Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Departamento de Liturgia

Comentarios a las Lecturas del Domingo

TRIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO

DURANTE EL AÑO,

Ciclo “C”

9-10 de noviembre 2013

 

Moisés ante la Zarza que arde sin consumirse

[Marc Chagall][1]

 

 

 

Introducción

 

0.1.- Dirigiéndose a los cristianos de Roma desde Esmirna (hacia el año 110), Ignacio de Antioquía les escribe: No me consigan otra cosa [los cristianos romanos estaban tratando de conseguirle, mediante ‘ciertas influencias’, un indulto que le evitara el martirio] sino la de poder ser ofrecido en libación a Dios… Lo único que para mí ustedes tienen que pedir es fuerza interior y exterior, a fin de que no sólo de palabra, sino también de voluntad me llame cristiano y me muestre como tal… Escribo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco que estoy dispuesto a morir de buena gana por Dios, si ustedes no lo impiden…  Déjenme ser alimento de las fieras, por medio de las cuales pueda yo alcanzar a Dios. Trigo soy de Dios que ha de ser molido por los dientes de las fieras, para ser presentado como pan limpio de Cristo… Cuando mi cuerpo haya desaparecido de este mundo, entonces seré verdadero discípulo de Jesucristo… Hasta el presente yo soy esclavo: pero si sufro el martirio, seré liberto de Jesucristo, y resucitaré libre en él.

 

0.2.- Esta vitalidad y virilidad de la fe, esta mirada creyente capaz de afirmar con cada una de las sílabas de la propia vida que el valor absoluto no lo constituye la vida terrena sino la vida en Dios  caracteriza a san Ignacio y son el sello de todo auténtico testimonio (en griego ‘testimonio’ se dice ‘martirio’ y ‘testigo’, ‘mártir’). Idéntico testimonio de fe reencontramos en la heroica experiencia de los siete hermanos macabeos narrada en la primera lectura: experiencia, testimonio y mirada de fe que fueron preparando el terreno y abriendo el camino hacia la fe en la resurrección que llegará a su plenitud encon y por la Pascua de Jesucristo.

 

0.3.- Aparecida nos lo vuelve a encarecer al afirmar queLa Iglesia católica en América Latina y El Caribe, a pesar de las deficiencias y ambigüedades de algunos de sus miembros, ha dado testimonio de Cristo, anunciado su Evangelio y brindado su servicio de caridad particularmente a los más pobres,…,  y [que con]su lucha por la dignidad de cada ser humano ha ocasionado, en muchos casos, la persecución y aún la muerte de algunos de sus miembros, a los que consideramos testigos de la fe. Queremos recordar el testimonio valiente de nuestros santos y santas, y de quienes, aun sin haber sido canonizados, han vivido con radicalidad el Evangelio y han ofrendado su vida por Cristo, por la Iglesia y por su pueblo (Aparecida Nº 98. Cf. 220 y 383).

 

 

COMENTARIO BÍBLICO

 

Primera Lectura: 2º Libro de los Macabeos 6,1; 7,1-2. 9-14

 

1.1.- La primera lectura nos ofrece, entresacando trozos de un texto más largo,- que es indispensable meditar en su totalidad en la lectio divina personal y/o grupal -, el relato del martirio de los siete hermanos macabeos y el de su madre, ocurrido en tiempos de Antíoco IV, Epífanes, alrededor del año 168 a. C.,- según la tradición tal hecho habría ocurrido en Antioquía -. Antíoco pretendía dar cohesión a su reino impulsando, en realidad imponiendo a los diversos pueblos el asumir los valores, comportamientos ymentalidad  típicas del helenismo, la cultura tenida por ‘correcta’ y como ‘moderna’, expresión de la cultura imperial y dominante en aquel momento. Se trata de uno de los tantos ejemplos de ideologías que una y otra vez pretenden forjar la realidad a su imagen y semejanza y hacerlo a cualquier precio.

 

1.2.- La teología tradicional hebrea se encontraba ante un callejón sin salida, al no ofrecer perspectivas netas y claras de vida después de la muerte; la tradicional doctrina de la retribución  enseñaba que seguir a Dios, era vivir y abandonarlo, morir.

En aquellas circunstancias históricas la realidad era exactamente la opuesta, ya que permanecer fieles a las “leyes de los padres” (v. 2) significaba perder la vida, y abandonarlas salvarse. No quedaba otra alternativa que: o de que: [A] la fidelidad a Dios podía convertirse en ‘mortífera’; o la de: [B] ‘perforar’ el muro,- hasta entonces infranqueable-, admitiendo la existencia de una ‘vida ulterior’ en la que la justicia produciría infaliblemente aquel fruto que desde siempre se le atribuía, es decir, otorgar Vida.

Este último fue el camino elegido, o, mejor dicho buscado y recorrido a tropezones y empellones… La situación crítica en la que vivía el pueblo de Dios se convirtió en ocasión  de lograr una mayor iluminación, transformándose en un tiempo privilegiado de revelación.

Cuando los puntos de referencia caen y se borronean, se abren caminos nuevos para quienes se ponen a la escucha del Espíritu.  ¡Ha ocurrido y vuelve a ocurrir en tantos momentos de la larga historia del Pueblo de Dios de la “Primera Alianza nunca derogada” (Juan Pablo II): Exilio de Babilonia, progroms, Shoá, como igualmente para  la Iglesia a lo largo de los siglos, sin excluir ni olvidar el dificilísimo momento actual…!

 

1.3.- Nuestro relato constituye, por lo tanto, un momento privilegiado en el itinerario de la revelación bíblica, porque abre a la perspectiva de la resurrección de los muertos.  No se habla tanto de ‘vida después de la muerte’, sino precisamente de “resurrección del hombre en su totalidad”, con su cuerpo, tal como lo afirma, sin posibilidad de equívoco alguno, la respuesta del tercero de los hermanos: Yo he recibido estos miembros como un don del Cielo, pero ahora los desprecio por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente de él (v 11; ver el v. 9). Es incierto si el texto afirma si también habrá resurrección [de condenación] para los impíos, dado que el v 14 que en nuestro leccionario se traduce: tú en cambio no resucitarás para la vida [sobrentendiendo: pero sí resucitarás para muerte eterna], se puede traducir también así: para ti no habrá resurrección para la vida.

Puede que este aspecto haya permanecido algo en la penumbra en nuestro texto, que da voz a una todavía incipiente fe en la resurrección, pero lo que sí destaca con toda nitidez esta página del 2º Libro de los Macabeos, es la afirmación de que nuestro Dios es un Dios de vivientes. Claridad que se hará deslumbrante con la Pascua de Cristo uno de cuyos haces más brillantes nos alegra en la página evangélica que ilumina este domingo.

 

 

Segunda Lectura: 2ª Carta a los Tesalonicenses 2,15 -3,5

 

2.1.- Estas pocas líneas testimonian por dos veces una total confianza en la fidelidad de Dios, y ruegan, también en dos oportunidades, por la propagación y el fortalecimiento de la Palabra, es decir, en este caso concreto, que el Señor es fiel: Él los fortalecerá y los preservará del Maligno… Que el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la perseverancia de Cristo.

 

2.2.- San Pablo da a los Tesalonicenses un mensaje de esperanza. Aunque la vida de los cristianos está constituido por toda una trama de luchas y de dificultades, Dios l@s ama, les da consuelo y una gozosa esperanza, pero también fuerzas para el bien y para el anuncio del evangelio. Por lo demás, hay que orar para que el evangelio se difunda y la palabra de Dios se escuche en todas partes. Esta difusión no se da sin persecución por parte de los que no creen. Pero Dios es fiel y da fuerza, protegiendo del mal. Es preciso que perseveremos en este camino.

Este breve pero tonificante pasaje de la carta va dirigido también a nosotros en medio del claroscuro de nuestra vida y de las tentaciones de atasco y desaliento. La certidumbre del amor que Dios nos tiene y la seguridad de su ayuda nos levantan el ánimo e impide que nos entorpezcamos en y con las miserias, grandes o pequeñas, que jalonan nuestra existencia[2].

 

 

Evangelio: san Lucas 20,27-38

 

3.1.- Los saduceos tenían una visión teológica detenida en el tiempo, digamos que ‘tradicionalista’. Para ellos sólo el Pentateuco (la Torá) era vinculante y no la enseñanza “de los padres”, la tradición oral, los profetas y los escritos tenidos en alta estima por los fariseos, y por eso rechazaban la resurrección de los muertos y la existencia de los ángeles (¡Recordar la cuña que “astutamente” introduce el “fariseo Saulo/Pablo en Hechos 23,8 para lograr enfrentar saduceos y fariseos!). En efecto, sobre la resurrección de los muertos el Pentateuco calla, pues esta doctrina aparece, como ya señalamos, en los últimos libros del PT, aunque ya se insinuaba en otros textos, como por ejemplo en el hermoso Salmo 72(73) o en el responsorial de hoy (17(16)). Sostenían, entonces, los saduceos la antigua concepción de que después de la muerte se pervive en el Sheol, en línea de máxima, apenas como una vida larval, como la de una sombra, en una existencia gris y sin atractivo alguno, ya que no alaba al Señor: Los muertos ya no alaban al Señor, ni los que bajan al silencio (Sal 113b[115],25[17]).

 

3.2.- Con el fin de probar lo absurdo de la resurrección ellos le plantean a Jesús el caricaturesco y ridiculizado caso de la mujer que tuvo los siete maridos.

Jesús cita genialmente el texto del Éxodo, que al formar parte del Pentateuco debía forzosamente ser aceptado por los saduceos ya que lo tenían como normativo: Dios dijo a Moisés: Yo soy el Dios de tu padre,Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Jesús afirma que la relación establecida durante su existencia terrena entre el creyente y Dios no se puede romper, no se interrumpe con la muerte.  Los “amigos” de Dios han experimentado que el amor del Padre no desaparece ni siquiera ante la muerte. Esta es la respuesta de Jesús, y es su experiencia de crucificado, pues es justamente su comunión con el Padre lo que lo “llevará” a la Resurrección.

 

3.3.- La respuesta da ahora un segundo paso a partir del planteo sobre el matrimonio. La vida de los resucitados no es idéntica a la vida terrena, no debe entenderse como una prolongación, mejorada y aumentada, de aquella. Es algo totalmente nuevo. Muchas de las cosas terrenas se verán sobrepasadas, entre ellas el matrimonio.  Puede parecer extraño, pero amor conyugal, sexualidad, matrimonio, son una manera instintiva de luchar contra la muerte. El impulso a formar pareja viene dada por la necesidad de vencer la soledad. Y la procreación, que es un elemento esencial de la sexualidad y del matrimonio, es también ella una manera de vencer la muerte del individuo, que prolonga su vida en la del hijo, sobrevive en el hijo; ¡recordemos aquello de: “plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo”…!

En el mundo de la resurrección no existe ya la muerte, ya no existe el matrimonio ni la sexualidad, en cuanto han sido superados por un nuevo tipo de relaciones interpersonales, con nuevas formas de amar, más hermosas, más estrechas y más amplias, más auténticas, en las que campea la comunión-comunicación total.

Los afectos vividos en la tierra se verán purificados de toda estrechez, exclusividad  o voluntad de dominación posesiva. Sobrevivirán transfigurados iluminados por la radiante luz  del Dios de los vivientes.

 

 

Los Padres de la Iglesia nos iluminan

 

Nuestro Señor y Maestro, en la respuesta que dio a los saduceos, que niegan la resurrección, y que además afrentaban a Dios violando la ley, confirma la realidad de la resurrección y depone en favor de Dios, diciéndoles: Estáis muy equivocados, por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios. Y acerca de la resurrección —dice—de los muertos, ¿no han leído lo que dice Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?” Y añadió: No es Dios de muertos, sino de vivientes: porque para él todos están vivos. Con estas palabras manifestó que el que habló a Moisés desde la zarza y declaró ser el Dios de los padres, es el Dios de los vivientes.

Y ¿quién es el Dios de los vivos sino el único Dios, por encima del cual no existe otro Dios? Es el mismo Dios anunciado por el profeta Daniel, cuando al decirle Ciro, el persa: ¿Por qué no adoras a Bel?, le respondió: Yo adoro al Señor, mi Dios, que es el Dios vivo. Así que el Dios vivo adorado por los profetas es el Dios de los vivos, y lo es también su Palabra, que habló a Moisés, que refutó a los saduceos, que nos hizo el don de la resurrección, mostrando a los que estaban ciegos estas dos verdades fundamentales: la resurrección y Dios. Si Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, y, no obstante, es llamado Dios de los padres que ya murieron, es indudable que están vivos para Dios y no perecieron: son hijos de Dios, porque participan de la resurrección.

Y la resurrección es nuestro Señor en persona, como él mismo afirmó: Yo soy la resurrección y la vida. Ylos padres son sus hijos; ya lo dijo el profeta: A cambio de tus padres tendrás hijos. Así pues, el mismo Cristo es juntamente con el Padre el Dios de los vivos, que habló a Moisés y se manifestó a los padres.

Esto es lo que, enseñando, decía a los judíos: Abrahán, el padre de ustedes, saltaba de gozo pensando ver mi día: lo vio y se llenó de alegría. ¿Cómo así? Abrahán creyó a Dios y le fue computado como justicia.Creyó, en primer lugar, que él es el Creador del cielo y de la tierra, el único Dios, y, en segundo lugar, que multiplicaría su linaje como las estrellas del cielo. Es el mismo vocabulario de Pablo: Como lumbreras del mundo. Con razón, pues, abandonando toda su parentela terrena, seguía al Verbo de Dios, peregrinando con el Verbo, para morar con el Verbo. Con razón los apóstoles, descendientes de Abrahán, dejando la barca y al padre, seguían al Verbo de Dios. Con razón también nosotros, abrazando la misma fe que Abrahán, cargando con la cruz —como cargó Isaac con la leña— lo seguimos.

Efectivamente, en Abrahán aprendió y se acostumbró el hombre a seguir al Verbo de Dios. De hecho, Abrahán, secundando, en conformidad con su fe, el mandato del Verbo de Dios, consintió ofrecer en sacrificio a Dios su unigénito y amado hijo, para que también Dios tuviese a bien consentir en el sacrificio de su Hijo unigénito en favor de toda su posteridad, es decir, por nuestra redención. Por eso Abrahán, profeta como era, viendo en espíritu el día de la venida del Señor y la economía de la pasión, por la cual él mismo y todos los que creyeran como él comenzarían a estrenar la salvación, se llenó de intensa alegría[3].

 

pmaxalexander@gmail.com


[1] La herencia judía –configurada por el Dios vivo–, el alma rusa –transida de fe y vitalidad–, la historia europea del siglo XX y la cultura occidental –con sus avances y paradojas–, la nostalgia de la niñez y de las tradiciones populares, el sentido profundo de los símbolos, el dominio de la fantasía surrealista, una llamativa capacidad para observar el mundo como una vidriera de intensos y vivos colores. Todo eso se conjuga en la obra de Marc Chagall (1887-1985), pintor judío, afincado en Francia, de origen bielorruso, cuyo  nombre era Moshé Shagal. En el museo nacional de Niza que lleva su nombre, Chagall tiene una colección denominada “mensaje bíblico”. … Si ya el encuentro con las personas, decía Congar, es un gran misterio, cuánto más los encuentros de cada uno con Dios, antes o después, siempre en toda vida. ¿Cómo se inscriben en sus designios de salvación? ¿Qué papel ocupan en esos designios? ¿Cómo de esos encuentros –de la llamada interior que un alma experimenta, quizá desde niño o en sus años jóvenes, o de repente en una edad avanzada– depende tal vez el destino de otros muchos? ¿Cómo el fuego del Amor –el Espíritu Santo– se las arregla para llamarnos la atención, como a Moisés, y decirnos que sí, que Dios cuenta con nosotros de modo personalísimo, y que en el concierto inmenso de la historia espera que resuene nuestra melodía cuando toque –si queremos, claro está–? Adaptado de: http://www.religionconfidencial.com/tribunas/zarza-ardiente_0_1355264479.html

[2] Este 2º §  lo hemos tomado y adaptado de: A. Nocent, El año litúrgico: celebrar a Jesucristo 7, domingos 22-34,Santander 1982. p. 145. Tomado de www.mercaba.org

[3] Ireneo de Lyon, Contra las herejías, 4, 5, 2—5, 4: SC 100, 428-436. San Ireneo nació con gran probabilidad, entre los años 135 y 140, en Esmirna (hoy Izmir, en Turquía), donde en su juventud fue alumno del obispo san Policarpo, quien a su vez fue discípulo del apóstol san Juan. No sabemos cuándo se trasladó de Asia Menor a la Galia, pero el viaje debió de coincidir con los primeros pasos de la comunidad cristiana de Lyon: allí, en el año 177, encontramos a san Ireneo en el colegio de los presbíteros. Precisamente en ese año fue enviado a Roma para llevar una carta de la comunidad de Lyon al Papa Eleuterio. La misión romana evitó a san Ireneo la persecución de Marco Aurelio, en la que cayeron al menos 48 mártires, entre los que se encontraba el mismo obispo de Lyon, Potino, de noventa años, que murió a causa  de  los malos tratos sufridos en la cárcel. De este  modo,  a  su  regreso,  san Ireneo fue elegido obispo de la ciudad. El nuevo pastor se dedicó totalmente al ministerio episcopal, que se concluyó hacia el año 202-203, quizá con el martirio (adaptado de: Benedicto XVI, Catequesis 28-03-2007).

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