio respuestas vitales a sus aspiraciones más hondas: Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente” (A. 4).

Esta satisfacción de las aspiraciones o anhelos de vida plena, es uno de los ejes temáticos propuestos por Aparecida, y que asumimos aquí como propuesta de trabajo, para llegar a individuar nuevos caminos para la Misión. Uno de los rasgos que definen y diferencian el ser humano del resto de los animales es justamente este anhelo a una vida plena. Aspiraciones que van más allá de la lucha por la supervivencia y llegan a soñar otro mundo posible. De ahí viene la capacidad de simbolización, que empieza con el lenguaje y culmina con la simbolización de las relaciones con las personas y con el cosmos. El ser humano se puede entonces definir como animal simbólico[2].

 

El símbolo[3], consustancial al ser humano, es una parte fundamental de su vida espiritual, y es anterior al lenguaje y al uso de la razón. Sin embargo, a lo largo de todo el período


[1] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, APARECIDA Documento Conclusivo, de ahora en mas simplemente (A.y numero)

 

[2] Sobre este tema ver Tamayo-Acosta Juan José, Hacia la comunidad 3. Los sacramentos, liturgia del prójimo, Ed. Trotta, Madrid 1995, págs. 94-113

 

[3] La palabra “símbolo” viene del griego sym-ballein, que significa “poner en común, reunir, intercambiar”. El sustantivo sym-bolon significa “pacto, reunión de las dos partes”. El símbolo indica, por ej., una moneda que se rompe a la mitad de forma que cada uno de los firmantes de un pacto se queda con una parte. Cada parte por separado carece de valor; pero cuando las dos partes se unen, dejan constancia del pacto realizado.

 

de hegemonía racionalista ha predominado una concepción reducida y bastante negativa de todo lo simbólico, como algo extraño y opuesto a la realidad empírica.

¿Cuál será el papel del símbolo en esta época de crisis y de incertidumbre? En otras épocas han sido los valores de la “verdad” y del “bien” los que estaban en primer plano.

El teólogo suizo Hans Von Balthasar en su obra “Gloria”,[1] muestra cómo en el cambiante clima cultural contemporáneo se necesita un camino distinto: el de la belleza, del símbolo, que manifiestan el bien y la verdad. El teólogo intenta recuperar el leguaje simbólico de la belleza.

Todavía es muy corriente oponer símbolo a realidad. Lo material es percibido falsamente como opuesto a lo simbólico.

Sin embargo las dos realidades, aún con lógicas diferentes, tienen su importancia en la vida de la persona. La lógica del mercado, se centra en los objetos materiales; la lógica del intercambio simbólico, se centra en la relación entre sujetos.

 

El símbolo escapa a toda concepción utilitarista y productivista de la vida. En el símbolo lo que importa no es el valor mercantil, ni la utilidad social o económica, sino la comunicación entre las personas. El niño que ofrece a la mamá un yuyito recogido al borde del camino le está homenajeando algo mucho más precioso que un costoso ramillete de la florería. El lenguaje simbólico es la primera cosa que aprende un niño.

El símbolo afecta a lo más real y profundo de la persona. En un velatorio, sobran las palabras y los razonamientos, mientras que los símbolos (flores, silencio, abrazos, lágrimas) expresan la presencia solidaria, la íntima participación, más que mil palabras.
Otro famoso ejemplo de cómo el símbolo no se rige por la lógica del valor lo encontramos en “Los zapatos de la campesina”, un cuadro que Van Gog pintó en 1886, sin sospechar el acalorado debate filosófico que estaba por desatar. El cuadro no pretende ofrecer directamente información sobre los aspectos materiales de los zapatos: de qué materia y de qué forma están hechos, o cuál sea su utilidad. Lo que hace es mostrar una verdad empírica sino un “advenimiento” es decir “lo que es en verdad, un par de zapatos”. (Heidegger).

 

No es válida la disyuntiva: símbolo o realidad, como si lo simbólico no pudiese ser real. Lo simbólico es distinto pero no niega, ni excluye lo histórico. Por el contrario, lo que hace es enraizar lo histórico en lo real. La relación entre símbolo, verdad y realidad, no es entonces, de enemistad, sino, por el contrario, de íntima relación. Lo que hace el símbolo es desvelar la cara oculta de la realidad y, al mismo tiempo, velar la realidad para preservar su misterio. Las aspiraciones profundas que están en el umbral de la conciencia se expresan por la vía de los símbolos.

 

 

-ESQUEMA:

El símbolo es un puente entre la realidad visible y la realidad invisible.

1. Parte de una realidad exterior reconociendo su valor físico (“el pan sacia mi hambre”);

2. descubre los anhelos profundos del espíritu (“tengo hambre de algo más, de paz y justicia”);

3. eso me lleva a reconocer una realidad otra, interior e invisible, pero igualmente real.

4. A su vez ese proceso de interiorización simbólica me lleva a mirar la realidad física exterior con ojos nuevos.

 


[1] Von Balthasar Hans Urs, Gloria, Ed. Encuentro, Madrid 1985.

En los 7 volúmenes de “Gloria” se presenta la teología cristiana a la luz de la belleza. “Gloria” (en hebreo kabod; en griego doxa) es el nombre de la revelación que Dios hace de sí mismo. Es la manifestación del amor de Dios en donación plena y gratuita, un desplegarse de su ser-Misterio que viene al encuentro del ser humano en la historia.

La crisis de este cambio de época nos impulsa entonces a recuperar el lenguaje simbólico tan postergado en la cultura de la “modernidad”. El nuevo interés por el estudio de la cultura popular y por la religiosidad popular parece nacer hoy, como alternativa del ideal de la ciencia y de la técnica, proponiendose como búsqueda de una identidad nueva, de un retorno a la naturaleza, al sentido común; como busca de espacios nuevos de libertad, de serenidad, de armonía consigo mismo y con el mundo.

* La religiosidad popular ya no es un laberinto de residuos atávicos de carácter supersticioso o mágico, o formas irracionales de desahogo de los propios sentimientos y de la propia impotencia, sino más bien un conjunto simbólico y ritual que tiene un origen histórico preciso y que, en definitiva manifiesta un profundo anhelo espiritual de trascendencia.

 

2. La teología del silencio y de la escucha

 

“¡Ojalá podamos también nosotros penetrar

en esta más que luminosa oscuridad!

¡Renunciemos a toda visión y conocimiento

para ver y conocer lo invisible e incognoscible:

 a Aquel que está más allá de toda visión y conocimiento!

(Dionisio Areopagita, Teología mística)

 

La antigua “Teología Mística”, de Dionisio es un breve tratado que habla de Dios por vía de silencio y nos pone en los umbrales del misterio. Contra col que ignoraron y ocultaron su genialidad con la acusación de falsario y el apodo de Pseudo, El teólogo von Balthasar llega a definirlo un genio por su “síntesis evidente y realizada de verdad y belleza, de teología y estética, que jamás podrá desvanecerse”. [1]

El camino de Dionisio Areopagita[2]  está marcado por la Biblia, por la escucha de la Palabra de Dios, hasta que llega a exclamar: ¡Nada! Nada como aquello, nada se le parece, es el Inefable. “Yo niego que lo mejor de este mundo se pueda comparar con aquel Bien. No, no me digan palabras para alcanzar la Causa Trascendente.

Déjenme en silencio cantar sus alabanzas. No hay palabras para Ella, ni nombre, ni conocimiento. No es tinieblas ni luz, ni error ni verdad.

 Nada en absoluto se puede negar o afirmar de Ella”.[3]

De la misma manera E. Schillebeeckx explicando su “cristología narrativa afirma : “Para captar el significado universal de la particularidad de Jesús de Nazaret, el mejor camino es acercarse a él, no desde una idea previa de lo que significa ser Dios, ni tampoco desde una idea previa de lo que significa ser hombre». Hay que acercarse “desde el desconocimiento”, o mejor, “conocimiento abierto” de lo que significa ser hombre, y también desde el “desconocimiento”, o conocimiento abierto de lo que significa ser Dios”.[4]

En esta línea, también Leonardo Boff en su libro sobre la Santísima Trinidad, afirma: “El rigor de las expresiones teológicas  han quedado para uso de los eruditos de la fe cristiana. Hay que reconocer que difícilmente es posible rezar y dejarse inflamar el corazón con tales contracciones mentales…Mediante  símbolos e imágenes, podemos concretar mejor el significado de este augusto misteri”.[5]


La intuición de Dionisio el Areopagita nos hacen comprender también la gran lección del Islam (que quiere decir el “Inefable”): sumisión supra-racional al Único. Los admirables sufíes,  gente de largas horas de oración silenciosa, de rosarios interminables y de mantras, nos muestran caminos pacientes y confiados hacia el Único Juez de las conciencias. El sufismo es un camino de Conocimiento de Dios, en el silencio profundo de la propia alma, y que pretende purificar el corazón. Para los sufistas “en el ser humano hay un trozo de carne que si está sano, todo él está sano, y si está corrupto, todo él está corrupto, y ese órgano es el corazón”. [6]

Otra forma típica de esta escucha profunda “audición espiritual”, consiste, la danza espiritual, que va desde una recitación del Nombre con movimiento, hasta la conocida danza con respiración profunda y rítmica de los derviches giróvagos (“los que buscan a las puertas”), los pobres de Allah que alcanzan el éxtasis religioso. Pero la escucha no está dirigida sólo a Dios; es disponibilidad y atención a todas las criaturas, Por eso el sufismo es cortesía espiritual en todo momento.

* Toda celebración cristiana (litúrgica o popular) debe alimentarse de esta Teología y de esta espiritualidad del silencio y de la escucha. En el 3er Congreso Misionero Americano de Quito, la palabra inicial del lema fue “Escucha”, una pista por demás clara para un nuevo estilo de misión en nuestro continente.

Esto incluye la contemplación, la adoración silenciosa, la “Oración del Corazón” (o las más actuales oraciones y cantos mántricos). Para el Areopagita la oración “es abandono a Dios, pero para dejarse mover, inspirar más eficazmente por la voluntad divina”. [7]

Una vez más oración y acción devienen en una sola cosa. Este espacio de escucha y de silencio, es un momento indispensable de nuestra Misión, sostenida por una teología comunión de amor, más que por una teologia de la especulación intelectual.[8]

Esta perspectiva del amor (del “corazón”) es una buena “metodología” teológica y al mismo tiempo una dimensión esencial de la comunidad de fe que vive y celebra con “un solo corazón y alma” (kardía kai psyché mía He 4,32); que comparte la comida y alaba a Dios “con sencillez de corazón” (aphelóteti kardías He 2,47).[9]

 

* La Piedad popular subraya mucho el silencio y la contemplación.Aparecida expresa con términos muy significativos esta “espiritualidad” popular”:
“La mirada se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio (A. 259).A María le dedican “entre lagrimas, una mirada entrañable, una sonrisa…”  (A. 261). A Jesús “lo miran, lo besan,  tocan…” (A. 265)

 

3. El abordaje simbólico y la teología de la belleza.

 “El icono se torna ‘milagroso’ es decir: ‘cargado de presencia’,

y ‘canal de la gracia hacia la virtud santificadora’…

El Concilio de 860 afirma: Lo que el Evangelio nos dice

 a través de la palabra, el icono nos lo anuncia

a través de los colores y nos los hace presente”.

Teología de la Belleza. Paul Evdokimov

 

El teólogo Tamayo Acosta sostiene que el cristianismo no es una religión ontológico-cultual; pertenece a la familia de las religiones ético-proféticas. En ella juega un papel tan prioritario y fundamental el simbolismo, que bien puede definirse como religión simbólica”.[10]

Jesús de Nazaret; imagen del Dios Invisible (Col 1,15), es el símbolo por excelencia del Dios. Él es el “rostro del Padre” (Gregorio de Nisa), la “faz de Dios” (fray Luis de León), el “sacramento primordial del encuentro con Dios” (Schillebeeckx). San Agustín ya había afirmado que “no hay otro sacramento de Dios que Cristo” (PL 33, 845).

Pero, por el echo de ser miembros de su Cuerpo, también todos sus discípulos (todos los seres que guardan la semilla del Verbo), participamos de su imagen, de su sacramentalidad, de su belleza. San Juan de la Crúz, el teólogo místico del simbolismo, afirma con fuerza “Él nos comunicó su riqueza por el hecho de que somos miembros de su Cuerpo místico (Col 1,24)… Y así Tú te veras en mí en tu hermosura, y yo me veré en ti, en tu hermosura”.[11]

De Jesucristo, el Verbo de Dios, parte toda belleza y armonía, él es el centro del Cosmos (orden armonioso) que reviste todas los seres creados con su hermosura:

            “Mil gracias derramando

 pasó por estos bosques con presura

            y, yéndolos mirando,

con su sola figura      

vestidos los dejó de hermosura”[12]

 

Jesucristo no es una simple imagen iconográfica, o una figura mítica, ejemplar, sino como persona histórica, es el Verbo encarnado en el tiempo. En otras palabras, Jesús es símbolo histórico de Dios.  Quién no capta o no acepta esta dimensión simbólica (sacramental) de Cristo, pierde un elemento fundamental de la fe.

Sin embargo, la dimensión simbólica del cristianismo ha sufrido deterioro deplorable a causa de distintos factores: el dogmatismo, el autoritarismo, el ritualismo (deformaciones estaban vigentes en la época de la neo-cristiandad, pero reflorecen también hoy, en este tardío post-concilio Vaticano II). Esta perversión del símbolo, ha sido un verdadero empobrecimiento para la fe cristiana. La misma liturgia y los propios sacramentos han perdido buena parte de su carácter simbólico y se han tornado con frecuencia ritualidad estática y vacía.

 

El empeño urgente del cristiano, como sugiere von Balthasar, es el de abrir los ojos a la forma originaria del hombre, iluminando nuevamente su existencia con la verdad, la bondad y la belleza. Dios viene ante todo, no como maestro (“verdad”), no como redentor (“bueno”), sino para mostrar e irradiar a Sí mismo, la gloria de su eterno amor trinitario (la hermosa noticia). En esta época de sordera  y ceguera de lo todo lo trascendente la belleza puede “salvar al mundo” como ya reiteradamente se está afirmando con Dostoievski.

La contemplación de la Belleza eleva el ser humano: no abandona sus compromisos éticos, sino que los realiza con más alegría y libertad. La misma vida cristiana tiene necesidad de anticipar el término hacia el cual tiende, la plenitud de vida. En la Biblia muchas veces se privilegia el lenguaje simbólico, hasta llegar a la forma más esplendorosa del recorrido histórico de la gloria, que es el Crucificado. Esta teología simbólica no debe confundirse con el sentimiento romántico. “Gloria” no es belleza en el sentido estético mundano, sino “esplendor de la divinidad de Dios como se manifiesta en la vida, muerte y resurrección de Jesús. La cruz es el símbolo supremo y más esplendoroso del Amor. En ella se unen paradójicamente el horror y la belleza.

Este horror-belleza se manifiesta también en el cristiano que contempla a su Señor. En efecto, la belleza es el esplendor del ser, en su precaria realidad y en su misión. Al contemplar el esplendor de esta Belleza del ser,  somos conquistados y reconstruidos en su Amor (su Gloria).

Paul Evdokimov en su “Teología de la Belleza” afirma: “La contemplación se eleva por encima de la muerte, de la angustia y de las “preocupaciones”, incluso por encima de los remordimientos, porque “Dios es más grande que nuestro corazón”. En el trasfondo de la oposición radical entre el Ser y la Nada, entre la Luz y las Tinieblas.

… la verdadera Belleza no se sitúa en la naturaleza misma sino en la epifanía del trascendente que hace de la naturaleza el lugar cósmico de su resplandor, su zarza ardiente”.[13]

El teólogo ortodoxo reconoce la existencia de ambigüedades: “Si la verdad es siempre bella, la belleza no es siempre verdadera”” según afirma Plotino. El binomio belleza-verdad no existe en abstracto, sino que históricamente es personalizado en Jesucristo.

La Belleza del Hijo surge de una fuente precisa: la Belleza de la Trinidad. Pero la Belleza Trinitaria es vida luminosa sembrada en los pliegues de la frágil realidad humana y en los surcos de la historia. San Basilio explica la nostalgia de lo Bello presente en cada uno de nosotros porque somos imágenes de Dios, emparentados con El, descendientes de su misma estirpe.[14]

 

El hombre “deificado” reencuentra la antigua Belleza; surge la necesidad de la celebración: la liturgia es el canto de los transfigurados que han reencontrado su semejanza divina.

Sin embargo no olvidamos la presencia incontestable del mal; cuando el pecado, el diablo (el anti-simbólico por excelencia) siembra discordia y división, entonces la Belleza desaparece de nuestro entorno. Llega entonces el  tiempo de reparación. A través del obrar humano, se restituyen las cosas al proyecto originario: porque la belleza está en la fidelidad al arquetipo. El compromiso para un mundo mejor es entonces parte de esa liturgia cósmica que los seguidores del Cordero emprenden con la oblación y la entrega martirial de su propia vida.

 

* En la propuesta de una “misión nueva” cobra relevancia el abordaje “simbólico” (parabólico) de nuestro anuncio rescatado aquellas “mediaciones” históricas que condensan la experiencia de fe: palabra y gestos que nos hacen comprender a Dios como Dios de amor, de justicia, de paz… Abordaje simbólico no significa abstracción y tampoco irracionalidad. Por el contrario tomamos conciencia que no podemos definir a Dios más allá de su pro-yección en la historia.[15] Como ya lo han desarrollado ampliamente las teologías latinoamericanas, la historia forma parte del significado a partir del cual comprenderemos y describimos a Dios. El camino privilegiado para proclamar y celebrar esta experiencia de fe y de vida es el leguaje simbólico, que enmarca una manera de ver y de vivir la historia.

 

Para los primeros cristianos y cristianas esta acción simbólica era parte de su vida cotidiana, expresión de adoración (doxología) comunitaria en el seno de la liturgia. En sus celebraciones cargadas de un fuerte contenido simbólico, ellos reflejaban su vivencia cotidiana, su misión. El lenguaje del símbolo no tenía como finalidad revelar un significado conceptual, sino hacerles celebrar (en comunión) el camino hacia el Padre. Justamente en la Liturgia y Misión se manifestaban unidas en un significativo y vital acto de identidad personal y comunitaria, de manera que toda liturgia era Mistagogía y conducía al centro (al Kerygma) de los misterios de la fe.

Hoy sentimos la necesidad de un trato más directo con los símbolos en la liturgia recuperando también el discurso devocional  (la Piedad popular).

 

La propuesta de Aparecida es que: “el contenido fundamental de esta misión, es la oferta de una vida plena para todos…” (A. 361) Este es el ofrecimiento que hace el “Pastor hermoso”(o poimén o kalós): una vida buena y abundante (Jn 10,10). Para que seguir sus huellas (como “pastores lindos”), Aparecida nos invita a proponer “una atractiva oferta de una vida más digna”, y no una estéril formulación de dogmas o una exigente imposición de preceptos. El lenguaje de Aparecida asume esa calidez de vida insistiendo sobre lo atractivo que debe ser nuestro testimonio: “se volverá imperioso asegurar cálidos espacios de oración comunitaria que alimenten el fuego de un ardor incontenible y hagan posible un atractivo testimonio de unidad para que el mundo crea” (Jn 17, 21)” (A.362).

 

El tema de la belleza afecta también el tema de la reparación, la restauración de la primitiva forma. Nuestra misión puede asumir plenamente esta “reparación” cósmica que compromete al creyente en todos los frentes de la vida: desde la ecología ambiental a la ecología humana. El compromiso social puede ser renovado no sólo con categorías sociológicas, sino con las categorías místicas de esta Teología simbólica.

* La religiosidad popular con sus ritos , sus imágenes, su colorido y sus ritmos, nos invita a un redescubrimiento de los signos y de los símbolos religiosos. Hay que abandonar ese criticismo poco menos que absoluto que imperó en los años más candentes de la secularización y que llevó a sospechar de cualquier expresión religiosa. La religiosidad popular puede enseñarnos que el empleo de símbolos y del lenguaje mitológico, la realización de actos y gestos simbólico-rituales para expresar el mundo religioso, es un componente profundamente humano y religioso irrenunciable.

 

4. LA PARÁBOLA DEL SAMARITANO Y EL PRINCIPIO-MISERICORDIA

 

“Para ser yo prójimo de otro y para que el otro sea prójimo mío,

 he de comenzar encontrándome con él, y aceptar el encuentro”.

Pedro Laín Entralgo, Teoría y realidad del otro[16]

 

La categoría antropológica clave del símbolo es el encuentro. Para el cristiano, el “otro” no es “un tal”, “un fulano”, en sentido impersonal. Es mi “prójimo”, una persona cercana, con la que me encuentro. Esta “relación de projimidad” (Laín) nace del hecho que “el otro” es sacramento de Cristo, que viene a mi encuentro. Él se me hace cercano, entonces una  negación del prójimo es una negación de Cristo, una negación de Dios. El Buen Samaritano es el paradigma del encuentro interpersonal, como sacramento de la projimidad, (Lc.10, 25-37).

El encuentro con el otro no se rige por el criterio del propio interés, sino por el “principio-misericordia”[17] para con las personas desvalidas.

Vale la pena escuchar la explicación de Jon Sobrino:

“Parafraseando la Escritura, podríamos decir que, si en el principio absoluto-divino “está la Palabra” (Jn 1,1) y a través de ella surgió la creación (Gn 1,1), en el principio absoluto histórico-salvífico está la Misericordia, y ésta se mantiene constante en el proceso salvífico de Dios.

Esta primigenia misericordia de Dios es la que aparece historizada en la práctica y en el mensaje de Jesús. El misereor super turbas no es sólo una actitud “regional” de Jesús, sino lo que configura su vida y su misión y le acarrea su destino. Y es también lo que configura su visión de Dios y del ser humano. Cuando Jesús quiere hacer ver lo que es el ser humano cabal cuenta la parábola del buen samaritano…. No nos dice la parábola qué fue lo que discurrió el samaritano ni con qué finalidad última actuó. Lo único que se nos dice es lo que hizo “movido a misericordia”. El ser humano cabal es, pues, el que interioriza en sus entrañas el sufrimiento ajeno -en el caso de la parábola, el sufrimiento injustamente infligido- de tal modo que ese sufrimiento interiorizado se hace parte de él y se convierte en principio interno, primero y último de su actuación. La misericordia -como reacción- se torna la acción fundamental del hombre cabal. Si con la misericordia se describe al ser humano, a Cristo y a Dios, estamos, sin duda, ante algo realmente fundamental. Es el amor, podrá decirse con toda la tradición cristiana, como si fuese lo ya sabido; pero hay que añadir que es una específica forma del amor: el amor práxico que surge ante el sufrimiento ajeno injustamente infligido para erradicarlo, por ninguna otra razón más que la existencia misma de ese sufrimiento y sin poder ofrecer ninguna excusa para no hacerlo.[18]

 

El “Principio-misericordia” nos lleva directamente a la opción preferencial por los pobres, ya oficializada retiradamente como opción fundamental en las Iglesias latinoamericanas[19]. El pobre es sacramento de Cristo, es el sacramento histórico del encuentro con Jesús.

En los pobres confluyen dos elementos: la impotencia, su debilidad y carencias, por una parte; y su “fuerza histórica”,  portadora de salvación y mediadora de esperanza, por otra (Gutiérrez).

El pobre, “vicario de Cristo” (Pedro de Bois, s. XI)[20], es la manifestación más contundente del llamado de Dios a una Vida plena, es también un severo reproche a las conciencias dormidas y una condena inapelable al atropello de los “poderosos”. El pobre es signo de contradicción. Es símbolo de Dios porque lo revela y lo oculta al mismo tiempo; lo hace presente a los de corazón limpio, y lo esconde a los “satisfechos”.

 

Al interrogarnos sobre como vivir y celebrar nuestra fe, podemos descubrir que tenemos muchas cosas para hacer, pero según la reflexión que estamos haciendo, lo más importante es descubrir que todas estas cosas las tenemos que hacer en un estilo nuevo, de otra forma. Nos urge asumir la Misión “a la manera de Jesús”, según su corazón, quees el corazón del Buen Samaritano”.

Esa “imagen” del Cristo, no siempre ha sido la imagen de la Iglesia. Esa “forma”, esa “manera de actuar”, que “enloqueció” a los primeros discípulos y a tantos testigos cualificados a lo largo de estos 20 siglos, tiene que encloquecernos también a nosotros.

El seguimiento de Jesús, conlleva de modo indisoluble la transformación interior de la persona y el compromiso de transformación del mundo según el proyecto del Reino. Vale la pena volver citar por extenso el n. 361 del Documento de Aparecida:

“El proyecto de Jesús es instaurar el Reino de su Padre. Por eso pide a sus discípulos: ¡Proclamen que está llegando el Reino de los cielos! (Mt 10,7). Se trata del Reino de la vida. Porque la propuesta de Jesucristo a nuestros pueblos, el contenido fundamental de esta misión, es la oferta de una vida plena para todos. Por eso la doctrina, las normas, las orientaciones éticas, y toda la actividad misionera de la Iglesia, debe dejar transparentar esta atractiva oferta de una vida más digna, en Cristo” (A. 361).

 

 CONCLUSIÓN

La civilización científico-técnica lleva a cabo una exaltación absoluta de la razón, pero ha llegado a una deshumanización del pensamiento. Así se abrió paso un imparable proceso de cosificación, que trasformó “mercancías”, todas las esferas de la vida humana, incluidas la religiosa, la filosófica y la estético-artística. Sin embargo, más que una mirada negativa y apologética, frente a todos estos desafíos que anuncian un cambio epocal impresionante, la tarea evangelizadora nos propone una visión esperanzadora, de significación positiva.

 

1- Ante el desafío del abismo inmenso que la globalización abre entre los ricos y los pobres, la Iglesia debe responder desde su ser “samaritana”. Una Iglesia que atiende a los heridos que se hallan en el camino. Pero no sólo debe ser “samaritana” en el sentido de recoger y curar a los heridos, sino también en el sentido de denunciar con todas sus fuerzas a los que provocan las heridas.

 

2- Ante el desafío de la interculturalidad, de las minorías culturales, de los grupos marginales… etc. debemos responder desde “la cultura del otro”, sabiendo encontrar en todas estas realidades el rosto del pobre, que es rostro de Cristo.

 

3- Ante un mundo en red y el desafío de los nuevos lenguajes, el cristiano debe repensar sus categorías de expresión. Todavía, nos expresamos con un lenguaje que nadie entiende y que aburre, porque está desconectado de la realidad y de las preocupaciones de la gente. Se emplea un lenguaje dogmático, más orientado al adoctrinamiento que a la narración. Debemos “aprender” y dejarnos enseñar por los nuevos lenguajes de hoy. Cuanto más profunda sea la experiencia religiosa y mayor sintonía mantenga con la vida, mayor será la creatividad simbólica. La renovación responde también al carácter histórico de la persona, que no se queda anclada en el pasado, sino que busca experiencias nuevas.

 

4- La comunidad que celebra la vida y la fe sabe crear y recrear nuevos símbolos, capaces de expresar su propio dinamismo y creatividad. El cristianismo es una religión histórica y, en cuanto tal, no tiene carácter cíclico, sino que se guía por el principio utópico enunciado por Isaías: “Miren que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no se dan cuenta?” (Is 43,19). Este principio impide la repetición del pasado y da lugar a nuevas experiencias recreadoras de vida y de fe. Al mismo tiempo el cristianismo es una religión totalmente abierta a la trasendencia, aspirando a la plena unificacion de todo en Dios. “Todo es de ustedes, ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios”

 

5- Frente a la tentación de administrar lo cotidiano, conformándonos con nuestras seguridades, la promesa del Reino nos pone en constante movimiento; éste es el sentido de la Misión. 

La Misión se realiza siempre en fidelidad a Jesús y abriéndose a toda la humanidad, como bien señala el Documento del último Congreso Misionero de América (CAM 3), resumiendo los 5 ejes que acabamos de señalar.

 

1.“La Misión trata de reconocer hoy a toda persona humana como sujeto de derechos y deberes, inviolable en su ser, conciencia y decisión. …procura cultivar el anhelo de fraternidad en el mundo… al servicio de la paz y la justicia.

 

 2.La Misión asume su responsabilidad ética frente a la construcción de una sociedad global… y la consolidación de una conciencia ciudadana

 

3. La Misión anima al paso hacia la trascendencia, como búsqueda sedienta de Dios”.

 

4. La Misión cultiva la belleza como valor no puramente estético; y encuentra los signos de esperanza que hay en los procesos del mundo de hoy. La Misión lo abarca todo.

 

5. Hoy la Misión Ad Gentes es equivalente de ‘Misión para la humanidad’. A fin de que Jesucristo sea luz de las naciones, …escruta los signos de la presencia del Verbo en toda cultura y en el camino general de los pueblos”. (IT 178-189).[21]

La propuesta de este Curso no es la de un conocimiento abstacto de lenguajes y símbologías, es más bien redescubrir fuerza genuina del lenguaje simbólico para volver a apasionarnos por Cristo, la verdadera Palabra el verdadero Sacramento del Dios de la Vida. Entonces, según Aparecida, la búsqueda de un estilo y una propuesta significativa de VIDA ofreciendo a los demás razones y motivaciones para vivir mejor,  nos hace autenticos “embajadores de Cristo” (2Cor 5,20) en este complejo mundo de hoy.

 

p. Quinto Regazzoni, scj

 

Preguntas

 

1. ¿Qué consecuencias tiene en la misión, la liturgia y en la vida cotidiana el abordaje simbólico y la contemplación mística (la perspectiva del Corazón)?

 

2. ¿Cómo el “Principio-Misericordia” puede determinar un “nuevo estilo” de vida., y por ende un nuevo estilo de celebrar.


[1] Von Balthasar Hans Urs, Gloria, Ed. Encuentro, Madrid 1985, vol. 2, pág 149

 

[2] Para Dionisio Areopagita (s. V-VI), la Mística significa el admirable descubrimiento del Misterio, infinito. Su tratado (muy breve) sobre la Teología Mística, ha tenido una larga influencia en Occidente, influenció a San Juan de la Cruz y se traslucen en La Nube del no Saber y en la “docta ignorancia” de Nicolás de Cusa.

 

[3] De la “Teología Mística” hay varias ediciones electónicas en interner como por ej. www.terra.es/personal/javierou/con-teologiamistica.htm

 

[4] Citado en Espeja Pardo Jesús, “Cristología narrativa de E. Schillebeeckx”, Ciencia Tomista 109, (1982), pág 157

 

[5] BOFF Leonardo, La Trinidad, la sociedad y la liberación(1986), Paulinas, Bs As 1988, pág. 125

 

[6] Ver la voz “Sufismo” de Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Sufismo

[7]  Von Balthasar, o.c., pág 205

 

[8]  “La opción por la teología como inteligencia de la fe supone la concepción de la Iglesia como unidad de fieles (communitas fidelium). La otra opción de la teología como theología cordis, presupone una visión de la iglesia como comunidad de los que aman”. Boff Leonardo, ¿Magisterio o profecía? La misión eclesial del teólogo, Palabra Ed., México, 1991, p. 36

 

[9] Para mi que pertenezco a los Sacerdotes del Corazón de Jesús, la clave “Cordis” es algo consustancial a mi carisma. Esta clave se referirse en primera instancia al Corazón de Jesús, y sólo después, y junto a Él, centrum ómnium córdium, representaría también nuestros corazones, que se asocian al misterio de su amor reparador. El P. León Dehon hará reiteradamente esta lectura cristocéntrica y cordicéntrica de toda la Misión y de todo el Evangelio. “El Corazón de Jesús es todo el Evangelio”

 

[10] Tamayo-Acosta Juan José, o.c., pág. 105

[11]  Citado en BERNARD Charles, Teología Simbólica, Ed, Monte Carmelo, Burgos 2005, pág. 171

 

[12] San Juan de la Cruz, “Cántico Espiritual, citado en Bernard, o.c., pág 173

[13] Evdokimov Paul. El arte del icono. Teología de la belleza. Madrid. Ed. Claretianas. 1991. p 29-30. En este libro, escrito antes de su muerte en París en 1970, Evdokimov ofrece casi una “summa” sobre la belleza desde el punto teológico y según el espíritu de la más profunda Ortodoxia.

 

[14]San Basilio De baptismo I, 2, citado por Juan Pablo II en la Carta Apostólica Patres Ecclesiae

 

[15] Panotto Nicolás, “La iglesia pro-yectada como comunidad teologal”  .http://www.lupaprotestante.com

[16] Citado en Tamayo Acosta, o.c., pág. 108

 

[17]  “No hablamos simplemente de “misericordia”, sino del “Principio-Misericordia” del mismo modo que Ernst Bloch no hablaba simplemente de “esperanza”, como una de entre muchas realidades categoriales, sino del “Principio-Esperanza”. Sobrino Jon, El principio misericordia, Ed. Sal Terrae, Santander 1992, pág 32; ver también www.sedos.org/spanish/sobrino.html

[18]  Ibid, pág 32-33. Este principio de la teología latinoamericana, fue ya propuesto también por Tomás de Aquino, quien presentó la misericordia como “la virtud más excelsa entre las virtudes” (S.T. II-II, q. 30, a 4c).

 

[19] La última gran definición la encontramos en el Documento de Aparecida, pero la opción es de toda la Iglesia y de todos los tiempos, desde san Juan Crisóstomo a Gustavo Gutierrez, desde san Ambrosio, hasta la ·iglesia de los pobres del card. Lercaro y del Beato Juan XXII.

 

[20] Citado en Tamayo Acosta, o.c., pág. 110

[21] CELAM, Instrumento de trabajo del CAM 3, Quito 2008

 

EL SILENCIO

HACER SILENCIO:

 

La Piedad popular subraya mucho el silencio y la contemplación.

El Documento de Aparecida expresa con términos muy significativos esta “espiritualidad” popular”:
“La mirada se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios.
El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio
(A. 259).

A María le dedican “entre lagrimas, una mirada entrañable, una sonrisa…”  (A. 261).

A Jesús “lo miran, lo besan,  tocan…” (A. 265)

¿En qué momento de nuestras celebraciones se mira, se besa, se toca, se hace silencio, se señala, se camina, se contempla…? ¿Cómo se pueden mejortar estos momentos?

 

Es común oír, en el lenguaje de la gente, la expresión“decir una misa”. La palabra “decir” es la menos apropiada: quizás alude a la abundancia dpalabras que se pronuncian en la misa. La misa es más bien del orden del “hacer” que del “decir”.

La invitación central es  “Hagan esto enmemoria mía”… Hasta se invita a “hacer silencio”…

Y es cierto que tenemos el prurito de la logorrea en nuestrascelebraciones, queremos explicarlo todo, tenemos miedo al silencio como sifuera un vacío, un “bache”, y queremos llenarlo con palabras o con cantos…

Para renovar nuestras celebraciones, en necesario redescubrir laimportancia del silencio, practicarlo como expresión de la vida interior, y darle su lugar, sobre todo en losmomentos ya previstos por el Misal.El silencio es lo que permite oír otra voz, otra lengua, otra música que seesconden detrás de él. Es una invitación a ponerse en escucha de una Palabrade vida, en una humilde actitud de oración.

 

Un texto bien proclamado, bien sentido, bienvivido se prolonga casi automáticamente por un tiempo de silencio que es eltiempo del recogimiento y de la meditación. El silencio no se confundecon una ausencia de toda sonoridad; permite a a la Palabra resonar en lo profundo de nuestros corazones para comprenderla y asimilarla.

 

 

EL SILENCIO EXPRESIÓN DE LO INEFABLE

 

En la liturgia, hacer silencio no significa hacer el vacío. Se trata más bien de una participación activa del fiel que se asocia, de esta forma, al misterio que celebra. Hacer silencio, no es quedarsemudo, no es ser reducido a asistir pasivamente a la acción litúrgica, como sinos fuera extraña; es consentir y adherir a una Palabra escuchada y comulgara una oración compartida.El silencio como el gesto,comprometen mucho más que las palabras y los cantos, para expresar lo inefable y reconocer que el Dios que hemos invocado es Aquél que nos escucha.

 

En liturgia, cada vez que el sacerdote dice “Oremos”: el silencio que sigue debe llenarse de los deseos y peticiones de la asamblea.La invitación: “Oremos” no es unasimple fórmula de cortesía, y tampoco es una orden, como si se dijera:“pónganse de pie!”.

Este anuncio tiene dos objetivos: en primer lugar anunciar que la oración queva a seguir es la de toda la asamblea, aun cuando es el sacerdote el que se dirige al Señor, luego es una invitación a todos los miembros de la asamblea a orar.

Y ¿cómo esto sería posible si, a penas la invitación formulada, se proclamaen seguida el texto de la oración? Esta invitación, como lo dice muy bienla IGMR (n.88) es necesariamente seguida de un tiempo de silencio que dejalugar a la oración de cada uno y de todos, incluido el sacerdote (Oremos!). El texto de la oración que luego dice sólo el sacerdote –y que serápronunciado en un tono que expresa el clima de oración– no será sino la conclusión.

 

Toda oración litúrgica sigue este esquema: anuncio, interiorización (= silencio), oración.

También al final del texto, antes de la fórmula “por NSJC”, una pausa permite interiorizar el contenido de la oración.Es cierto que el texto de muchas de estas “colectas” parece un “comprimido”de oración poco accesible a la gente sencilla. Es siempre posibleadaptarla. Pero quizás lo más importante es la fórmula final “por NSJC” que indica que elúnico Mediador y Sumo Sacerdote, es Cristo mismo que siempre sigueintercediendo pornosotros.

 

 

TODOS LOS MOMENTOS DE SILENCIO EN LA MISA

 

Algunas sugerencias para el equipo litúrgico y el que preside.

“Debe guardarse a su tiempo un sagrado silencio, como parte de la celebración. Sunaturaleza depende del momento en que se guarde en cada celebración.

Así, en elacto penitencial y después de la invitación a orar, todos se recogen interiormente;después de la lectura o de la homilía, meditan brevemente la palabra escuchada;después de la Comunión, alaban y oran a Dios en su corazón” (IGMR n. 23)

 

1. LA PREPARACION PENITENCIAL

(No es, como la aspersión del agua bautismal, un “rito” dentro del “Rito deapertura” que va desde el canto inicial hasta la oración colecta. Es preferible hablar de “preparación penitencial”, sin ser un examen deconciencia)

El que preside invita a cada uno a hacer silencio para expresar el deseo de convertirse. Este silencio puede ser breve, pero debe serun momento intensivo que permite a cada uno entrar en si mismo parasentirse necesitado de la misericordia del Señor.

 

2. LA PROSTRACIÓN del Viernes santo o de una Consagración, al Orden sagrado o a la vida religiosa, es una manifestación de humildad y de cambio de status. Es acompañada por un momento de silencio profundo.

Lo mismo sucede con la imposición de las manos consagratorias en casi todos los sacramentos y en las bendiciones… el silencio acompaña el gesto de consagración y de invocación del Espíritu.


3.LA ORACION DE APERTURA

Frecuentemente, la invitación a recogerse del que preside (“Oremos”) no encuentra eco silencioso. Es sin embargo, un momento importantepara prepararse a recibir la Palabra de Dios antes de unirse a las palabras dela oración que recogen (“oración-colecta”) todas la intenciones de cadamiembro de la asamblea. Este silencio puede ser más largo, sobre todo siinterviene después del canto alegre y festivo del Gloria.

Evidentemente, el mismo celebrante debe dar el ejemplo, y no es elmomento de buscar las páginas del misal.Es útil también marcar una pausa antes de la conclusión “Por NSJC”: estapausa permite respirar un poco, a fin de asimilar en lo posible palabras densas de la colecta

 

4. EN LAS ORACIONES “SECRETA” (antes de la entrada, antes y después del Evangelio, en varios momentos del ofertorio, durante la inmixión de una parte de la hostia en el vino, después del Cordero de Dios, antes de comulgar con el pan y el vino, durante la purificación de los  vasos sagrados). Aungue hay una formula de oración para cada uno de estos momentos, el silencio los envuelve…para dar al sacerdote un espacio de interiorización de lo que celebra y nos ser un simple ministro que ejecuta para los demás.

 

5. DESPUÉS DE LA LECTURA (Y DE LA HOMILIA)

El silencio acompaña la proclamación de cada lectura y se prolonga después en escucha humilde y confiada de la Palabra, a fin demeditarla brevemente.

 

6. DURANTE LA ORACION UNIVERSAL

Es el momento en que la asamblea ejerce de manera privilegiada su sacerdocio bautismal. Conviene que un breve silencio siga cada intercesión…

Frecuentemente los lectores se precipitan sobre la invitación “Roguemos alSeñor”. La mayoría de los fieles sería incapaz de decir por qué se ruega o que se ha pedido: y no sólo, porque se ha leído a toda velocidad, sino porque nose puede decir que hubo verdaderamente oración…Seria mejor formular escuetamente una intención y,después de un breve silencio, que sea el diácono o el mismo celebrante, el queformule la oración de petición: “Roguemos al Señor”, a fin de que laasamblea pueda interiorizar la petición.

Sobre todo, al final de las intenciones leídas, conviene que elmismo celebrante invite a un silencio más contundente “Oremos en silenciopara confiar al Señor nuestras intenciones personales…”. Y eso antes de pronunciar la oración conclusiva (ejemplar es la Oración universal del Viernes Santo).

El defecto de muchas concelebraciones es que se tiene el prurito deproponer cantidad de intenciones… pero no es cierto que hayaverdaderamente oración de parte de laasamblea…

 

7. EN LA PRESENTACION DE LOS DONES

Con el Amen de la oración conclusiva termina la Liturgia de la Palabra.Que el celebrante no se precipite al altar para iniciar la presentación de lasofrendas. Que se siente en su sede algunos minutos; que se de el tiempo de realizar una verdadera procesión.

La presentación de los dones puede ser acompañada por una procesión danzada o por una coreografía oportuna… (lo mismo puede acontecer en la proclamación de la Palabra o en el canto del Gloria). ((VER liturguia papal Vaticana))

Dignificar también el dinero o los dones, y no tirarlos en el suelo, sino depositarlos cerca del altar.

 

8. ANTES DE LA PLEGARIA EUCARÍSTICA

Convendría marcar con una pausa el paso de la liturgia de los dones queconcluye con la forma breve “Por Cristo nuestro Señor, Amén”, al inicio de laplegaria eucarística.Un documento muy interesante de la Santa Sede sobre las Plegariaseucarísticas (“Eucharistiaeparticipationem”, 1973)habla de la monición antes de la plegaria eucarística como una de las másimportantes de la misa (ya estaba prevista en la IGMR, n.11):“El sacerdote que preside la Eucaristía tiene la facultad deintroducir la Plegaria eucarística con breves palabras, mediante lascuales propone a los fieles las razones de la misma acción degracias, de forma apropiada a la asamblea…” (n.8)

 

9. EL MEMORIAL DE LA EUCARISTIA

Cada uno adora en el silencio a Cristo presente por su Cuerpo y su Sangre.Que no haya precipitación en los gestos de adoración, sino una actitud deinfinito respeto. El sacerdote cuidará marcar una pausa antes de invitar laasamblea a proclamar el memorial.

 

10. LA COMUNION

Es un momento de gran intimidad, que no se contrapone con el canto quedebe expresar el carácter festivo del banquete fraternal.El canto no debe encubrir este silencio, sino al contrario conducir a él. El canto puede situarse durante la misma procesión de comunión, y el silencio después.O bien primero la procesión en silencio (conviene acompañar con un fondomusical) y luego el canto o himno (ver IGMR n. 56 o bien 119 y 121.)

No se trata de hacer silencio sólo para esperar que se reordene el altar. Hay que evitar el espectáculo de la purificación de los vasos sagrados delante de los fieles (se haga a la credencia de espalda al pueblo, o bien después de la misa, a cargodel diacono o del acólito).Este silencio es asunto de todos, también del sacerdote y de los ministros, ysuficientemente largo.

 

LOS 4 ELEMENTOS DE LA NATURALEZA, claves de la ritualidad universal.

 

Dentro del simbolismo religioso común a varios pueblos y culturas,hay 4 componentes básicos de todo lo que existe. Estos 4 elementos de la naturaleza –Tierra, Aire, Agua y Fuego– son al mismo tiempo visibles a invisibles, físicos y espirituales.

Platón los menciona como el origen del pensamiento presocrático, una lista creada por el filósofo Empédocle (cerca del 450 a. C.).Según el pensamiento antiguo, todas las cosas han sido formadas a partir de estos cuatro elementos (nuestro conocimiento científico actual,en versión más refinada, afirma algo parecido al destacar que hay algunos “bloques constructivos”…).
Resultaría necio ver los cuatro elementos en términos puramente físicos. La Tierra, por ejemplo, no sólo se refiere al planeta en el que existimos, sino también al fenómeno de la terreneidad, de apoyo y estabilidad. Estos cuatro elementos clásicos, además de su estricto principio físico, han sido relacionados con otras realidades, fundamentalmente psíquicas, dando lugar a la rica simbología que la imaginación, ha enriquesido con un sinfín de combinaciones.

La religiosidad popular y los ritos de todas las religiones siempre se ha apoyado en la rica simbiologíade estos 4 elementos naturales. Como todos los sistemas simbólicosdescribe los atributos básicos de los elementos en términos fácilmente comprensibles (asi por ej. los elementos están descritos como “masculinos o femeninos”, esto no quiere decir que sea más masculino el realizar un rito del fuego, o más apropiado para mujeres el rito del agua. Es simplemente un sistema de símbolosque integra los varios elemento a la totalidad de nuestra vida.Veamos algunas caracteríatica:

 

 

El elemento FUEGO

 

Es de los elementos más misteriosos y terribles, al mismo tiempo. El fuego calienta, consume, quema, ilumina, purifica, es fuente de energía. Es origen de innumerables beneficios para la humanidad, pero también destruye, castiga, asusta y mata. Es un elemento bienhechor pero a la vez  peligroso. Un rayo o un incendio pueden generar calamidades enormes. Sin el fuego no podemos vivir, pero puede causarnos también la muerte. Es fuerza que quema y alumbra, mata y vivifica, destruye y purifica.

El Fuego es el elemento del cambio, el deseo, el corazón,la sexualidad y la pasión. No es sólo el fuego sagrado del amor, es también la chispa de divinidad que brilla dentro de nosotros y de todas las cosas vivas. El fuego, asimilado al sol, es un símbolo tanto fecundante como iluminador y purificador. Al mismo tiempo se puede asociar a todo el simbolismo del corazón, y del amor apasionado que abrasa y devora las entrañas. Como símbolo fecundante es vida; como iluminador, luz y verdad; como purificador, discernimiento. Ahí reside el sentido de aquella expresión evangélica: “He venido a prender fuego a la tierra, y no deseo más que empiece todo a arder”. En ese sentido, el Espíritu es fuego. En la gran fiesta cristiana de la Pascua, el rito inicial es el del fuego. En el mundo de los ritos de iniciación de cualquier tradición y religiosidad (celta, cristiana o maya), el fuego siempre va asociado al agua como si fueran dos gemelos que se necesitan mutuamente. Para los hindúes, el fuego es símbolo de pasión y cólera; pero también del espíritu iluminador que recorre todos los estados del hombre desde su ignorancia hasta la absoluta sabiduría. Los alquimistas ven el fuego como símbolo de la inmortalidad.

Los rituales del Fuego pueden ser aterradores y espectaculares.A lo largo de la historia, el fuego ha servido para la inmolación/sacrificio. Quienes usaron el fuego como destructor deberían haberlo usado antes como iluminador; de esta forma, el fuego de la sabiduría hubiera sido maestro y luz, y no el fuego de la oscura y ciega pasión del furor y la intolerancia (las hogueras).

El fuego está en todos los ritos de todas las liturgias de todas las religiones. Un ritual de Fuego suele involucrar ahumar o quemar una imagen, hierba, o el uso de velas y lámparas, y se practica normalmente junto a fuegos o hoguerasencendidos o junto a la llama de una simple vela. Sus rituales suelen involucrar energía, autoridad, curación, destrucción (de hábitos negativos, enfermedad), purificación, amor… etc.

 

El elemento AIRE

 

El Aire es el elemento intelecto;es el reino del pensamiento y de la palabra que es el primer paso hacia la creación. El aire, de entre los cuatro elementos, es pura espiritualización. Es el transmisor de todo olor y aroma, de todo ruido y sonido, de la claridad y la oscuridad; y, en especial, es el testigo mudo de la palabra, del susurro y del grito, del canto y del lamento. El aire es suma ligereza que se convierte en brisa del alma para los místicos, cabalgadura de los colores, marco de las formas. El aire llena el vacío que hay entre cielo y tierra permitiendo que los iniciados hayan respirado lo Absoluto transmitiéndolo a los demás con el soplo de su aliento de vida. En el mundo de los sueños, el aire aparece unido a la luna y tiene alas como símbolo de su presencia.

En la religiosidad popular es el aliento divino, su palabra creadora y operante, es un poderoso instrumento para el cambio. También es movimiento, el ímpetu que se exterioriza en manifestaciones del espíritu. Se expresa en rituales que involucran instrucción, libertad, conocimiento, descubrir objetos perdidos, desvelar mentiras, etc. Los rituales que involucran al aire incluyen el canto, la danza, la narración, la palabra ritual, un objeto lanzado en el aire…

El Aire es un elemento masculino, seco, expansivo y activo. Es el elemento que sobresale en los lugares de aprendizaje, y que actúa cuando se teoriza, se piensa, se adivina, se preve, se conversa…

 

El elemento AGUA

 

El Agua es vital, purificadora y regeneradora. Vital por ser fuente de la que se alimenta todo organismo viviente: casi todo el cuerpo es agua, casi todo el planeta tierra es agua; purificadora porque limpia alejando toda impureza; regeneradora porque constantemente retorna todas las cosas a su estado original.Es un elemento fluido, constantemente cambiante, así como nuestras emociones, por eso el agua representa con sus símbolos el alma que se mueve en el mar de la existencia inquietamente impulsada por los sentimientos. El alma vibra como las corrientes, como el agua cristalina quieta que hace de espejo a la vida, pero también se aturde como las profundidades en donde la oscuridad albrga el inconciente que se expresa en los sueños.

Los ritos del Agua implican placer, amistad, matrimonio, fertilidad, felicidad, curación, soñar, purificación… etc.La rituales del agua se realizan con espejos, a orillas del mar, las lagunas, con lluvia o rocíos.

Para los judíos, como más tarde para los cristianos, el agua lo es todo. Yahvé es fuente de vida, rocío matutino, lluvia fecundante, bendición esperada. Para los cristianos, el Cristo es agua viva que sacia toda sed para siempre. El Agua que limpia y purifica del Bautismo cristiano, borra lo impuro, disipa la tiniebla, aclara la luz. “Algo tendrá el agua cuando la bendicen”, reza un dicho popular. Pero sobre este rico simbolismo pende la observación de Jeremías profeta (2,13): “Se alejaron de Mí, fuente de agua viva, y se hicieron otros aljibes que, agrietados, se están secando”.

Para al Islam, el agua tiene su simbolismo purificador y vital y está en todo rito iniciático que conducirá al místico y al hombre espiritual hasta la inmortalidad. Para los hindúes —y para casi todo el mundo oriental—, el agua es fuente de vida, fecundante, fértil, sabia. El agua es la manifestación máxima del mundo.

En todas las cosmogonías del mundo, el agua figura como elemento primordial: origen. Pero hay muchos tipos de agua: aguas claras o turbias, dulces o violentas, estancas o corrientes, duras o blandas, altas (benéficas) o profundas (maléficas). Su límite de diferenciación es casi imperceptible; pero ya Hesíodo da en el clavo diciendo: el amor las distingue. Algunos pueblos  (los aztecas) los relacionan el agua con la sangre; otros, con el fuego (los celtas, los druidas).

 

El elemento TIERRA

 

La Tierra es el fundamento de los elementos, la base. Es el elemento primordial que, como una gran matriz, engendra vegetación y frutos, mares y fuentes, montes y metales. Es símbolo maternal da vida, con generosidad y abubdancia. El ser humano es tierra y a ella regresa antes de volver a nacer. Se cubre con tierra el féretro como símbolo regenerador, y en algunas tribus, el signo de identificación con la generosa madre tierra consiste en comerla.

La tierra es símbolo de vida; debe ser amada como se ama la propia vida. Cuando andamos, nos sentamos, nos levantamos, comemos, dormimos, cuidamos las plantitas, trabajamos… estamos en relación con el elemento Tierra. La Tierra es el reino de la abundancia, prosperidad y riqueza.

La Tierra es nutridora, húmeda, fructífera y son estas cualidades las que la hacen femenina. Muchísimas civilizaciones consideran a la Tierra como una gran Diosa Madre, la toda-fértil Creadora de la Naturaleza, la Pachamama. La tierra entera es como un gran símbolo: toda ella es sagrada y digna de veneración, adoración y respeto. Algunos llamen a su tierra Santa o “Prometida” (así los cristianos y los judías respectivamente llaman a Palestina). Casi todos los pueblos suelen conservar su terreno sagrado en donde está la fuente de la regeneración.

En la religiosidad popular, la Tierra “regula” todos los rituales que involucran negocios, dinero, empleo, prosperidad en todas sus formas, estabilidad, fertilidad, etc. Un rito de este elemento puede realizarsecon el caminar a través de millas, peregrinar a l”tierras sagradas”, escarlar montaña, visitar tumbas y enterrar muertos, dibujar  o hacer imágenes en el barro,enterrar un objeto representativo, ofrecer primicias y frutos de la tierra…

 

Elementos Naturales en la Liturgia

La Iglesia, cantora de la naturaleza y de su Creador y amante del simbolismo, aprovechó para su liturgia de esos elementos naturalescomo signos eficaces de valores sobrenaturales y salvíficos. El mismo Cristo los usó y les comunicó virtudes secretas en orden a la vida sobrenatural. Por ejemplo: el agua en el perdón, el hálito en el cenáculo, etc. Jesús explotó su simbolismo en sus discursos y parábolas: la luz, sal, vid, grano de mostaza, cizaña…

 

1. El fuego

La Iglesia utiliza constantemente el fuego para sus ritos.En el incensario, fuego e incienso simbolizan el fervor de la oración y la entrega de nuestra vida, que se va consumiendo poco a poco como suave perfume en honor a Dios.En las celebraciones aparece en forma de lámparas y cirios encendidos durante la celebración o delante del sagrario.

 La Vigilia de Pascua es la celebración que queda enriquecida de modo más explícito con el simbolismo del fuego. La hoguera que arde fuera de la Iglesia y de la que se va a encender el Cirio Pascual remite intensamente al triunfo de la luz sobre la tiniebla, del calor sobre el frío, de la vida sobre la muerte. De allí partirá la procesión con su festivo grito: “Luz de Cristo”, y la luz se irá comunicando progresivamente a cada uno de los participantes. El simbolismo de la luz debe ser muy aprovechado en el lenguaje festivo de la Noche Pascual.

– El símbolo de la LUZ De todas las obras de la creación, la luz parece ser la más excelente. Con ella empezó Dios a adornar el mundo. Es la más hermosa de las creaturas naturales y de ella beben la belleza todas las demás. En la Vigilia Pascual la Iglesia bendice la luz sacándola del nuevo fuego y la introduce a la iglesia con el cirio pascual. La luz, por tanto, representa y rinde tributo a Jesucristo, “Luz del mundo”. La luz es figura de los ángeles, aparecidos con frecuencia envueltos en celestiales resplandores, y también de las almas justas por su pureza y fe radiantes.La vela encendida sirve para simbolizar a Cristo-Luz del mundo y significar la fe y la oración de los fieles en presencia del Señor.En Cuaresma el 4º domingo es dedicado a la luz, la curación del ciego de nacimiento.
– El Cirio pascual se enciende en la Vigilia Pascual,ya desde los primeros siglos, como símbolo de la luz de Cristo.  En medio de la oscuridad (toda la celebración se hace de noche), de una hoguera previamente preparada se enciende el Cirio, que tiene una inscripción en forma de Cruz, acompañada de la fecha y de las letras Alfa y Omega, la primera y la última del agabeto griego, para indicar que la Pascua de Cristo, principio y fin de el tiempo y de la eternidad, nos alcanza con fuerza siempre nueva en el año concreto en que vivimos. Además del símbolo de la luz, se le da también el de la ofrenda:cera que se gasta en honor de Dios, esparciendo su luz: “Acepta, padre santo, el sacrificio vespertino de esta llama, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas…” El Cirio estará encendido en todas las celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena, al lado del ambón de la Palabra, hasta terminar el domingo de Pentecostés.  Luego, durante el año, se encenderá en la celebración de los bautizos y de las exequias, el comienzo y la conclusión de la vida.

– El Incienso Nuestra vida se tiene que quemar en honor a Dios, dando suave aroma. En las solemnidades se inciensa el altar y los santos, la cruz y el Santísimo Sacramento en señal de respeto y veneración. Se inciensa al sacerdote como representante de Dios, y a los fieles para recordarles que, como pueblo santo y sacerdotal, son concelebrantes y no sólo espectadores. Se incensa el evangelio, al altar, la cruz y el pan y vino eucarísticos.

 

2) El Aire

– El soplo del Creador infundió vida al hombre. Y el de Jesús resucitado comunicó a los apóstoles el Espíritu Santo. Por siglos, ha figurado en el rito bautismal el soplo como signo de expulsión de Satanás, del alma del bautizado.

 

– El beso.Los celebrantes besan el altar símbolo de Cristo.El diácono o el sacerdote besa los Evangelios y en voz baja dicen: “Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados”. Besar el Evangelio es un gesto de fe en la presencia de Cristo que se nos comunica como la Palabra verdadera. El beso de la paz, previsto ya en las antiguas liturgias, es el signo de la fraternidad y del agape cristiana. Se besa la cruz (viernes santo), las reliquias y las imágenes…

 

La Palabraproclamada, escuchada y vivida. La Palabra de Dios no es un libro hermoso, bien encuadernado… es sobre todo el espírtitu y la fuerza con la que se proclama,escucha y vive…
El canto expresa y realiza nuestras sentimientos interiores de alabanza, adoración, alegría, dolor, súplica.  “No ha de ser considerado el canto como un cierto ornato que se añade a la oración, como algo extrínseco, sino más bien como algo que dimana de lo profundo del espíritu del que ora y alaba a Dios”(IGLH 270). El canto hace comunidad, al expresar más validamente el carácter comunitario de la celebración, igual que sucede en la vida familiar y social como en la litúrgica. El canto hace fiesta, crea clima más solemne y digno en la oración. A la vez que crea un clima de unión comunitaria y festiva, ayuda pedagógicamente a expresar nuestra participación en lo más profundo de la celebración. Así el canto se convierte de verdad en “sacramento”, tanto de lo que nosotros sentimos y queremos decir a Dios, como de la gracia salvadora que nos viene de él.

 

3) El Agua

Para los cristianos el agua sirve muy expresivamente para simbolizar a Cristo y a su salvación. Cristo es el “agua viva” que sacia definitivamente nuestra sed (coloquio con la samaritana: Jn 4); el agua sirve también para describir la presencia vivificante del Espíritu (Jn 7,37-39) y para anunciar la felicidad el cielo (Apoc 7,17).En Cuaresma hay un domingo dedicado al tema del agua: el tercer domingo, pasaje de la samaritana.
En la liturgia a veces se usa el agua sencillamente con una finalidad práctica: por ejemplo en las abluciones de las manos después de ungir con los Santos Oleos o de los vasos empleados en la Eucaristía.  Pero el agua tiene muchas veces un sentido simbólico: lavarse las manos para indicar la purificación que el sacerdote más que nadie necesita, o lavar los pies para expresar la actitud de servicio. Sobre todo el agua nos hace celebrar significativamente el Bautismo con el gesto de la inmersión en agua (bautismo significa inmersión” en griego). La aspersión de la comunidad con agua en la Vigilia Pascual, o en el rito de entrada de la Eucaristía dominical, o el santiguarse con agua al entrar en la Iglesia, son recuerdos simbólicos del Bautismo. También la aspersión con agua en la bendición de las casas, de los objetos, de las personas, o en las exequías, quiere prolongar el simbolismo purificador y vitalizador del Bautismo. Otro significado del simbolismo del agua es su cualidad de apagar la sed. Sed que no es sólo material, sino que muy expresivamente puede referirse a los deseos más profundos del ser humano: la felicidad, la libertad, el amor…
– La Sal, que sazona y preserva.Se dejó optativo en la fórmula ritual de la bendición del agua lustral como remedio para poner en fuga los demonios y ahuyentar enfermedades. También se usó en el bautismo, colocando unos granitos sobre la boca del bautizando.
– La SalivaJesús la usó para curar a un sordomudo y al ciego de nacimiento. Los santos Padres la consideraban como símbolo de la sabiduría; la liturgia la ha usado tan sólo en el Bautismo, mojando en ella la nariz y oídos del bautizado, diciendo: “Epheta”, “ábrete”. Así reproducía el gesto de Jesús al curar. De esta manera estamos habilitados para oír con gusto la Palabra de Dios. Dada la sensibilidad de los tiempos modernos, el nuevo ritual del bautismo suprimió el uso de la saliva.
– El Lavado de las manos. El sacerdote lo hace como gesto de purificación; se lava las manos para pedirle a Dios que lo purifique de sus pecados.
– Las gotas del agua en el vino. Con este signo el sacerdote le pide a Dios que una nuestras vidas a la suya. AI momento de preparar sobre el Altar el pan y el vino “el Diácono u otro ministro… vierte el vino y unas gotas de agua en el cáliz.” (Misal Romano n.133).
El instante en que se echa el agua se acompaña con una oración que se dice en secreto: “El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana”.

4) La Tierra


El Pan y el vino.­­Son la base del alimento corporal del hombre. Simbolizan, al convertirse en verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo, que la Eucaristía es alimento indispensable de todos los cristianos. Son los signos del sacrificio de su cuerpo y sangre como manjar espiritual del alma. El pan, hecho de muchos granos, y el vino, de muchos racimos, son símbolo de la unión íntima entre los cristianos. Simbolizan también la unidad de la Iglesia y de los cristianos con Cristo y entre sí, ya que compartir el mismo pan y el mismo vino son signos de fraternidad, amistad y unidad.


– El Aceite
. Para la vida corporal, es alimento, medicina y condimento. Fortalece, suaviza, agiliza los miembros y, cuando es legítimo aceite de oliva, aromatiza cuanto toca. En la vida espiritual, simboliza también esto: fortaleza espiritual y corporal, valor curativo y conservativo de carácter espiritual, efusión de la gracia, santificación e inhabitación del Espíritu Santo y testimonio cristiano, comunicación del poder divino y consagración de objetos sagrados. Y por eso se usa como materia en algunos sacramentos:En el bautismo, el óleo de los catecúmenos se coloca en el pecho. Simboliza la fortaleza y la agilidad espiritual.El crisma se compone de aceite y perfume. Se usa en el bautismo, confirmación y consagración de sacerdotes, obispos, cálices, altares, patenas, Iglesias. Todo cristiano tiene que exhalar el suave olor de la santidad, el suave olor de Cristo, como dice san Pablo. En la ordenación sacerdotal se ungen las manos; en la episcopal, la cabeza. “Este gesto nos habla de la transmisión del Espíritu Santo, el cual se adentra en el interior del ungido, toma posesión de él y lo convierte en instrumento suyo. La unción de la cabeza significa la llamada a nuevas responsabilidades: el obispo tendrá en la Iglesia tareas directivas que lo ocuparán a fondo” Óleo de los enfermos: vehículo para la gracia divina, y para la salud del cuerpo y del alma.
LaCeniza es símbolo de la caducidad de la vida y de todo lo material, y, por lo mismo, símbolo del dolor, de la penitencia, del arrepentimiento, de una gran aflicción. En la Biblia la expresión “cubrirse de ceniza y de cilicio” es sinónimo de amarga penitencia y de muy gran duelo. El Miércoles de Ceniza, anterior al primer domingo de Cuaresma, realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado).  Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión.  Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo. Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” (Cf Mc1,15) y “Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver” (Cf Gén 3,19).
– Las piedras del altar, del ambón y del templo y todo el esificio habla de —

 – LasFlores. Las flores naturales que adornan el altar y los santos significan fiesta, alegría, exultación piadosa. En tiempo de cuaresma, tiempo fuerte de penitencia y austeridad, aunque se pueden poner algunas plantas, no se ponen flores en las iglesias, exceptuando el tercer domingo de cuaresma, domingo del “Laetare”, y las solemnidades y fiestas que caen en cuaresma.


Otros gestos simbólicos

 – LA IMPOSICIÓN DE MANOS. La acción e imponer  las manossobre la cabeza de uno, significa la bendición que uno transmite a otro, invocando sobre él la benevolencia de Dios. Así , Jesús imponía las manos sobre los niños, orando por ellos. La despedida de Jesús en su Ascensión , se expresa también con el mismo gesto: “alzando las manos los bendijo” (Lc  24,50).Es una expresión que muchas veces se relaciona a la curación. Jairo pide a Jesús: “Mi hija está a punto de morir; ven impón tus manos sobre ella para que se cure y viva” (Mc 5,23).Imponer las manos sobre la cabeza de una persona, significainvocar y transmitir sobre ella el don del Espíritu Santopara una misión determinada. Así pasa con los elegidos para el ministerio de diáconos en la comunidad primera: “hicieron oración y les impusieron las manos” (Act 6,6).  Hay dos momentos en la celebración de la Eucaristía en que el gesto simbólico tiene particular énfasis.Ante todo cuando el sacerdote, en la Plegaria Eucarística, invoca por primera vez al Espíritu (epíclesis), extendiendo sus manos sobre el pan y el vino: “santifica estos dones con la efusión de tu Espíritu”. La Bendición Final es el segundo momento en el que el gesto de la imposición adquiere especial énfasis.Este gesto nos habla también del don de Dios y la mediación eclesial:La mano poderosa de Dios que bendice, que consagra, que inviste de autoridad, es representada sacramentalmente por la ,mano de un ministro de la Iglesia, extendida con humildad y confianza sobre las personas o los elementos materiales que Dios quiere santificar.
– LA SEÑAL DE LA CRUZ. La Cruz resume toda la teología sobre Dios, sobre el misterio de la salvación en Cristo, sobre la vida cristiana. Nos presenta a un Dios trascendente pero cercano; un Dios que ha querido vencer el mal con su propio dolor; un Cristo que es siervo, que ha querido llegar a la entrega total de sí mismo, como imagen plástica del amor y de la condescendencia de Dios; un Cristo que en su  muerte y resurrección ha dado al mundo la reconciliación.
Es  un gesto sencillo pero lleno de significado. Esta señal de la Cruz es una verdadera confesión de fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión: al hacer sobre nuestra personas este signo es como si dijéramos: “estoy bautizado, pertenezco a Cristo, El es mi Salvador, la cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana…”.

– LAS CAMPANAS. Cuando los cristianos pudieron construir iglesias, a partir del siglo IV, pronto se habla de torres y campanarios adosados a las iglesias, con campanas que se convertirán rápidamente en un elemento muy expresivo para señalar las fiestas y los ritmos de la celebración cristiana. También dentro de la celebración se utilizaron las campanillas, a partir del siglo XIII, ahora bastante menos necesarias (IGMR 109 deja libre su uso) porque ya la celebración la seguimos más fácilmente, a no ser que se quieran hacer servir, no tanto para avisar de un momento -por ejemplo, la consagración sino para darle simbólicamente realce festivo, como en el Gloria de la Vigilia Pascual.Las campanas del campanario convocan a la comunidad cristiana, señalan las horas de la celebración (la Misa) de oración (el Angelus o la oración comunitaria de un monasterio), diversos momentos de dolor (la agonía o la defunción) o de alegría (la entrada del nuevo obispo o párroco) y sobre todo con su repique gozoso anuncian las fiestas.  Y así se convierten en un “signo hecho sonido” de la identidad de la comunidad cristiana.  También el mismo campanario, con su silueta estilizada, se convierte en símbolo de la dirección trascendente que debería tener nuestra vida.

LA COLECTA La palabra “colecta” viene del latín “collecta” (=recogida). Se aplica ante todo a la reunión de la comunidad para la Eucaristía dominical. También se llama “colecta” a la recogida de dinero o de dones en el ofertorio, a la que alude Pablo (1 Cor 16, 1-2). Pero su uso más técnico es el referido a la “oración colecta” al principio de la Misa; su finalidad es recoger y resumir las peticiones de cada uno de los presentes. Es la primera oración importante del presidente, que de pie, con los brazos extendidos, y en nombre de la comunidad, dirige su súplica a Dios.
– COMER EL PAN: El comer, ya humanamente, tiene el valor del alimento y la reparación de las fuerzas.  Pero a la vez tiene connotaciones simbólicas muy expresivas: comer como fruto del propio trabajo, comer en familia, comer con los amigos, comer en clima de fraternidad. También hay otros valores y gracias que Cristo expresa en el evangelio con este simbolismo de la comida: el perdón, la alegría del reencuentro, la fiesta, la plenitud y la felicidad del Reino futuro. Basta recordar la parábola del hijo pródigo, acogido en casa con una buena comida; o la de las bodas del rey; o la multiplicación de los panes y peces en el desierto, o la expresiva presencia de Jesús en comidas en casa de Zaqueo, de Mateo, del fariseo, de Lázaro.  Y las comidas de Jesús con sus discípulos, tanto antes como después de la Pascua, que ellos recordarán muy a gusto. (Cf Hech 10,40).


– PARTIR EL PAN.
La cena judía, sobretodo la pascual, comenzaba con un pequeño rito: el padre de familia partía el pan para repartirlo a todos, mientras pronunciaba una oración de bendición a Dios. Este gesto expresaba la gratitud hacia Dios y a la vez el sentido familiar de solidaridad en el mismo pan. Muchos hemos conocido cómo en nuestras familias el momento de partir el pan al principio de la comida se consideraba como un pequeño pero significativo rito.  Como el que se hace solemnemente cuando unos novios parten el pastel de bodas y los van repartiendo a los comensales que los acompañan. Cristo también lo hizo en su última cena: “Tomó el pan, dijo la bendición, lo partió y se lo dio…”. Más aún: fue este el gesto el que más impresionó a los discípulos de Emaús en su encuentro con Jesús Resucitado. “Le reconocieron al partir el pan”. Y fue este el rito simbólico  que vino a dar nombre a toda la celebración Eucarística en la primera generación.La fracción del pan puede tener, ante todo, un sentido de cara a la Pasión de Cristo. El pan que vamos a recibir es el Cuerpo de Cristo, entregado a la muerte, el Cuerpo roto hasta la última donación, en la Cruz.Signo de la unidad fraternaEl Misal Romano explica:”por la fracción de un solo pan se manifiesta la unidad de los fieles” (IGMR 48)


– LOS GOLPES DE PECHO.
Gesto penitencial y de humildad. Es uno de los gestos más populares al menos en cuanto a expresividad. Así describe Jesús al publicano (Lc 18, 9-14). Cuando para el acto penitencial elegimos la fórmula “Yo confieso”, a las palabras “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa” nos golpeamos el pecho con la mano.

– ARRODILLARSE. Estar de rodillas es una actitud de humildad. Expresa arrepentimiento y penitencia. Nos recuerda a Pedro cayendo de rodillas y exclamando: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador” (Lucas 5,8). Pero el cristiano se arrodilla ante Dios precisamente porque el es Dios, el único Señor del universo. Es un signo de Adoración que da a la oración un acento muy particular. (Haga la prueba de arrodillarse, inclinar la cabeza y juntar las manos en actitud de súplica…) Este sentido de adoración tiene hacer la genuflexión cuando entramos en la iglesia o delante del sagrario (allí donde hay una lamparita encendida para señalar que está Jesús presente en la Eucaristía).

– PONERSE DE PIE. Es la postura más usada en la Misa. Al orar de pie los cristianos “significamos” nuestra dignidad de hijos de Dios. Como tenemos en nosotros el Espíritu que nos hace exclamar “Abba”, “nos atrevemos” a llamar a Dios “Padre” y estar de pie delante de él. Es una actitud de cariñosa confianza hacia Dios a quien vemos, sobre todo, como Padre. Es una actitud que indica “prontitud”, estar disponible, preparado para la acción. Por tanto indica decisión y voluntad para seguir al Señor. Durante el primer milenio, los cristianos tuvieron prohibido arrodillarse en la liturgia de los domingos, pues -como sabemos- el día del Señor conmemora la Pascua, la Resurrección de Jesús. Así como la muerte es “estar postrado”, la resurrección es un levantarse, un “volver a estar de pie”. Por eso esta postura manifiesta también nuestra fe en Jesús resucitado.

LOS SACRAMENTALES, SACRAMENTOS DE LOS POBRES.

Los sacramentales tienen gran importancia en los sectores populares de América Latina. Es una preciosa herncia que es custodiada y mantenida viva por la gente humilde, los pobres, que son la mayoría silenciosa del pueblo de Dios. En muchas comunidades se ha descuidado este “precioso tesoro” de la religiosidad popular (A.258), sin embargo, como nos recuerda el mismo Evangelio, los pobres siempre evangelizan. Resumimos y adaptamos aquí un extenso artículo del teólogo Victor Codina que nos invita a redescubrir este “capítulo importante de la teología nazarena”.

 

1. LOS SACRAMENTALES Y LOS SACRAMENTOS

El tema se podría resumir en la expresión de un párroco de una zona suburbana: “ofrecemos al pueblo lo que no le interesa  (sacramentos) y nos pide lo que nosotros no le ofrecemos y que quizá no nos interesa ofrecer (los sacramentales)”.

Hay un desajuste entre la oferta y la demanda. Para el pueblo sencillo, económicamente débil y pobre, sin mucha formación cristiana, los sacramentales son más valiosos que los sacramentos. Los sacramentales son los sacramentos de los pobres.

Los mismos sacramentos que el pueblo pide están muchas veces vistos más como sacramentales que como sacramentos. Así, para muchos, la eucaristía es una forma de orar por un difunto particular; para muchos es algo muy individual y familiar, y por esto tienen cierta alergia a las misas comunitarias de difuntos. El bautismo a veces se pide  para que el niño no muera o para que la familia no sufra desgracias. Los bautismos comunitarios celebrados dentro de la misa son muy apreciados porque quizá se tiene la impresión de que les toca menos atención personalizada y entonces meno gracia. El matrimonio muchas veces se difiere porque todavía no hay dinero para celebrar la fiesta que tiene lugar después de la ceremonia religiosa. La unción de los enfermos a veces se pide porque el enfermo “no se quiere morir” …

Los sacramentos no son muy comprendidos por el pueblo: exigen una preparación a veces incomprensible, que ellos juzgan innecesaria, además les resultan con frecuencia fríos, lejanos, alejados de la vida y de su lenguaje. El sacramento aparece como algo puntual, lejano, abstracto, más ligado al clero y al templo que a la vida cotidiana.

Los sacramentales, por el contrario,  son más  comprensibles y más  sencillos, son variados, ricos de simbolismo, cercanos, domésticos, acompañan el ritmo del día y de la vida cotidiana, son sensibles, tangibles, familiares, vitales. Tener en casa una vela o agua bendita es una gracia de Dios continua, poder tener una imagen bendecida del Señor, de la Virgen o de un Santo que presida la casa es signo de una permanente protección del Señor.

 

Diferencias y semejanzas entre los sacramentales y los sacramentos.

– Diferencia. Los sacramentos producen la gracia “ex opere operato”, o sea, todo sacramento obra y tiene eficacia por el hecho de ser un acto del mismo Jesucristo; no obtiene su eficacia o valor, ni del fervor y los méritos del ministro, ni del sujeto que recibe el sacramento. En cambio, los sacramentales obran “ex opere operantis Ecclesiae”, es decir, que reciben su eficacia de la misión mediadora de la Iglesia, que interce ante Cristo.

 

– La Semejanza está ante todo en la misma finalidad: ambos tienden al mismo término: la santidad. Los sacramentos producen esa santidad de modo inmediato y directo; los sacramentales “disponen”, preparan para recibir la santidad. También, sacramentos y sacramentales son semejantes en cuanto que tienen valor de signo y simbolizan los efectos que mediante ellos se producen. Sacramentos y sacramentales buscan santificar las diversas circunstancias de la vida humana, para que sean ocasión para un encuentro con Dios.

 

En resumen:

  Los sacramentos son de institución divina, los sacramentales son de institución eclesiástica.

  Los sacramentos actúan “ex opere operato” (por sí mismos), los sacramentales “ex impetratione Ecclesiae” (por impetración de la Iglesia).

  Los sacramentos tienen como fin producir la gracia que significan, los sacramentales sólo preparan para recibir la gracia y crean una disposición espiritual.

  Los sacramentos son necesarios para la salvación; los sacramentales, no.

 

2. ALGUNOS SACRAMENTALES EN LA PIEDAD POPULAR

En pocas palabras, así como los sacramentos se ubican en los momentos resaltantes de la vida humana, los sacramentales invaden los momentos cotidianos, humildes, múltiples de esa misma vida del hombre.

 

Por Navidad, tiene una gran aceptación popular la “Navidad en familia” (novenario de preparación); el armado del Pesebre y la adoración del Niño, el Pesebre viviente.

En algunos lugares se lleva la imagen del Niño Jesús a la Iglesia, para que después de la misa reciba la bendición final y lo puedan llevar a su casa  para ser venerado en la familia durante las fiestas de Navidad. Para algunos esta costumbre de llevar una imagen “a oír misa”, es una superstición; otros creen, con razón,  que se trata de algo más profundo, es una forma simbólica y sacramental  de llevar a sus casas la bendición de Dios, presente de algún modo en la imagen.

 

– En cuaresma, la ceniza goza de gran popularidad. El pueblo comprendía mejor el tradicional  “Memento homo”…”Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás” que el actual “Conviértete y cree en el evangelio” que no está demasiado relacionado con la ceniza, que tiene que ver con la tierra y con la muerte y la fragilidad hunana. El ayuno, la abstinencia o el comer o no determinadas comidad, también son una expresión muy significativa de la religiosidad popular

 

– En Semana Santa, la atención popular centra en algunos sacramentales:

-el domingo de ramos, seguramente la fiesta más popular de todo el año, es la fiesta de los ramos bendecidos, las palmas, que luego se llevan a casa con devoción y se guardan durante todo el año.

– el lunes santo se mueves de sus capillas las imágenes de San Juan y de la Dolorosa que se encuentran para formar una procesión junto al Ecce homo la imagen de Cristo sufriente que es el gran protagonista de la semana

– el jueves santo, el centro de la atención popular se centra en el lavatorio de los pies que en la Iglesia antigua tenía un gran valor sacramental. La visita a “los monumentos” es también muy popular. A la gente le gusta caminar, peregrinar, visitar diversos lugares, más que quedarse sentado escuchando lecturas o meditando en silencio.

– el viernes santo para el pueblo se centra en el via crucis y adoración de la cruz, más que en la liturgia oficial de la pasión, con lecturas difíciles de comprender y demasiado largas.
– en la vigilia pascual, lo que atrae más es la fogata inicial, donde a veces quema todo lo malo en la imagen de un muñeco que representa a Judas. Del fuego bendecido encienden sus velas que llevan con devoción a sus casas, lo mismo que el agua bendita de la liturgia bautismal.

Recorriendo todo el ciclo de las fiestas del año litúrgico y de los santos (las fiestas de la Santa Cruz, el Corpus, la Candelaria, la Asunción, San Juan…los Difuntos…) vemos que el pueblo vive su fe de forma muy simbólica y sacramental.

Los llamados “sacramentos de las cuatros estaciones de la vida”, el bautismo en el nacimiento, la primera comunión-confirmación en la adolescencia, el matrimonio en la madurez y  las exequias  en la muerte, están rodeados de muchos ritos sacramentales que para el pueblo tienen gran valor. El caso más típico es todo lo relacionado con la muerte, cuyo sacramento central para el pueblo son las exequias con todos sus rituales: velorio en la casa, ceremonias en el templo, el camino al cementerio  llevando el féretro, el entierro y la despedida y las comidas fúnebres, que se reviven en los aniversarios y en las fiestas de los difuntos. En todas estas celebraciones el toque de campanas juega un papel muy importante…

Está también el rico mundo de bendiciones: del agua, de la casa nueva, del pan, de los frutos de la tierra, del campo, de animales domésticos y de establos, del lugar del trabajo, del automóvil, de los niños, de los enfermos,  de ancianos, las imperdibles bendiciones con agua bendita al finalizar la eucaristía… Las procesiones y las peregrinaciones son otros sacramentales importantes de la Piedad popular.

 

3. DISTINTAS VALORACIONES

El Vaticano II trata de los sacramentales en la Constitución dogmática sobre la liturgia, Sacrosanctum concilium. Los define como “signos sagradospor medio de los cuales se expresan efectos, sobre todo de carácter espiritual, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida. (SC 60). Los sitúa en torno al misterio pascual de Cristo y sugiere que algunos puedan ser administrados por laicos (SC 79). El nuevo Código de Derecho Canónico (1983) también habla de los sacramentales y ya no los define como “cosas o acciones” como en el Código anterior, sino como “signos sagrados” (C 1169) conforme al Vaticano II.

Sin embargo muchos manuales del post concilio ignoran o apenas hablan de los sacramentales y dicen que representan  un problema difícil de conciliar con el mundo moderno secularizado. Es un caso más de las deformaciones teológicas que nacen de no tener suficientemente en cuenta que los pobres constituyen un lugar teológico privilegiado (Mt 11,25-27).

 

Pero no siempre fue así.

Al que estudia la historia de los sacramentos se sorprende al encontrar que el número septenario de los sacramentos, no se elaboró hasta el siglo XII. Ni en la Biblia ni en la primera tradición cristiana podemos hallar una doctrina clara sobre los 7 sacramentos.

Para las primeras generaciones cristianas, el misterio-sacramento tenía un sentido  mucho más amplio y rico que nuestro moderno concepto de sacramento. Los primeros que hablaron de sacramento en sentido estricto fueron los canonistas y teólogos escolásticos del siglo XII, en concreto Pedro Lombardo. El primer documento del magisterio de la Iglesia sobre los siete sacramentos es la profesión de fe exigida a los valdenses en 1208. Sin embargo, pocos años más tarde, el Concilio IV de Letrán en 1215, presidido por Inocencio III, sólo habla de 4 sacramentos (bautismo, eucaristía, penitencia y orden).

Para san Bernardo, coetáneo de Pedro Lombardo, los sacramentos son tantos que en una hora no se pueden enumerar todos y por esto en un sermón sobre la Última Cena se centra en los tres principales: bautismo, eucaristía y lavatorio de los pies. Curiosamente para los Padres de la Iglesia, por ejemplo para san Ambrosio de Milán, el lavatorio de los pies tenía gran importancia y  se le concedía gran eficacia purificatoria. Para Hugo de San Víctor, también contemporáneo de P. Lombardo, son sacramentos el agua bendita, la imposición de la ceniza, la bendición de ramos y el toque de campanas.

Durante todo el primer milenio de la Iglesia el concepto de sacramento era sumamente amplio y rico, incluyendo  tanto a nuestros sacramentos como a los sacramentales. Desde del siglo XI, en el segundo milenio, se establece una jerarquía entre sacramentos y sacramentales que conducirá a distinguir los 7 sacramentos de los sacramentales, y que culminará en el Concilio de Trento (1547).

Para el pueblo, los sacramentales han tenido siempre gran importancia, sobre todo en la edad media, cuando vivía situaciones de pobreza, incertidumbre, pestes, guerras, miedo al demonio. El sacramental materializaba la bendición divina que emanaba del objeto bendito. Los frutos que se obtenían de los sacramentales no eran sólo espirituales sino también y tal vez principalmente temporales: salud, buena cosecha, paz…

 

4. UNA NUEVA REFLEXIÓN

El teólogo Codina propone una nueva reflexión teológica desde diversos ángulos:

– desde la categoría de Reino de Dios y el “principio misericordia”,

– desde la oración eclesial que bendice a su Señor,

– desde una cosmología teológica y la santificación de toda la vida.

 

A) Reino de Dios y el “principio misericordia”

La categoría central para acercarnos a una relectura teológica de los sacramentales puede ser la del Reino de Dios, que es el horizonte último de la predicación y de la actividad del Jesús histórico. El Reino de Dios constituye el verdadero mysterium de la revelación, y es el gran proyecto de Dios al crear el mundo: la Trinidad desea extender y autocomunicar el misterio de su comunión trinitaria, para hacer de la humanidad una familia fraterna de hijos e hijas del Padre, en Cristo, por el Espíritu. Este Reino anunciado por los profetas, se hace presente en Jesús de Nazaret (Mc 1,15).

Este es el mysterium o sacramentum original, del que deriva toda sacramentalidad. Precisamente por ser misterio sólo puede ser abordado simbólicamente. Parábolas, milagros, signos de Jesús son las única formas para acceder a una cierta comprensión del Reino de Dios.

Este Reino de Dios se dirige prefencialmente a los pobres, a los afligidos, a los oprimidos, a los pecadores, a los excluidos, a los pequeños, a los insignificantes. Es un Reino al servicio de la vida y de la dignidad de los seres humanos, un Reino de gracia y de misericordia. Por esto a los pobres hay que anunciarles prioritariamente esta buena noticia (Lc 7,20-23) y Jesús exulta de gozo al experimentar el beneplácito del Padre de revelar este misterio a los pequeños y sencillos (Lc 10, 21-22; Mt 11, 25-26).

– Para quienes no viven la angustiosa situación de los pobres, los sacramentales les parecerán superfluos, supersticiosos, cargados de un ambiguo sincretismo. Pero desde el “principio misericordia”  (enunciado por Jon Sobrino en la teología de la liberación) se contempla que, detrás de la petición de los sacramentales, se esconde un mundo de dolor, pobreza e injusticia, no sólo metafísica sino histórica y real.

Los sacramentales nos acercan a las entrañas de misericordia de Dios, con las que Jesús se compadece de las multitudes cansadas y abatidas como ovejas sin pastor (Mt  9,35). Ciertamente los sacramentales deben ser evangelizados, relacionados en los sacramentos, reformados y ampliando el protagonismo de los laicos (muchas bendiciones que hasta ahora están ligadas exclusivamente al ministerio ordenado). En cualquier caso, la Iglesia local tiene aquí un amplio espacio para realizar su misión pastoral. Y si queremos que los 7 sacramentos clásicos no degeneren en ritos vacíos, deberemos también hacer de ellos símbolos proféticos de la misericordia del Reino, en estrecha conexión con el clamor del pueblo. De ahí que todo símbolo concreto que acerque y manifieste el Reino, sobre todo a los pobres, pueda ser llamado sacramental.

– Símbolos y gestos rituales, no sólo de Israel, sino de las grandes religiones de la humanidad (hinduismo, budismo, Islam, religiones originarias incaicas, aztecas, mayas, africanas…) adquieren un peso sacramental insospechado. Son caminos providenciales a través de los cuales la persona se acerca a Dios, le pide perdón y protección, espera y ama. A través de ellos misteriosamente el Espíritu del Señor actúa, salva, purifica, bendice, consuela, da vida (GS 22).

Estos símbolos, de ordinario comunitarios, prescritos por las grandes religiones, no pueden ser desconocidos aunque no se adecue al septenario sacramental católico. Durante milenios la humanidad ha llegado al Dios único y verdadero  a través  de la tierra, el aire, el agua y el fuego… las comidas religiosas, los ritos de tránsito (rites de passage), las ofrendas rituales, los sacrificios, etc. El sumergirse en el Ganges de los hindúes, el peregrinaje a la Meca de los musulmanes, los misteriosos rituales de Machu Pichu o de las pirámides aztecas, las sencillas ofrendas de los pueblos indígenas y afroamericanos…tienen una densidad no sólo religiosa sino sacramental.

No estaban equivocados los Padres de la Iglesia  como Agustín o Ambrosio que ampliaban con generosidad el número de los sacramentos, ni los que consideraban el lavatorio de los pies o las exequias como sacramentos.

Los 7 sacramentos no son las únicas formas válidas de expresar y vivir la vida eclesial. El agua bendita, la ceniza, las palmas del domingo de ramos, las velas, las flores a los santos o a los difuntos… no son simplemente fruto de superstición o de ignorancia…

 

B) La oración de la Iglesia que bendice a su Señor

Tanto pastoral como teológicamente habría que pasar de los sacramentales a los sacramentos, no al revés, del mismo modo que habría que afirmar que la Iglesia es sacramento de salvación desde la historia de las religiones, no al revés. En este sentido los sacramentales no son formas degradadas de sacramentalidad, sino que los sacramentos son la culminación de los sacramentales.

Habría que pasar de la ceniza al sacramento de la reconciliación, de las palmas de ramos al misterio del triduo pascual, del lavatorio de los pies a la eucaristía, del fuego y del agua bendita al bautismo. Habría que mantener y proseguir la pedagogía divina de la historia de la salvación, pedagogía paciente y misericordiosa que parte desde abajo, de los pobres y pequeños, que más que separar, integra y no escinde, no es diabólica sino simbólica. En el estudio de los sacramentos se debería comenzar por los sacramentales, y lentamente ir acudiendo al septenario clásico.

Si la oración es el clamor del pueblo hacia Dios, el sacramental es el clamor  del pueblo cristiano hecho símbolo, la simbólica del deseo convertida en plegaria de la Iglesia. Cuando este clamor alcanza su máxima densidad y se convierte en oración solemne de la Iglesia tenemos un sacramento en sentido pleno y estricto del término. Pero los sacramentales ya son epíclesis eclesial, clamor del pueblo suscitado por el Espíritu  hacia  el Dios, clamor hacia el Reino.

Los sacramentales están ordinariamente ligados a las bendiciones. La bendición en el Antiguo Testamento es comunicación de la fuerza y el poder de Dios. La bendición (berakah) produce abundancia, fertilidad, bienestar, salud, paz (shalom). Es un don del Dios vivo de la vida, que llega a todos los vivientes. Lo opuesto a la bendición es la maldición, signo de muerte, que a veces es  pronunciada por los profetas.

En el Nuevo Testamento, Jesús, Palabra de Dios, bendice a niños y enfermos, con su autoridad expulsa demonios… La eficacia de su palabra pasa a los discípulos, quienes participan de su poder libertador que denuncia el mal, comunica la salvación, anticipa de algún modo el juicio de Dios. Podríamos afirmar que la bendición anticipa el Reino de Dios, comunica vida y Espíritu, libera de la muerte y del maligno.

La bendición de cosas simboliza y condensa esta eficacia de la Palabra haciendo que la creación quede como impregnada y cargada de la fuerza y la energía vivificadora del Señor para el bien de las personas. La bendición tiene una dimensión sacramental.

Las cosas benditas son una señal sacramental de la fuerza vivificadora de la Palabra de Dios a través de la Iglesia. El fruto  de los sacramentales es la bendición de Dios, la vida, la participación del Reino. Dios da la vida  a los pobres y despide vacíos a los ricos, como canta María en el Magnificat (Lc 1,51-53).

 

C ) La teología del Cosmos y la santificación de toda la vida.

Un gran racionalismo idealista domina todavía el pensamiento cristiano. La visión pesimista sobre el cuerpo, los influjos dualistas  de origen maniqueo sobre la materia, la desconfianza de la Reforma hacia la creación corrompida por el pecado.. nos llevan a pensar que nuestra oración, cuanto menos material sea, tanto será más pura y sobrenatural.

El Oriente cristiano ha mantenido una visión mucho más integral de la salvación, en la que lo cósmico juega un papel muy importante.

El cosmos es un icono sagrado, no un simple objeto de explotación. Los sacramentos son momentos especialmente densos de una cosmología teológica, lugares donde se anticipa la transfiguración del cosmos.

Todo esto vale  en su medida para los sacramentales. Cristo al descender en su bautismo a las aguas del Jordán, comienza ya a purificar la naturaleza cósmica, anticipando lo que se realizarán en el misterio pascual.  Los cielos y la tierra, las aguas, el arco iris, los frutos del campo y del trabajo humano, se convierten en símbolos sacramentales de la nueva tierra renovada por la resurrección.

La división canónica y jurídica entre efectos espirituales y efectos temporales en los sacramentos es empobrecedora y supone una visión dualista de la salvación. La salvación alcanza su plenitud en el Reino de Dios que es consumación total de la vida y por tanto incluye tanto lo material como lo espiritual, que son dimensiones indisociables.

El pueblo, sobre todo el pueblo pobre, nos da una lección de realismo cristiano al no separar lo espiritual de lo material. Seguramente los que tienen la vida asegurada pueden pedir al pobre que se limite a lo espiritual, pero los que tienen la vida continuamente amenazada, necesitan y buscan la protección de Dios. Quizá algunos se escandalicen de ver cómo los pobres desean que el agua bendita les rocíe y les llegue a tocar, o que se lleven a sus casas velas bendecidas en el templo. Pero este escándalo es farisaico y de gente que no padece hambre ni sabe lo que es sobrevivir en un mundo de pobreza, enfermedad y continuas amenazas. Pero cuando el rico y poderoso se encuentra en  peligro y se siente impotente (enfermedad, desgracia, terremoto, muerte…) también muchas veces acude a la velita o la imagen o estampa protectora.

Los sacramentales son entonces ceremonias de santificación de toda la vida y la realidad cotidiana. El Ritual y el Pontifical Romano recuerda algunas: bendición de las personas, de cosas (medallas, casas, automóviles, alimentos, etc.), el agua bendita, los exorcismos, la consagración de vírgenes, dedicación del altar, del templo, de las campanas… La gente acude con frecuencia a solicitarlos: por ejemplo, las bendiciones para determinados momentos de la vida: mujer que va a dar a luz, viajes prolongados, procesiones, una bendición para un enfermo.

 

CONCLUSIÓN

Los sacramentales son el clamor del pueblo hecho oración simbólica, que sube, epicléticamente al Padre por medio de la Iglesia y que desciende sobre el pueblo en forma de bendición. Esta bendición actualiza eclesialmente las bienaventuranzas de los pobres y anticipa históricamente el Reino de Dios, el triunfo de la vida sobre la muerte. Los sacramentales manifiestan las entrañas de misericordia de nuestro Dios que nos visita para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (Lc 1,68-79).

Son un camino pedagógico hacia la eucaristía y hacia la transfiguración del mundo  hacia la nueva tierra por la fuerza del Espíritu. Su núcleo último es pascual, misterio de cruz y resurrección, ya que Cristo en su muerte y resurrección ha renovado la creación.

Los destinatarios privilegiados de los sacramentales son los pobres, es decir la mayor parte de la Iglesia y de la humanidad actual.

Tal vez desde esta sacramentalidad de los pobres, marginal y periférica, se pueda renovar la teología de los sacramentos y disminuir la distancia existente entre la oferta eclesial y la demanda popular. Los sacramentales de los pobres pueden evangelizar la teología y la pastoral de los siete sacramentos.

Cuando hablamos de religiosidad popular y màs especificamene de piedad popular siempre los asociamos a una manifestación más pobre, más incopleta y desviada de las grandes manifestaciones litúrgicas. En realidad este concepto es desmentido por los documentos de la Iglesia que hablan de “precioso tesoro” manifestado en un capítulo importante (si bien desquidado y olvidado) de la Liturgia católica: los sacramentales.

 

EL ANUNCIO KERIGMÁTICO Y LA CONVERSIÓN LITURGICA.

CONVERSIÓN PASTORAL (Y LITÚRGICA).

La Conferencia de Aparecida (2007) ha marcado definitivamentela urgencia de un anuncio Kerigmáticopara poder convertir y convertirnos como discípulos misioneros de Jesús; para poder “abrazarlo” con entusiasmo

Aparecida se pregunta:¿Cómo contrarrestar el divorcio entre la fe y la vida? ¿Cómo cambiar la práctica cristiana, centrada en el culto, hacia una irradiación en los otros ámbitos de la vida privada y social?

Aparecida se pregunta:

¿Cómo contrarrestar el divorcio entre la fe y la vida? ¿Cómo cambiar la práctica cristiana, centrada en el culto, hacia una irradiación en los otros ámbitos de la vida privada y social?

La respuesta es que esto se puede lograr solamente en la unión plena al Señor que me ha llamado. Por eso tengo que encontrarlo (conocerlo), amarlo (convertirme a él) y

servirlo (misión). “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con una Persona, que da un nuevo horizonte y una orientación decisiva a nuestra vida”(Benedicto XVI).

La Iglesia, por venir de una época de cristiandad, donde el modelo cultural vigente le favorecía, se acostumbró a que sus instancias fueran ofrecidas para el que viniera, para el que nos buscara.Eso funcionaba en una comunidad cultual, ya evangelizada. Pero en esta situación en la que estamos, la Iglesia necesita volverse misionera.

El anuncio Kerigmático no es una rebaja de precio, un simplificar la poderosa estructura dogmática y estructural de la Iglesia, para volvernos más accesible, quizás más simpáticos…El Anuncio Kerigmático nos compromete en primera persona a un cambio radical… los primeros convertidos son los mismos anunciadores.

La Palabra de Dios es la primordial invitación al cambio, como lo fue para las primeras comunidades cristianas.

¿Cómo vivimos la centralidad de la Palabraen nuestras celebraciones?

 

La comunicación de vida en Cristo no se da por medio e ideas sublimes, sino que, discerniendo la realidad, descubrimos el Reino (la entrañable manera de ser de nuestro Dios)que se hace presente bajo signos concretos, reales y efectivos.

¿Cómo se hace presente la realidad que vivimos en nuestras celebraciones?

El llamado a la conversión implica cambios radicales. Estar dispuestos a cambiar es estar dispuestos a dejar que el Espíritu Santo nos lleve por donde Él considere conveniente, aunque eso signifique desprenderse de modelos a los que estamos acostumbrados. Quizás, el mayor problema de la conversión resida en “desacostumbrar” … los vetero-católicos.

¿Qué novedad y creatividad manifestamos en nuestras celebraciones?

 

 

 VALORAR LA PP. EN LA ACCIÓN LITURGICA.

Para valorar el aporte de la PP en la celebración cristiana hay que buscar el Evangelio escondido en el corazón mismo de la PP. Para eso, se necesita una Conversión personal y “litúrgica” de todo el pueblo de Dios

– La PP. requiere ser considerada y aceptada con sus expresiones de fe, no hay que menospreciarla, ni mucho menos ignorarla. Es hora de que el pueblo creyente sea escuchado,de que recupere y fortalezca su lugar dentro de la comunidad eclesial, y de que reciba unaevangelización completa que lo lleve a enamorarse más de Cristo.

– Los agentes de pastoral, deben educarse al lenguaje simbólico de la PP y estar muy abiertos a sus expresiones, gestos, signos y símbolos. Sólo desde dentro se puede llevar a cabo una tarea necesaria de purificación yevangelización.

Los liturgistas y los operadores liturgicos, con apertura cristiana y cultural, deben conocer y apreciar las peculiaridades de la PP, valorar sus gestos y saber hablar su lenguaje.

 

 

PISTAS PARA VALORAR Y CONOCER

 

1. VALORAR. En la PP se identifican los siguientes valores:

– es un proceso de inculturación ya iniciado, que requiere ser profundizado y potenciado,

– sed de Dios, y respeto de lo sagrado propios de los pobres y sencillos,

– generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe,

– hondo sentido de los atributos de Dios: paternidad, providencia, presencia amorosa y

constante, su misericordia,

– actitudes interiores: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego,

aceptación de los demás, devoción.

– el deseo sincero de agradar a Dios, el sentido de amistad, de caridad y de unión familiar,

– infunde los contenidos evangélicos sobre la vida, y la muerte, la libertad, el destino del ser humano.

 

2. CONOCER. Es importante tener unconocimiento descriptivo de todas las expresiones de piedad popular presentes en una comunidad, identificando cuáles son las más valoradas.

– Conviene hacer un elenco, lo más completo posible: (desde cuándo se iniciaron; quienes las promueven; cómo se organizan y se expresan; cada cuando se celebran; qué valores cristianos se descubren ellas, etc.).

– Entrar en el corazón de la PP para identificar:qué mitos ancestrales prevalecen en ellas; qué sentimientos religiosos expresa: purificación, sacrificio, alabanza, agradecimiento; qué papel representan las imágenes; qué papel desempeñan los lugares sagrados;qué símbolos se utilizan.

– Ubicar con que grandes momentos de la vida familiar están relacionados; si hace referencia a la vida o la muerte; de qué manera responde a las grandes interrogantes de la humanidad,

– Valorar desde la práctica de la Iglesia:a qué mentalidad o momento concreto de la historia local y eclesiástica respondieron; cómo han ido evolucionando hasta nuestros días; a qué tipo de predicación respondieron esas prácticas, imágenes, ritos.

– Analizar los elementos que influyen en su situación actual: qué papel ocupa como medio de identificación cultural; qué papel ocupa en la integración de las nuevas generaciones; qué papel ocupa como medio de identificación familiar y como transmisora de tradiciones y de la fe cristiana en la familia; hasta que punto están deteriorados en su contenido original conceptos como romería,procesión, bautizo, imagen, cofradía, devoto, promesa, etc.

 

DIMENSIONES  PARA PROFUNDIZAR

1. A diferencia de otras realidades eclesiales, ésta tiene un carácter fuertemente laical, y por eso, entre otras cosas, pone de manifiesto actitudes menos formales e intelectuales.

El pueblo es siempre el protagonista, y de ahí la identificación existente, en muchasocasiones, entre las devociones del pueblo y el pueblo mismo.

 

2. La vivencia de la fraternidad a través de las asociaciones dan un marco apropiado auna experiencia que va más allá de los momentos concretos de manifestación religiosa.

 

3. Hay un sentido creciente de solidaridad con los más pobres a través de las obras decaridad, haciendo posible la ayuda o el sostenimiento de instituciones que atienden a losmás desfavorecidos.

 

4. La PP, en una sociedad cada vez más laica, ponen de manifiesto, un testimonio público de fe.La ritualidad popular expresa una necesidad de salvación que se despliega a todos losniveles, y que afecta tanto a los problemas particulares como a los sociales.

 

5. Para muchas personas que no tienen acceso al Evangelio, las imágenes y los ritos de la PP son como una catequesis audiovisual, que les puede ayudar a acercarse ala vivencia religiosa.La piedad popular tiene una gran riqueza de signos y de símbolos religiosos, que, parala gente sencilla, tienen una mayor comprensión que los aportados por la liturgia.

 

6. La religiosidad del pueblo lleva consigo el desarrollo de la dimensión festiva. En la fiesta, el pueblo encuentrafuerza para vivir y la capacidad de volver con renovada esperanza a la lucha cotidiana.

 

APORTES TEOLÓGICOS

La piedad popular es un momento del diálogo entre Dios y el hombre…; es muy sensible al misterio de Dios y reconocela presencia del Espíritu Santo, que la suscita y anima.

– Es importante que en la PP fortalezca su fe enla Santísima Trinidad:en las prácticas religiosas se tenga comodestinatario al Padre, que por mediación de Jesucristo, en la fuerza del Espíritu Santo, actúa en nuestra vida. Por eso la Palabra, que es larevelación de Dios en la Biblia, deberíanacompañarar siempre las celebraciones de piedad polpular.

– En segundo lugar se muestre claramente el valor fundamental de la Salvación de Cristo (su E,M,R). Sólo así se mostrará el rostroglorioso del cristianismo, que es la victoria de la Vida sobre la muerte, celebración del que “no es un Dios de muertos, sino de vivos” (Mt. 22,32). Lacomunidad y la Eucaristía serán entonces la espontánea culminación, de este diálogo con Dios.

– Ubicar las expresiones de PP en una dimensión comunitaria y en un espacio eclesial: en relación con la Iglesia particular y universal; en relación con el ministerio cristiano (y lo litúrgico), aún coservando su carácter carismatico;también en relación con la Iglesia celeste: la Virgen María, los Ángeles, los Santos y Beatos, y  los difuntos, entendidos como Comunión de los Santos y no individualmente.

LOS SÍMBOLOS DE LAS CATACUMBAS

Las catacumbas son tumbas colectivos, excavadas en profundidad de la tierra. Son cientos de kilómetros de galerías y miles de tumbas. Son cementerios públicos, que sirvieron a los cristianos para celebrar a escondida durante  las persecuciones romanas.En Roma existen 69 catacumbas, de las cuales cinco están abiertas al público.

Como no podían profesar abiertamente su fe, los cristianos se valían de símbolos que pintaban y grababan en las paredes de las catacumbas. Los primeros cristianos vivían en medio de una sociedad mayoritariamente pagana y hostil. Desde la persecución de Nerón (64 después de Cristo) se consideraba que su religión era “una superstición extraña e ilegal”. Los paganos desconfiaban de los cristianos y se mantenían a distancia, sospechaban de ellos y los acusaban de los peores delitos. Los perseguían, los encarcelaban y los condenaban al destierro o a la muerte.

Como a todos los antiguos, a los cristianos les agradaba mucho el lenguaje simbólico. Los símbolos expresaban visiblemente su fe. Los símbolos más importantes son el Buen Pastor, el “orante”, el monograma de Cristo y el pez.Algunos símbolos aparecen derivados de la mitología antigua. El pavo y el ave fénix simbolizan la resurrección. La palma la victoria. La paloma la sencillez cristiana, el pudor y la paz. El ciervo, el servidor diligente de Cristo. El áncora, la esperanza en la salvación. La nave, la Iglesia. Orfeo, simbolizaba a Jesucristo.

Por San Clemente de Alejandría sabemos que los símbolos, que profusamente adornaban las catacumbas y que posteriormente se vieron reproducidos en la pintura y la escultura, ya eran utilizados por los cristianos en el siglo II, comúnmente adornando anillos, medallas etc. con el propósito de reconocerse entre sí obligados al secreto que la persecución imponía a los primeros cristianos. Entre otros se empleaban símbolos de unión o reunión como los peces de bronce o cristal encontrados en las catacumbas de Roma y que se entregaban a los bautizados para que los llevaran colgados del cuello.

También era costumbre que los viajeros que habían recibido hospitalidad en una casa rompieran un símbolo del que dejaban la mitad de modo que si volvían a visitarse, incluso sus descendientes, pudiera repetirse la hospitalidad; tal es el uso que debían tener las monedas partidas que con frecuencia suelen encontrarse (de ahí la palabra griega sym-bolon).

 

 LOS SÍMBOLOS PRINCIPALES

 1.  El Buen Pastor con la oveja sobre los hombros representa a Cristo salvador y al alma que ha salvado. Este símbolo se encuentra con frecuencia en los frescos, en los relieves de los sarcófagos, en las estatuas, así como grabado sobre las tumbas.Esta figura evoca la parábola del buen pastor, contada directamente por Cristo. El evangelista Lucas (15, 4-7), narra como el buen pastor, cuando advierte que una oveja se ha perdido va a buscarla y la trae al rebaño, con afecto, portándola sobre los hombros. Simboliza la misericordia de Dios y la solicitud de Cristo por los pecadores.

2.  El monograma de Cristo está formado por dos letras del alfabeto griego: la X (ji) y la P (ro) superpuestas. Son las dos primeras letras de la palabra griega “Christòs”, es decir, Cristo. Este monograma, puesto en una tumba, indicaba que el difunto era cristiano.
El emperador Constantino el Grande soñó la víspera de la batalla del Puente Milvio (28-10-312) contra Majencio con este símbolo junto con la frase In hoc signo vinces (”Con este signo vencerás”; al día siguiente lo colocó en los estandartes de su ejército y ganó la batalla, con lo cual se convirtió en emperador. Después el emperador publicó el Edicto de Milán (313), que autorizaba la práctica pública de la religión cristiana en el Imperio romano.

3.  El orante:esta figura, con los brazos abiertos, es símbolo del creyente que abre su corazón para elevarse en oración.

4.  El pez.Siímbolo de Cristo. Las iniciales de la palabra griega significan: Jesús, Cristo, de Dios, Hijo, Salvador. En griego se dice “IXTHYS”. Puestas en vertical, estas letras forman un acróstico: “IesúsJristós, ZeúYiós, Sotér” = Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. Acróstico es una palabra griega que significa la primera letra de cada línea o párrafo. Es un símbolo muy difundido de Cristo, emblema y compendio de la fe cristiana. Tertuliano (160-220) también hace referencia a él: “Nosotros somos pececillos y Cristo nuestro gran pez”.

5. Los Panes y el pescado,Son un recuerdo de la multiplicación de los panes, son símbolo de la Eucaristía. En la catacumba de Domitila un hombre y una mujer están recostados en un cojín, frente a ellos hay una pequeña mesa con panes y pescados; en la catacumba de Priscila el que preside frente a la mesa parte los panes. Junto al pan esta la copa de vino y pescados. Los cestos en ambos lados contienen pan y pescado para significar la multiplicación milagrosa. En la catacumba de Calixto hay una pintura de un gran pez. Encima hay un cesto con pan. El cesto tiene una apertura cuadrada en frente por la que se ve un vaso con vino rojo.

6. El Agapeque representa una de las acciones más característica de la primera comunidad, también es símbolo de la Eucaristía.

7. Jonás y la ballena.El profeta Jonás que sale de la ballena después de 3 días, es símbolo de Cristo que resucita después de tres días, el, simboliza también la resurrección de los cristianos.

8. El barco de Jonas,representa la comunidad de los fieles que se salvan. Luego será símbolo de la Iglesia, que navega por el mar de la historia, entre tempestades, es un lugar seguro y firme de salvación, porque es Cristo quien conduce el timón de la nave.

Algunas veces se representa también el Faro que con su luz guia el barco al pueto seguro: es la fe que guia al creyente a la meta eterna.

9. El Arca de Noé, es otro símbolo de la comunidad de los salvados.

10. El Ancla símbolo de Salvación y de la llegada al puerto, a la meta final. Es símbolo entonces de la esperanza (Hebreos 6,19). El ancla hace también alusión a la cruz.

11. El Agua de la roca es símbolo de Cristo agua viva, y de su trasfixión en la cruz.

12. Moisés. El mismo Moiés es símbolo de Cristo, libertador, y de Pedro lider de la comunidad cristiana.

13. Daniel.También el joven profeta Daniel, en la fosa de los leones es figura de Cristo y de los cregentesrecusitados a nueva vida.

14. Adán y Eva simbolizan la condición gloriosa y fragil de la humanidad desde sus origenes.

15. El Alfa y la Omegason la primera y la última letra del alfabeto griego. Significan que Cristo es el principio y el fin de todas las cosas.

16. La paloma con el ramo de olivo en el pico es símbolo del alma en la paz divina.

La paloma en las catacumbas también se usaba para significar al Espíritu Santo, en representaciones pictóricas del bautismo de Nuestro Señor. Se puede ver fácilmente, pues, que la paloma simbólica tiene una doble historia que contar, una historia de paz con Dios, comprada en el Calvario, y de paz de Dios que los creyentes pueden experimentar en su vida diaria por la presencia del Espíritu Santo.

17. El pavo reales el símbolo de dignidad y realeza; representa la plenitud y la eternidad.

18. El Ave Fénixave mítica de Arabia que, según creían los antiguos: renace de sus cenizas, es el símbolo de la resurrección.

19. Los 3 jóvenes en la hornaz simbolizan el heroismo y la fortaleza de los que confían en el Señor; representan a los mártires cristianos.

20. El Bautismo de Jesús es símbolo del nuevo Bautismo de los cristianos.

21. Cristo maestro dela verdad simboliza la nueva sabiduría de la comunidad cristiana (en contraste con la filosofía pagana).

22. Cristo, el Cordero.Pedro y Pablo flanquean a Cristo. Desde el comienzo representan los pilares de los que siguen al Cordero.

23. María, Virgen y Madre es desde los primeros años ojeto de veneración y ejemplo de vida para el cristiano. Es representada con el niño en brazo, subrayando su maternidad.

 

El lenguaje simbólico de la Piedad popular se desarrollado desde los orígenes del cristianimo asumiendo valoes de la cultura popular del lugar y trsformándolos a la luz de la fe cristiana.

 

 

DEVOCIONES, símbolos de lo divino.

Tanto las devociones oficiales, como las extraoficiales, no difieren en su carácter fundamental: la presencia de la simbólica de lo divino.

El santo de devoción no es un mero “objeto representativo” carente de valor por sí. Todo lo contrario: más allá de su realidad histórica (existencia y dato biográfico concreto) el santo es “símbolo” de algo invisible y real como pueden ser los valores, las aspiraciones los deseos de vida de cada ser humano. La devoción trasciende siempre la contingencia biográfica del santo y apunta directamente a su aspecto de mediador e intercesor.

Los estudiosos de hagiografía (los bolandistas) han creado un lema muy clarificador: “el santo no es santo para sí mismo, sino santo para los demás”. El santo tiene un carácter de modelo “para mí, hoy”, puesto que más allá de sus virtudes y de lo que efectivamente haya hecho en su existencia terrena, pervive en sus devotos con una gruesa carga de atributos que se le han ido incorporando por la piedad popular.

Santos oficiales y populares

La imagen del santo no es un simple signo que remite a un determinado personaje, es  un símbolo vivo y real de alguien que aún estando invisible no está ausete. Cierto es que el mismo sujeto-objeto de devoción (una determinada imagen de santo) podría resultar un mero un fetiche, un ídolo; sin embargo la relación simbólica es la más ampliamente se establece entre los devotos y su santo. Reiteramos: el valor de una devocion a un santo/a no reside en las características histórico-biográficas del mismo, sino en las actitudes que esa devoción promueven en sus devotos.

La calidad simbólica de las devociones genera una suerte de “indiferencia” respecto a los estrictos datos históricos del sujeto-objeto de devoción. Vale decir, que en todos los casos –y no sólo en los legendarios o los construidos a partir de mínimos, y generalmente confusos, datos históricos– se incorporan atributos, afectos, relatos o características que son fruto del vínculo simbólico. Esto es lo que explica, por ejemplo, que una advocación mariana provoque mayor impacto que otra en un mismo sujeto, lo cual, desde cierta asepsia teológica, resultaría un absurdo tratándose siempre de la misma madre de Jesús. Exactamente lo mismo ocurre con los santos, sus devotos pueden ignorar totalmente sus coordenadas biográficas porque el vínculo no se establece con “aquel” que vivió en algún lugar hace mucho tiempo, sino con “este” a quien conocieron en su inmediatez vivencial, geográfica o afectiva.

Entonces, aunque algunos lo juzguen poco ortodoxo, en el ámbito del devocionario popular, la diferencia entre santos oficiales y santos populares es sólo de forma, no de fondo: todos ellos se constituyen en símbolos de lo divino o, para ser más preciso, de algún aspecto del imaginario sobre lo divino que posee el devoto (personal o colectivo).

En un intento de clasificación de las devociones se puede distinguir entre devociones a santas y santos, advocaciones marianas e imágenes cristológicas; cada componente de esta tríada devocional refiere, de modo privilegiado, a cada uno de los ámbitos constitutivos de la realidad personal-social.

Los santos suelen simbolizar el aspecto providencial de lo divino convirtiéndose en mediadores de las necesidades más inmediatas: el pan, el trabajo, la salud, la procreación, la tierra… Dicho de otro modo, se inscriben en el ámbito de la relación de las personas con la naturaleza, lo que deviene en los aspectos económico y ecológico de las sociedades en su anhelo de justicia.

 – María, por su parte, como símbolo de lo materno que habita en Dios, suele mediar, prioritariamente, en las relaciones de las personas entre sí: el bienestar y los vínculos familiares, construcción de la sociedad, es protectora de pueblos y ciudades y en especial es patrona de la patria… Las devociones marianas, particularmente las autóctonas, se vinculan especialmente al ámbito social y político.

Las devociones cristológicas, finalmente, símbolo de la inmediatez de Dios con lo humano y suelen privilegiar aquellos aspectos que refieren al sentido último de la existencia, es decir, a la relación de las personas con Dios en la búsqueda de la felicidad, la superación del sufrimiento, el gozo eterno, la liberación de toda atadura… Las devociones cristológicas se vinculan, esencialmente, al ámbito específicamente religioso.

Esta tríada devocional se asocia profundamente a la construcción cultural de las comunidades, entendida la cultura como el modo particular con que las personas de un pueblo se relacionan con la naturaleza, entre sí mismas y con Dios (Puebla, 386).

 

LOS SANTOS DELINCUENTES, símbolos de Dios

Además de los “santos invocados para el bien” hay “santos invocados para el mal”. Toda devoción se construye para el bien de sus devotos, pero en algunos casos, ese bien implica un mal para otros. Sin embargo el “santo para el mal”, también puede ser invocado para causas “nobles”, todo depende de las circunstancias. El caso paradigmático es el de San La Muerte, pero en el ambiente “tumbero” (cárceles, delincuencia…) existe una amplia lista de mediadores para favorecer el éxito de los “trabajos” (robos, asesinatos, narcotráfico…) tales como San Dimas (el buen ladrón), Víctor Manuel “El Frente” Vital (santo de los “pibes chorros”) o Santuca (santo del porro).

La canonización popular de bandoleros ha sido una práctica bastante extendida: hay un enorme elenco de bandidos rurales que fueron convertidos en “santos” después de que una bala policial acabara con sus vidas. Sus historias se construyen, en la mayoría los casos, con una trama sustancialmente igual; se trata de ladrones que repartían sus botines con los más pobres. ¿cómo es que estas historias llegan a convertirse en símbolos de lo divino? ¿Porqué el ejercicio de la delincuencia (robos, asesinatos…) no ha funcionado como limitante en estass canonizaciones populares?

Todo hace presumir que, en el marco cultural de estas canonizaciones, los saqueos y/o asesinatos llevados a cabo por estos personajes, no se juzgaron como males en sí mismos. Quien combatiese contra la (in)justicia oficial –aunque sólo lo hiciera robándole a los más pudientes– y fuera matado por la policía, pasaba de héroe a santo, título merecido por la entrega de su sangre. Y si era santo, era “alma milagrosa”, mediador ante Dios por las causas de los pobres. Dios no podía querer que los pobres padeciesen las injusticias y por ello, los bandoleros se convierten en símbolos de ese querer de Dios aunque formalmente estuviesen fuera de la ley. Son mártires laicos que los empobrecidos incorporaron al ámbito religioso desafiando, incluso, a la institución eclesiástica, la que también formaba parte de la estructura oficial. Si la sociedad los excluía –como aún sigue excluyendo a los más pobres– y si la institución eclesiástica formaba parte de esa sociedad excluyente, porqué no constituir un santoral propio de los excluidos con las víctimas sacrificiales de la exclusión.

 

 

El caso de“El Frente” Vital

El 6 de febrero de 1999, en la villa San Francisco del Partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires, el accionar de la policía acabó con la vida de Víctor Manuel “El Frente” Vital. Víctor tenía apenas 17 años, estaba desarmado y escondido en el rancho de una amiga, debajo de una mesa. Se había iniciado en “el arte del choreo” a la joven edad de 13 años. Y según relata su madre, Sabina Sotelo, no comenzó a robar por necesidad personal, sino por solidaridad, para compartir. Desde ese sábado de febrero, los “jóvenes delincuentes” experimentaron la extraordinaria convicción de que un amigo se había ido al cielo para ayudarlos en la tierra: “El Frente” Vital se convirtió de inmediato en el santo de los pibes chorros.
Su elevación a los “altares tumberos” no tuvo tanto que ver con sus habilidades delictivas como con sus cualidades humanas. No se convirtió en “santo de los pibes chorros” por ser digno de imitar en su pericia como asaltante (de hecho, falló en uno de sus aspectos principales que es el de “huir de la cana”) sino por la tenacidad con que mantuvo sus principios: el respeto de los “códigos” (nunca se debe robar a un vecino del barrio); lo que se obtiene en un “trabajo” es para compartir; nada justifica la delación de un compañero… Dicen, quienes lo conocieron “laburando”, que no sólo iba decididamente “al frente” en los asaltos y en eventuales enfrentamientos con la policía, sino también, contra cualquier “colega” que no respetase esos principios.

“El Frente”, en su total inconciencia, encarnó todos los elementos para ser símbolo de santidad: era un pibe, criado en la miseria de una villa, guardián y promotor de una ética, respetuoso de los códigos, solidario con sus amigos y vecinos, enfrentado a la institución oficial representada por la policía y sacrificado (acribillado) en el altar de un rancho sin posibilidad de defensa. Encarnó, en su breve vida, las características principales de los héroes míticos que se ofrecen sin escamoteos por sus ideales. No es de extrañar, entonces, que sus amigos y vecinos –a quienes tanto había ayudado– lo experimentaran de inmediato como un santo, un mártir de la miseria, en el intento por recuperar lo que les fue quitado en la injusticia, mediante la peculiar justicia del delito. La misma tarde en que Víctor fue acribillado, el cielo se ennegreció de repente. Una noche oscura se tendió sobre la villa hasta descargarse una brutal tormenta. La “señal” se hizo inconfundible: las fuerzas celestiales incorporaban un nuevo santo a su panteón. En poco rato, unas mil personas ya estaban rodeando el cuerpo yaciente que luego fue trasladado a la morgue judicial. Al tercer día (sí, al tercer día), como si emergiese resucitado de la muerte oficial, Víctor vuelve a la Villa San Francisco para pasar la última noche con los suyos. A la mañana siguiente, una multitud quiso acompañarlo hasta el cementerio de San Fernando.

La tumba de “El Frente” Vital se hizo lugar de peregrinación, recibe a muchísimos pibes que le ofrendan cigarrillos, cerveza, vino o marihuana. “’El Frente’ nos ayuda”, afirman, y se cuentan muchas historias que hablan desde curaciones milagrosas hasta inexplicables protecciones contra balas policiales. Canonizar a uno de los suyos, no es sólo para contar con un mediador que los ampare, sino para manifestar y manifestarse que la vida tiene sentido aunque parezca no tenerlo.

 

Victor Manuel “El frente” Vital

“El Frente” Vital, es símbolo del valor y la importancia de sus vidas, vidas que la sociedad no sólo no valoriza, sino por las que demuestra un profundo y permanente desprecio. Qué manera más significativa de expresar que no son nadies que la de santificar a uno de ellos en representación de todos. ¿Qué diría Dios si pudiera opinar sobre esas canonizaciones? Según sospecho, estaría de acuerdo.

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