Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Comisión Nacional de Pastoral Familiar y Vida

Experiencia de los uruguayos en Milán

Crónica-testimonio del Asesor de la Comisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal del Uruguay, P. Manuel Pérez sdb, publicado en el Quincenario “Entre Todos”, N° 280

Del 30 de mayo al 3 de junio se realizó el VII Encuentro Mundial de las Familias con el Papa y los uruguayos dijimos: ¡presente! Nos reunimos 6900 congresistas de todo el mundo, entre ellos 900 jóvenes y casi un millón de personas en la misa final con Benedicto XVI; la presencia de más de 1000 voluntarios posibilitaron que cada evento estuviera casi con una atención personalizada: estaban siempre a la mano. Flamearon las banderas de la delegación uruguaya que representaba a 7 Diócesis y otras personas que quisieron integrarse a nuestro grupo, en total 52, junto con Mons. Cotugno como presidente de la Comisión de la Pastoral de la Familia y la Vida de la Conferencia Episcopal. La prensa destacó que las delegaciones más numerosas eran del continente africano y de las América la del Uruguay.

Éramos esperados y nos sentimos bienvenidos

La modalidad propuesta de alojarnos con familias en Milán nos hizo sentir en casa. Nos recibieron familias de la parroquia Santa Francesca Romana que se remonta al 1700 en su actividad pastoral. Ya habíamos recibido, de ellos, algunas cartas muy fraternas. En una de ellas nos decían: “Estamos muy felices de recibirlos… nuestros parroquianos han preparado la casa, pero sobre todo el corazón… Durante todas las misas rezamos por la realización del Encuentro y esta experiencia de oración nos une a ustedes. Esperamos conocerlos personalmente…”

La acogida fue increíble: nos dieron las indicaciones para llegar y nos esperaban en la parada del ómnibus, que tomamos en el aeropuerto. Nos acompañaron a la parroquia y en el salón parroquial “Colonne Verdi”, compartimos un rato juntos, nos conocimos mejor, recibimos el kit con todo lo necesario para esos días, y como no podía faltar un aperitivo de bienvenida. Luego cada uno fue recibido por la familia que nos “adoptó”, con gestos tan delicados como con la familia delegada de Maldonado, que viajó con tres niños pequeños a quien le cedieron un apartamento completo para que estuvieran más cómodos, incluso con personas para ayudarlos. Por si faltara algo la noche del miércoles 30 nos invitaron a una cena-fiesta con la comunidad en que pudimos palpar la fraternidad en la que nos une la fe, no por nada salimos de Montevideo el día de Pentecostés. Un rato antes nos compartimos un encuentro en la oración junto a dos grupos más que habían sido recibidos por otras familias de la misma comunidad: una diócesis de Italia y la delegación de Mongolia (¡son 1000 católicos en todo el país!) Loss tres grupos coincidimos en dejarles un recuerdo y qué coincidencia feliz: la imagen patrona de cada grupo. Nosotros les dejamos como recuerdo simbólico y con mucho cariño, una imagen de la Virgen de los 33 y nuestra bandera bendecidos por Monseñor Cotugno en la Eucaristía de envío que celebramos en la Catedral de Montevideo la noche antes de partir; como en el cenáculo María también estuvo en medio nuestro.

A trabajar se ha dicho: el VII Encuentro

Como algunos habíamos viajado antes, el lugar en que se desarrollaron las jornadas sobre los diversas temas, el Mico-Fiera Milano City, fue donde tuvimos el alegrón de reencontrarnos; los distintivos que llevábamos con el logo de la Pastoral Familiar Nacional nos ayudó a ubicarnos más fácilmente porque los del Encuentro eran para todos iguales. Dicen que es uno de los centros más grandes del mundo para eventos de esta naturaleza, con unos setentas salones donde realizar las charlas.Milán nos recibió el lunes a la mañana con un temblor como consecuencia de un fuerte terremoto en la región Emilia, por eso durante todo el encuentro estuvo presente el dolor de los hermanos que habían sufrido esta tragedia.

Ya conocíamos previamente las diversas temáticas que se desarrollarían: dos temas cada mañana para todos los congresistas y en las tarde habíamos elegido nuestras preferencias entre los temas de los dos tiempos de trabajo. Fue una oportunidad de abrirnos a planteos sumamente importantes para la pastoral familiar, desde diversas ópticas y experiencias. Al mismo tiempo se dieron muchas oportunidades para conocernos entre los Congresistas, volver sobre las diversas experiencias pastorales que vivimos en nuestras diócesis y renovarnos con muchas ganas de seguir impulsando el camino que estamos realizando. También colaboró, en este sentido, que el día jueves, tomáramos contacto, según los temas elegidos, con realidades de las diversas diócesis cercanas a Milán.

Familia, el trabajo y la fiesta

La temática global del Congreso “Familia, el trabajo y la fiesta”, desglosada en los diversos temas de la mañana y la tarde, expuestos por disertantes de 27 países, nos ayudó a profundizarla y ver cómo son dimensiones a cultivar en nuestra vida de todos los días, que tienen que ver con el modo de construir la vida de familia, nuestros vínculos y la manera de enfocar nuestra presencia en la sociedad como personas, como familias y como comunidad cristiana. Porque ante un ritmo de vida que nos lleva a un modo tan individual, viviendo como familia en nuestro propio mundo, en una sociedad que no tiene en cuenta la familia, aunque esté en tantas declaraciones oficiales, ¡qué desafío para nosotros, comunidad cristiana! Como familias somos agentes de pastoral familiar y nuestra misión implica esta toma de conciencia que impulse al cambio: que la familia tenga su lugar no porque se lo concedan, sino porque somos los que formamos la sociedad en que vivimos, los que la construimos. Es una urgencia que nuestras familias, que dedican tantas horas al trabajo para mantenerse, puedan lograr espacios para el encuentro con Dios, crecer en sus vínculos, para vivir la gratuidad del encuentro entre sus integrantes, en el lenguaje del Congreso: la fiesta. Recorrer este camino tiene consecuencias benéficas para cada familia y también para la sociedad. Podríamos decir que luchar por crecer como familia, equivale a humanizar la sociedad en que vivimos.

También durante todos estos días estaba abierta una feria de la familia con numerosos stands en los que se ofrecían todos los materiales internacionales imaginables en favor de una robusta pastoral de la familia, dejando bien en claro que la familia es fundamental para la sociedad. Miles de personas pudimos recorrerla; aunque los costos nos inhibían, no nos faltaban las ganas de contar con aquellos materiales tan atrayentes como útiles.

Con la presencia del Papa Benedicto XVI

El viernes continuamos con los encuentros temáticos, como en los días anteriores. También los jóvenes y los más chicos siguieron con sus actividades, según las diversas edades, desde una búsqueda del tesoro a un taller de manualidades y también actividades deportivas. Se repartían en cinco franjas de edades desde los 3 a los 17 años y estaba abierto tanto a hijos de los congresistas como a otros inscritos.

Mientras tanto se vivía, tanto en el Encuentro como en la ciudad, un ambiente de entusiasmo y de bienvenida porque sabíamos que ese día, por primera vez, llegaba el Papa Benedicto XVI; su sola presencia incrementó el clima de fiesta, de fraternidad y fe compartidas. Tuvimos la oportunidad, y con qué entusiasmo, de encontrarnos, con el Papa en la Plaza de la Catedral (más conocida como Piazza Duomo) a las 17,30 en un encuentro general con toda la población que colmaba la plaza. Al anochecer las delegaciones oficiales de los países participantes se encontraron con el Papa en teatro “alla Scala”. Allí se ejecutó la novena sinfonía de Beethoven y al concluir les habló él: retomando la ejecución de los diversos movimientos de la sinfonía y el hecho de la reconstrucción del teatro luego de la guerra. Ayudó, con sus palabras, a vivir también en esa ocasión, la solidaridad con los hermanos italianos que habían sufrido aquella tragedia hacía pocos días. El Papa llamó a vivir la reconstrucción de una fraternidad sin fronteras, ya que éramos de tantos países: así sí se podría cantar el himno de la alegría como concluye la sinfonía..

La jornada terminó compartiendo la Adoración Eucarística en varios templos simultáneamente, teniendo muy presente a las víctimas del terremoto. Fue una experiencia grupal, que estrechó aún más nuestros vínculos con las familias que nos alojaban, porque también ellas quisieron vivir esta misma celebración ya que estaba la posibilidad de que no participáramos solamente los congresistas.

Sábado, una jornada muy especial

El sábado fue una jornada muy especial. Mientras el Papa se encontraba por la mañana con los sacerdotes y religiosos en el Duomo, nos encaminamos hacia el estadio San Siro para el encuentro con los confirmados y los que se confirmarán. Fue una celebración juvenil en torno al tema de la Confirmación, animada por coreografías con cercca de 1000 jóvenes y cantos de la inmensa cantidad de participantes que vivíamos aquella experiencia tan fuerte de Iglesia, familia de familias. La Palabra de Dios proclamada fue la de la pesca milagrosa, las diversas imágenes de la coreografía y los cantos la comentaban. El Papa nos invitó a compartir la misión de la Iglesia, integrándonos en las respectivas parroquias y dejándonos llevar por el Espíritu Santo y sus dones.

La prensa comentó el encuentro que tuvo el Papa con las autoridades civiles al medio día. Sabiendo que muchas decisiones están en sus manos sobre las diversas situaciones sociales les planteó los temas del aborto y la eutanasia.” El Estado está al servicio y la tutela de la persona y de su bienestar en su múltiples aspectos, en primer lugar el derecho a la vida por lo que no se puede consentir la deliberada supresión. Cada uno puede ver, entonces, cómo la legislación y las medidas de las instituciones estatales deben estar en un especial servicio a la vida. El Estado está llamaqdo a reconocer la identidad propia de la familia fundada en el matrimonio y abierta a la vida”.

En la tarde nos quedó un tiempito para prepararnos, junto con las familias que nos alojaron, para compartir durante unas cuantas horas la “La fiesta de los testimonios” en la que también, estuvo presente, el Papa. En este evento que se realizó en el Parco Nord Aeroporto di Bresso se calculó una participación de unas 300.000 personas. Con una ambientación muy cuidada, con hermosas ejecuciones musicales, vivimos una velada en la que se plantearon testimonios de situaciones que vivimos como familia y que se dan en todo el mundo, por eso eran de diversos continentes las que lo plantearon: la familia como el ámbito en el que crece la persona desde pequeño, las dificultades y las tensiones que crea la desocupación, las diversas concepciones del matrimonio hoy, la necesidad de conciliación el trabajo y la vida de familia, la experiencia de la segunda unión matrimonial, las situaciones de las familias emigrantes en otras culturas. Como los planteos eran pidiendo el aporte del Papa, él lo hacía espontáneamente al concluir cada uno de ellos, con un tono muy paternal y espontáneo, Incluso confidencial como cuando compartió su propia experiencia de familia concluyendo que así se imaginaba el cielo. Un momento muy emotivo fue cuando, en vivo, se dirigió a las familias que podíamos contemplar en la pantalla y que habían sufrido el terremoto.

Los testimonios y las reflexiones

Para ir al lugar del evento, nos reunimos en la plaza de la parroquia Santa Francesca Romana junto con las familias que nos alojaban y encaminarnos al lugar de la Fiesta de los Testimonios. Tuvimos que caminar por lo menos tres kilómetros, pero la verdad que valió la pena. Presidió todo el evento la imagen de la Sagrada Familia; es un mosaico que fue bendecido por el Papa Benedicto XVI. La obra representa la Santísima Trinidad plasmada a través de la mano del Padre que sostiene el fuego del Espíritu sobre María y Jesús. Al lado de José y María está el paraíso terrenal y la Jerusalén celestial con la Sagrada Familia en el centro de la historia de la salvación. La fiesta que estábamos viviendo tuvo su culminación con la presencia del Papa que llegó a las ocho y media. Compartió momentos de oración y reflexión y se quedó cerca de una hora con los que estábamos allí reunidos respondiendo a las preguntas de las familias de diversos continentes.

Cada presentación de los testimonios y las reflexiones y respuestas del Papa, nos llevaron a los lugares más diversos del mundo y reafirmaron en nuestro corazón la certeza del proyecto de Dios sobre las familias y el llamado a que también en nuestro Uruguay la familia sea una realidad cada día más consolidada. Recordando también nuestras propias experiencias y todas las adversidades que vivimos, nos llegaba la interpelación de qué hacer para que nuestras familias sean protegidas en sus derechos, custodiadas como ámbitos dadores de vida para todos sus integrantes. ¡Cuánto camino por hacer! Pero si lo que escuchamos aquella noche era realidad, por qué no puede serlo también mucho más todavía en nuestra patria.

Cansados pero con mucha esperanza

Habíamos regresado cansados de la jornada del sábado y al mismo tiempo con el corazón lleno de esperanza pensando en la pastoral familiar de nuestra patria. Cada jornada fue poniendo su granito de arena para que así nos sintiéramos, por eso la culminación con la celebración de la Eucaristía del domingo,en el mismo aeropuerto que la noche anterior, fue el broche de oro. El Papa, con tantos obispos y sacerdotes, el casi el millón de personas que estuvimos presentes dimos gracias a Dios por el regalo de ser comunidad cristiana presente por el mundo entero, familia de familias, enviados a proclamar el Evangelio de la familia. Vale la pena que podamos tener en nuestras manos aquellas palabras del Santo Padre para poder volver a escucharlas como fueron resonando en nuestro corazón. Como el día de Pentecostés, en que salimos de Montevideo, bajo la mirada de María también nos íbamos de aquella celebración invocándola con el Ángelus, con un corazón agradecido por tantos regalos de Dios que nos impulsaron a seguir comprometiéndonos en la Pastoral familiar de nuestras Diócesis. Quedó en el horizonte el anuncio del Papa de la octavo encuentro mundial de las familias en Filadelfia. .

Las familias de la parroquia Santa Francisca Romana, las que nos alojaron y nosotros formamos una hermosa comunidad que peregrinamos juntos hacia el lugar de la misa en el aeropuerto de Bresso. A lo largo de la semana se habían ido estrechando vínculos y realmente vivíamos una experiencia de comunidad, por eso fue un gusto ir juntos, compartir la Eucaristía y los que pudimos regresar juntos. Y como no hay misa sin mesa, de tardecita compartimos, en la parroquia la cena de despedida.

Que nos quiten lo bailado

Realmente fue casi una semana muy intensa, de mucho trabajo y cansancio… Nos parecía que había pasado mucho más tiempo. Compartimos una experiencia riquísima de la Iglesia presente en los más diversos lugares viviendo la construcción de la comunidad cristiana, como familia de familias. Para nuestra delegación fue un verdadero regalo compartido con la comunidad parroquial de Santa Francisca Romana que nos trataron como viejos conocidos, como hermanos en la fe, como lo hacemos en nuestras diócesis cada vez que en cada parroquia y capilla vamos tratando de construir la comunidad. Nos queda la vuelta, el aterrizaje forzoso a la vida diaria y el trabajo de la Pastoral de la familia y la vida… Recordar, ahora, aquella imagen de la Sagrada Familia que contemplamos durante el Congreso, sumergida en la presencia de la Santísima Trinidad, nos robustece la confianza en la misión que Dios nos ha confiado al llamarnos a ser familia y trabajar para que otras también puedan serlo.

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