Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Departamento de Liturgia

Comentarios a las Lecturas del Domingo.

TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DURANTE

EL AÑO,

Ciclo “C”

16-17 de noviembre 2013

 

 

 

El Espíritu y la Esposa claman “Ven”… Y el que escucha debe decir: “Ven” [Ap 22]

[Escuela de Berry, pintura románica en el catedral de Brinay, siglo 11]

 

 

 

Introducción

 

0.1.- En la página evangélica de hoy, san Lucas vuelve a proponer a nuestra reflexión la visión bíblica de la historia, y refiere las palabras de Jesús que invitan a los discípulos a no tener miedo, sino a afrontar con confianza dificultades, incomprensiones e incluso persecuciones, perseverando en la fe en él: Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan miedo. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida (Lc 21, 9). La Iglesia, desde el inicio, recordando esta recomendación, vive en espera orante del regreso de su Señor, escrutando los signos de los tiempos y poniendo en guardia a los fieles contra los mesianismos recurrentes, que de vez en cuando anuncian como inminente el fin del mundo. En realidad, la historia debe seguir su curso, que implica también dramas humanos y calamidades naturales. En ella se desarrolla un designio de salvación, que Cristo ya cumplió en su encarnación, muerte y resurrección. La Iglesia sigue anunciando y actuando este misterio con la predicación, la celebración de los sacramentos y el testimonio de la caridad.

 

0.2.- Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación de Cristo a afrontar los acontecimientos diarios confiando en su amor providente. No temamos el futuro, aun cuando pueda parecernos oscuro, porque el Dios de Jesucristo, que asumió la historia para abrirla a su meta trascendente, es su alfa y su omega, su principio y su fin (cf. Ap 1, 8). Él nos garantiza que en cada pequeño, pero genuino, acto de amor está todo el sentido del universo, y que quien no duda en perder su vida por él, la encontrará en plenitud (cf. Mt 16, 25).

Nos invitan con singular eficacia a mantener viva esta perspectiva las personas consagradas, que han puesto sin reservas su vida al servicio del reino de Dios. (…)[1].

 

 

COMENTARIO BÍBLICO

 

Primera Lectura: Malaquías 3,19-20ª

 

1.1.- Con este texto de Malaquías prácticamente llegamos al final del año litúrgico y al final del Primer Testamento (al que solemos  llamar Antiguo Testamento), tal y como lo tenemos ordenado los cristianos. El libro de Malaquías culmina con la presente lectura a la que sigue la alusión al retorno de Elías, que la tradición cristiana identificará con el Precursor (que precede al sol: leer Lc 1,17. 78). El año litúrgico se cierra con la  exhortación a mantenerse atentos al final de la historia, abriéndose, a su vez, hacia el Adviento. Vemos que los dos ámbitos (liturgia y Escritura) se corresponden armoniosamente: en ambos están presentes los temas del final de los tiempos y de la venida del Mesías. La Escritura y el año litúrgico forman una unidad que es alimento esencial para el crecimiento y desarrollo del hombre nuevo concebido en nosotros por el bautismo. Al mismo tiempo la venida del Señor en la carne remite y ‘exige’ su venida al final de los tiempos, siendo ésta la culminación de la primera venida. De esta manera la historia toda entera viene a ser un largo sendero por el que el Señor ‘vino, viene y vendrá’ haciendo que la aurora que anuncia al Sol de justicia vaya avanzando hacia su plenitud.

 

1.2.- El texto de Malaquías de este domingo describe el día del Señor. Los versículos precedentes (14-18) es bueno leerlos para entender mejor de qué se trata; dichos versículos señalan una situación de gran desaliento, descrita con pinceladas tan tenebrosas que en medio de tanta oscuridad ya no se alcanza a distinguir la diferencia entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no lo sirve (v. 18). En medio de semejante ‘oscuridad’ en  la que el bien y el mal resultan ser equivalentes, el profeta presenta el día del Señor como el momento en el que las cosas volverán a poder distinguirse con absoluta claridad.  En ese instante se advertirá que el Señor será fuego destructor para unos y  sol medicinal para otros. Losprepotentes, los que hacen el mal (soberbios, vv. 15 y 19) vivirán el derrumbe definitivo de ‘su-mundo’. Frente a estos operadores del mal (v 19) uno esperaría la contraposición con los ‘que obran el bien’. Lo que, por el contrario, leemos en el texto dice: para ustedes, los que temen mi Nombre… El acento se pone no solamente en las obras a realizar (asunto que ciertamente se incluye), sino más ampliamente en la debida consideración y  respeto hacia Dios. Quien haya prestado adecuada atención a Dios y a su voluntad experimentará,- al contrario de quien no le hizo caso-, una plenitud de vida,  expresada por Malaquías a través de dos imágenes. El sol tendrá para ellos “alas saludables” (esta sería la traducción literal), es decir que les traerá la salud  en sus rayos, es decir les dará una vitalidad tal que saldrán del (corral o del establo) brincando como terneros (v 20b. Lástima que no se lea esta 2ª imagen, por otra parte mal traducida en la Biblia del Pueblo de Dios), demostrando así, una vez salidos de su encierro, toda su alegría y sus desbordantes ganas de vivir (para entender la imagen pensemos en lo que observamos cuando un grupo de niños sale de la escuela brincando y jugueteando…). Felices ustedes los pobres, ay de ustedes los ricos, apostrofará Jesús (ver Lc 6,20-26)

No debemos perder los deseos de vivir plenamente, pero manteniendo vivo el convencimiento de que el bien y el mal, la verdad y la mentira, servir a Dios o a los ídolos son cosas harto diferentes: hay un camino de vida y uno de muerte (Ver Sal 1; Pr 12,28; Jer 21,8). Hagamos, entonces, nuestros los deseos del salmista:

Sondéame, Señor y conoce mi corazón,

ponme a prueba y conoce mis sentimientos.

Mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno (Sal 139,23).

 

 

Salmo Responsorial: Salmo 97,5-9

 

2.1.- El salmo 97[2], (…), pertenece a una categoría de himnos que ya hemos encontrado durante el itinerario espiritual que estamos realizando a la luz del Salterio. Se trata de un himno al Señor rey del universo y de la historia (cf. v. 6). Se define como cántico nuevo (v. 1), que en el lenguaje bíblico significa un canto perfecto, pleno, solemne, acompañado con música de fiesta. En efecto, además del canto coral, se evocan el son melodioso de la cítara (cf. v. 5), los clarines y las trompetas (cf. v. 6), pero también una especie de aplauso cósmico (cf. v. 8).

Luego, resuena repetidamente el nombre del Señor (seis veces), invocado como nuestro Dios (v. 3). Por tanto, Dios está en el centro de la escena con toda su majestad, mientras realiza la salvación en la historia y se le espera para juzgar al mundo y a los pueblos (cf. v. 9). El verbo hebreo que indica el “juicio” significa también regir: por eso, se espera la acción eficaz del Soberano de toda la tierra, que traerá paz y justicia.

 

2.2.- El Salmo comienza con la proclamación de la intervención divina dentro de la historia de Israel (cf. vv. 1-3). Las imágenes de la “diestra” y del santo brazo remiten al éxodo, a la liberación de la esclavitud de Egipto (cf. v. 1). En cambio, la alianza con el pueblo elegido se recuerda mediante dos grandes perfecciones divinas: misericordia y fidelidad (cf. v. 3).

Estos signos de salvación se revelan a las naciones, hasta los confines de la tierra (vv. 2 y 3), para que la humanidad entera sea atraída hacia Dios salvador y se abra a su palabra y a su obra salvífica.

2.3.- La acogida dispensada al Señor que interviene en la historia está marcada por una alabanza coral: además de la orquesta y de los cantos del templo de Sión (cf. vv. 5-6), participa también el universo, que constituye una especie de templo cósmico.

Son cuatro los cantores de este inmenso coro de alabanza. El primero es el mar, con su fragor, que parece actuar de contrabajo continuo en ese himno grandioso (cf. v. 7). Lo siguen la tierra y el mundo entero (cf. vv. 4 y 7), con todos sus habitantes, unidos en una armonía solemne. La tercera personificación es la de los ríos, que, al ser considerados como brazos del mar, parecen aplaudir con su flujo rítmico (cf. v. 8). Por último, vienen las montañas, que parecen danzar de alegría ante el Señor, aun siendo las criaturas más sólidas e imponentes (cf. v. 8; Sal 28,6; 113,6).

Así pues, se trata de un coro colosal, que tiene como única finalidad exaltar al Señor, rey y juez justo. En su parte final, el Salmo, como decíamos, presenta a Dios que llega para regir (juzgar) la tierra (…) con justicia y (…) con rectitud (Sal 97,9).

Esta es la gran esperanza y nuestra invocación: ¡Venga tu reino!, un reino de paz, de justicia y de serenidad, que restablezca la armonía originaria de la creación.

 

2.4.- En este salmo, el apóstol San Pablo reconoció con profunda alegría una profecía de la obra de Dios en el misterio de Cristo. San Pablo se sirvió del versículo 2 para expresar el tema de su gran carta a los Romanos: en el Evangelio se ha revelado la justicia de Dios (cf. Rm 1,17), se ha manifestado (cf. Rm 3,21).

La interpretación que hace San Pablo confiere al Salmo una mayor plenitud de sentido. Leído desde la perspectiva del Primer Testamento, el Salmo proclama que Dios salva a su pueblo y que todas las naciones, al contemplarlo, se admiran. En cambio, desde la perspectiva cristiana, Dios realiza la salvación en Cristo, hijo de Israel; todas las naciones lo contemplan y son invitadas a beneficiarse de esa salvación, ya que el Evangelio es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree: del judío primeramente y también del griego, es decir del pagano (Rm 1,16). Ahora todos los confines de la tierra no sólo han contemplado la salvación de nuestro Dios (Sal 97, 3), sino que la han recibido.

 

2.5.- Desde esta perspectiva, Orígenes, escritor cristiano del siglo 3º, en un texto recogido después por San Jerónimo, interpreta el “cántico nuevo” del Salmo como una celebración anticipada de la novedad cristiana del Redentor crucificado. Por eso, sigamos su comentario, que entrelaza el cántico del salmista con el anuncio evangélico: 

Cántico nuevo es el Hijo de Dios que fue crucificado, algo hasta entonces inaudito. Una realidad nueva debe tener un cántico nuevo. “Cantad al Señor un cántico nuevo”. En realidad, el que sufrió la pasión es un hombre; pero vosotros cantad al Señor. Sufrió la pasión como hombre, pero salvó como Dios.

Prosigue Orígenes:

Cristo hizo milagros en medio de los judíos: curó paralíticos, limpió leprosos, resucitó muertos. Pero también otros profetas lo hicieron. Multiplicó unos pocos panes en un número enorme, y dio de comer a un pueblo innumerable. Pero también Eliseo lo hizo. Entonces, ¿qué hizo de nuevo para merecer un cántico nuevo? ¿Quieren saber lo que hizo de nuevo? Dios murió como hombre, para que los hombres tuvieran la vida; el Hijo de Dios fue crucificado, para elevarnos hasta el cielo[3]

 

 

Segunda Lectura: 2ª Carta a los Tesalonicenses 3,7-12

 

3.1.- Teniendo en cuenta su contexto, también en esta lectura se descubre un mensaje escatológico. En efecto, Pablo se enfrenta aquí a unos cristianos que, apoyados en una falsa interpretación de la inminente venida del Señor, abandonaban la paciencia y el trabajo y eran una carga para los demás miembros de la comunidad. Por lo tanto, ilumina las tareas de esta vida a la luz de la venida del Señor. Pablo recuerda a este grupo de ociosos lo que les ha enseñado antes y el ejemplo que les ha dado: que es menester trabajar para comer. El mismo, no obstante tener derecho a vivir de la comunidad a la que sirve predicando el Evangelio, no lo ha querido y ha preferido siempre vivir del trabajo de sus manos para no ser gravoso a nadie (leer 1 Tes 2,9).

El Apóstol de las Gentes no juzgó que su trabajo de tejedor fuera un medio de penetración en ciertos ambientes, sino que pensó que debía trabajar para sustentarse y conservar la independencia necesaria para predicar con mayor fidelidad el Evangelio. Por eso predicó siempre con oportunidad y sin ella, porque nadie le pagaba por sus sermones. Si es cuestionable que los que sirven al Evangelio dependan de la comunidad cristiana, mucho más lo es que esta dependencia económica vincula a la Iglesia a otras instituciones de este mundo que no regalan nada y están dispuestas siempre a pasar factura…

Todos deben trabajar y dejarse de fantasías, nada puede justificar el ocio del que se ocupa únicamente en no hacer nada. Agudamente distingue Pablo y contrapone aquella inquietud típica de los que se muestran muy ocupados para dar la sensación de que hacen algo y la serenidad de los que trabajan en serio con paciencia y con esperanza. Pero Pablo tampoco absolutiza el trabajo, haciendo de él un ídolo. Sólo Jesús es el Señor, el que ha de venir[4].

 

 

Evangelio. San Lucas 21,5-19

 

4.1.- Llegados al final del año litúrgico tenemos hoy la posibilidad de escuchar la primera parte del discurso escatológico de Jesús. Ante la inminencia de su pasión el Señor pronuncia una palabra autorizada sobre el fin de los tiempos y sobre el acontecimiento que recapitulará la historia: la venida  gloriosa del Hijo del hombre (leer Lc 21,27), precedida de  señales y signos que los discípulos deben saber discernir.

 

4.2.- Es necesario subrayar la mirada diametralmente opuesta  que Jesús,  por una parte, y los algunos, por otra, posan sobre el templo; mientras estos últimos admiran el que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús, con lucidez profética avizora su trágico derrumbe. Al  igual que el templo, todas las demás construcciones y realizaciones, aun las más “santas”, del ser humano  están llamadas a terminar: no son ellas las que deben acaparar nuestra atención, sino el Señor que viene, del cual todas esas realidades son apenas un signo.

 

4.3.- Interrogado por los discípulos sobre los signos que señalan el fin, Jesús exhorta a oponerse al engaño:muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Yo Soy’[5] (El Santo Nombre de Dios, ver Ex 3,14. ¡Nuevamente la zarza ardiendo, como el domingo pasado!), y también: ‘El tiempo está cerca’. En el escenario de la historia, como igualmente en el eclesial, pueden presentarse falsos mesías y falsos profetas (Mc 13,22), siempre rápidos en arrogarse funciones y títulos que no les corresponden. Hay un indicio que en seguida los desenmascara, pues no actúan ‘a la manera’ de Jesucristo, ya que buscan prestigio y poder, y no servir y dar la vida (Lc 22,24-27). Los cristianos estamos llamados a resistir las lisonjas de esos impostores, oponiéndoles un decidido ‘no’, recordando la tajante exhortación de Jesús: ¡No los sigan!, exhortación  contrapuesta a su ¡Síganme!…

 

4.4.- En cuanto a las guerras y a las catástrofes naturales, hay que tomar buena nota de ellas, pero sin dejarse embargar por el pánico: se trata de acontecimientos históricos que afectan a la humanidad en todo tiempo, pero que no se mencionan o para causar alarma, sino para develar los dolores de parto (Rom 8,22) que ‘retuercen’ y ‘asaltan’ a la Creación que así se encamina hacia la meta que Dios le ha señalado, hacia la tierra y el cielo nuevos del Reino.

Pero antes de todo, los detendrán, los perseguirán a causa de mi Nombreeste es el gran signo anunciado por Jesús, la persecución que sufrirán sus discípulos, nada menos que por parte de parientes y amigos… Es normal que los cristianos sean combatidos y perseguidos, esa es la prueba de su fidelidad a su Señor.¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de ustedes…! (Lc 6,26. ¡Leer 6,22!).  La persecución se convierte para los creyentes en ocasión de dar testimonio[6], con la certeza de que el Espíritu Santo enviado por el Señor Jesús, estará a su lado en la hora de la prueba  (Lc 12,11-12). La preocupación de los creyentes ha de ser la de vivir la virtud cristiana por excelencia, la perseverancia, a la cual Jesús asocia una promesa extraordinaria:

gracias a la perseverancia[7][constancia] ustedes salvarán sus vidas.

La vida cristiana no es cuestión de un tiempito, algo de moda, sino que requiere de la perseverancia hasta el final; el cristiano es aquel que persevera en el amor, haciendo el bien a todos, aun exponiendo la propia vida. La persecución es,- ¡o debería ser! , una buena ocasión para vivir en comunión con los sufrimientos del Señor Jesús, mostrando amor hasta el extremo, hasta el colmo,…, hasta el fin. Este evangelio nos entrena para afrontar el fin de la historia enseñándonos a vivir en ‘el hoy de Dios’, pues nuestra vida cotidiana es el tiempo de la fatigosa, feliz y salvadora perseverancia: tomen como ejemplo de fortaleza y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. Porque nosotros llamamos felices a los que sufrieron con paciencia. Ustedes oyeron hablar de la paciencia de Job, y saben lo que hizo el Señor con él, porque el Señor es compasivo y misericordioso (St 5,10-11).

 

 

Los Padres de la Iglesia nos iluminan

 

Aclamen los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra. Vino una primera vez, pero vendrá de nuevo. En su primera venida pronunció estas palabras que leemos en el Evangelio:Desde ahora verán que el Hijo del hombre viene sobre las nubes. ¿Qué significa: Desde ahora? ¿Acaso no ha de venir más tarde el Señor, cuando prorrumpirán en llanto todos los pueblos de la tierra? Primero vino en la persona de sus predicadores, y llenó todo el orbe de la tierra. No pongamos resistencia a su primera venida, y no temeremos la segunda.

¿Qué debe hacer el cristiano, por tanto? Servirse de este mundo, no servirlo a él. ¿Qué quiere decir esto? Que los que tienen han de vivir como si no tuvieran, según las palabras del Apóstol: Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina. Quiero que se ahorren preocupaciones. El que se ve libre de preocupaciones espera seguro la venida de su Señor. En efecto, ¿qué clase de amor a Cristo es el de aquel que teme su venida? ¿No nos da vergüenza, hermanos? Lo amamos y, sin embargo, tememos su venida.

¿De verdad lo amamos? ¿No será más bien que amamos nuestros pecados? Odiemos el pecado, y amemos al que ha de venir a castigar el pecado. El vendrá, lo queramos o no; el hecho de que no venga ahora no significa que no haya de venir más tarde. Vendrá, y no sabemos cuándo; pero, si nos halla preparados, en nada nos perjudica esta ignorancia.

Aclamen los árboles del bosque. Vino la primera vez, y vendrá de nuevo a juzgar a la tierra; hallará aclamándolo con gozo, porque ya llega, a los que creyeron en su primera venida.

Regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. ¿Qué significan esta justicia y esta fidelidad? En el momento de juzgar reunirá junto a sí a sus elegidos y apartará de sí a los demás, ya que pondrá a unos a la derecha y a otros a la izquierda. ¿Qué más justo y equitativo que no esperen misericordia del juez aquellos que no quisieron practicar la misericordia antes de la venida del juez? En cambio, los que se esforzaron en practicar la misericordia serán juzgados con misericordia. Dirá, en efecto, a los de su derecha: Vengan, ustedes, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Y les tendrá en cuenta sus obras de misericordia: Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber, y lo que sigue.

Y a los de su izquierda ¿qué es lo que les tendrá en cuenta? Que no quisieron practicar la misericordia. ¿Y a dónde irán? Vayan al fuego eterno. Esta mala noticia provocará en ellos grandes gemidos. Pero, ¿qué dice otro salmo? El recuerdo del justo será perpetuo. No temerá las malas  noticias. ¿Cuál es la mala noticia? Vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Los que se alegrarán por la buena noticia no temerán la mala. Esta es la justicia y la fidelidad de que habla el salmo.

¿Acaso, porque tú eres injusto, el juez no será justo? O, ¿porque tú eres mendaz, no será veraz el que es la verdad en persona? Pero si quieres alcanzar misericordia, sé tú misericordioso antes de que venga: perdona los agravios recibidos, da de lo que te sobra. Lo que das ¿de quién es sino de él? Si dieras de lo tuyo, sería generosidad, pero porque das de lo suyo es devolución. ¿Tienes algo que no hayas recibido?Estas son las víctimas agradables a Dios: la misericordia, la humildad, la alabanza, la paz, la caridad. Si se las presentamos, entonces podremos esperar seguros la venida del juez que regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad[8].

 

pmaxalexander@gmail.com


[1] Benedicto XVI, Ángelus 18 de noviembre 2007. Levemente adaptado y abreviado.

[2] Juan Pablo II, Audiencia general del  6 de noviembre 2002. Adaptado.

[3] Orígenes-San Jerónimo, 74 omelie sul libro dei Salmi, Milán 1993, pp. 309-310.

[4] Adaptado de Eucaristía 1986,54. Tomado de www.mercaba.org

[5] Nuestro leccionario pone ‘Soy Yo’, con lo que no se percibe con la total claridad deseable que en Lucas, en griego el orden de las palabras es ‘Yo soy’, estamos ante el exacto orden de las palabras con las que los LXX traducen el Santo e inefable Nombre de Dios en Ex 3,14: ‘egó eimi’.

[6] ¡‘testimonio’ en griego, como ya recordábamos en el subsidio del domingo pasado, se dice ‘martirio’!

[7] La palabra ‘hupomonê’, traducida por ‘constancia’ o ‘perseverancia’ es propia de Lucas que la usa en 8,15 y aquí. Es un término familiar a Pablo: 1 Tes 1,3; 2 Cor 1,6; Rom 2,7; etc. A. Stöger en su comentario a Lucas la describe así: El tiempo de la Iglesia es tiempo de persecución. Este tiempo se prolonga. La redención total se inicia con la venida del Hijo del hombre, pero esto no tiene lugar inmediatamente. Se requiere paciencia, constancia y perseverancia, sumisión a lo que impone la persecución y ha sido decretado por Dios. Lo que aporta la salvación y hace alcanzar la vida no es una violencia arrolladora y apasionada, ni tampoco la apostasía, sino la paciencia perseverante. «Quien va destinado a cautividad, a cautividad vaya. Quien mata a espada, a espada muera. Aquí está la constancia y la fe del pueblo santo» (Ap 13,10). Dios no permite que nada deje de redundar en bien de los suyos (Rom 8,28). A. Stöger,  El Evangelio según San Lucas,- El Nuevo Testamento y su mensaje 3/2-,  Barcelona 1979, p. 199.

[8] San Agustín de Hipona, Comentario sobre el salmo 95,14.15; CCL 39, 1351-1353. Agustín nació el 13 de noviembre del 354 en Tagaste, Numidia, hijo de un consejero municipal y modesto propietario. Estudió en Tagaste, Madaura y Cartago. Enseñó gramática en Tagaste (374) y retórica en Cartago (375-383), Roma (384) y Milán (384-386). Tras leer el Hortensio de Cicerón (373) inició su búsqueda espiritual que le llevaría primero a adoptar posturas racionalistas y, posteriormente, maniqueas.  Decepcionado del maniqueísmo tras su encuentro con el obispo maniqueo Fausto, cayó en el escepticismo. Llegado a Milán, la predicación de Ambrosio le impresionó, llevándole a la convicción de que la autoridad de la fe es la Biblia, a la que la Iglesia apoya y lee. La influencia neo-platónica disipó algunos de los obstáculos que encontraba para aceptar el cristianismo, pero el impulso definitivo le vino de la lectura de la carta del apóstol Pablo a los romanos en la que descubrió a Cristo no sólo como maestro sino también como salvador. Era agosto del 386. Tras su conversión renunció a la enseñanza y también a la mujer con la que había vivido durante años y que le había dado un hijo. Tras un breve retiro en Casiciaco, regresó a Milán donde fue bautizado por Ambrosio junto con su hijo Adeodato y su amigo Alipio. Tras una estancia breve en Roma — en el puerto de Ostia murió su madre, Mónica — se retiró a Tagaste donde inició un proyecto de vida monástica. En el 391 fue ordenado — no muy a su placer — sacerdote en Hipona y fundó un monasterio. En el 395 fue consagrado obispo, siendo desde el 397 titular de la sede. Aparte de la ingente tarea pastoral — que iba desde la administración económica al enfrentamiento con las autoridades políticas, pasando por las predicaciones dos veces a la semana, pero en muchos casos dos veces al día y varios días seguidos — desarrolló una fecundísima actividad teológica que le llevó a enfrentarse con maniqueos, donatistas, pelagianos, arríanos y paganos. Fue el principal protagonista de la solución del cisma donatista, aunque resulta discutible la legitimación que hizo del uso de la fuerza para combatir la herejía, así como de la controversia pelagiana. Murió en el 430 durante el asedio de Hipona por los vándalos.

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