Iglesia al día

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@Pontifex

La Iglesia en los medios Cuestión de fe [Opinión]

LA REPÚBLICA |
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Hay cosas que nadie discute. Sería imposible discutir sobre hechos que no tienen discusión por “son así”. Es una tautología pero funciona así.

En el barrio, cualquier partido en el campito no llevaba jueces, era muy raro que alguien cobre falta. Más bien quien la había cometido (si entendía a su leal saber y entender) que se le fue la mano, la cobraba. Sino “siga, siga”. De igual manera, a la vuelta de alguna salida con la barra del barrio, mientras se esperaba el amanecer, todas las historias que narraban lo sucedido eran creídas y aceptadas. Indiscutible.

No tenía discusión el hecho de que cavando un pozo, lo suficientemente hondo, podíamos llegar a China. Era un cálculo aproximado de las antípodas nuestras, sin discusión. En algún momento lo intentamos hacer, y al poco tiempo desistimos. No fue ni por falta de voluntad, ni mucho menos de herramientas (que para el caso eran, unas maderas, unos fierro herrumbrados, dos palas de jardín), más bien fue por un par de vecinos que veían en nuestro viaje al otro lado del mundo, un simple pozo que destrozaba el jardín.

Otro clásico de aquel entonces era el veterano (un veinteañero mirado desde nuestra niñez) que se prestaba a ser el director técnico del infalible equipo de fútbol que teníamos. Nos diseñaba estrategias de juego (para nosotros era en ese momento como tener a Arrigo Sacchi), intentó sin mucho éxito, es cierto, pero lo intentó, que “actualicemos la indumentaria”, que juguemos con medias, pretendía que comamos fideos antes de los partidos, incluso llegó a pedirle a uno de nosotros que ¡se pusiera zapatos para jugar! Sobre este aspecto poco y nada pudo hacer. Sin embargo, sus tácticas y modificaciones no tenían discusión en aquel entonces.

Las jornadas de “bolita” eran interminables. Generaba un proceso de acumulación de algunos en detrimento de la flaqueza de la bolsa de otros en tan solo unas horas. Lo más parecido a una jornada de venta de acciones en la Bolsa. Allí una bolita valía una bolita. Salvo algunas, que eran una reserva con la que a veces se contaba, y le permitía a uno obtener ganancias superlativas.

Algunas de “porcelana” podían valer entre 10 y 15 comunes. Otras con brillos particulares entre 5 y 8 comunes. Una vez, uno arrimó la bolita que más valió en todo el barrio. Era increíble, casi que creada a mano, blanca con ribetes verdes y azules, de un material pesado y áspero. Tenía un brillo tremendo. Hubo otro que le ofreció primero 50 y después 100 bolitas por esa, pero no lo consiguió.

Este seguía con la especial, mostrándola a todos. Después de un tiempo accedió a venderla, el preció fueron 126 bolitas. Que accedió a que se las paguen en tandas de a 10 y de a 15. Ya hacía un tiempo que no andaba por el barrio con la bolita especial. Al final, cuando aquel había pago poco más de 80 bolitas, el otro no pisó más el barrio. Todo un modelo de transacciones que estaban más cerca de lo que uno suponía del modelo Bretton Woods.

Siempre fue una cuestión de fe. Por más secular, laico o apartado de las religiones que se empeñaban en hacer al Estado. La fe acompañaba cada paso y en última instancia permitía que el mundo siga funcionando.

El credo más generalizado del mundo tiene que ver con el dios que más ha penetrado en nuestros corazones. El dios dinero y su sostén en nuestra creencia que un billete de 100 dólares valen 100 dólares. Casi como con la bolita. No hay nada que nos indique que ese billete valga eso, solo nuestra fe de que eso es así, indiscutiblemente.

Durante años, muchos años, se imprimieron e imprimen dólares que no tienen respaldo en nada y que nos obligan a hacer funcionar nuestras economías creyendo fervientemente, como quienes hacen largas peregrinaciones, en esos papeles valen lo que dice que valen.

De igual manera, hasta ahora, el comercio del petróleo en el mundo se daba exclusivamente en dólares. Era una de las formas en que se mantenía la fortaleza de EEUU, ya que para comprar este recurso que se torna imprescindible en nuestras sociedades había que salir a comprar dólares, y estos se consiguen en EEUU que tan solo debe imprimirlos, para luego de salidos de imprenta volvamos a confiar que valen lo que dicen que valen y no su valor de producción. No hay respaldo en oro ni en nada para esos billetes verdes, el respaldo es, repetimos, nuestra fe.

Decimos “hasta ahora” porque China dio un paso tremendamente importante. Ya que definió realizar las transacciones vinculadas al petróleo en su moneda, el yuan. Ya se habla del petroyuan versus el petrodólar y la tremenda vuelta de billetes verdes que tendrá EEUU y los problemas que le puede generar en su economía.

Según algunas informaciones primarias, en las primeras horas de puesta en circulación del petroyuan, se negociaron 10 mil millones de yuanes.

Este movimiento chino, viene siendo anunciando. Desde 2015 el comercio de petróleo con Rusia se hace en yuanes, con Irán sucedió lo mismo. Y esto va de la mano con el lanzamiento con bombos y platillos de la Nueva Ruta de la Seda de China, que es hoy el mayor consumidor de petróleo del planeta.

De todas formas, volvemos al comienzo. Cualquier billete que tengas en la mano, vale tal cosa gracias a nuestra fe, y el arreglo que tenemos para asumir que vale eso.

Si de confianza se trata, bueno sería profundizar otros mecanismos que puedan esquivar tales burocracias y manejar monedas sociales y locales que apunten al desarrollo de nuestros pueblos. Experiencias sobran. Solo basta creer.